Otra cría del proceso

La violencia no es el absoluto mal. Ni siquiera es el mal. Es la partera de la historia, como dijo hace muchísimo, demasiado, Carlos Marx. El absoluto mal –escribe Alfredo Grande- es la crueldad, que es la planificación sistemática del sufrimiento. Uno de los pilares de la cultura represora. Ni una menos sólo será posible enfrentando la crueldad.
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Por Alfredo Grande

(APe).- Pocos reclamos tan justos como el de ni una menos. La discusión necesaria es cómo ese justo reclamo debe ser canalizado.  Alguna vez escribí que todos los “día de” son descubiertos pero la maquinaria letal de la cultura represora lentamente los erosiona y terminan siendo encubridores.  Primero es denuncia, luego enuncia y finalmente encubre. Para mí el tema no es cómo reemplazarlo, sino cómo prolongarlo. Es similar al Nunca Más. ¿Nunca más qué?

Si hubiera sido un verdadero nunca más se hubiera arrasado con la ley de entidades financieras y no tendríamos que padecer esta cleptocracia. El gobierno de los ladrones. Y algunos asesinos.

Pero el recurso para que la lógica institucional siempre quede impune tiene la ayuda del codigo penal. O sea: el punitivismo al palo. Una de los ejemplos de la banalización del bien es el criterio de que cualquier cosa que sea entender a la víctima es re victimizarla. Para mí siempre fue ayudar en que se corra de la situacion de victimización. Pero es imposible porque se ha banalizado el bien.

El tabú de la violencia forma parte de esa banalización.  Robar, asesinar, torturar, reducir a servidumbre, etc, son evidencias de crueldad, no de violencia. Maldecir al odio, que lleva a la paradoja de odiar al odio, forma parte de esa banalización. No se trata del odio individual.  En realidad, no se trata nunca de algo individual.  Se trata de algo más profundo que es el odio de clase. Las derechas lo tienen re claro. Las izquierdas no tanto. Por eso invocan al Che en vano, olvidando sus palabras en la conferencia de la Trilateral.

Otra banalización del bien es la condena a la corrupción.  Los actuales auto titulados gobernantes no son corruptos. Son ladrones de guante gris y algunos, asesinos. Sin guantes. Desde el punto de vista cultural y político, nunca hubo nunca más. Las masacres del Terrorismo de Estado son continuadas por un Estado Terrorista, planificador de hambrunas y asesinatos en incómodas cuotas. Este terrorismo que pretende ser enfrentado por opciones tipo sufragio y otros escarbadientes.

La violencia no es el absoluto mal. Ni siquiera es el mal. Es la partera de la historia, como dijo hace muchísimo, demasiado, Carlos Marx. El absoluto mal es la crueldad, que es la planificación sistemática del sufrimiento. Uno de los pilares de la cultura represora. Ni una menos sólo será posible enfrentando la crueldad. Que sólo es posible con la violencia. Otro hecho maldito del país burgués.  Parafraseando a Bertold Brech es más violento fundar un Banco que robarlo. Hoy la sociedad es violenta porque no sabe, no puede y no quiere enfrentar ninguna forma de crueldad.

No nos perdones Agostina.  Sabemos lo que hay que hacer, pero no lo hacemos.


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