Ni el Mar ni el Paraná son argentinos

El Mar Argentino como un “bien común global” es una clara cesión de soberanía. De alineamiento automático del gobierno de Milei con Trump. Pero no sólo: desde 2020, el Comando Sur del Ejército de EEUU es el encargado de pensar el negocio de las aguas del río Paraguay y a partir de 2023 también es responsable de la logística del Paraná.
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Por Carlos del Frade

(APe).- “La Armada Argentina firmó un acuerdo con la Cuarta Flota del Comando Sur de los Estados Unidos que considera al Mar Argentino como un “bien común global”, lo que expresa una clara cesión de soberanía. La carta de intención habilitaría la transferencia tecnológica, el entrenamiento y la posibilidad de que los marines den “apoyo” para neutralizar las que consideran amenazas marítimas en la región. El convenio, sobre el que el Gobierno no dio detalles oficiales, fue comunicado por la Embajada de los Estados Unidos y constituye un nuevo capítulo del alineamiento automático de Javier Milei con los designios de Donald Trump, que meses atrás ya lo había llevado a sumarse a la coalición militar “Escudo para las Américas””, sostuvieron los diarios del jueves 21 de mayo de 2025 a días del nacimiento de la supuesta nación argentina ocurrida en 1810.

Atención con esa definición: “bien común global”.

Ellos la usarán para justificar cualquier saqueo.

Disfrazarán su invasión en nombre del “bien común global”.

La noticia siguió diciendo que la Embajada de los Estados Unidos informó que estaba lanzando con la Argentina el Programa de Protección de Bienes Comunes Globales para “fortalecer la seguridad marítima” en el Atlántico Sur. El programa se extenderá por cinco años, lo que implica que abarcará lo que quede de la gestión de Milei y el próximo gobierno.

Por otro lado hay que recordar que el río Paraná atraviesa siete provincias argentinas y por sus aguas se va el 80 por ciento de las exportaciones del país.

Quien maneja el Paraná maneja las riquezas argentinas.

El Paraná también es un río enajenado: la concesión del dragado, balizamiento y peaje del Paraná es mucho más que una privatización.

En cualquier provincia (desde Jujuy a Tierra del Fuego) aunque no conozcan de qué color es el agua del Paraná, cada familia tendrá un plato de comida menos si esa fenomenal cantidad de dinero, casi 50 mil millones de dólares, van a parar lejos de estos saqueados arrabales del mundo y sin el mínimo de control.

La licitación pública e internacional de los servicios de dragado, balizamiento y peaje del Paraná que desde el 26 de octubre de 1898 hasta 1995 eran realizados por la Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables y desde entonces pasaron a ser un negocio de la dragadadora belga Jan de Nul, una de las cinco más importantes del mundo, ahora en la etapa final del nuevo proceso de concesión.

No es un hecho menor reconocer ese ciclo de casi cien años en los que la Argentina supo tener una flota mercante y desarrollar una industria ferronaval pensando un proyecto propio desde adentro y con la intención de cuidar su producción y el presente de su pueblo.

Pero las distintas colonizaciones del estado a favor de los intereses privados más las imposiciones de la deuda externa desarticularon, desaparecieron la marina mercante y las visiones que vinculaban los trenes con los barcos.

El problema grande es quiénes planifican el Paraná y la circulación de mercaderías, legales e ilegales, si el estado nacional como sucede en Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, China, Rusia o Francia o si lo hacen intereses extranjeros.

Dragar el río de acuerdo a los intereses de las multinacionales es adecuar el flujo de riquezas a esas cajas ajenas a las necesidades del pueblo argentino.

Durante el primer año de la administración del presidente Javier Milei hubo un espectáculo grotesco: el ex presidente Mauricio Macri y el actual discutieron quién de los dos era el mejor gerente de relaciones públicas de los intereses extranjeros.

Cuando Donald Trump le ordenó al pueblo argentino votar por el ex arquero y profundizar la dependencia y así lo hicieron las mayorías en octubre de 2025, ya no hubo duda de quién era el dueño del Paraná en particular y las riquezas argentinas general.

Milei durante su visita al portaaviones Nimitz, de Estados Unidos. 

Comenzó a profundizarse el esquema de dejar afuera a intereses chinos o brasileños y sumar a los que sean siempre y cuando acaten el plan diseñado por el imperio.

Desde 2020, el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos es el encargado de pensar el negocio de las aguas del río Paraguay y a partir del 28 de noviembre de 2023 también es responsable de la logística del Paraná en Argentina y sus siete provincias bañadas por sus aguas.

Los verdaderos titiriteros son Estados Unidos y su empresa insignia en la exportación de cereales y derivados, Cargill. Los títeres serán Jan de Nul o Deme, la otra dragadora belga que llega la final de la concesión, y los socios argentinos que se anotan como Juan Ondarcuhu, la familia Neuss y los representantes de las terminales de Bahía Blanca y Quequén.

Poco importaron las denuncias fundamentadas sobre documentos falsos de Naciones Unidas, las sistemáticas violaciones a las leyes de las sietes provincias y la nacional de medio ambiente que exige un estudio de impacto ambiental anterior a semejante ultraje del Paraná, su lecho, sus humedales, su fauna y su hidrología de acuerdo a las exigencias de las multinacionales o las denuncias sobre el tránsito de negocios ilegales como el narcotráfico, el contrabando de armas y trata de personas desde abril de 1978.

Los propios paraguayos llaman al tramo de los ríos Paraguay y Paraná como la hidrovía de la cocaína ahora agravada por la recuperación de los negocios ilegales en Bolivia de parte de la DEA. Desde allí seguirán llegando los cargamentos que serán bajados en la provincia de Santa Fe para luego exportarlos a distintos lugares del mundo previo pago del peaje para las bandas narcopoliciales barriales que le harán el aguante a la mercadería, generalmente del 10 por ciento de lo que luego estará destinado a otra región del planeta. Por eso en las últimas semanas han aparecido cargamentos en avionetas caídas antes de llegar al destino con información de la DEA.

Quizás en breve haya informaciones sobre la necesidad de dotar al Paraná de una seguridad internacional como alguna vez quisieron hacer sobre el Amazonas para redondear la doble faz del negocio económico y político que supone siempre la intervención de los Estados Unidos en el patio trasero.

No es una privatización más, entonces.

La concesión del dragado, balizamiento y peaje del Paraná es mucho más.

La suerte está echada porque la Argentina que se desvanece a fuerza de saqueo, dependencia, corrupción y ferocidad, es una estrella oculta en la bandera de los Estados Unidos.

El manejo y la planificación de las exportaciones del Paraná harán del pueblo argentino una comunidad cada vez más empobrecida y sujeta al conocido destino de las naciones semicoloniales a lo largo de historia.

Debería ser una cuestión nacional, sin embargo termina siendo el negocio de pocos en una mesa chica controlada desde el imperio.

A pocos días del 25 de mayo, aquellos sueños y necesidades de Mariano Moreno y Manuel Belgrano de tener una marina mercante propia para sacar los frutos de la tierra parecen ser una sombra melancólica de un país que ya no es.

Fuentes: Diario “Página/12” del jueves 21 de mayo de 2026; investigaciones del autor de la nota en su libro “Vicentin. Capitalismo argentino, desaparecedores y fugadores”, Rosario, 2021.


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