El niño de Ocaña
Publicado: Viernes, 16 Agosto 2019 13:37
El niño de Ocaña

Por Alfredo Grande     (APe).- Viajar en subte es una experiencia religiosa. Si los designios de Dios son inescrutables, los designios de los metrodelegados y de la empresa metrovías no lo son menos. Es preferible perder el pasaporte que la Sube. No se venden boletos para un viaje, y menos para varios. Sube o No Viaja. No sé si será por la artritis que causaba cargar la Sube, como dijeron algunas veces los dueños de los viajes de los trabajadores, donde se juega la maldición del presentismo, ante la plaga de cualquier paro sorpresivo. Lo cierto es que ahora: Sube o Muerte. O que algún controlador de esos que están para que nadie se atreva a eludir los $20 pesos y más de cada viaje se apiade y permita pasar por la salida de emergencia, transformada en una entrada de emergencia. El progreso se mide por la cantidad de cámaras de seguridad, no por el aumento de la seguridad. En la actualidad de la cultura represora, cuidar es filmar un poco. Cuando entrás al vagón, tenés la misma sensación de una sala de terapia intensiva. La mayoría de los pasajeros están conectados a cables, con expresión de coma electrónico grado 2 y 3. Conectados a diversas virtualidades, que los convierten en autistas funcionales. Muy adecuado para no ver el desfile de diversas formas de la indigencia. Vendedores, algunos buenos artistas, mujeres con niñas y niños pidiendo monedas que pocas veces reciben. En uno de esos viajes pude sentarme. El cable del auricular del celular estaba tan enrollado, que opté por la intelectual solución de comenzar a leer una obra de teatro de Lope de Vega. La había visto siendo más joven que ahora y siempre quedé impregnado de la historia del comendador de Ocaña y su deseo por la esposa de Peribáñez. Intenté y curiosamente lo logré, abstraerme de la muchedumbre enlatada. Leí extasiado: “Cuentan de un rey que a un árbol adoraba, y que un mancebo a un mármol asistía, a quien, sin dividirse noche y día, sus amores y quejas le contaba".  En el último verso del primer cuarteto del hermoso soneto, sentí un leve rozamiento en mi mano. Levanté la mirada del texto y me crucé con la mirada de un niño de no más de 6 años. No puedo decir que me sonreía. Simplemente porque era un niño que no sabía sonreír. Apenas una mueca en labios tensos y agrietados. Intuí cierto desconcierto cuando sostuve la mirada. He notado que la mayoría de los zombis electrónicos ni siquiera miran a los que vanamente intentan recibir alguna ayuda. Nuestras miradas se sostuvieron. Yo sí pude sonreírle. No hubo espejo, pero al menos seguía mirándome. Algo de mi presencia, mezcla nada ingenua de setentista psicobolche con jubilado de motor y chapa deteriorada, sostenía su atención. Casi cometo el error de preguntarle: ¿Cómo te llamás? El error lo cometí a los pocos minutos. “¿Cómo te llamás?” Me contestó con cierto desdén, pero que sostenía al menos una cierta intención de iniciar un diálogo. “No sé, pero me dicen el Peri”. La asociación libre no siempre es mala consejera. “Peri” lo asocié con mi lectura. ¿Se llamaría Peri Ibáñez? ¿Sería yo el comendador de Ocaña? “Pero el que un tronco y una piedra amaba, más esperanza de su bien tenía, pues, en fin, acercársele podía, y a hurto de la gente le abrazaba”. En estos tiempos, aunque la pedofilia sigue siendo pandemia, no son pocos ni pocas los que sospechan de la ternura y la caricia. Por eso disimulando, casi al pasar, le dije si quería acompañarme fuera de la caverna del subte y que a lo mejor una escalera mecánica nos llevaba a conocer otros cielos. Me miró con una mueca diferente, sin sorpresa pero con una insinuación de interés. No me animé a agarrarlo de la mano, por esa culpa pequeña burguesa que me perfora. La primera señal del cielo fue un maxikiosco. Miraba como un sediento al oasis. Le pregunté si quería galletitas y agarró 10 paquetes. “Tengo 8 hermanitos” ensayó suavizando la mueca que ahora parecía imitar a una sonrisa. Yo no necesitaba esa explicación, pero de todos modos me alegró que me la confiara. Caminamos por la metropeatón de la calle Corrientes, eso que algunos llaman Corrientes peatonal. Ya empezaba a oscurecer y la tentación de una pizza y más de una birra era intensa. Buscaba la manera de decírselo, de tal modo que no pudiera tomarlo mal. El Peri me ayudó: “Pizza”. Y señaló la catedral de la pizza, el mítico Guerrín. Entramos y le pedí a la distribuidora de flujos humanos una mesa para dos. La autoridad de mesas miró al Peri. “No aceptamos vendedores nene”. La miré de la forma irónica que me ha hecho tan popular. “Es mi nieto. Y sólo vende felicidad”. La carcajada del Peri me llenó el alma. “Vamos abuelo, al fondo hay una mesa” No pude impedir que el Peri pidiera la gaseosa que garantiza la felicidad. Cada uno pone sus ilusiones donde quiere y con mi manía de asociar libremente me vinieron imágenes de las Paso. Transformadas por la alquimia de la política en un plebiscito del cual la oposición no piensa tomar nota. Esperar hasta Octubre y luego Diciembre. La quinta porción que el Peri devoró, pudo arrasar con la mueca. Ahora entendí lo del corazón contento con la panza llena. ¡Mísero yo, que adoro en otro muro colgada aquella ingrata y verde hiedra, cuya dureza enternecer procuro! Sentí en todo mi cuerpo que había logrado, al menos en ese mágico instante, enternecer tanta dureza. Me refiero a la mía. Me daba cuenta que yo había perdido la ternura, y que el Peri me dio la donación de encontrarla. Me distraje un momento. A pesar de todos los mandatos anti patriarcales, no resistí la observación de una morocha que salía de la pizzería. Maldije mi machismo, al parecer incurable. No vi al Peri. Salí rápidamente de la pizzería. Entré en la metropeatón, volví al kiosco. No lo vi más. Cuando el guarda del subte me despertó, el libro de Lope de Vega estaba en el suelo. “Ultima formación. Estación terminal. Debe bajarse” Lo de terminal lo tomé como la confirmación de que muerto el perro no se acaba la rabia. Y que nadie quiere bajarse de las formas constitucionales, siempre preferibles a la desesperación popular. No me atreví a preguntar por el Peri. “Tal es el fin que mi esperanza medra; mas, pues que de morir estoy seguro, ¡pide al amor que te convierta en piedra!” Salí de la caverna pero ya no encontré la luz. Miré la pizzería con patética nostalgia. Recordé las Paso y me di cuenta de qué corto, qué miserable, qué aterrador fue ese Paso. Ni la oposición triunfante quiere avanzar más para no espantar al vellocino de oro de las instituciones. La impunidad política y cultural será sellada. Que la devaluación y la inocencia les valga. Y caminando en solitario, recordando la carcajada de mi nieto cuando me asumí como su abuelo, sólo pude pensar y sentir en el silencio de mi mente: “Le pido al amor que no convierta al Peri, el niño de Ocaña, en Piedra”. Edición: 3926

Licencia para gobersinar
Publicado: Viernes, 09 Agosto 2019 18:25
Licencia para gobersinar

Por Alfredo Grande (APe).- No podemos enfrentar a los enemigos con las mismas armas que nos entregan para enfrentarlos. Porque no son las mismas armas, aunque puedan tener su apariencia. Las balas son de fogueo, los percutores se traban, las miras láser están desviadas. Nos entregan armas para que no podamos defendernos. Cuando escribí “Las armas del Pueblo” me refería a los conceptos que no son otra cosa que el sentido fundante de las palabras. Por eso la disputa del sentido es, en todo momento, la única batalla que no puede ser perdida. Con autorización de su graciosa majestad, el servicio secreto inglés tenía un agente con licencia para matar. El legendario 007 James Bond. Con autorización de su nada graciosa majestad, el servicio secreto norteamericano tiene un agente con licencia para gobernar y asesinar. El menos legendario 004. El número alude a la cantidad de años que el mandato constitucional autoriza para organizar una diversidad de operaciones masacres. 004 Licencia para Gobersinar. O sea: neologismo que une el gobernar con el asesinar. No es lo mismo: es peor. Es como votar un marido (eso habitualmente se llama sacramento) y terminar viviendo con el enemigo. Que terminará asesinando, en cuotas o al contado. Gobersinar es el mandato que la cultura represora le exige a los que, en nombre de alucinatorias luchas anti inflacionarias, anti populismos, anti privilegios, se apropian de la inflación, usufructúan los populismos de amigos y acumulan todos los privilegios. Nadie hace la plata trabajando, nos enseñó un filósofo poco valorado. Pero todes los que hacen mucha, pero mucho plata, la hacen asesinando. La apropiación de plusvalía es una forma hasta elegante de asesinar salarios. Los cuadros tarifarios actuales son asesinatos dolosos agravados por el vínculo y el abuso de posición dominante. El adoctrinamiento que la Gendarmería tendrá sobre cuerpos y mentes, denominado “servicio cívico voluntario en valores” ya tiene más de 9000 inscriptos por día. Uno de esos valores será, como dudarlo, el asesinato por la espalda. O sea: el valor de la cobardía y el valor del sometimiento. Pertenecer al servicio penitenciario tornará caduca la advertencia de Nicolás Guillén. “Tu eres pobre, lo soy yo. Soy de abajo, lo eres tú. ¿De dónde has sacado tú, soldado, que te odio yo?” Yo tengo algunas ideas de donde lo ha sacado. El odio es porque todavía queda una conciencia lejana de lo que es la traición de clase. Por eso te odio yo. Y para Gobersinar hay demasiadas traiciones, complicidades y cinismos de clase. Los asesinos de ayer, pretenden ser los verdugos de los asesinos de hoy. Pero Claudia Rafael nos impide distraernos: “El Indec acaba de publicar datos cruciales que ya viene ofreciendo el Observatorio de la Deuda Social de la UCA desde hace tiempo. El Indec. El hacedor de estadísticas oficiales dijo lo que todos saben pero esta vez, desde un organismo del Estado. Y fue arrojado al sótano al que nadie mirará porque la existencia de 5 millones de chicos pobres y 1 millón de indigentes no despeina a nadie. El hambre no es noticia. Ni la falta de futuro. Ni la ausencia de techo ni de libros ni de sueños”. Justamente no despeina porque abundan las pelucas de la pornográfica indiferencia. Estamos formateados por la cultura represora para conmovernos por el asesinato de Mufasa y el dolor de Simba, el futuro rey león, pero salir del cine y no mirar, ni ver, ni escuchar, a cientos de Mufasas y Simbas que están condenados por sus verdugos, pocos visibles, a morir sin la dignidad de la lucha. El paraíso de los verdugos, es que el 004. Licencia para Gobersinar, tenga también obsolescencia programada. Algunos llaman a esto elecciones. Pero los daños, las atrocidades, los dolores, las tristezas, no tendrán forma de ser curadas. El tiempo ya no curará las heridas, sino que las agravará. Seguirás sangrando por toda la eternidad. No pudimos prevenir y ahora tampoco podremos curar. A menos que nuestra mirada, nuestra escucha, nuestra esperanza no planificada, nuestra desaptadación crítica a esta cultura represora, haga germinar un arma nueva. Que no tenga la marca de la unidad oportunista e hipócrita, sino la marca indeleble de la unión de las clases empobrecidas y envilecidas. Nuestra redención será colectiva y revolucionaria, o no será. Pintura: José Clemente Orozco Edición: 3922

Niña incubadora
Publicado: Jueves, 08 Agosto 2019 20:58
Niña incubadora

Por Silvana Melo   (APe).- No sólo es en Corrientes donde acaba de legitimarse sin legalidad la adopción prenatal. Es decir, instituir a las pibas como incubadoras. Como depósitos de niños generados desde la violencia para ser paridos de prepo por madres pequeñas y frágiles y luego entregados a familias afortunadas. Que siempre esperan la desgracia de los desgraciados para quedarse con su fruto. No sólo es Corrientes, aunque sea provincia Pro Vida por decreto desde 2011, aunque sea allí donde una piba de 18, atravesada por la violación sistemática de su padrastro, con una nena de tres parida a los quince y otra en la panza, con la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) negada a pesar de que es una de las razones para la ILE. Pero Corrientes no tiene ILE porque Corrientes es una embajada. Es territorio de la injusticia. Pero no el único. Porque fue en Jujuy donde obligaron a parir a una nena de once años ultrajada a la que le negaron la ILE. Y le guardaron la familia –lo dijo el gobernador Morales públicamente- para que le adoptara el fruto de su desgracia. Para eso la nena tenía que atravesar todo el embarazo. Nueve meses como envase de aquello que nunca quiso. Porque fue violada primero por el vecino y después por el estado. Una y mil veces. Como la piba de 18. La de Corrientes. Violentada durante años en su casa. Sin que nadie la viera. Embarazada de esa violencia. Negado ese aborto. Y una vez más. Otra vez el ultraje y el embarazo y la desgracia de una provincia sin ILE porque es un territorio independiente que decide qué es la vida que hay que defender. Cuál es esa vida. No habría alternativa para ella. Que no quería ver a ese bebé. Que si tenía que nacer, no quería verlo. Entonces es paquete. Es depósito. Es incubadora. Y es la legitimación de la adopción prenatal. Que es ilegal. Porque desde 2011 Corrientes es provincia Pro Vida por obra, gracia y orgullo del entonces gobernador radical confuso Ricardo Colombi. Porque un tal Julián Dindart fue ministro de Salud de la provincia y más tarde diputado de Cambiemos y presidente de la comisión de Mujer, Familia, Niñez y Adolescencia de la Cámara baja. Y, con tajante coherencia, dijo en 2012 que las pibas se embarazaban para cobrar la AUH. Justo cuando en 2012 dos chiquitas de 10 años parían en Corrientes después de violaciones intrafamiliares. Bajo su ministerio. Y en 2016 lo reafirmó, desde su comisión. En una estructura ultramontana, cada tres días una nena de 10 a 14 años se convierte en madre en Corrientes después de una violación. Nadie la ve. Ni las redes sociales cerradas ni el estado, que enceguece ante el destino de la fragilidad. Una de las mayores tasas de maternidad adolescente brota en Corrientes. La mayor parte son embarazos no deseados. Las pibas no quieren tener esos hijos. En 2012 ese ministro de Salud, Julio Dindart, mostró impúdicamente la hilacha de su desprecio: “se embarazan porque tienen un recurso económico como premio por haber tenido un hijo”, dijo. Tres años antes Clarín había titulado (el 5 de abril de 2009) “La fábrica de hijos: conciben en serie y obtienen una mejor pensión del Estado”. Ante las chiquitas violadas y embarazadas, mínimos cuerpos sin desarrollo suficiente como para contener otra vida dentro, psicológicamente arrasadas, el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, batió su lengua en el serpentario. Por las dudas. “Aun en medio de la conmoción e indignación que produjo el hecho, es importante recordar que toda vida humana es un don de Dios y que como tal debe ser respetada y protegida desde el inicio y luego en todas las fases de su desarrollo, hasta su término natural”. Y luego cargarlas toda la vida con la sombra de su tragedia. O convertirlas en maletas de niños. Cajas transitorias donde se guarden los regalos para las clases predominantes. En territorios sin derechos ni leyes. Edición: 3921  

Explotación sexual
Publicado: Lunes, 05 Agosto 2019 13:54
Explotación sexual

Por Carlos Del Frade (APe).- El tercer milenio está por cumplir veinte años. Pero la ferocidad humana tiene tanta vigencia como el capitalismo. En la Argentina de fines del siglo diecinueve, la explotación humana estaba vinculada al proceso de “digestión social”, como escribiera en los años setenta pero del siglo veinte, el sociólogo Jorge Rivera. El mayor grado de explotación humana y sexual, en aquellos tiempos, se concentraba en las grandes concentraciones humanas que luego devinieron en las viejas ciudades industriales. El 30 de julio, según Naciones Unidas, es la fecha dedicada a informar sobre explotación sexual en esta atribulada cápsula espacial llamada planeta Tierra. En este siglo veintiuno, entonces, la explotación sexual tiene, en la Argentina contemporánea, un mapa directamente vinculado a la geografía donde aparecen las distintas formas de los modelos extactivistas. El fenomenal saqueo de los bienes naturales en propiedad extranjera siempre está acompañado de la explotación sexual. Una matriz repetida y multiplicada que viene de los tiempos de La Forestal. El 28 de julio de 2019, la información del presente parecía sintetizar el desarrollo de los negocios ilegales en las últimas décadas: narcotráfico y redes de prostitución van de la mano en distintos puntos del mapa argentino. “Organizaciones delictivas conformadas por ciudadanos dominicanos acrecentaron su poder en la Patagonia argentina hasta tomar el control de trayectos claves dentro de las rutas del narcotráfico y la trata de personas en el sur del país, según información judicial”, sostenía el periodista Belisario Sangiorgio. “Estos grupos criminales se dedican ahora al tráfico de drogas porque ya habían logrado hacer pie en el sur argentino y diseñaron un complejo circuito ilegal de postas en ciudades y rutas específicas para traficar y explotar mujeres migrantes. El circuito -útil para el narcotráfico por extenderse por varias provincias- se activa cuando engañan a jóvenes en la República Dominicana, que son enviadas a la Argentina, donde quedan retenidas hasta ser entregadas a otras bandas locales que regentean prostíbulos clandestinos en el sur, donde las mujeres explotadas sexualmente son transferidas de ciudad en ciudad hasta que su rastro se pierde. Esos grupos buscan quedarse también con el negocio de la venta de drogas”, agregaba el excelente artículo. Remarcaba que la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia confirmó los procesamientos de cinco mujeres acusadas del delito de trata de personas: según documentos judiciales, los prostíbulos fueron descubiertos a través de información aportada por la policía local, situación que permitió que agentes de la Prefectura irrumpiesen en dos casas en la ciudad de Río Grande, en Tierra del Fuego, donde rescataron a seis mujeres que vivían en las mismas habitaciones en las que resultaban "vendidas" como esclavas sexuales.Pero la postal del presente patagónico tuvo un antecedente en la provincia de Santa Fe. A fines de 2001, organizaciones dedicadas al contrabando de cigarrillos y el narcotráfico eran, en forma simultánea, proveedoras de chicas paraguayas que luego eran explotadas sexualmente en distintos parajes de la ciudad de Rosario. Aquella investigación decía que “una quincena de chicas, menores de veintiún años -muchas de ellas traídas del Paraguay-, son explotadas en tres locales nocturnos ubicados en Callao al 100 bis, Callao al 200 y en Cafferata y Santa Fe, enfrente de la Terminal de Ómnibus “Mariano Moreno” en la ciudad de Rosario. Se las obliga a ejercer la prostitución, no se les permite abrir la heladera de los “escondites” en las que se encuentran hacinadas y deben pagar una suma de 500 pesos semanales a sus rufianes a quienes tratan siempre de “don”. “La información surge de escuchas telefónicas legales que se vienen llevando a cabo en el curso de una investigación judicial que tiene otros objetivos y que, de pronto, se topó con esta forma de explotación de menores en una de las zonas más emblemática de la ciudad. De las grabaciones surgen presuntas responsabilidades de integrantes de la Comisaría Séptima no solamente por el conocimiento del negocio sino también por el otorgamiento de certificados de extravío de documentos para tapar la edad de las menores. También aparecen sumas que supuestamente deben pagarse en concepto de coimas para distintas áreas policiales”, decíamos entonces. La explotación sexual tiene en Argentina la vigencia del saqueo de los bienes naturales y la impunidad que construyen los distintos flujos de dinero ilegales, más allá del día internacional de lucha contra el vasallaje sexual. Edición: 3918

Esa cárcel, ese país
Publicado: Miércoles, 31 Julio 2019 15:41
Esa cárcel, ese país

Por Silvana Melo (APe).- Científico o guardiacárcel. Universidad o gendarmería. Producción o leliqs. Hay rumbos que se definen estratégicamente para reducir el enorme país que se estira desde los pies helados hasta la cabeza tropical, a un coto de privilegiados. Donde no tienen lugar los frágiles. Y si lo tuvieran, es en el oscuro engranaje de la industria represiva. Es decir, convertirse en la némesis de sus antiguos pares de fragilidad. Las quince cuadras de cola para intentar acceder a 50 puestos de guardiacárcel en Olmos es ese país. Los 9 mil inscriptos para el servicio civil donde la gendarmería propondrá valores, es ese país. Olmos es la cárcel más grande del país. Intramuros sobreviven más de tres mil presos. Gran parte de ellos de la misma extracción social de aquellos que, desesperadamente, intentaron conseguir un trabajo con un salario de 34 mil pesos. Que implicará mirar de este lado de la reja a los marginados del sistema, aquellos que quedaron del otro lado, los que no pudieron o no quisieron trepar de este lado del muro. No es el mejor de los trabajos ser guardiacárcel. Empoderarse para el desprecio, ensoberbecerse para el castigo. Era más bello fabricar zapatos. O ladrillos. O caramelos. Será que era ése el país soñado para los niños. Y no éste. Que cuando crezcan buscarán ser policías o gendarmes o penitenciarios. Porque no quedará trabajo en pie. Y sí muchas hambres y desamparos para disciplinar. La convocatoria en Olmos fue por dos días. Se cerró con mil inscripciones. Varios miles más quedaron afuera. La desesperación tiró botellazos contra la cárcel. Por no poder entrar. De este lado. De los 9000 pibes de entre 16 y 20 años que se inscribieron en el Servicio Cívico donde la Gendarmería repartirá valores con sutileza y la facilidad de las balas, apenas 1200 serán los que colmen las vacantes. En un proyecto educativo manejado por el Ministerio de Seguridad. Para formatear a los pibes en la industria represiva. Para demonizar al otro que es su par. Mostró Bullrich al Gabinete una encuesta donde siete de cada diez adolescentes estaban encantados con el Servicio. Se van escapando los pibes de los sueños de fábricas de zapatos. O de ladrillos. O de caramelos. De la UBA o del Conicet. Entonces habrá que volver a empezar. Habrá que volver a rescatarlos de la policía y de los gendarmes. Habrá que volver a rescatarlos de las cárceles. De adentro de los calabozos. Y de afuera. Edición: 3915

Benjamín, muertecita de Tucumán
Publicado: Jueves, 15 Agosto 2019 13:01
Benjamín, muertecita de Tucumán

Por Claudia Rafael     (Ape).- Benjamín tenía cuatro años. Su muerte es la radiografía acabada de la crueldad. El punto exacto en el que la condición humana se desviste de su piel de cordero para asumir la del lobo que devorará a sus presas. Benjamín era apenas un niño. Un tucumanito que jugaba en la libertad que le concedía su entera vida, resumida en cuatro veces un año. En experiencias que no lo hicieron pisar la escuela. Ni correr una carrera en bicicleta ni enamorarse rabiosamente de la vida. Lo encontraron colgado bajo un puente. Mínimo. Pequeñísimo. Inexplicable su muerte minúscula y enorme. En la Tucumán pobre y diversa. Donde todos dicen todo. Que hubo detrás alguien del poder. Que fueron los narcos. Que era conocido. Que Ulises Benjamín Ayala, de apenas cuatro años, se fue con el asesino que lo invitaba a jugar debajo de ese puente. Un puente tucumano con nombre de hijo de dios. Y lo puso en la bandeja de la muerte amarrado a un cable que le despedazó los sentidos. Mientras una cola de más de veinte cuadras intentaba llegar a un empleo en un supermercado por ahí no más, en Yerba Buena. Benjamín fue la víctima de los hombres. Que matan. Que aturden. Que destrozan. En el jardín de la república, en el que es posible bailar para hacer linda esta triste vida y así se olvida que hay que morir como cantaba la más bella de las tucumanas. Pero Benjamín se quedó en el camino. Hablan. Dicen. Cuentan historias. Desmienten un suicidio como si a los cuatro años Benjamín hubiera podido conducir sus pasos hasta el puente Jesús de Nazareth y ahorcarse con un cable. Aseguran que tal vez quiso amenazar a sus victimarios. Con sus diminutos cuatro años. En donde la vida, más allá de sus pesares y sus mochilas de escaseces pudiese saber a otra cosa que no fuese a las alas de un colibrí o los sueños de un chocolate tibio. Benjamín. Ojos de almendra brillante que ríe desde la mirada. Con la ingenuidad entre los labios. Desconocedor de lo crueles que pueden ser los adultos. Le tocó nacer y vivir en una provincia bella del corazón del país. Donde gobiernan siempre los mismos alternándose entre amigos y ex amigos. Y siempre quedan bajo los puentes y bajo todas las hambres los benjamines. Le tocó nacer y vivir, a Benjamín, en una tierra con 32,2 % de pobreza. Con 290.000 personas en las pobreza y 33 mil en la indigencia en los cordones del Gran Tucumán – Tafí Viejo. Diez puntos en un año se disparó la pobreza en el tucumancito de Benjamín. Más del 10 % de desempleo. La mitad de los que trabajan están precarizados. En negro. Sin registro. Invisibles. Como Benjamín. Como miles de benjamines de pancita vacía. A Benjamín lo mataron. En los mismos días en que una hilera humana de veinte largas cuadras sueña con un puestito de trabajo en un supermercado a punto de abrirse en Yerba Buena. En los mismos tiempos en que el frío asuela los huesos. Cuando la pobreza aprieta el alma. Cuando en el merendero al que asistía Benjamín se desdoblaban por el plato de comida calentita. Benjamín es la síntesis del dolor país. En el que las desdichas y las angustias se miden en falsa escuadra. Edición: 3925

Dólares y sangre
Publicado: Martes, 13 Agosto 2019 15:10
Dólares y sangre

Por Carlos del Frade (APe).- Hay que prestar atención a las palabras y los nombres. Hay que valorar el peso de cada uno de los vocablos. Amor en los nombres, muerte desbocada y poder económico siempre protegido. Amor, muerte y poder, la síntesis de la humanidad, como dicen los grandes escritores. Ahora vienen las palabras y los nombres sobre los que pedimos especial atención: -Se escucharon una cantidad terrible de balazos, como treinta balazos en dos tandas. Mi hija había salido justo a hacer un mandado a un negocio frente a casa y escuchamos las detonaciones. Me asomé a buscarla y la metí para adentro. Vi a un hombre herido tirado en la vereda y me acordé de que había criaturas adentro. Y me metí. Era un chiquero de sangre. Fuimos sacando los chicos. Pasé por delante de la piba agonizante. Me pidió ayuda y le pedí perdón. Pero saqué a los chicos, era desgarrador escucharlos llorar. Tres de los pibitos eran los hijos de la chica muerta. Y me metí en mi casa, yo no quiero quilombo – dijo un vecino que fue testigo del asesinato de Sol Jazmín Delgado, de solamente 21 años, producido el lunes 5 de agosto de 2019 en un punto de la geografía rosarina. Desde una moto emergieron las ráfagas letales. Para la fiscal a cargo de la investigación hay un dato importante: la vivienda atacada no era un lugar de venta de drogas pero la familia se había mudado hacía solamente un mes y alquilaba. -Era gente que no se daba con nadie. No tenían contacto con los vecinos. Sus hijos jugaban solos, no se daban con los pibitos de la cuadra. Salían a la mañana en su auto gris y volvían a la noche. Parecían que estaban como refugiados y se ve que anoche los encontraron – dijo otra voz del barrio. Hay que leer cada una de las palabras y las frases de los dichos de los vecinos. Darle peso a esas descripciones y definiciones. Como también a los dos nombres de la piba de 21 años que fue muerta muy antes de tiempo. Sol Jazmín. Cuánta esperanza de luz y dulzura. La expresión de un sueño existencial que no pudo ser. En estos violentos días de principios de agosto de 2019, a poco de las elecciones nacionales y del día de las infancias, el sur de la provincia de Santa Fe está atravesada por múltiples allanamientos vinculados a un dirigente sindical devenido en empresario y que tiene cientos de millones de pesos, en forma paralela a que oficiales de la policía provincial caen detenidos por complicidad con el narcotráfico. Sol Jazmín se quedó sin la luz y el perfume prometido por quienes le pusieron su nombre porque creció en la geografía por donde pasa el mayor flujo de dinero de la Argentina contemporánea. El 80 por ciento de las exportaciones salen por los puertos de los departamentos Rosario y San Lorenzo. Un profundo río oscuro de dinero en el que se amontonan los dólares emergentes de negocios legales e ilegales. Desde el país unitario que se ha configurado, es difícil advertir que tanto la suerte del dirigente empresarial y gremial, como las noticias policiales y el presente de múltiples allanamientos y asesinatos tienen directa relación con esta insaciable boca por donde entran y salen millones y millones de pesos y dólares. Mientras haya impunidad para la oscuridad rancia del mayor flujo de dinero de la Argentina del presente, decenas de Sol Jazmín seguirán muriendo, al mismo tiempo que la promesa de una vida hermosa se marchitará en las crónicas policiales. Esta geografía de millones de dólares, legales e ilegales, son los que promueven los chiqueros de sangre de los que hablaba el desesperado vecino de la piba de solamente 21 años. Fuente: Diario “La Capital”, Rosario, miércoles 7 de agosto de 2019. Edición: 3924

Quién es el enemigo
Publicado: Lunes, 12 Agosto 2019 15:05
Quién es el enemigo

Por Silvana Melo (APe).- Los pibes saben quién es el enemigo. Lo sienten en la calle. En la espalda. En la panza. Las infancias saben quién las persigue. Y para qué. Saben quién les manda la gendarmería cuando murguean en la villa. Saben quién las saca del medio porque ensucian la esquina, afean el centro, manchan de hambre las luces de la fortuna. Saben quién les manda la policía y el paco. Quién los rodea con una eficaz estrategia de eliminación. Saben quién decide que la Argentina es un país libre y el que quiere andar armado que ande armado y que haya licencia para matar total los que mueren son siempre los mismos. Saben, los niños, quién les manda la prefectura para matarlos por la espalda si son mapuches y quién les manda la gendarmería para educarlos en valores si son jóvenes y la escuela los expulsó y el mercado laboral los desprecia porque no califican y los precariza y los humilla etiquetándolos con conjunciones negativas y les cuelga el sambenito de ni ni. Saben los pibes quién es el enemigo. Quién los mata con el veneno del agronegocio y quién los mata por la espalda. Saben que el enemigo premia al envenenador y condecora al que mata por la espalda. Lo sienten los niños. Al hambre. Sienten al enemigo que los empobrece todo el tiempo. Y más. La mitad de los chicos de hasta 14 son pobres. El 52 por ciento de los niños y adolescentes del país son pobres. En cuatro años las panzas como cuartos vacíos, con ecos sin futuro, se multiplicaron. Lo sienten los niños. Al gatillo que se acelera detrás, en 2015 un pibe muerto cada 28 horas bajo la bala institucional, en 2016 uno cada 25 horas, en 2017 uno cada 23, en 2018 uno cada 21. Y los niños se empeñan en seguir naciendo a borbotones, en resistencia aunque quieran que se acaben. Ellos saben quién es el enemigo. Que hoy lunes aparece incierto, en desvarío, como un boxeador que recibió un golpe fatal bajo la panza. Mientras los mercados reaccionan y las infancias saben que esa reacción será más pobreza porque el patrón del enemigo volantea desde afuera. Saben los pibes que hay que mantenerse en pie. Que en los tiempos que vienen estarán en peligro. Como siempre. Pero habrá que pelear. Y plantarse. Ante el enemigo que los empobrece, que les manda la gendarmería, que los mata por la espalda, que condecora al que los mata por la espalda, que les pone el hambre en el sitio donde debe ir esa estrella que pensó Tejada. Edición: 3923  

Bajo la alfombra
Publicado: Miércoles, 07 Agosto 2019 15:11
Bajo la alfombra

Por Claudia Rafael (APe).- El Indec acaba de publicar datos cruciales que ya viene ofreciendo el Observatorio de la Deuda Social de la UCA desde hace tiempo. El Indec. El hacedor de estadísticas oficiales dijo lo que todos saben pero esta vez, desde un organismo del Estado. Y fue arrojado al sótano al que nadie mirará porque la existencia de 5 millones de chicos pobres y 1 millón de indigentes no despeina a nadie. El hambre no es noticia. Ni la falta de futuro. Ni la ausencia de techo ni de libros ni de sueños. Son los invisibilizados. Los olvidados. Los envenenados y hambreados. Son los pibes. Los gurises. Los chinitos. Los vagos. Los que caen del mapa de inclusiones y bienestares. Que son definiciones que ya pocos encuentran para hablar en primera persona. Los que no están en agenda porque se van cayendo de los mapas y ya no importan. Empujan un carro. No podrían deletrear la palabra esperanza porque lo que no existe, no es. No tiene entidad. No abriga ni ilumina. Son los changos. La muchachada que va perdiendo la capacidad de juego. Los que justifican la llegada de una AUH al bolsillo familiar que apenas supera los 2000 pesos y no alcanza más que para 5 kilos de pan, 5 paquetes de fideos, 4 paquetes de polenta y 3 paquetes de arroz al mes. Puros hidratos de carbono que conducen a la obesidad y a la falta de nutrientes y proteínas. Son las chicas y chicos que quedan reflejados en los datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec que, con menos de 14 años, forman parte del 49,6 por ciento de pobres y 11,3 por ciento de indigentes. Cifras oficiales. Las que publicó Clarín ocultas entre noticias irrelevantes, confinadas a los artículos periodísticos considerados sin sentido. Que 5 millones de chicos son pobres. Y un millón, indigentes. Los que huelen al perro con el que comparten colchón para que sepa a abrigo. Como en los viejos tiempos en los que la única vaca de la familia dormía en la parte de abajo de la casucha de madera para calefaccionar la única pieza de todos. Son los que nunca entran en los itinerarios de campañas. Ni fueron delineados en los programas electorales de unas PASO en las que nadie cree y de las que todos desconfían. A cuatro días de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias el brazo de estadísticas gubernamental finalmente oficializó que en el primer trimestre de 2019, el 49,6 por ciento de las niñas y niños son pobres y el 11,3, indigentes. Que serán muchos más en la Encuesta Permanente de Hogares de septiembre, que reflejará todo el primer semestre. Pero no constituye una noticia que importe. Que sacuda. Que conmueva. Las campañas y las noticias mediáticas saben qué frivolidades venden y cómo dibujar intereses que distraigan. Las niñas y niños pobres e indigentes, debajo de la alfombra. Cinco millones son pobres y un millón, indigentes. Un entero ejército que podrá aceptar mansamente el destino cierto de confinamiento, hambre, gatillo fácil o venenos mortales. O atreverse a asomar desde las cañerías, las ochavas oscuras y el villerío en el que las patas gubernamentales se empeñan en aplastarlos con la rabia entre los dientes. Y ese día empezará a amanecer. Edición: 3920

La niñez envenenada
Publicado: Martes, 06 Agosto 2019 12:43
La niñez envenenada

Por Silvana Melo     (APe).- Y pudieron torcerle el brazo al Gobernador de Entre Ríos. Los ruralistas cortaron el túnel, hace un mes no más, para que se les permitiera seguir envenenando con naturalidad. A la tierra y al aire. A los pájaros y a los niños. A las escuelas y a lo que se come todos los días. Embanderados en la preexistencia. Poniendo el pie en que la tierra estaba antes. En que el campo fue primero. Y las escuelas y la gurisada son subsidiarios del sistema. Y lo lograron. En el mismísimo día de la Pacha el gobernador Bordet ofrendó su decreto. Por tierra, a cien metros de las escuelitas. Por aire, a 500. Un retroceso monumental, como para demostrar quién tiene poder de presión por acá. Que no son los niños ni las seños, que seguirán fatigando esos aires densos que se meten en la nariz y cortan la respiración. Y que a lo largo de los años –y a eso no lo dicen ni el gobernador ni su decreto ni los que existen desde siempre ni el Senasa- les alterarán la genética, las hormonas, se les instalarán en la sangre y los irán enfermando despacito, arteramente. El decreto nuevo del gobernador, que es Bordet –que es PJ y no es Benedetti que era Pro, entonces no es un partido, no es la grieta, es el capitalismo-, pone en marcha las aplicaciones terrestres con glifosato y otros socios de lo que se llama clase toxicológica III y IV, a apenas 100 metros de las escuelitas. Si es por aire, a 500. Y si no están conformes, que se las lleven al pueblo. Al final, como decía el dirigente de la Federación Agraria, tanto lío por unos pocos pibes que justifican el sueldo de una maestra. A 500 metros de la escuela ya tienen permiso para tirar los venenos más tóxicos. A tres mil metros, por aire, también. El Decreto (2239/19) es una letra legal cortada, cosida y planchada para la mesa de los agronegocios. Con un plan basado en las clasificaciones del Senasa, que determina la inocuidad o no de los venenos y la graduación de su toxicidad. Pero lo hace, previsiblemente, como herramienta de un modelo al que responde. La Coordinadora por una Vida sin Agrotóxicos de Entre Ríos, Basta es Basta, se pregunta “¿en base a qué clasifica el Senasa?. Es el punto para discutir y evaluar qué tipo de sustancias están habilitando para ser liberadas en nuestro ambiente y sobre las cabezas de nuestra gente”. “La resolución 350/99 de Senasa” –dicen- “categoriza productos químicos y/o formulados sólo por toxicidad aguda” es decir, evalúa si ante una exposición, la víctima se muere o no. Pero “no evalúa los procesos ni analiza el surgimiento de enfermedades crónicas como los efectos de disruptores endócrinos, el desarrollo del cáncer y el daño genético que afecta con más fuerza en la primera infancia y el embarazo”. En el país, dice Basta es Basta, “se utilizan formulados considerados legales que en sus propios países de origen han sido prohibidos hace años porque el Senasa lo permite”. O se prohíben pesticidas aunque se les deja un limbo de legalidad hasta agotar el stock. Para que nadie vaya a perder un centavo. Aunque cueste alguna vida más. Como sucedió en 2011 con el endosulfán. Y sucede en estos días con el 2-4D. En el medio están los niños. Los que juegan en el patio cortado por los alambrados, coronado por la soja y el maíz, pulverizado por los mosquitos que el decreto deja acercarse a una cuadra y un centímetro del casco de las escuelitas. Y acá no se habla de horarios ni de días. En el medio están los pibes de la escuelita 66 Bartolito Mitre del departamento Gualeguaychú donde ya no vive Estela Lemes porque una fumigación tras otra la dejó con clorpirifós en sangre y una polineuropatía que le poda las fuerzas. En el medio tanta escuela de personal único diseminada en medio de la nada con una maestra y dos chicos, sin señal de celular ni cercanía con la vida, soportando la lluvia de veneno que les acerca el viento. En el medio están los gurises de la 44 de Santa Anita, departamento de Concepción del Uruguay, que son otros pero son los mismos, por los que la seño Mariela Leiva provocó la primera sentencia contra una fumigación indiscriminada. Sentencia que buscan revocar en estos días cuando todas las balanzas se inclinan hacia el mismo oeste. A ellos hay que desenvenenarles la tierra. Para ellos hay que empezar a construir caminos sin mosquito, cielos sin pulverizadores, escuelas sin dirigentes – topadora que quieran arrancarlas. Hay que empezarles el rudimento de algún mundo nuevo. Para que no se encuentren sólo con éste. Para que ésta no sea sólo una peli terrorífica de decretos y envenenadores. Edición: 3919  

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Galería fotográfica

 

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Hechos en imágenes

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Arsénico

Es un semimetal considerado tóxico. Su concentración es muy alta en el agua que consumen en Chaco, Formosa y Santiago del Estero. 


NN

 5.329 personas fueron enterradas como NN desde el regreso de la democracia. 301 fueron identificadas. Quedan aún 160 sin pistas.


En la calle

 Más de ocho mil personas duermen en la calle en Buenos Aires. Se viven los picos de bajas temperaturas.


Precarizados

Casi el 50% de los trabajadores argentinos están fuera del circuito formal y están precarizados.


Campera

Tiene 22 años, estaba muerto de frío y robó una campera en la capital correntina. Lo llevaron a la comisaría.


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