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(APe).- El día amaneció como noche. Gris, plomizo, anochecido. Es que se había enterado, el día, de que se había muerto el Indio. Que tenía 77 años pero era mentira. Que tenía Parkinson pero era mentira. Que estaba encerrado para que no lo vieran porque era mentira. Porque él ya era un mito en el Olimpo de los dioses nuestros. Los que nunca se mueren pero tampoco nacen nunca. Los que andan dando vueltas por siempre haciendo morir de envidia a dios y a los que se las dan de inmortales de veras. Se viene el día a tu corazón, cantó, se dio vuelta y se fue, pateando en una calle oscura con anteojos redondos y pelado como toda la vida. Lo vivan miles, millones de brazos tatuados con sus letras y miles, millones de corazones que hoy se detuvieron el minuto de la estúpida noticia.
Como el nuestro, que latió como jamás cuando en 2013 adhirió a nuestra campaña El hambre es un crimen – Ni un pibe menos y lo dijo, con esa voz sacramental pero sin imagen, para ser mito siempre, siempre.
Por favor, ni un pibe menos, dijo. Y nos conquistó.
Para toda la eternidad.
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Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte