Amenazaron a una maestra rural
Publicado: Jueves, 10 Octubre 2019 14:40
Amenazaron a una maestra rural

Por Silvana Melo    (APe).- Entraron al aula “pateando las puertas”. Así relata El Diario de Paraná cómo se quebró, como un cristal tras la pedrada, la serenidad de una clase en la escuelita rural de Colonia Nueva, en el departamento Paraná. Entraron como patrones de esa tierra donde se aprende, como propietarios de lo que hay que saber. Y de lo que no. Porque unos días después Daniel Verzeñassi iba a hablarle al piberío, en esa misma aula, sobre lo que ellos respiran, sufren y soportan todos los días: el veneno que les propina el modelo productivo que los quiere expulsar de su pedacito de campo, de su escuelita, de su mínimo paraíso permitido, porque les incomoda la rentabilidad. Entraron al aula “pateando las puertas” los productores vecinos de la escuelita de Colonia Nueva. A los gritos entraron amenazando a la seño y ante los pibes paralizados que no comprenden la violencia que brota de la nada, como un volcán que despierta de pronto y vomita su fuego. Impune. Ni el número de la escuela ni el nombre de la docente se dicen. Nada. Porque siembran el terror. Si Verzeñassi “pisa la escuela acá se va a armar”, dijeron hablando alto, con palabras que rebotaban en las paredes. Y la gurisada se hizo chiquita, con los hombritos pegados al cuello, casi invisible. Y la maestra suspendió la charla. El médico y miembro del Foro Ecologista les iba hablar de fumigaciones con agroquímicos, la base del modelo de agronegocios y transgénesis. El nudo de conflicto entre la justicia, el poder político y el poder económico que se disputan la distancia de la pulverización para que no afecte a los seres vivos en Entre Ríos. Se está debatiendo sobre la vida. Y ellos entran pateando las puertas. Edición: 3963  

Risa de Madres
Publicado: Miércoles, 02 Octubre 2019 15:29
Risa de Madres

Por Claudia Rafael (APe).- Paran un instante la pelota y estallan en una risa. Se miran cómplices. Se abrazan. Son mujeres de fuego. Mujeres que afrontan la lucha y son estandarte de muchos. Son referencia histórica y lo saben. Aunque no sea eso lo que las mueve. Es que cada una de ellas se transformó en espacios colectivos. Se hizo resistencia. Se vistió de dolor y de llanto y ganó fortalezas en cada lágrima. Marta Montero hoy cumple años. Ella mira a la cámara con esa sonrisa de picardías mientras sostiene a su hijo Matías que cuelga una bandera sobre las rejas en un reclamo sistémico de justicia. No la justicia de los tribunales de estructuras burocráticas sino esa otra justicia que se gana en las calles, que busca que no haya más Lucías Pérez, como se llamaba su hija adolescente, asesinada por impunes tres años atrás un 8 de octubre. Y Marta se hace rabia, se hace ternura, se hace grito y se permite esa risa que sostiene. A ella y al resto. Como la risa de Emilia Vasallo, que se levanta una y mil veces, a cada instante, en cada esquina, en cada calle de barro o de asfalto, con la foto de Paly Acosta, asesinado hace 6 años por un policía bonaerense. Emilia se ríe, a pesar de los huracanes que se le echan encima. Del allanamiento de hace unos días, durante 40 minutos, en donde una veintena de policías encapuchados la esposaron junto a su otro hijo, del intento de disciplinamiento feroz mientras apuntaban a ella y a su hijo con un arma. Emilia se planta. Está a la cabeza de las marchas que reflejan las miles de víctimas de gatillo fácil. Y habla desde su rabia, desde su lógica impecable, desde esa sabiduría que es la de multitud de mujeres que aprendieron a ser a partir de las cuchilladas del sistema. Y ríe Mónica Alegre, la mamá de Luciano, el pibe de 16 que dijo que no. Esa mujer que se transformó en artesana. Que se reconstruyó. Que renació de las cenizas en las que la hizo arder el estrago. Que estudió. Que se fue abriendo paso desde los subsuelos. Y se fogueó en los espacios colectivos. Y es llamarada y a la vez risa. Porque sabe, ella lo sabe, que la risa es muleta. Es sostén. Es vida en medio de tanta muerte provocada. Como la risa que larga Sandra Gómez. Que ríe y llora a la vez. Que ríe y grita. Que ríe e incita a la rebeldía. Que fue parida por Omar Cigarán, su hijo de 17, asesinado por un policía bonaerense pero condenada a la impunidad. Que, como Mónica, terminó la secundaria. Que se sabe referente. Que se sabe bandera y por eso marca la cancha con su paso firme. Y se abraza con sus pares. Madres como ella. Madres todas ellas como la gran Madre. Que conmueve multitudes. Que camina como una hormiga incansable junto a los desarrapados de cada geografía. Que no sólo sonríe sino que arranca risas impensables a su paso. Norita Cortiñas que sigue, sigue y sigue. Con ese desparpajo que le asoma desde cada rincón de su cuerpo. Que la lleva a patear una pelota de fútbol en la plaza de Congreso con el rostro de su Gustavo sobre el pecho, a calzarse un pañuelo verde, a reivindicar la calle como el espacio inexorable, a reir como una niña hasta que la panza duele. Norita que abraza y convence de que la lucha sana sólo y siempre y cuando sea colectiva. Porque la vida se honra en dignidades. Con la voz hecha estallido pero la ternura en pie. Con la risa. Esa risa. La risa nuestra. La de todas y todos los que las vemos y sabemos en qué exacto lugar de la historia y de la vida está el camino. Edición: 3957  

Las voces
Publicado: Lunes, 30 Septiembre 2019 13:39
Las voces

Por Carlos del Frade (APe).- Pamela tiene dieciséis años y tiene ganas de hablar, de decir, necesita que la escuchen en ese auditorio hermoso que es el teatro del Centro Cultural de la ciudad histórica de San Lorenzo, punto geográfico que fue el prólogo al sueño inconcluso de la Patria Grande por aquel general correntino desobediente, José de San Martín. Casi quinientas pibas y pibes como ella la están viendo atravesar el espacio en busca del micrófono. Tiene la misma edad que Greta, la chica sueca que les preguntó a los poderosos del mundo adulto con qué derecho están destruyendo el planeta. -Hay muchas empresas acá en la zona que ganan mucho dinero y también enferman mucho. Mi mamá, hace unos nueve años atrás, estaba embarazada del que iba a ser mi hermanito. Pero abortó como consecuencia de la contaminación que le produjo el material con el que trabajaba en una de las fábricas que da sobre la ruta…-dice Pamela. Es uno de los testimonios de las chicas y los chicos que les dieron sentido concreto y vital a las llamadas “Décimas jornadas de educación, derechos humanos y memoria”, que se hicieron a fines de septiembre de 2019 en ese lugar por donde pasa el mayor flujo de dinero de la Argentina crepuscular del tercer milenio como consecuencia de la exportación derivada de la soja y sus subproductos. El panel que generó el debate estuvo vinculado al repaso de la historia de La Forestal y las consecuencias del modelo extractivista en la Argentina del presente y en la provincia de Santa Fe, especialmente en la zona sur. Consecuencias que están siendo sufridas por las chicas y los chicos en el interior de sus propias familias. -Mi papá hace cinco años que está desocupado – apunta otro pibe que toma el micrófono.“¿Por qué no tiene trabajo?. No es un vago. No se puede prejuzgar. Hay chicas que tienen que prostituirse porque no tienen otra cosa para hacer. Se habla fácil en contra de la gente que está desesperada y no me parece bien. Muchos se fanatizan solamente por el fútbol pero el fútbol no da de comer a la gente. Hay que cuidar la tierra y el agua. Eso es fundamental…”, sostiene el muchacho. Gabriela, otra niña de dieciséis años, se anima a escribir. Acaba de ver un vídeo hecho por chicas y chicos del Instituto 22 que, en menos de cinco minutos, resumió el saqueo que produjo la multinacional La Forestal que hace cien años fue conmovida por la primera huelga de los obreros que reclamaban por un poco de dignidad. Se pregunta qué cosas realmente cambiaron desde los tiempos de La Forestal al presente. Cuestiona por qué el estado suele estar del lado de las grandes empresas y no de la gente. Y Aitza busca la necesidad de expandir la agroecología y hasta aventura un futuro vegano para las grandes mayorías argentinas. Ludmila está con ganas de saber cómo hacer una rebelión y quiere empezar exigiendo que las empresas de la zona respeten las tres líneas de árboles que deben tener para que el medio ambiente no sea cada vez más agredido. Las chicas y los chicos pueblan distintas escuelas secundarias de San Lorenzo, Fray Luis Beltrán y Puerto General San Martín. Saben que la historia continúa en el presente que enfrentan y no se quedan calladas, no se quedan callados. Eligen protagonizar la historia desde esa herramienta fundamental y profundamente humana que es la palabra. Y cuando hablan transmiten esperanza. Porque más allá de la ferocidad del saqueo y sus consecuencias en el presente, ellas y ellos están empezando a saber que la vida tendrá una nueva oportunidad gracias a su protagonismo que ya nadie podrá ignorar por más que hagan hasta lo imposible para no oírlas, para no oírlos. Fuente: Testimonios de alumnas y alumnos de escuelas secundarias presentes en Centro Cultural de la ciudad de San Lorenzo en la jornada del viernes 27 de septiembre de 2019, en el contexto de las “Décimas jornadas de Educación, Derechos Humanos y Memoria”, realizadas los días 26 y 27 de septiembre de 2019. Edición: 3955  

 Chapadmalal
Publicado: Viernes, 27 Septiembre 2019 15:25
Chapadmalal

Por Claudia Rafael (APe).- El gobierno dio una estocada feroz a la simbología popular de la historia argentina. En una resolución que se publicó en el boletín oficial formalizó la entrega del Complejo Turístico Chapadmalal que desde ahora será el Centro de Formación de Gendarmes. Y profundiza, en un pase de manos, la filosofía represiva que llevó a una muerte cada 21 horas por gatillo fácil. No es una estructura arquitectónica cualquiera la que se cedió al universo securitario. Se entregó el alma de lo que fue, a partir del primer peronismo, el “turismo social”. La consigna era “usted se paga el viaje, el gobierno el hospedaje”. En una jugada que no se concretó en una ciudad cualquiera. Fue en aquella Mar del Plata que, hasta la década del 30, había sido propiedad exclusiva de los dueños de la tierra, del mar, de las vacas y de los campos de un país en el que las élites privilegiadas no compartían el ocio con las clases trabajadoras. Elisa Pastoriza describe en sus múltiples estudios sobre el impacto Chapadmalal en la historia argentina que antes de ese golpe de timón del peronismo “grandes edificios con salones de baile y juegos, muchas habitaciones, con alas especiales para alojar al personal de servicio y tres o cuatro comedores, eran ocupados por los 'veraneantes' durante los meses estivales”. No es casual el nombre: José Luro, hijo de uno de los pioneros de Mar del Plata, construyó el Bristol Hotel en 1888 que fue el gran acontecimiento social de la época en una inauguración de la que participaron Dardo Rocha, Carlos Pellegrini, Máximo Paz, Emilio Bunge y Bartolomé Mitre. Fue la Mar del Plata de la belle époque que miraba de reojo a su servidumbre que sólo llegaba a la ciudad de la mano de los uniformes de domesticación. El decreto 1740 del verano del 45 amplió el derecho a las vacaciones pagas obligatorias y lanzó las colonias de vacaciones en los complejos de Chapadmalal, Embalse Río III y Mendoza, hizo convenios con gobiernos provinciales y hotelería privada para alojar gratuitamente a contingentes de trabajadores. Sobre todo, contingentes infantiles. Y se dieron los primeros pasos en la hotelería sindical. Pero Chapadmalal, en particular, ha sido el bautismo de mar para generaciones enteras de niñas y niños hijos de trabajadores. Para 1954 –escribe Pastoriza- “el Hotel Infantil albergaba aproximadamente en forma anual unos 4000 niños entre 6 a 12 años, en su mayoría provenientes del interior del país enviados por la Fundación Eva Perón y la Dirección Nacional de Asistencia Social dependiente del Ministerio de Trabajo y Previsión. El Hotel N° 5 estuvo reservado a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de Buenos Aires, tanto las ramas masculinas y femeninas que periódicamente hospedaban a unos 400 jóvenes”. No fue una estocada cualquiera. En el siglo XIX, la estancia Chapadmalal pertenecía a Miguel Martínez de Hoz, uno de los herederos de aquella oligarquía que marcó destinos y estragos en la historia argentina. La resolución del gobierno nacional publicada esta semana en el boletín oficial pasa el complejo Chapadmalal a la jurisdicción del Ministerio de Seguridad y, por ende, a las manos de la ministra Patricia Bullrich. Complejo que seis años atrás había sido declarado monumento histórico nacional. Y que ahora será el escenario de la formación de gendarmes. Que ya habían tenido su primer llegada estratégica en el mes de mayo cuando Bullrich anunció el despliegue de 300 gendarmes a Mar del Plata con un “mano firme con los delincuentes” en la presentación en uno de los patios del complejo, donde serían alojados. Ese día la ministra dijo premonitoriamente “la gendarmería viene para quedarse y estaremos en todos los barrios y más cerca de los ciudadanos para darle seguridad”. Ahora la decisión asume su formato completo: no sólo será alojamiento de gendarmes sino que aquel escenario de vacaciones para la clase trabajadora de décadas que forman parte de otra historia de país hoy se transformará definitivamente en centro de formación de esa fuerza de seguridad creada en 1938 con características netamente militares. Y que, en los últimos años, fueron fogoneados y habilitados para la represión en las villas porteñas, en las calles santafesinas, en las luchas obreras como la de Pepsico, en los reclamos de los pueblos originarios. Y, como una radiografía ineludible de su rol, en la desaparición, en un contexto represivo, de Santiago Maldonado. Ya hace rato que el grueso de la clase trabajadora no tiene estadías pagadas por gobiernos ni acceso a las vacaciones. Ya hace demasiado que el grueso de la infancia argentina no conoce el juego con las olas y el gusto del agua salada. Ya hace largo tiempo que una enorme proporción de los trabajadores no tienen empleo ni salario fijo ni aportes previsionales ni para obra social. Pero Chapadmalal sigue siendo el símbolo de una historia de lucha. En la que la puja de clases no era perdida por goleada por los laburantes. En la que mis viejos, como los de tantos, a finales de la década del 50, formaron parte de ese ejército de trabajadores que posaron delante de los lobos marinos en foto blanco y negro durante su luna de miel. Edición: 3954  

 Estadística serás (2° parte)
Publicado: Viernes, 27 Septiembre 2019 13:36
Estadística serás (2° parte)

Por Alfredo Grande (APe).- Las estadísticas pertenecen al mundo mágico de lo abstracto. Es un género que me permito denominar “política ficción”. En los viejos tiempos, había una definición indiscutible: “hay pequeñas mentiras, grandes mentiras y estadísticas”. Ahora las mentiras han sido reemplazadas por las falsedades, y las falsedades por la pos verdad. Un manejo adecuado, o sea, manipulador de las estadísticas, me permite sostener afirmaciones opuestas con la misma convicción. La patética comparación del vaso medio lleno o medio vacío es una estadística muy precaria del estado del vaso. Como siempre se ha machacado, depende de que parte del vaso mirás. O sea: medio lleno y medio vacío son dos afirmaciones correctas. Sólo depende quién elige lo uno o lo otro. Pues mal: las dos formas de mirar el vaso no tienen incidencia alguna en lo real. Porque lo que importa no es si el vaso está medio lleno o medio vacío. Lo que importa es si se está llenando o se está vaciando. Porque aunque yo diga que está medio lleno, si se está vaciando soy boleta. Y aunque diga que está medio vacío, si se está llenando puedo tener alguna expectativa por el devenir futuro. Pues mal: el vaso de la política está medio lleno pero se está vaciando. Y el liquido cloacal que lo reemplaza es la macro economía, o sea el abstracto monetarismo de capitales e intereses para pagar y sobornar a acreedores externos e internos. La robótica permite que aun la materialidad de la fuerza de trabajo, sea reemplazada por la abstracción de una programación computarizada. No importa tampoco si el vaso está medio lleno, medio vacío, se está llenado o se está vaciando. Y mucho menos importa la gota que derramó el vaso. Lo que si importa es cuál es el contenido del vaso. Y cuánto resistirá el vaso sin romperse a pesar de todas las porquerías que le ponen adentro. De tanto hablar de los porcentajes de niños empobrecidos y hambreados, podemos concluir que el hambre es sólo eso: porcentajes. Decir que las estadísticas no se comen es obvio. Sin embargo, es la única comida que aparece. Como el vaso está lleno de podredumbre capitalista y extractivista, un amanuense de Menem, que goza de impunidad total política y cultural, embajador en China, se permite decir en un programa donde están sueltos todos los animales, que el modelo es Chile porque cuadriplicó la exportación de cerezas. O que hay mercados para cuadriplicar las exportaciones de alimentos, con lo cual el déficit comercial es fácil de revertir. Por eso afirmó, mientras varios animales lo escuchaban como si estuviera hablando alguien importante, alguien que no fue cómplice de la mayor devastación de la industria nacional en aras de un primen mundo en abstracto, que era necesario un apoyo político para el nuevo gobierno del 80% y que eso se lograba con grandes acuerdos nacionales. Más que acuerdos yo diría “pactos mafiosos”, pero yo, si bien soy un animal, no estoy suelto. Todo eso en el altar de los necesarios sacrificios que habrá que hacer para limpiar el vaso y luego empezar a llenarlo nuevamente con excedentes dolarizados. Traducción del engendro menemoide: la Diosa Macro Economía exige que nuestra vida siga siendo miserable. Ese 80% de apoyo necesario, no es para subvertir el modo de producción económica, política y social. No es para reformas agrarias, no es para sepultar a las representaciones traidoras, para disolver al empresario parásito y rentista. Nada de eso. Es para volver a formas de capitalismo normal como tienen los países normales. Crecer para pagar…les. Los mecanismos de endeudamiento, todos fraudulentos, no se auditan, se honran. La mayor parada de carro a los acreedores y al fondo monetario es demorar los pagos. O sea: una apelación más para postergar la ejecución en la silla eléctrica financiera. Por eso las abstracciones se disfrazan de definiciones, y las estadísticas moldean el horizonte de lo posible. Cito palabras del abogado Eduardo “el Negro” Soares: “nosotros no creemos en la justicia. Nosotros ganamos juicios”. Se refiere a la Gremial de Abogados. Ganar un juicio apela a una materia concreta, porque de una sentencia determinada depende la vida de las personas. La “Justicia” es, apenas, una de las formas de la política ficción. Pues mal, y otra vez mal. Desde el lunes siguiente a las PASO, el vaso comenzó llenarse de contenido cada vez más nauseabundo. En el altar de la instituciones, de la República, de los plazos constitucionales, de la democracia ficcionada, el Gobierno tiene que seguir gobernando. O sea: sigue con licencia para matar. Pero dada también por lo que suponemos es la oposición. Propongo la única estadística que dará cuenta de la alianza perversa entre los oficialistas de hoy y los oficialistas de mañana (decir oposición me parece una desmesura). Esa estadística se realizará desde el 11 de agosto al 10 de diciembre. Y tendrá que dar cuenta de cuantos niñes se desgarraron por el hambre, cuántos trabajadores arrojados al conteiner de la basura, cuántas mujeres entregadas para el holocausto de género, cuántos adolescentes secuestrados en los calabozos de las drogas, cuántos asesinatos viales ocurrieron, cuántas guerras civiles de pequeña escala sucedieron en transporte público, cuántos robos y asesinatos por menos de una libra de carne. Pero sólo desde el 11 de agosto al 10 de diciembre. No quiero que me hablen del 2015, 2012, 2017. Ese período será el de la máxima complicidad con el brutal enemigo que pretenden combatir. Será la estadística salvaje que dará cuenta de por qué los menos malos no siempre son los más buenos. Edición: 3953

Bombucha, una rebeldía menos para el carnaval
Publicado: Miércoles, 09 Octubre 2019 15:36
Bombucha, una rebeldía menos para el carnaval

Por Claudia Rafael (APe).- Adiós a Bombucha. 65 trabajadores quedan en la calle en tiempos en los que la calle es un espacio duro que no cobija. Bombucha cumplió 66 años y generaciones enteras jugaron al carnaval con esos globitos que terminaron imponiendo su nombre hasta reemplazar incluso al del producto. Los trabajadores –el 80 por ciento son mujeres- no cobran salarios, aguinaldos ni indemnizaciones y ocupan la planta en San Luis. Es el adiós al trabajo para todos ellos y la certeza de que no hay, a la mano, futuro que cobije. Mientras el presente se vuelve cada vez más feroz y aciago. Adiós a Bombucha es también el adiós a esa porción de la infancia que quedó anclada en un tiempo en que la calle supo ser sinónimo de juegos y de risas. En que los baldazos de agua y las bombuchas –más llenas y sólo para mojar o más pequeñas para repicar y doler en la piel de la víctima casual o elegida- eran el gran evento del verano. Recuerdo a mi viejo corriendo en la cuadra, sobre calle Salmini, con un balde lleno para empapar a vecinos adultos o niños en un juego compartido. En una costumbre que adoptó desde los 50 la marca como nombre, hay que bucear en la historia más antigua del país cuando aún no lo era. Hacia 1820, un periodista inglés escribía que “llegado el carnaval se pone en uso una desagradable costumbre: en vez de música, disfraces y bailes, la gente se divierte arrojando baldes de agua desde los balcones y ventanas a los transeúntes, y persiguiéndose unos a otros de casa en casa. Se emplean huevos vaciados y llenos de agua, que se venden en las calles. Las fiestas duran tres días y mucha gente abandona la ciudad en ese tiempo pues es casi imposible salir a la calle sin recibir un baño. Las damas no encuentran misericordia y tampoco la merecen, pues toman una activa participación en el juego. Los diarios y la policía han tratado de reprimir estos excesos sin obtener éxito. Las damas abandonarían ese juego si supiesen cuan poco se aviene con el carácter femenino”. Los tiempos del carnaval eran claramente identificables también por la larga hilera de banditas de látex multicolor en las canillas que daban cuenta de los globitos rotos al momento de llenar. Tiempos que han significado además las rebeliones ante lo establecido. Desde la infancia rompiendo con las prohibiciones a la hora de la siesta a las otras rupturas. Más sistémicas. Más profundas. Cuentan historiadores del carnaval que los burgueses venecianos desfilaban a mediados del 1700 con velas encendidas para la purificación de las almas en un alarde de pertenencia social. Y que los marginados –en rebeldía- les echaban agua a su paso para apagar el fuego. El 2020 empezará sin bombuchas. Y la rebeldía deberá necesariamente encontrar su sentido más medular. Carnaval, del latín vulgar: carnem levare. Sacar las carnes afuera. Y dar vuelta el orden impuesto por quienes se creen los dueños del mundo. Para romper de una vez con los privilegios. Edición: 3962  

Syngenta y el hambre
Publicado: Martes, 08 Octubre 2019 14:41
Syngenta y el hambre

Por Silvana Melo    (APe).- Pensar que las transnacionales y el corazón del modelo agroindustrial van a alimentar a la pobreza que fabricaron, es una pobre esperanza. Esa es la quimera en el país donde la convencionalidad política descubrió el hambre en tiempos de desolación sojera, dependencia feroz del agronegocio y el extractivismo brutal para subsistir, territorios vaciados de gente y de bosques, más de la mitad de los niños sometidos por la pobreza y condenados a una pésima alimentación por una industria que convierte el alimento en un negocio saqueado de soberanía. Hay que comer sólo lo que ellos imponen. El resto no está a mano. El resto está en la tierra. Hay que sembrarlo. Lucharlo. Cultivarlo. Pelearlo junto a la tierra. Hacerlo propio. En un espacio que debería ser el mosaico de ataque al hambre. Ataque genuino. No el de la donación del 1% de la producción de semillas transgénicas y agroquímicos de Syngenta. Ni de la manipulación de alimento plástico y azucarado que decida la Coordinadora de Industrias de la Alimentación (COPAL). Todos ellos. Syngenta. Copal. Todos en la presentación de “Argentina sin Hambre”, del candidato presidencial de la oposición política. Donde el presidente de Syngenta, Antonio Aracre, se sentó a la diestra de Felipe Solá, el rubricador de la entrada de Monsanto a la Argentina en 1996, hoy Bayer Monsanto, compañera de ruta de Syngenta. Y desde entonces, camino allanado a la transgénesis y al negocio incalculable de los paquetes tecnológicos con agroquímicos incluidos. Todos ellos conmovidos por el hambre en la tierra larga de la selva al hielo. Donde debería crecer todo, la vida multiplicada en la tierra rica de las semillas y los polinizadores soberanos en los cielos y en las raíces. Todos ellos conmovidos en una tierra a la que escarnecieron y mortificaron. De donde tuvieron que irse los campesinos, los pueblos originarios, los pájaros y los montes. Todo para que un par de cultivos arrasaran con la vida pequeña que mantiene en equilibrio la vida grande, la que sostiene el mundo. Son los mismos que se conmovieron en 2002, cuando el hambre arrasaba a los niños de las barriadas de toda la tierra larga. Y fueron ellos, con el programa Soja Solidaria, a darles de comer su invento forrajero destinado a los animales del otro mundo con el que estaban acumulando divisas a granel mientras las víctimas sistémicas apilaban platos vacíos. Para el Foro Agrario, es imprescindible “una institucionalidad basada en un Estado planificador para garantizar la Soberanía Alimentaria de nuestro pueblo, con la articulación participativa y descentralizada entre el Estado, las organizaciones de productorxs y otras organizaciones del sistema agroalimentario y atendiendo particularmente a las reivindicaciones de los pueblos originarios, las mujeres y los jóvenes”. Nada de esto se hace con Syngenta ni Copal. No se alimenta a los nueve millones de niños puestos en la pobreza por un sistema que se extiende por décadas si no es desde la tierra cultivada por pequeños productores. Que puedan comercializar libremente lo que producen, a través de la agroecología, sin venenos, sin paquetes tecnológicos, sin policía transgenética, soberanos en la producción y con la soberanía plena de los que comen. Solidarios, campesinos, originarios, mujeres, jóvenes y hacedores de nuevos mundos. Amasadores, como del pan, de una nueva sociabilidad humana. Que no se levanta con la levadura de Syngenta. Ni la de Copal. Edición: 3961  

Pañales y muñecas
Publicado: Lunes, 07 Octubre 2019 13:27
Pañales y muñecas

Por Carlos Del Frade    (APe).- Mientras las cifras de la pobreza crecen como consecuencia de un saqueo planificado, sistemático y mantenido en el tiempo, en la Argentina crepuscular de finales de 2019, hay otros robos que reciben condena pero que tienen características especiales, tan especiales como humanas. Y quizás allí radica el secreto de su especialidad. Están cargados de muchas cuestiones humanas. En la provincia de Santa Fe, en la que ni el ministro de Seguridad ni el jefe de fiscales pueden dar una explicación sobre la multiplicación de armas de fuego en manos de la población civil, hay noticias policiales que merecen pensarse en voz alta, reparar en sus detalles. Jorge no llega a treinta años. Lava autos y tiene tres hijos y muy pocas cosas más, casi nada más. A fines de septiembre de 2019 fue noticia porque se llevó leche y pañales de una farmacia y lo dejaron preso dos semanas enteras. Los diarios dijeron, entonces, que “sin recursos para alimentar a sus hijos, un hombre recordó que el dueño de un local al que le cuidaba el auto le había dicho que podía llevar mercadería para sus hijos. Fue y llevó alimento y elementos de limpieza. A los metros fue preso y durmió 15 días en una celda”, apuntaron los medios de comunicación. Fue a pocas cuadras de la termina de colectivos de la ciudad de Rosario, la ex ciudad obrera, en bulevar Avellaneda y Santa Fe. Dos paquetes de pañales y tres tarros de leche fue el botín. Les dijo a los empleados que se los llevaba y que después hablaba con el dueño. -Jorge salió del local, le entregó la mercadería a su pareja y caminó unos 40 metros. En ese lugar fue detenido por la Policía y después fue imputado de robo calificado por el uso de arma blanca y lo dejaron preso…-contó su abogado. Tras escuchar a los abogados de cada lado, el juez Rodolfo Zvala definió que el caso fue un robo simple sin armas. Jorge recuperó la libertad, pero debe presentarse una vez por semana en el Centro de Justicia Penal y no puede acercarse a quienes trabajan de la farmacia o tres cuadras del local. El martes primero de octubre de 2019, en la céntrica esquina de Corrientes y San Luis, en la misma ciudad de Rosario, una mujer terminó detenida luego de robar tres frascos de shampoo, tres muñecas, talco y un acondicionador junto a su hija de seis años en un negocio en pleno centro. El hurto fue advertido por personal de seguridad a través de las cámaras de videovigilancia. La responsable fue trasladada a la Comisaría segunda. La “ladrona” de muñecas tiene 31 años y estaba junto a su hija de seis años la que también quedó a “resguardo” de los efectivos de la comisaría mencionada. Es llamativa la capacidad para atrapar a ladrones y ladronas de pañales y muñecas en tiempos que se multiplican los despidos y la indigencia, en los mismos días que el narcotráfico y el contrabando de armas y municiones roban vidas de pibas y pibes en toda la geografía de la provincia. El robo de pañales y muñecas debería tener un capítulo especial en el Código Penal. Dos semanas preso por llevarse dos paquetes de pañales en la provincia que hace ocho años convive con la desaparición de Paula Perassi es un hecho de flagrante obscenidad, de impúdica exacerbación de la impostura de castigar a los desesperados y ya largamente castigados desde hace años. El robo de pañales y muñecas merece castigo en la Argentina de finales de 2019. El robo de las riquezas de millones de trabajadores y jubilados en la Argentina de finales de 2019, no merece castigo alguno. Por eso el robo de pañales y muñecas debe ser catalogado como un capítulo especial en el Código Penal de un país que, alguna vez, soñó ser el espacio donde en el trono de la vida cotidiana esté la noble igualdad. Edición: 3960

A punta de cachiporra
Publicado: Viernes, 04 Octubre 2019 23:19
A punta de cachiporra

Por Silvana Melo (APe).- Ofensores en trenes, les llaman. Un título casi religioso. El impulso del Ministerio de Seguridad etiquetó con este nombre casi eufemístico al sometimiento sistemático de exigirles documentos a los trabajadores, generalmente morenos, pobres, saqueados, portadores de rostro, carne de cámaras de reconocimiento facial con inexorables errores de sistema que siempre se equivoca con ellos. Arrinconados los trabajadores en el hacinamiento ferroviario que le regala cotidianamente el sistema, acosados ahora por el disciplinamiento securitario que busca re demostrar su rigor para los mismos siempre. En 800 controles encontraron 42 documentados con antecedentes, dijo la ministra en un tweet exultante. ¿Y? ¿Qué hicieron con ellos? ¿Qué tuvieron para mostrar más que la entrada de las bandas federales de pechos inflados en los trenes para exigir a los trabajadores y a los pobres que se identifiquen? ¿Por qué no hay que exigir la identificación de otros restos de la sociedad tan dañinos para esos pobres a los que se exige el DNI? ¿Por qué a esos restos de la sociedad delincuencial que empobreció para siempre a los que pueblan los trenes y no les alcanza ni para la SUBE, por qué al que fuga diariamente divisas al exterior, no se les reclama el DNI a punta de cachiporra? Les aumentan el boleto. Se lo multiplican. Les quitan el trabajo, la changa, el laburito. Les venden el pan a cien pesos. Los encierran en las villas, les descuelgan la calle y el número donde se domicilia la dignidad, les mandan la policía, la gendarmería y la prefectura. Les mandan a Pichetto. Ellos –todos, policías, gendarmes, prefectos, Pichetto- los juzgarán sospechosos por color, ausencia dental, impulso de esfumarse, olor a brasero, cumbia en la oreja, mirada rara, gorra y esas cosas que se ponen los pobres aunque no haya sol ni frío, sólo para que se los identifique no más. Y ahí aparece la Resolución 845/2019 que tiene la firma de Patricia Bullrich. Que avala la exigencia para que algunos demuestren quiénes son. En los trenes y en los andenes que todos los días utiliza casi un millón y medio de sospechosos genéticos, por origen, geografía y destino. Que viajan desde la provincia a la capital. Un par de días atrás el aspirante a vicepresidente había observado la foto publicada en Clarín. Dos colas en la villa 1-11-14, dijo. Una de cada nacionalidad, ninguna de argentinos. Horrorizado Miguel Angel Pichetto. En las dos vendían droga, decía. Espantado por los delitos que cometen los migrantes en la Argentina. Hay que dinamitar todo, que vuele todo por el aire, dijo. Las villas. Los trenes. Todo aquello que fastidia cotidianamente, que corta las avenidas y pretende la quimera de una vida mejor. Mientras los otros restos de la sociedad suscriben acuerdos internacionales, despiden a sus trabajadores, son funcionarios y le venden servicios al estado, fugan las divisas al exterior, multiplican la riqueza con el emprobrecimiento generalizado, compran dólares cuando les avisan que devaluarán. Pero nadie les pide el DNI. Edición: 3959    

 Las manos en el fuego
Publicado: Viernes, 04 Octubre 2019 14:50
 Las manos en el fuego

Por Alfredo Grande(APe).- No poner las manos en el fuego, es uno de los refranes que el sentido común ha consagrado. Si es común, el sentido siempre será represor. Por la sencilla razón que lo más común es la hegemonía represora del mandato. Intuyo que si no pone las manos, otras partes del cuerpo menos. La producción de fuego, y la utilización del fuego para cocinar alimentos, ha sido uno de los más importantes saltos culturales de la humanidad incipiente. A pesar de lo que piensen las hordas fanatizadas del I Phone. Otro salto cualitativo fue la capacidad de juego, que implica la metáfora, el pasaje de lo real al como si de la fantasía. Homo Ludens que le dicen. En la hegemonía actual del Homo Boludens, esas adquisiciones fundantes pasan inadvertidas. Pienso que el rescate de lo fundante exige detenernos en aquello que la cultura represora petrificó. Lo dicho, dicho está, y a lo hecho, pecho. Pecho perforado y agrietado, sin dudas. No poner las manos en el fuego por nadie es la coartada perfecta para los que cultivan esa forma bizarra de la solidaridad, sororidad y fraternidad que es el pacto mafioso y perverso. Algunos llaman a esto alianzas electorales. Algunas más sacramentales que otras. Desde ya, hay alianzas para la vida y hay alianzas para la muerte. Alianzas desde el deseo y alianza desde el mandato. No poner las manos en el fuego es una interesante metáfora de que tendremos aliados, quizá ocasionales, pero nunca amigas ni amigos del alma. Como dijo un presidente del imperio exterminador: “los estados unidos no tenemos amigos, tenemos aliados”. En realidad, lo que tienen son cómplices a escala planetaria. El concepto de “amigue” ha sido bastardeado por la cultura represora. Incluye al cómplice, al compinche, al calavera que no chilla. No pocos cuestionan que el padre pueda ser amigo del hijo, a pesar de la sabia advertencia del gaucho Martin Fierro: “un padre que da consejos, más que padre es un amigo”. Lamentablemente, yo puedo dar buenos consejos porque estoy en la edad en que me resulta difícil dar malos ejemplos. Tomo prestada la sutileza de Oscar Wilde. Y uno de esos consejos es que si el pez por la boca muere (muere porque es asesinado) la cultura represora por sus refranes muere (si los usamos para enfrentarla). No poner las manos en el fuego deviene brutal metáfora del amiguismo, del oportunismo, de la fuga de ideologías, del default político, de la mutación de lo heroico por lo eólico. O sea: los vientos se llevarán las palabras, y más allá de los amores de estudiante, donde hubo una promesa, hoy habrá una traición. O varias. Propongo como un acercamiento a nuestro análisis colectivo de la implicación, un ejercicio de auto conciencia y meditación. Análogo al “conócete a ti mismo”. Platón pone esta frase en boca de Sócrates en su diálogo con Alcibíades, un joven ignorante que aspira a la política. Con ella, trata de recordarle que, antes de ser gobernante y mandar sobre el pueblo, su primera tarea como hombre es gobernarse a sí mismo, y no lo conseguirá si antes no se conoce a sí mismo. La enmienda que propongo es que ese autoconocimiento sea en un dispositivo grupal. Para tratar de impedir los habituales mecanismos de auto complacencia y auto justificación. Sentados, pero no en círculo, porque la perfección geométrica es mala consejera, tratar de responder dos preguntas fundantes: 1) ¿por quién pondría las manos en el fuego? 2) ¿Quien piensa que pondría sus manos en el fuego por usted?. El fuego es capaz de cocinar la comida, pero también de cocinar las ideas. La fidelidad que tienen los niños y niñas entre sí, se va diluyendo cuando los registros de la cooperación y la competencia son subordinados a los de la rivalidad. Que no es ley de la selva, sino por el contrario la ley de la cultura represora. El intento de respuesta a las preguntas planteadas, nos orientará en qué medida somos portadores sanos o enfermos de la cultura represora que pretendemos combatir. Edición: 3958  

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Galería fotográfica

 

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Arsénico

Es un semimetal considerado tóxico. Su concentración es muy alta en el agua que consumen en Chaco, Formosa y Santiago del Estero. 


NN

 5.329 personas fueron enterradas como NN desde el regreso de la democracia. 301 fueron identificadas. Quedan aún 160 sin pistas.


En la calle

 Más de ocho mil personas duermen en la calle en Buenos Aires. Se viven los picos de bajas temperaturas.


Precarizados

Casi el 50% de los trabajadores argentinos están fuera del circuito formal y están precarizados.


Campera

Tiene 22 años, estaba muerto de frío y robó una campera en la capital correntina. Lo llevaron a la comisaría.


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