La Suprema Corte bonaerense determinó que, en los hechos, los repartidores desde aplicaciones, no son autónomos ni socios sino que existe una relación laboral. Esto significa que podrían reclamar derechos laborales básicos. Un texto de Martín Smud refleja los costados más duros de la vida de un repartidor y los enlaza con el maravilloso cuento de Cortázar “La noche boca arriba”.
