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Por Carlos del Frade
52 de mayo de 2026.
En la geografía del país que alguna vez quiso ser independiente y poner en el trono de la vida cotidiana a la noble igualdad, todavía hay nombres de calles, plazas, pueblos y hasta equipos de fútbol que recuerdan la mitología de un grupo de soñadores de los que, desde hace rato, se duda sobre su existencia real. Antes del desvanecimiento absoluto de la Argentina y asumir su rol de proveedor de bienes comunes y recursos para el imperio, las fechas, algunas de ellas, fueron dadas vuelta para encontrarle el verdadero sentido al presente.
El otrora recordado 25 de mayo de 1810 pasó a ser el 52 de mayo para darle el significado exacto de los tiempos en que la felicidad dejó de ser un derecho de todas y todos y pasó a convertirse en la propiedad privada de los que pueden comprarla.
El país, devenido en cordillera y puertos, principales intereses de los saqueadores, hizo de la crónica social del pueblo una antología de lo fantástico que servía para educar en torno a los desvíos de la sensatez y los contenidos de la educación simplemente se inoculaban a través de la inteligencia artificial y diferentes chips.
Los nuevos valores del 52 de mayo hacían base en que la independencia de España, Portugal y Gran Bretaña no estaba mal porque todavía Estados Unidos no tenía lo potencia para anexar esta geografía hoy devenida en estrella escondida en la bandera de la auténtica madre patria.
El ruido de rotas cadenas del que hablan algunos versos del viejo himno nacional hacía referencia a la antigua concepción pre racional y anterior al inequívoco alineamiento al país del norte que decidió otorgarle el rol de tierras saqueables hasta más allá de los límites y, por lo tanto, convertirlo en su aliado explotado.
Aunque todavía hay quienes creen en esas falsas ilusiones de la mitología argentina y en seres raros como Belgrano, Moreno y San Martín, la realidad es que la dependencia, el estado al servicio de intereses extranjeros y particulares es la mejor manera de existir en el tercer milenio.
En el Congreso de la Nación ya están informados que las grandes empresas están pagando la reescritura de la historia oficial y sus formas de enseñanza para quienes puedan pagar sus estudios y enaltecer el notable concepto del 52 de mayo.
El grito sagrado de la dependencia, la fortaleza de las cadenas, la enfermedad de los libres del sur y la jura para morir sin jubilación, aparecen cada vez más fortalecidos en los tiempos de los presidentes Donald Trump y Javier Milei, verdaderos artífices de la demolición de la democracia y la inexistente conciencia nacional.
En algunas bibliotecas, sin embargo, anidan ejemplares que todavía recuerdan aquellas alocadas afirmaciones atribuidas a Moreno y Belgrano: “…Se pondrá la máquina del Estado en un orden de industrias, lo que facilitará la subsistencia de miles de individuos… Esto descontentará cinco o seis mil individuos pero las ventajas habrán de recaer sobre ochenta mil o cien mil… ¿Qué obstáculos deben impedir al gobierno, luego de consolidar el Estado sobre bases fijas y estables, para no adoptar unas providencias que aun cuando parecen duras para una pequeña parte de individuos, por la extorsión que pueda causarse a cinco o seis mil mineros, aparecen después las ventajas públicas que resultan con la fomentación de las fábricas, artes, ingenios y demás establecimientos a favor del Estado y de los individuos que las ocupan con sus trabajos?... después de conseguidos los fines, se les recompensará a aquellos a quienes se gradúe agraviados, con algunas gracias o prerrogativas… Es máxima aprobada que las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de los grande de un Estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un Estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad; demostrándose como una reunión de aguas estancadas, que no ofrecen otras producciones sino para el terreno que ocupan pero que si corriendo rápidamente su curso bañasen todas las partes de una a otra, no habría un solo individuo que no las disfrutase, sacando la utilidad que le proporcionase la subsistencia política, sin menoscabo y perjuicio”, sostuvo el alucinado Moreno, dicen todavía esos libros que pronto serán quemados.
En el 52 de mayo de 2026, la verdadera historia es la del presente, donde las minorías son felices y las mayorías apenas testigos de la fiesta de unos pocos.
Fuente: “Historia política de la esperanza”, del autor de esta nota.
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