Nunca más me digas nunca más
Publicado: Viernes, 22 Marzo 2019 14:05
Nunca más me digas nunca más

Por Alfredo Grande (APe).- La llamada clase política, casta dirigente, partidocracia de la “demos gracias”, sigue dando ejemplos de su esencia canalla. No solamente tienen dietas que son obscenas, canjean pasajes en forma pornográfica, no sancionan ni denuncian a los y las “dipu ñoquis”, sino que ahora son las estrellas de unidades para la derrota del enemigo público número 1. Enemigo que construyeron por acción y por omisión. Ibarra coqueteando con empresarios después de la masacre de Cromañón, Néstor Kirchner inventando a Filmus de candidato en Capital, con lo cual le sacó votos a Telerman. Resultado: ganó Macri. Y fue reelegido. Y luego el camino a las grandes ligas lo diseñó Cristina Fernández colocando en la pole position al peor gobernador de la provincia de Buenos Aires. El eterno Alberto Morlachetti dijo para el programa radial Sueños Posibles: “Scioli es una persona que no tiene corazón”. Se refería a la estafa con las becas para la Fundación Pelota de Trapo. Insuficientes y además, no las pagaba. Pero siempre se pueden hacer las cosas peor. Una provincia peronista desde el año 1987, se pierde en manos de una candidata híbrida, alquimia entre cenicienta y la dama de hierro. Y lo peor de lo peor, es que nadie anticipó, ni siquiera semanas antes, el Iceberg que hundiría al Kirchner Titanic. Se sigue cumpliendo el teorema político de que solo las socialdemocracias corruptas y los socialcristianismos cobardes, son capaces de incubar el huevo de la serpiente. Por eso el “Nunca Más” hoy suena a un lejano y tedioso lamento borincano. A menos que… el “Nunca Más” fuera solamente otra treta democrática para que empezáramos a creer que la democracia es un bien absoluto, porque se opone al mal absoluto, que es la dictadura genocida. En ese caso, el “Nunca Más” es un gigantesco taparrabos para que el fauno de las urnas oculte sus lascivas intenciones. La Economía de Guerra de Alfonsín, el costo social del ajuste del dúo Menem Cavallo, el honrar la deuda y el blindaje del Presidente Aburrido, la pesificación asimétrica de Remes Lenicov – Duhalde, una mega devaluación digna de Spielberg, la continuidad de los pagos a los organismos internaciones, FMI y Club de París de Lavagna y Lo Seca, etc. Como no soy economista, olvido mucho pero lo que recuerdo, lo recuerdo. Por supuesto los campos de concentración de la dictadura fueron el horror y el terror sin nombre. Cuando me encuentro con un compañero o compañero que estuvo preso, torturado salvajemente, quebrado hasta que pudo recuperar su identidad humillada, y ese compañero o compañera me abraza y me felicita por mis artículos, siento que algo anda mal. O al menos, yo me siento mal. Y cada vez peor. A lo mejor lo que yo considero oportunidad histórica, sea apenas oportunismo de escritor con cierto ingenio. Para los torturados, los desaparecidos, los masacrados, los humillados, los enterrados vivos, no hay Nunca Más que valga. No hay reconciliación, ni perdón, ni olvido. La sangre derramada no será negociada ni lavañada. Hoy los campos de concentración están transformados en “campos de dispersión”. Donde las humanidades dispersas y dispersadas morarán siempre al este del paraíso. Algunos llaman a esto exclusión social. Por eso creo que esta democracia se montó en el Nunca Más para seguir siempre igual. Están los muy malos, y están los menos malos que tampoco son buenos. Los que van a volver, maldicen a los votantes de Cambiemos sin haber jamás admitido que también contribuyeron a crear al monstruo. Y la prueba final, que no es lo mismo que una prueba del final, es que siguen armando el circo cambalache de las candidaturas, de las paso, de las despacito, de si me conviene o no me conviene, que si al siete y medio pago, o con 30 de mano no canto envido… En fin: luego del azote de Cambiemos, no cambiamos. Los 4 años de gobierno quedan consagrados como licencia para matar. Del juicio político, de la destitución, de una pueblada insurreccional, mejor ni pensar. Hoy gobernar es asesinar con tarifas de destrucción masiva. Alquileres, peajes, precios de la alimentación básica, todos de destrucción masiva. Ni siquiera podemos decirle Nunca Más al préstamo de la Baring Brothers. Aunque ahora los hermanitos Baring se hagan llamar Fondo Monetario Internacional, o, más prosaicamente, Estafa Financiera. Nunca Más y vivimos entre asesinatos y estafas como políticas públicas. Pero hay una esperanza en ciudad Gótica: un valiente juez denuncia lo que los políticos profesionales, los funcionarios de magros antecedentes y altos sueltos, hacían que ignoraban. Entonces la mugre, la complicidad necesaria, se lava con las beatíficas aguas que bajan de Dolores. Es cierto: este juez, que bien merecería llamare Ramos Ladilla, es una inmensa picazón en las zonas más sensibles del fauno de urnas liberal. Y el problema no son los medios, como lo demuestra C5N, Radio Del Plata, y todas las radios y medios de comunicación alternativos. Incluyo la página web de Pelota de Trapo, la página web de La Retaguardia, la página web de la periodista Liliana López Foresi, y tantas otras producciones que desbordan el espacio de los medios del Poder. Hay ya son un contra-poder. Creo que el problema no son los medios, sino los fines. Y será de terror cuando más tarde que temprano nos demos cuenta de que en los fines no habrá tantas diferencias como deseamos. A los niños y niñas que hoy se despiertan con hambre y se durmieron con hambre, nada les importará el Nunca Más. Sus cuerpos tendrán la huella diaria del siempre igual. Tanta ternura arrebatada conseguirá su propia impunidad con la ley penal juvenil. Hay pan duro para el hambre, y habrá códigos más duros aún. Y entonces, con el único mérito de ser un escritor ingenioso, tendré que escribir la segunda parte de Nunca más me digas Nunca más. Edición: 3837

Los porfiados
Publicado: Lunes, 18 Marzo 2019 13:55
Los porfiados

Por Carlos del Frade (APe).- -Con esos tablones quiero hacerle una cama a una familia que hace unos días está en la calle porque se le quemó el rancho – dice uno de los veinte muchachos que junto a otras tantas pibas conformaron el taller de carpintería de “Comunidad Rebelde”, verdadera postal existencial y colectiva de esperanza en medio de un territorio estragado como Villa Banana, en el oeste rosarino. En los últimos tres años, chicos y chicas de “Comunidad Rebelde” enfrentaron a los narcos y policías corruptos y no la pasaron bien. Alguno de ellos se tuvo que ir del barrio pero siguió soñando con música, colores, trabajo para las pibas y los pibes del barrio y hasta en equipos de fútbol mixto. -Acá estamos – dice la piba. Orgullosa cuando cuenta que sus compañeras y amigas ya constituyeron un equipo de fútbol femenino al mismo tiempo que buscan comprar de manera conjunta para gambetear los efectos durísimos de los precios. Venden empanadas y repisas recién salidas del flamante taller de carpintería, mientras escuchan cumbia e improvisan letras de hip hop con una facilidad extraordinaria. Decidieron vivir y no regalarle la sonrisa a nadie. Quieren ser mucho más que soldaditos. Quieren tener un trabajo generado por ellas y ellos mismos. “Comunidad Rebelde” insiste en el corazón de Villa Banana. Volvió y creció a pesar de los tiros, las amenazas y las miradas cómplices para otro lado de parte de varias autoridades locales. Celebran la reinauguración del centro comunitario en el mismo punto geográfico en el que, no hace mucho, vendían drogas de dudosa calidad. Las chiquitas y los chiquitos se enganchan con juegos y talleres de hip hop y también con el fútbol mixto. No hay resignación. La comunidad, de verdad, se hizo rebelde y, por lo tanto, portadora de esperanza en ese costado rosarino. Hablan del futuro mientras apuran unos choris en el parrillero. -Muchos laburábamos como trapitos en la zona de los boliches de moda pero nos sacaron mal. Nos apretaron mucho. Pero no nos quejamos. Siempre inventamos algún trabajito para rebuscar el mango – dice el joven abuelo que cuenta su propia historia de arquero de fútbol. Ya hay varios equipos de las ligas de la ciudad que buscan a las chicas y los chicos de “Comunidad Rebelde”. Sienten orgullo de pertenecer a una identidad que les da un segundo nombre. Y aquel muchacho que empezó con la pelea, despareja y obstinada contra las bandas que crecieron gracias a la impunidad comprada, hoy está tranquilo y feliz. -Soñamos con hacer de “Comunidad Rebelde” un lugar donde puedan surgir proyectos que le ayuden a la gente a vivir mejor. Nada más que eso. Hoy sentimos que lo estamos logrando de a poquito – dice mientras busca resucitar clavos usados que amanecen en ese territorio suturado de necesidades que es Villa Banana. Hay alegría entre la muchachada. Tienen poco pero se animaron, hace años, a pensar con sus propias cabezas y sentir con sus propios corazones. Quisieron comprarlos, usarlos y hasta matarlos. Pero ellos siguen ahí y acaban de inaugurar su centro comunitario. Mientras las noticias policiales siempre dan cuenta de algunas chicas y algunos chicos que dejaron de patear por estos pasillos, ellos insisten en que la vida no debe ser la propiedad privada de pocos. En un costado de la ciudad de Rosario, mientras los balazos continúan, chicas y chicos muy jóvenes, inventan una respuesta colectiva y ponen en funcionamiento una esperanza para muchas y muchos. “Comunidad Rebelde” está presente, remando contra corriente y apostando a la alegría y los sueños colectivos a pesar de los pesares. Esto también forma parte de la realidad. Fotos: Babiloni-K (Construyendo Comunidad Rebelde) Edición: 3834

Fidel y el hambre aluvional
Publicado: Miércoles, 13 Marzo 2019 14:05
Fidel y el hambre aluvional

Por Claudia Rafael (APe).- El hambre sigue siendo una herida en el corazón del país. Fidel Frías, a los 14, murió de hambre. Un hambre que no es sinónimo del plato circunstancialmente vacío en la mesa de los pudientes. De los que parten el mundo en dos y dejan caer por los acantilados de la inequidad aluvional a los que no tienen nada y crecen a puro manotazo de desesperación y desesperanza. Un hambre de diseño, criminalizante, milimétricamente construida para expulsar a los ignorados, a los descartables, a los invisibilizados, a los desoidos. Fidel Frías fue un niño wichi que esta semana dejó los últimos estertores de su historia entre las paredes del hospital de Tartagal, al que llegó derivado desde el de Santa Victoria Este. Y murió de un hambre vieja como la historia misma de sus ancestros que supieron de un tiempo demasiado lejano en que la naturaleza era su cobijo, los árboles los proveedores de sus frutos; las aguas y la tierra, sus territorios vastos de caza y de pesca. Un tiempo ausente y añejo que quedó anclado en aquel pasado feraz cuando el mundo de los blancos lo conquistó blandiendo la espada y la cruz. Fidel Frías vivía en Las Vertientes, una comunidad a unos 50 kilómetros de Santa Victoria Este. A 1800 kilómetros de la Casa Rosada. A millones de kilómetros de las marquesinas y las tapas de los diarios que jamás lo nombraron ni lo nombrarán. Deshidratado y desnutrido. Fidel pesaba 30 kilos y medía 1,53. Las instituciones justifican su muerte temprana señalando con sus dedos criollos que escapó del hospital para regresar a su comunidad y que dos días después, cuando regresó, ya era tarde. Porque “es difícil trabajar y ayudar a la gente por la resistencia de estas comunidades a recibir la asistencia necesaria: se resisten a largos tratamientos, a derivaciones, no aceptan quedar internados, no concurren a los controles de rutina, se fugan” (textual de Marcela Quispe, gerenta del hospital). Fidel, wichi de 14 años, fue hijo de la tierra robada; nieto de los días de la libertad, heredero del viento y del fuego. Pero la justicia no habla su lengua. Los médicos no dicen sus palabras. Las escuelas no escuchan su tormento. “No aceptan quedar internados”, pronunció Marcela Quispe, de apellido originario y olvidos precoces. Y habló de “la resistencia de estas comunidades” como el delito de quienes se niegan, aún hoy, a 527 años, a ser domados por la mano blanca, la medicina criolla, la cultura ajena, el idioma extraño, el agua maldita. Hace apenas tres meses, el gobierno salteño festejaba en sus partes y boletines oficiales que llegaba la luz eléctrica a Las Vertientes. Allí donde nació Fidel, el pibe que tuvo nombre de revolucionario cubano y murió de hambre vieja como los siglos. Edición: 3832

Emilse y las caretas
Publicado: Lunes, 11 Marzo 2019 12:42
Emilse y las caretas

Por Carlos del Frade (APe).- -Careta viva de un pueblo con dolor… Esas son las palabras del verso de “A mi gente”, una tradicional canción de “Los Olimareños” que suele escucharse en tiempos de carnaval. A principios de marzo de 2019, cuando los cuatro días “locos” irrumpieron como un largo feriado en estos atribulados arrabales del mundo, en la ex ciudad obrera, portuaria y ferroviaria de Rosario, a la vera del Paraná, surgieron noticias feroces que parecen invertir los conceptos de aquellas simples y bellas estrofas. -La piba iba caminando por la cortada hacia Avellaneda cuando llegó el auto. Primero le dispararon de frente y cuando el cuerpo giró por los impactos, le siguieron tirando de espalda. Pero no se quedaron conformes. El cuerpo de la piba quedó tirado casi sobre el badén y entonces uno de los sicarios fue sobre ella y le disparó una ráfaga de ametralladora. La remató en el piso – contó un testigo de los hechos que terminaron arrancándole la existencia Miguel Angel Quintana, de cincuenta años y la piba, Emilse Sosa, de solamente dieciséis años. Solamente dieciséis años. Le atribuían ser la administradora de un kiosko de drogas y por eso la ametrallaron. ¿En cuántos carnavales habrá bailado y jugado, Emilse?. Fue el viernes primero de marzo de 2019, en la esquina de Manantiales y pasaje 1801, en barrio Alvear. Dos sicarios bajaron de un auto. -Estaba toda la gente en la vereda, bajaron dos con metras y dispararon – coincidieron vecinas y vecinos que hablaron con los medios de comunicación rosarinos. Metralladoras para acabar con la vida de una nena de dieciséis años. Once fueron las personas heridas. No hay muchas caretas para ocultarse detrás de semejante violencia desbocada e impune. Un vecino dijo: “Todo esto, amigo, es por la falopa. Ametralladoras, gente tirando a mansalva. Rematando gente en el piso a sangre fría…como si lo que pasó no hubiera sido ya un desastre espantoso, la ambulancia nunca llegó. Todos los vecinos llamaron. A la policía hubo que convencerla para que se llevaran a los heridos graves en los móviles. Claro, no era para juntar la moneda de los que venden droga. El problema es que acá ya no hay diferencias entre la policía y la Gendarmería. ¿Dónde está la Gendarmería que sólo pasa para apretar a los vecinos, revisar a los pibitos del barrio que todos saben que no andan en nada y le sacan la plata?. Vos tenés que ver como los agarran a los cachetazos. A los mismos vecinos nos revisan cuando estamos en la vereda y si tenés un mango te lo sacan. ¿Y anoche dónde estaban?. Llegaron cuando estaba hecho. Y encima nos querían prepear. Nosotros, los vecinos, estamos solos. Todo acá gira por la moneda. Si tenés la moneda está todo bien. Los gendarmes y los policías son buenos para sacarle la plata a los pibes del barrio o a los mismos vecinos, pero anoche nadie sabía qué tenían que hacer. Dan asco, señor. Asco”. Contundente relato. Revelador testimonio de la hipocresía, de la careta que suele ser usado por muchas y muchos funcionarios que recurren a la necesidad de las llamadas fuerzas de seguridad para aplacar los pedidos de un cachito más de tranquilidad en la vida cotidiana sabiendo que los nichos de corrupción en esas instituciones, provinciales y nacionales, forman parte del problema y no de la solución. -Hay cada vez más gente vendiendo y cada vez más gente que viene a comprar – sostuvo una señora. El negocio funciona con sus propias reglas de juego. Y para aquellas que las rompe, entonces, la ametralladora que le corta la vida, como le sucedió a Emilse, de solamente dieciséis años, en una noche de carnaval rosarino. Donde las caretas, parece, no están justamente en los barrios, sino en otros lugares muy lejanos de esa ferocidad cotidiana. Donde es muy difícil ponerse una careta viva para ocultar el dolor del pueblo, como suponían los versos de “Los Olimareños”. Edición: 3830

Pájaros llenos de pájaros
Publicado: Viernes, 08 Marzo 2019 14:29
Pájaros llenos de pájaros

Por Silvana Melo Foto: Sub Cooperativa de Fotógrafos (APe).- No son madres potenciales por mandato, por aluvión, por historia. Son golondrinas buscando desesperadamente una primavera. No son mamás de muñecas que suenan, como primera etapa de una maternidad prepotente, impuesta, penetrada en su territorio frágil, como un misil en una casita de lata. Son colibríes irreverentes, capaces de volar hacia atrás y hacia adelante, desafiando cualquier norma de los sistemas.

La leche, mala e inalcanzable
Publicado: Jueves, 21 Marzo 2019 15:24
La leche, mala e inalcanzable

Por Silvana Melo(APe).- La leche atraviesa el imaginario de los pueblos. Descansa en la mitología del alimento imprescindible, el que mama el lactante desde su propia madre, el que propina a los huesos el calcio para que no se quiebren. El que le pone proteínas a la vida. Pero también el que enriquece oligopolios que empaquetan leches que tantas veces no son leches y que, a la hora de una traza de sensibilidad en el universo de la rentabilidad, hace desaparecer su leche barata de las góndolas. En complicidad con el gobierno que deposita en un rincón oscuro de esas góndolas el eufemismo de los precios cuidados. Y no sanciona a la empresa que deja de producir La Armonía de 25,47 pesos para privilegiar la exportación de leche en polvo. Son tiempos de crisis, dicen. Entonces no se puede resignar 15 pesos de ganancia por sachet. Del otro lado, hay millones para quienes peligra la subsistencia sana. Y una multitud de niños que no están comiendo más que una vez por día. El hambre que corta perpendicular a la estructura social disputa en el territorio con la especulación de las empresas dominantes. Una joyita del sistema. La Armonía es la segunda marca de La Serenísima, el sello universal de Mastellone. La Serenísima ocupa el 80 % de la góndola, asegura el periodista Jairo Stracchia. Un elefante que, como tantos hitos empresariales, atravesó gobiernos y hegemonías. En 2007 Néstor Kirchner le ofreció a Pascual Mastellone (muerto en 2014) rebajar un 5% ciertos productos para armar una canasta económica. En un antecedente de los precios cuidados. Pascual no aceptó y puso sobre el escritorio la crisis de su empresa. Néstor no se quejó. Y dos años después le ofreció ayuda. Hoy es La Serenísima la que aporta la leche al programa que puso en marcha el kirchnerismo y que si lo sostiene a medias Cambiemos es porque la crisis es aluvional. Para eso puso en góndola La Armonía, su leche barata. Que acaba de desaparecer en estos días de los supermercados. O está racionada a una por persona en los escasísimos lugares donde se mantiene el precio a 25,47. Explican que hay menos leche en la calle. Que está la crisis. Que es normal en el primer trimestre del año. Que es estacional. Que además, está la crisis. Que circulan 400.000 litros menos de leche. Y que está la crisis. Que es para los empresarios pero no para las familias escasas, tan monoparentales, tan solas, que tienen que pagar entre 40 y 50 pesos el sachet. Porque La Serenísima está en crisis. Los niños también. Y no se ven. No tienen poder de desabastecer. No tienen marca ni jingle. No son oligopólicos los niños. Porque son muchos, frágiles, con hambre, fáciles de enfermarse. No especulan, no juegan con la renta. Se encaprichan con la leche tibia. Y a veces, con aquel líquido blanco indeterminado que, en un golpe de sinceridad, las empresas venden como “alimento lácteo con leche”. Que nadie sabe a ciencia cierta qué es. Pero leche no. La Serenísima acapara el 80 % de la góndola. En su propia vivencia de la crisis –la que no les permite comer a los niños- prioriza la rentabilidad. Y decide fabricar menos la barata Armonía y exportar un 37% más de leche en polvo. Y fabricar mucho queso, que está carísimo. Una decisión de mercado que el estado dejó hacer, relajado e indolente. Atento a la crisis de los poderosos, ciego a la inmensidad de las crisis de una base piramidal sobre la que caminan los privilegiados. Dice Stracchia que a las marcas de los supermercados también las fabrica La Serenísima. Coto y Carrefour dejaron de recibirla. Entonces hay que comprar primera marca. O asumir a la leche como un artículo suntuario. En el país de las vacas. En el tiempo en que a esas vacas que antes daban diez litros ahora las apremian a dar 40. Para Héctor Polino (Consumidores Libres) “el fenómeno es puramente especulativo. La empresa intenta vender la marca La Serenísima, que está más cara”. Sus pares de las asociaciones de consumidores piensan lo mismo. El estado sigue ocupado en delimitar la acción de la justicia y en ajustar la represión de una eventual reacción de aquellos a quienes las empresas ignoran para no alterar un ápice la rentabilidad. Como canta Serrat, “bien me quieres bien te quiero… no me toques el dinero”. Desde 2015 –acompañando la brutal disparada del dólar- el litro de leche Serenísima saltó de 10,25 a 39,90 pesos. Casi un 290 %. Sin embargo, la inflación en la Ciudad de Buenos Aires no llegó al 170% en el mismo período. Está claro dónde caen fatalmente los beneficios y el privilegio. La base de la pirámide es apenas el piso por donde transita la vida. La verdadera, la de los que pueden. Sin límites. “La leche dejó de ser un alimento completo para ser sus partes aisladas convertidas en negocio”, dice Soledad Barruti, desde su libro “Mala leche, el supermercado como emboscada”. Porque “el producto llega a la empresa, lo fraccionan en cincuenta partes, lo pasan por millones de procesos y después venden una leche que se parece lo menos posible a la leche que salió de la vaca. Sin embargo, la venden como el alimento más natural e imprescindible”. La investigadora es tajante: “el reduccionismo alimentario a favor de los lácteos está salvajemente sponsoreado. La leche solamente es un alimento esencial para que exista La Serenísima. Nada más”. La leche está colocada en un sitial de urgencia y obligatoriedad. Alguna vez se la exceptuó del pago del IVA, consecuentemente con su importancia en las telarañas del imaginario. Sin embargo, la mano dura del sistema la derrama lejos del piberío. Convertida en la rock star de la industria que la fortifica y la reforma hasta convertirla en lo que no es. Y la arrebata de las góndolas donde queda lo inalcanzable. Edición: 3836    

Cultura de la crueldad
Publicado: Miércoles, 20 Marzo 2019 16:02
Cultura de la crueldad

Por Claudia Rafael (APe).- “El golpe y el maltrato constituyen una escuela de mucha violencia y de mucho disciplinamiento para aquellos a quienes pegan pero también para los otros. Y ahí se instala la certeza de que puede suceder a todos”. Esa definición de Alcira Daroqui en entrevista con esta Agencia sobrevive intacta a pesar de los años transcurridos. Se inscribe a la perfección en el universo que ofrecen las fugas, los motines, las violencias que se vienen sucediendo en Villa Nueva Esperanza, el predio de Abasto que cobija la mayor parte de institutos cerrados de la provincia. Ocho en total. Donde se entremezclan edades, lugares de procedencia, tipos de delitos. Un predio enrejado y custodiado por policías bonaerenses que toman por asalto ante cada rebeldía, ante cada atisbo de motín y se apropian de los cuerpos en una multiplicación de violencias de quienes fueron formados para la cultura de la crueldad. “Así ocurrió el 25 de diciembre pasado en El Castillito. Decenas de policías irrumpieron en cuestión de minutos. En donde se entremezcla, además, el miedo de los guardias de perder el trabajo o de ser sumariados con la falta de recursos. Hay guardias de 2 personas controlando a 20 ó 25 pibes”, cuenta una voz de riguroso off. “Y acá el tema no son las fugas. Porque en Castillito no se fugó nadie. El 9 de marzo en el Carlos Ibarra, 5 pibes violaron a otro. Y no se fugó ninguno. El 16 de marzo en el COPA, hicieron mierda todo el instituto. Pero no se fugó ninguno. Rompieron todo. A Roberto Carrillo, el director desde hace 17 años, le tiraban las lapiceras desde la oficina y le gritaban: ¿cómo era que no había hojas? ¿Que no había biromes? Y se las tiraban desde arriba con la rabia contenida”, continuó el relato. El 18 de marzo en el Gambier, “donde hay arriba de 20 pibes, había 2 guardias. Muertos de miedo. Y los pibes huelen ese miedo. Y los mismos guardias saben que como los pibes viven engomados, están esperando devolver la violencia de que son víctimas permanentemente. Es apagar un incendio con nafta”. Los golpes castigan. La violencia castiga. El encierro castiga. El calor, como en los días de 40° de este verano en que los pibes permanecían encerrados en los largos procesos de sanción, castiga. El frío, desde que hace un par de años un eucaliptus cayó y rompió un caño de gas, castiga. Porque hay que rehacer todas las conexiones y cambiar las cañerías y no tiene sentido alguno para el poder político, el poder judicial o el pensamiento medio de la sociedad, invertir para el descarte social. La comida, elemental, sin nutrientes, escasa, también castiga. “En el centro cerrado Castillito y en el COPA los jóvenes manifestaron que las porciones son chicas y que muchas veces la comida -tarta de verdura o pollo- está cruda. Esto fue constatado en diferentes inspecciones y se confirma en el registro de uno de los jueces de Garantías: ´Encontrándome en el lugar y siendo la hora del almuerzo, puedo corroborar el reclamo de los internos con la comida entregada ese día, la cual consiste en milanesas (chicas y de apariencia duras y pasadas en su elaboración) y una pequeña porción de puré de zapallo´” (Informe del Comité contra la Tortura 2018). La falta de visitas, porque los pasajes cuestan caros y ya la provincia no los entrega entonces reina la política del aislamiento familiar y afectivo, castiga. La humedad de las paredes y el hacinamiento castigan. La ausencia de un sistema de salud castiga. Se lee en el mismo informe que hay una enfermería centralizada para los ocho institutos. Y que: “No cuenta con sala de internación ni sala de aislamiento para jóvenes con enfermedades infectocontagiosas”; “a los jóvenes les faltan piezas dentarias y frecuentan procesos infecciosos e inflamatorios que solo se detienen por un tiempo hasta que vuelven a aparecer”; la ambulancia “sólo permanece hasta el mediodía”; “el suministro de medicamentos es realizado por los asistentes de minoridad, utilizando controles de toma diferenciales”; “hay un solo baño: está en malas condiciones, sucio y no cuenta con agua caliente”, entre tantas otras caracterizaciiones de una política sanitaria sistémica y parte de una misma maquinaria global. Una maquinaria que no distingue estas cárceles de niños y jóvenes de aquellas de los adultos. Más bien son construidas a imagen y semejanza. Espacios en los que los mismos guardias están formateados para reflejar el pensamiento social extendido de que se trata de “negros de mierda”, “barderos”, “descartables”, “portadores del mal” a los que habrá que aleccionar sea como fuere. Y entre tantas otras rutinas de perversión obligan a dirimir los procesos de descarte y eliminación en enfrentamientos provocados entre pibes que ya tenían disputas en las cárceles a cielo abierto en las que vivían antes del encierro en las cárceles a cielo cerrado. Son ellos los detentores de la perversión y la malignidad a los que habrá que exponer con obscenidad como el principal objetivo para sanear y salvar a la sociedad. Y bajo esa perspectiva es que se pergeñan esos depósitos que responden a las lógicas sociales del encierro punitivo. Concebidos para la multiplicación de la violencia a través de peligrosos procesos de domesticación que van abonando la ira y la rabia que cíclicamente estalla. Los institutos de menores, ese fatal eufemismo de centros de tortura, son la muerte-suplicio. Concepto que Foucault definió como el “arte de retener la vida en el dolor, subdividiéndola en mil muertes y obteniendo con ella, antes de que cese la existencia, las agonías más exquisitas”. El predio carcelario juvenil de Abasto juega una vez más con la trampa del lenguaje. Villa Nueva Esperanza se llama. Allí donde traspasar las rejas en que la bonaerense tiene la potestad de custodiar los límites entre el bien y el mal se cultiva el abatimiento, la desesperanza y la desesperación. En “Para una geografía del encierro”, de Alberto Morlachetti, se lee que “la forma más novedosa y sutil de la prisión es esta condena a permanecer a la intemperie del mundo, del otro lado del espejo, en un calabozo de castigo cuyas paredes lindan con la nada”. Mientras al mismo tiempo animara a romper de una vez y para siempre todos los espejos y salir a juntar colectivamente los retazos de la esperanza. Edición: 3835  

Adoquines y pensamiento
Publicado: Viernes, 15 Marzo 2019 14:23
Adoquines y pensamiento

Por Alfredo Grande - Fotos: Sergio Goya (APe).- Como dijo Oscar Wilde, estoy en la edad en la que -como no puedo dar malos ejemplos- me limito a dar buenos consejos. Y, fiel a mi profesión médica, tomad como receta este consejo: estar siempre advertidos de cómo la cultura represora se reproduce aún en los colectivos y agrupaciones que supuestamente deberían enfrentarla. Y debo aceptar que, como dice el tango Las Cuarenta, aprendí todo lo bueno y aprendí todo lo malo. Lo malo es sostener un discurso vegano y tener prácticas canibalísticas. No creo que haya leones herbívoros, más allá de la sentencia de El General. En todo caso, hay leones más pícaros y astutos que aprendieron que el mejor ataque es cuando el enemigo baja las defensas. Y eso es un aprendizaje que la cultura represora ha hecho durante siglos. Defensa baja sin la capacidad de esquive del legendario boxeador Nicolino Loche. O sea: el mamporro te da de lleno. Y no uno: varios, muchos, demasiados. Algunas denominaciones demasiado abusadas facilitan ese operativo de bajar la defensa. “Compañero” es una de ellas. Aún diciendo “compañeres”, según el espíritu de época, mejor no bajar defensa alguna. Sólo te traiciona un amigo y, obviamente, sólo te traiciona un compañero. La idealización de la lealtad es el envés de la idealización de la traición. Recuerdo la frase del “lobo Vandor”: para defender a Perón hay que estar contra Perón. El vandorismo fue quizá la primera versión liberal del peronismo, superada años más tarde por la versión fascista con la nave insignia de la Alianza Anticomunista Argentina. Me gustaría poder seguir dando malos ejemplos. Me resignaré a dar algunos buenos consejos. Desconfíen de toda historia oficial. Aunque la historia la escriban los que vencen, y eso indica que tiene que haber otra historia, esa otra historia también puede transformarse en oficial. O sea: reemplazar el pensamiento crítico por la catequesis laico partidaria. Y el mayor peligro de la ausencia de pensamiento crítico es invertir la lógica de causa /efecto, de antecedente/consecuente. Tomar los efectos como causas, de tal modo de impedir el pensamiento de cuáles fueron las causas de las causas. Si bien el macrismo es causa de estragos dolosos de imposible reparación, me interesa pensar en cuáles fueron las causas que permitieron el “efecto Macri”, que luego se organiza como nueva causalidad devastadora. La capacidad de predicción, profética, de anticipación. Salir de la remanida frase de “con el diario del lunes”. Intentar predecir con el diario del sábado lo que puede suceder el domingo. Lo profético tiene mala prensa, especialmente cuando las profecías no son del agrado de las mayorías silenciosas, las minorías habladoras y los poderes de turno. Generalmente de turno completo. Hace tiempo se describió la lucha de “pobres contra pobres”. Linda metáfora, aunque encubridora. Yo creo que la lucha es de pobres contra excluidos. O sea: de los que están sobreviviendo en los bordes, con aquellos que ya se cayeron y quieren volver a subir. La necesidad, y mucho más cuando son las necesidades, y mucho más cuando son básicas, y mucho más cuando están insatisfechas, no solamente tienen cara de hereje. Es una herejía absoluta a toda forma de solidaridad. Ese es el objetivo estratégico de la cultura represora. Construir una subjetividad hereje. Los proletarios del mundo entonces dejarán su aspiración de clase para estar unidos. El lobo seguirá siendo el lobo del hombre, pero especialmente del hombre pobre. Y del hombre excluido será asesino. Y esa herejía a la solidaridad de clase, tendrá sucesivos encubrimientos. Los pensamientos se convierten en adoquines que impiden pensar. “Gabriela Olguín, de la cooperativa El Adoquín, nucleada en la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), aseguró que la represión ocurrida el domingo en San Telmo, contra los artesanos de la calle Defensa, fue el resultado "de una operación orquestada en la que todos quedamos entrampados en la estrategia divisionista del gobierno" que llevó "a una represión feroz de la que nadie cosecha nada ni de la que nadie puede sacar un rédito". (Página 12.-13/3/2019) Como apenas puedo dar buenos consejos, creo que la afirmación “todos quedamos entrampados” debería meditarse. Ignoro si todos fueron apaleados por igual. Si de la represión feroz también fueron objeto los integrantes de la cooperativa de trabajo. Y aunque así fuera, podríamos pensar en los famosos daños colaterales. El tema de fondo, la cuestión básica, es si algunos cosecharon algo y pudieron o al menos aspiraron, a sacar algún rédito. La policía de la ciudad exhibe una cobardía pornográfica. Combate con artesanos, que sólo tienen como arma su creatividad, su talento, su trabajo. ¿De qué lado están los adoquines? Si los artesanos y las artesanas pudieran defenderse, incluso si pudieran atacar, siempre con la defensa bien alta, entonces serían marcados como “terrorismo artesanal”. Hay mucha cosecha y demasiado rédito. Pero la represión, mal que le pese o no le pese a Gabriela, no es a los artesanos de la calle Defensa. Es la represión a los trabajadores sin Defensa. Y sin capacidad de Ataque. En “Fidel y el hambre aluvional”, Claudia Rafael relata el asesinato por hambre de un niño wichi de 14 años. Siempre vivió con hambre. Durante catorce años donde las herejías acompañaron su desgarradora vida. La crianza de un niño, una niña, es otra forma de artesanía. No se puede industrializar el amor, el cuidado, la entrega, la confianza, la esperanza, la alegría, el abrigo. Todos los vínculos que le ponen vida a la vida, son artesanales. La cultura represora, con el hambre, aunque no solamente, le pone muerte a la vida. No defiende dos vidas. Ni siquiera defiende una. La mitad de las niñas y niños son pobres. O sea: tienen hambre, frío, calor y miedo. Mucho miedo. Y tienen la Defensa tan, pero tan baja, que nunca podrán soñar con un ataque. Las artesanías, todas ellas, incluida la crianza solidaria, son el objetivo a destruir por la cultura represora. No es una estrategia divisionista. Es una estrategia de exterminio. Mientras los pensamientos estén llenos de adoquines, las ganancias siempre serán de los gerenciadores. Y no habrá mayor herejía que sembrar de gerenciadores el mundo de los artesanos. Edición: 3833

Lluvia maldita
Publicado: Martes, 12 Marzo 2019 22:57
Lluvia maldita

Por Silvana Melo  (APe).- Aunque la ley es compasiva –muy compasiva- con los envenenadores del agronegocio, de todas maneras se las arreglan para violarla. Por deporte, por exhibición de poder, por impunidad. El lunes la escuelita rural de Parada de Robles –Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires- tuvo que levantar pizarra, pupitres y alumnos para huir de la lluvia maldita que llegó desde un avión en pleno horario de clases. Glifosatos, atrazinas y vaya a saber qué otro agroquímico se disparó en la mañana apacible en la que los sembrados contiguos a la escuela habilitaron una fumigación indiscriminada. Sobre la cabeza a dos aguas del edificio que dejaba entrar el sol por las ventanas, confiadas en el mito de la bonhomía rural. Sobre las cabezas de todo ser vivo circundante. Dicen los vecinos de Exaltación: “pulverizaron en un campo que se encuentra a menos de 300 metros de las escuelas, incumpliendo la Ley provincial 10.699, que establece que no puede fumigarse por vía aérea a menos de dos kilómetros de centros poblados; y también la débil ordenanza municipal 101/12, que indica (solamente) que se debe informar previamente a las instituciones educativas ante cada fumigación que se vaya a realizar”. Niños, adolescentes y docentes de las escuelas primaria y secundaria (N° 4 y Técnica N°1) tuvieron dificultades para respirar, se les irritaron los ojos y sufrieron vómitos y dolores de estómago. Fue Patricio Eleisegui, autor de Agro Tóxico, quien plantó el video en las redes para que no hubiera espacio para los yonofui ruralistas ni institucionales. Porque no hay un productor responsable, sino todo un sistema que determina que la molestia real son las escuelas diseminadas en la llanura, diseñada para sostener un modelo productivo dependiente del veneno. Por lo tanto aquel olvido del Ministro de Agronegocios Leonardo Sarquís, que abrió las puertas para que se fumigara hasta un minuto antes de que empezaran las clases en las escuelas rurales y un minuto después de que los chicos salieran de las aulas, fue un porlasdudas que no pasó. Y que Sarquís tuvo que rever para dictaminar que no se fumigue nunca cerca de las escuelas. No a 3.000 metros -como la norma legal de Entre Ríos que desquició al gobernador, a los ministros, a los dirigentes ruralistas y a toda la dirigencia estructural- sino con la vaguedad necesaria para la libre interpretación: “abstenerse en forma total de realizar aplicaciones y pulverizaciones de fitosanitarios en los lotes que linden con establecimientos educativos…” Para alterar la ley cuando pinte. En nombre de las buenas prácticas agrícolas. Y de la desubicación de las escuelas que insisten en la ruralidad y no se aguantan una deriva. Edición: 3831    

Monstruos en casa
Publicado: Jueves, 07 Marzo 2019 13:42
Monstruos en casa

Por Silvana Melo (APe).- Bianca tenía que cargarse la mochilita al hombro y llegar al jardín esta tarde. Tenía cuatro años. Y una vida chiquita condicionada por el espacio y el tiempo en que le tocó caer. Un tiempo horrible donde la crueldad crece como las malezas en el cemento. Una tierra descompuesta por el desprecio al otro. Donde se legitima la muerte para alimentar la propia vida. Individual y preminente. Donde el poder se ejerce sobre la debilidad y se mata a una nena de un golpe en la cabeza a la hora de la comida. Y se la lleva con actuados amores de familia a una emergencia sanitaria. Mojada y muerta. Un tiempo donde el monstruo es parte de la familia. Y no tiene cara de monstruo. A veces parece mamá, otras parece papá. Para Bianca el infierno tenía nombres que deberían ser amigables. Su madre Viviana y su semi padre Federico. Bianca vivía en una casa humilde, donde tenía que sentirse segura por mandato. Porque a los niños los cuidan dentro de sus casas. Para qué hay mamás y papás o sucedáneos si para estar segura hay que salir de casa. Pero en tiempos y espacios donde la policía mata por la espalda en lugar de proteger, donde el estado divide a filo de cuchilla dónde viven los privilegiados y dónde mueren los otros, las niñas y los niños son violados en los rincones de sus hogares, los bañan con agua helada, los sellan de moretones, los marcan con cigarrillos y un buen día les asestan un golpe en la cabeza a la hora de la comida porque lloraron. Como a Bianca, de cuatro años, que hoy tenía que calzarse la mochilita e irrumpir, triunfal, en el jardín de Cañuelas donde se sentiría como la nena más deslumbrante del planeta. Pero en casa estaban los monstruos. Que no son monstruos sino tristes muñecos de trapo de estos días. Cuando el capitalismo y el patriarcado muestran sus garras actualizadas, recargadas y dispuestas a resistir. Encienden piras sacrificiales para las mujeres y, cuando pinta, comienzan con las nenas en campos de tortura montados en los cuartos azules y rosas de los unicornios. Ahí estaba Bianca y ya no está. Su madre y el hombre que la acompañaba la pusieron, mojada, sobre las bateas sanitarias del estado. Dijeron que se había ahogado en una pileta. Pero fue femicidio. Edición: 3828

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Galería fotográfica

 

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Hechos en imágenes

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Ataque nacionalista

Masacre en dos mezquitas de Nueva Zelanda. Hasta ahora, son 49 los muertos


Catamarca

Murió una mujer que se realizó un aborto con un perejil en Catamarca. Recorrió 400 km y murió en un hospital por infección generalizada.


Policías

Dos policías bonaerenses golpearon brutalmente a un chico de 17 años durante un operativo en Bernal Oeste. Los desafectaron de la fuerza.


Campesinos

Los terratenientes desalojan a pequeños campesinos en Santiago del Estero. Fue violento y brutal contra Héctor Reyes, que murió por las heridas recibidas. 


Masacre en la comisaría

Se marchó al cumplirse un mes de la masacre en la Comisaría de Esteban Echeverría. Murieron calcinados diez detenidos.


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