Los ríos de gentes en las calles de Avellaneda para despedir al Indio Solari son la fotografía de un país saqueado tratando de pelearle a un sistema feroz. Como comunidad. Diez kilómetros de personas que protagonizan un abrazo colectivo en tiempos de corazones congelados. Y que se posicionan críticamente ante el poder político. Padres, hijos, nietos. Todos confluyendo en un pogo final.
