Negro Cáceres: la villa, la gloria, la sangre y el amor
Publicado: Martes, 20 Febrero 2018 14:28
Negro Cáceres: la villa, la gloria, la sangre y el amor

Por Claudia Rafael (APe).- La villa le dejó la huella de la historia en las costuras de su cuerpo. Primero, la Santa Rita, de Boulogne. Después, la Carlos Gardel, de El Palomar, allí donde desde los cinco años gambeteó una pelota que más tarde lo depositó en Independiente, River, Boca, el Valencia o el Real Zaragoza. Y lo hizo defensa central en la Selección. Fernando “el Negro” Cáceres tiene 49 años y desde hace ocho le pelea a la vida desde una silla de ruedas. Sabe que la historia le forjó un destino que podría haber sido otro. Mucho antes de esa silla. Mucho antes de los esfuerzos de este presente de ponerse en pie y ordenarle a su cerebro que entienda que caminar le es posible. Fernando sabe bien que podría haber tenido destino de residuo olvidado, de gangster indigente de narinas destrozadas. Que podría haber sido él el que le disparó los balazos que le volaron un ojo y le fracturaron la base del cráneo. Y por eso tal vez o quizás porque su suerte fue otra y la Ramona, la vieja que aún hoy le soporta el fanatismo futbolero, y Juan –su viejo cocinero de camioneros de Lobos, el que cuando murió le implicó dejar de creer en dios- le marcaron los días para construirse otro. Entonces hizo lo que juega contra la corriente de los manoduristas que sólo desean las rejas y la muerte si es posible. Y puso en marcha un club de fútbol porque –dijo a APe- la cancha forja colectivos, “los pibes hacen amigos, hacen grupo y da sueños”. Un club de 250 chicos que corren, patean, saltan, ríen, defienden o atacan pero dentro de una cancha. En ningún momento de toda la entrevista con esta agencia de noticias, Fernando Cáceres habla de “asalto”, “pichones de asesinos” ni se ubica en el lugar de la víctima. Describe aquel día de noviembre de 2009 en que cuatro pibes lo enfrentaron con fierros en la mano como el día del “accidente”. Y tiene la certeza de que la madre de esas historias es la falta de recursos que existen en un país que derrama alimentos y voluntades pero que no se vuelcan en los pibes de los márgenes. “La inseguridad no es responsabilidad de los chicos”, dice. Y por eso “yo nunca culpabilicé a los chicos. Porque creo que se equivocaron, que cometieron un error, que quién sabe en el tiempo qué va a significar para ellos. Sí por ahí eché la culpa al entorno que tienen en una vida que no les ofrece otra cosa para hacer. Y yo no puedo luchar contra el pensamiento de los demás. Mi pensamiento es otro. Las reacciones que tenemos las personas no son las mismas. Yo no quiero buscar culpables. Ni me interesa la mano dura. Me interesa sí ayudar para que los chicos tengan una salida en la que vean que la vida no es sólo lo malo. Que hay cosas buenas también. Y por eso elegí hacerlo a través del fútbol. Porque si a mí me fue bien en la vida fue por el fútbol”. Su piel morocha y el cabello renegrido son parte de esa estampa que supo de aplausos y cantitos que lo hacían feliz. Y también recuerda con una sonrisa los días, en la villa Carlos Gardel, en que “uno jugaba en la calle con figuritas que hoy ni existen. Y las cambiabas con los otros pibes e ibas armando grupo. Ya no hay de eso. Yo tuve la suerte de vivir en la Gardel como un chico con enorme libertad y con mucha alegría por tener amigos que hoy conservo”. Después de todo, fue una docena de años la que vivió allí, donde iba al colegio y sabía de rabonas. “Porque uno muchas veces quería más jugar al fútbol que estar en la escuela escribiendo. Pero no por eso uno sale burro, ¿eh? Era un poco de una cosa, un poco de la otra. Y después de haber pasado todo lo que yo pasé y viví dentro del fútbol estoy orgulloso de haber salido de la Gardel. Saludo a la gente como si los años no hubiesen pasado. Y ellos me recuerdan también a mí”. Se dice “buena gente” y por eso –siente- no olvida. Y repite una y otra vez que “no se usan recursos en un país tan grande, con tantas posibilidades, para que los chicos busquen otra alternativa. Yo trabajo con ellos desde el fútbol. Pero no es lo único que tiene que existir en un país para que los chicos tengan alternativas de ver buenas cosas. Tiene que haber muchísimo más. Tiene que salir de todos lados. Tienen que destinarse recursos para que los pibes puedan crecer de otra manera. Para que entiendan que el laburo es otra cosa y no lo que piensan ellos”. ***** No se trata de compasión en el sentido naturalizado de la palabra sino compasión en su sentido más profundo y etimológico: padecer junto al otro. Que no es más que comprender que ser y estar en la calle deriva –cuando se vive en la soledad más honda y olvidada- en un desamparo que no ofrece salida. En 1929, Roberto Arlt, aquel incomprendido expulsado “por inútil” de escuelas varias escribió que creía que “jamás será superado el feroz servilismo y la inexorable crueldad de los hombres de este siglo. Creo que a nosotros nos ha tocado la horrible misión de asistir al crepúsculo de la piedad, y que no nos queda otro remedio que escribir desechos de pena”. Pero también comprender y vivenciar que hay otro que, en alguna parte, espera para redescubrirse y abrirse a la vida. En la cancha, con una gambeta o un tiro de chilena; en la imprenta, con la tinta enchastrando las yemas de los dedos; en la cuadra de una panadería, amasando la harina de los días. Con un adulto que se aleja del centro para hacer eje en la construcción de identidad de las infancias para amalgamar colectivo amoroso. Edición: 3555

Entre el veneno y la emancipación
Publicado: Lunes, 19 Febrero 2018 13:01
Entre el veneno y la emancipación

Por Carlos Del Frade (APe).- “…Mientras que en las últimas décadas la superficie cultivada en la Argentina creció casi el 62%,4 el mercado de los herbicidas creció más del 1.000% según un informe del INTA. El sector de los agroquímicos que se utilizan para producir cada cosa que comemos y vestimos mueve —solamente en la Argentina— cerca de 3.000 millones de dólares al año. Y hasta posiblemente más, solo que nunca lo sabremos porque en 2012 las principales cámaras empresariales del rubro han dejado de hacer públicos esos datos, arguyendo la “incomodidad” de sus socios con esa clase de revelaciones. Increíblemente, a algunas —pocas— industrias el libre acceso a la información sobre sus cifras de ventas las perturba y mucho. La de los pesticidas parecería ser una de ellas”, dice Fernanda Sández, en su imprescindible libro “La Argentina fumigada”. El veneno mata con impunidad. Prohibir su uso parece prohibido para muchos gobiernos provinciales. -Éramos una familia numerosa… tenía siete hijos, seis varones y una mujer y desde entonces estamos sufriendo múltiples fumigaciones, que secan los árboles, enferman los animales y también mueren. Como si fuera poco, en febrero del 2016 falleció mi esposo, Pedro Oroño, con 68 años; un hombre sano y fuerte que siempre trabajó en el campo. Producto no sabemos de qué, porque en 15 días tuvo una enfermedad en el hígado con una contaminación y falleció. A eso se agregó que a los 5 meses y 20 días fallece uno de mis hijos de 29 años en sólo una semana. El trabajaba en una empresa agropecuaria de San Justo, no estaba directamente con los agroquímicos pero sí trabajaba en la siembra. Los médicos dijeron que era una enfermedad rara, que era una anemia crónica y en una semana falleció. Fue muy doloroso, porque sabemos que hay mucha gente enferma, que hay mucha gente con con tumores, enfermedades en la piel y respiratorias. No es que una esté en contra de los productores agropecuarios, yo era feliz cuando mis hijos trabajaban en el campo… Eso termina arruinando la tierra y contaminando el agua de los ríos y de los arroyos. Estamos sufriendo las fumigaciones y están desapareciendo los animalitos del campo (sapos, perdices, liebres y todo lo que había comúnmente en el campo que ya no se ven más), además se secan los árboles y las plantas – dice Rosa Mohylnyj que en diciembre de 2017 dio su testimonio ante los asesores de las comisiones de salud, agricultura y medio ambiente de la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe. Arturo Serrano, médico rural de Santo Domingo, en el departamento Las Colonias, en tanto, sostuvo que vive desde más de treinta años en ese pedacito de la fenomenal geografía santafesina. -Vine con muchas expectativas a respirar aire puro del campo y a tener tiempo para poder leer que es una de mis pasiones. Fue un diagnóstico totalmente desacertado. Ni hay aire puro en el campo actualmente por las contaminaciones con los agroquímicos, ni tampoco hay tiempo para leer porque la demanda poblacional es muy elevada, porque tenemos que atender otras poblaciones que no tienen médicos estables. Cuando vine, la mortalidad por cáncer era uno, dos o tres pacientes por año. Se morían unas 15 o 20 personas pero sólo el 20% se moría de cáncer. Me empezó a llamar la atención que a partir de la década del 90 se incrementa exponencialmente la mortalidad por cáncer. Entonces, me puse a hacer un estudio retrospectivo desde el 1990 hasta el 2010 y encontré que la mortalidad se incrementó 350 por ciento. Pasaron de morir una, dos o tres personas por año a siete u ocho, es muchísimo. Después de que cerré todo ese registro hubo un año que murieron 14 personas por cáncer solamente… a esta altura estamos absolutamente convencidos y no hay que probar más que todas estas enfermedades y consecuencias vienen por parte del manejo despiadado y obsceno de los agroquímicos – sostuvo el profesional. Pero hay alternativas. La agroecología. Diego Fernández es productor agropecuario desde hace treinta años en la zona de Bouquet, departamento Belgrano, también en Santa Fe. “Tengo un campo de 150 hectáreas y hace 11 años empecé el camino de la ecología. Ahora tengo 50 hectáreas certificadas orgánicas, además hacemos agricultura biodinámica que es una de las formas de la agricultura ecológica y vamos sumando cada vez más. Ahora estamos llegando a las 80 hectáreas, más de la mitad del campo. La idea es transformarlo todo…Va a rendir un poco menos, pero vas a tener dos ventajas: Primero la calidad va a ser superior, hace tres años tengo demostrado que el trigo que produzco en forma ecológica tienen más gluten y más proteínas que es lo que se necesita por las harinas y para la producción. “La otra cuestión es que si certificás (que no es necesario, sólo si querés exportar o vender a alguien que necesita la certificación) vas a tener un valor extra: el grano vale entre 80% y 100% más y eso compensa cualquier menor rinde. Y todo este sistema no sólo es posible sino que es necesario. Es necesario porque estamos destruyendo el suelo, y es algo que no vemos pero que es así. Necesitamos urgente que se apoye a la gente que produce de forma agroecológica, porque a mí me ha costado mucho en diez años, solo y sin asesoramiento poder cambiar mi forma de producir. Pero hoy necesitamos que el estado a través de diferentes formas, principalmente a través del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), se ponga a la cabeza de mostrar que es posible la agroecología y que es necesaria”, afirma. El sistema extractivista, impuesto en la Argentina hace décadas, mata y enferma la tierra, el agua, el aire y las personas. Sin embargo hay alternativas concretas como la agroecología. La necesaria transformación supone un mínimo gesto de emancipación: escuchar y leer estos relatos y obrar de tal modo que en el altar de la vida cotidiana deje de estar instalado el dios dinero. De eso se trata. Fuentes: Testimonios grabados por Mauricio Cornaglia. Foto de tapa: Alvaro Ybarra Zavala Edición: 3554  

Mamá Fují
Publicado: Viernes, 16 Febrero 2018 13:20
Mamá Fují

Por Alfredo Grande (APe).- La cultura represora es paladín de la transparencia. Cuanto más transparencia haya, menos visibilidad. El extremo límite de la transparencia es la invisibilidad. Ya “El Principito” nos había advertido que lo esencial es invisible a los ojos. El fundante represor de la cultura también lo es. Lo que percibimos son sus efectos, pero estos efectos son valorados desde la propia implicación del que percibe. Libros de lectura para la escuela haciendo propaganda con los liderazgos de turno lo recuerdo desde mi escuela primaria. En la actualidad, aparece un mecanismo similar alabando la gestión del actual presidente. Y aparece la santa indignación. Pero no por el fundante de adoctrinar políticamente en la escuela primaria. La indignación es directamente proporcional a la pertenencia a determinadas organizaciones partidarias. Por eso sostengo que la discusión por los efectos divide, el pensamiento crítico y colectivo sobre el fundante une. Obviamente, no es la unidad del oportunismo canalla, no es la unidad rápida de los partidos chatarra. Es un proceso de análisis ideológico y político, de repliegue y despliegue, de profundidades y superficies y nada sabe de plazos electorales. De agendas de candidatos. Un paciente me dijo que iba a veranear en Cuba. Le pregunté a que lugares de la Isla iba a ir. Me dijo que a un all inclusive de Varadero. Le dije: entonces no vas a Cuba. Para muchos y muchas, o al menos bastantes, la política es un all inclusive que tiene un techo ideológico, en el mejor de los casos. Pero lo determinante es que tiene un piso económico. Nadie hace la plata trabajando, sentenció nuestro filósofo gastronómico. Eso es transparencia. Porque no podemos percibir, ver, tocar, cómo se hace la plata. Y quizá la fábrica de plata, de riqueza, sea justamente la política cuando es capturada por partidocracias y gerenciamientos. Para tener acercamiento teórico y político a ese fundamento necesitamos analizadores. O sea: dispositivos que nos permitan ir de la superficie a lo fundante, desde la transparencia a la visibilidad. Podemos construirlos. Y podemos tomar el cotidiano político y social para que el bosque no impida ver al árbol. Y el árbol puede ser ciertos avisos publicitarios que uno ve y oye, sin mirar y sin escuchar. Suele haber justo reclamo cuando las publicidades proponen modelos cosificadores, discriminadores, degradantes de la mujer. Y está bien que así sea. Sin embargo, hay cierta anestesia para detectar y denunciar el contenido represor de muchas publicidades. Como sabemos, los programas de la televisión son aquello que ocupa el espacio vacante que dejan los avisos publicitarios. Espacios cada vez más pequeños, porque incluso en los programas que todavía quedan, se filtra publicidad, más o menos engañosa. Los “chivos” que el inolvidable Alberto Olmedo popularizó. Ahora todo es un gran chivo, pero tarifado con valores “all inclusive”. O sea: programa y avisos. Va todo junto. El espacio publicitario empieza pero nunca termina. En realidad, la publicidad es la continuidad de la política por otros medios. Otros medios que son carísimos, pero ya sabemos que la vida sana no es para todos. Ni todas. Una marca que combate mosquitos es la excusa para transparentar, o sea, hacer invisible, un mensaje represor y fascista. La “mamá fují” declara con el orgullo de las bestias, que no es amiga de su hija. Se nota. La protección que le propone es para su bien. O sea: te cuido, te vigilo, te someto, te castro, pero es por tu bien. ¿Cuál es el fundante de ese bien? La represión sexual. Y afectiva. Pero la “mamá fují” alerta d la presencia de los perversos mosquitos. O sea: que aparezcan en la serenidad del hogar dulce hogar represor, los que vienen a perturbar nuestro ser nacional. Occidental, cristiano, temeroso de dios. El mosquito más habitual, cuyo nombre científico es “culex pipiens”, aunque podemos decirle mosquito, es la metáfora perfecta para inocular un mensaje racista. Porque no es solamente un mosquito: es un depravado, un perverso, una pequeña bestia sedienta de sangre. No estoy hablando del Fondo Monetario. Hablo del mosquito. Mirada ladina, maligna, sádica. Pero está la “santa madre fují” y con su aerosol exterminador se convierte en la defensora de la piel y del alma de su hija, la castradita. Que ahora duerme en paz, sin mosquitos y sin deseos. La lucha contra los mosquitos tiene una lógica de guerra de exterminio. Para nuestra ministra de seguridad para ellos, la resistencia ancestral mapuche es una asociación de mosquitos para ser exterminados. No con fují precisamente, pero con la misma lógica. Raid los mata bien muertos. Raid es nazi. La solución final. Claro que aparecen nuevos “raid” “baigon” cada vez más sofisticados, porque los mosquitos no dejan de reproducirse y de inventar nuevas formas de resistencia. Quizá algunos piensen que las doctrinas represoras son extensos tratados filosóficos. O algunos libros malditos, como Mi Lucha de Hitler o El martillo de las Brujas de los inquisidores Spangler y Kramer. Puede ser. Pero en la actualidad de la comida rápida y la pos verdad, la doctrina represora y exterminadora anida en la publicidad. El bosque de los mensajes publicitarios nos impide ver el árbol que es cada sujeto. Del “miente, miente, miente, que algo quedará” de Goebels, jefe de la publicidad del nazismo, a “publicita, publicita, publicita” que algo quedará. Claro, lo que queda es el mensaje represor y exterminador con la inocente apariencia de un aerosol para combatir mosquitos. Pero eso es también la cultura represora. Una hija que duerme en la placidez de la amputación deseante, y una madre fují que la cuida de los mosquitos. Y que debería decir, para aumentar la transparencia de esa publicidad nefasta: la casa está en orden. Pintura: Espejo de cromos, de Roberto Matta Edición: 3553  

Soledades
Publicado: Miércoles, 14 Febrero 2018 13:05
Soledades

Por Carlos del Frade (APe).- “De Arequito al mundo”, es una de las frases de la cantante Soledad Pastorutti que en el año 2016 celebró dos décadas con la música desde el Ferroclub de esa localidad santafesina junto a veinte mil personas. Arequito es también la llamada capital nacional de la soja y el lugar donde las tropas de San Martín decidieron no reprimir a las montoneras federales a principios de 1820. Allí en Arequito, con una población estable menor a los siete mil habitantes, hay otras soledades y otros negocios paralelos a los que generan la soja. Eusebio Rodríguez tiene 61 años y nació en Tucumán. Llegó hace más de cuatro décadas con el orgulloso mote de ser domador de caballos. Hoy sobrevive como albañil y trabajador rural para distintas tareas en tiempos de cosecha. Levantó su casa, sobre calle España, con sus propias manos y no quería saber nada con los medios de comunicación. Sin embargo, el presente de Débora, de veintisiete años, una de sus hijas, lo expuso y lo llevó a cuestionar muchas cosas de ese pedacito de la geografía santafesina. En noviembre de 2017, Débora estaba en su casa de calle Perón al 900, allí en Arequito, cuando de pronto dos tipos se le metieron en la casa, le pegaron, la tiraron al suelo como también a una de sus hijas y le quemaron sillas y parte de la casa. Desde entonces no pudo volver a su domicilio. Va de una casa a otra y recién ahora la comuna le ofrece pagar una pieza para que esté bien. En realidad, Débora, para estar bien necesita volver a su casa. Los que le pegaron a Débora y su hija son dos muchachos vinculados con un tal González, un vendedor de drogas de Arequito. Le exigen una deuda de catorce mil pesos, una cifra que surge de la mercadería que le entregaron para que la vendiera pero, como muchos y muchas, Débora la terminó consumiendo. Fue entonces que Eusebio decidió hablar en “Radio Casilda” y hacer público el drama de su hija y nietas. Recién entonces fue atendido por la policía del lugar. Los mismos habitantes de la comisaría del pueblo de la Sole que, en su momento, lo saludaron junto a otro de los narcos caracterizados de la pequeña localidad del sur provincial. “Lo que vine a hacer, ya lo vi”, le dijo a los policías en aquella oportunidad. El “Tucumano”, como también se lo conoce, pidió muchas veces ayuda para su hija, para sacarla de la adicción y lograr un presente sin tantas amarguras. No pudieron. Ahora es una de las pocas voces que denuncian al “Perro Verde”, otro narco de la localidad que exhibe un envidiable desarrollo patrimonial en pocos años. Varias veces le sugirieron que no se meta con esa gente porque es muy pesada, pero Eusebio defiende a su hija, a sus nietas y sus ganas de vivir tranquilos. Habrá que ver qué hacen desde el poder judicial y el poder político. Si Débora puede volver a su casa y si los vendedores de estupefacientes no la tienen tan sencilla. El caso de Débora es la síntesis de la expansión del negocio narco en la provincia de Santa Fe, en particular, y la Argentina, en general. Por más pequeñas que sean las localidades, forman parte de la geografía del flujo de dinero. Ya no son necesarias las grandes bandas, alcanza con la proliferación de vendedores custodiados por integrantes de las fuerzas de seguridad, nacionales y provinciales. Ante el fenomenal ciclo económico multinacional y paraestatal del narcotráfico, las voces desesperadas de gente como Eusebio parecen ser las únicas resistencias. Allí en Arequito, la tierra de Soledad Pastorutti, capital nacional de la soja y emblema del federalismo, hay otras soledades consecuencia de negocios impunes. Fuente: Entrevista con Eusebio Rivero realizada por el autor de esta nota. Edición: 3552

Chocobarismo
Publicado: Viernes, 09 Febrero 2018 14:39
Chocobarismo

Por Alfredo Grande (APe).- He dicho en diferentes ocasiones que el escándalo es la cara visible de la hipocresía. Y lo que llamamos democracia, lo que vivimos como democracia, lo que sacralizamos como democracia, se sostiene con un altísimo nivel de hipocresía. Sabemos que no, pero hacemos como que sí. Si dejamos despejar la neblina hipócrita, nos damos cuenta de que la polaridad no es dictadura / democracia. La polaridad fundante es terrorismo de estado / estado terrorista. “El policía actuó como debía. En cualquier país civilizado el Estado lo primero que se hace es darle la presunción de inocencia a su policía y no al revés”, afirmó ayer la ministra de Seguridad Patricia Bullrich en una nueva defensa del gobierno al policía Luis Chocobar, quien mató a un ladrón por la espalda mientras éste huía. (El País). La ministra está atrapada en su propia neblina mental. Para ella, no hay presunción de inocencia. Hay certeza de inocencia. Si una imagen vale por mil palabras, las miles de palabras de la ministra no tapan la imagen. Ni siquiera se puede hablar de exceso en legítima defensa. Carátula con la que el legendario ingeniero Santos fue juzgado. Y agregamos: condenado. Pero en muchas lunetas de automóviles se leía un sticker: “Tengo pasacasete. Y soy ingeniero”. Todo concepto, toda doctrina, está atravesada por la lucha de clases. La justicia por mano propia es anatema. Pero la injusticia por mano ajena es idolatrada. Algunos llaman a esto impunidad. La certeza de inocencia es una nueva doctrina de seguridad. Destroza la igualdad ante la ley, aun en su más absoluta precariedad. Si perteneces a un organismo de seguridad (para el Estado) certeza de inocencia. Si sos negro, pobre, feo, sucio, malo: certeza de culpabilidad. Por lo tanto no estamos solamente frente a una aberrante concepción de la legitimidad de la violencia en defensa propia. Una ministra de Seguridad (para el Estado) es la pedagoga del estado terrorista. Y tiene sus seguidores, que no son pocos. Hemos hablado durante décadas sobre el enano fascista. Propongo pensar en el fascismo mediocre. Una versión de lo que alguna vez denominé “fascismo de consorcio” y que ahora ha excedido ese ámbito acotado para hacer metástasis en todo el territorio. el fascista mediocre no tiene idea, (en realidad tiene pocas ideas), de su condición fascista. Ni siquiera es un liberal asustado. Es un liberal más prepotente de lo necesario. Asesinar por la espalda es la marca de la cobardía más profunda. Los guerreros combatían con sus enemigos en forma cruel. Pero había honor en morir en la batalla. Frente a frente. Cuando Cyrano de Bergerac, espadachín y poeta, es herido de muerte, Edmond Rostand escribió estos versos: “no me hirió paladín fuerte, me hirió un rufián por detrás, para no acertar jamás, tampoco acerté con mi muerte”. Asesinar por la espalda es otra de las formas de degradar la vida. Pero los decretos de poca necesidad y ninguna urgencia son una forma de gobernar por la espalda. Los tarifazos, arrasar con lxs trabajadorxs de organizaciones básicas como el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) el Hospital Posadas, y demasiados otros, también es gobernar por la espalda, los tarifazos, los naftazos, los peajes confiscatorios, las jubilaciones confiscadas. O sea: llamo “chocobarismo” a una modalidad de gobernar por la espalda. Las espaldas de la clase trabajadora, que no es lo mismo que pueblo, y mucho menos que “gente”. Asesinar, atacar, insultar, agredir por la espalda anula el impacto de la mirada en la comunicación humana. Ya ni siquiera será importante el secreto de los ojos. Ya nadie buscará ninguna mirada. Porque sostener una mirada implica convicciones firmes. Por la espalda es la marca de la traición. Y de la cobardía. Anula la culpabilidad y toda forma de responsabilidad. Mi compañero y amigo Gustavo Robles escribe: “Quienes sobrevivimos a la dictadura fuimos testigos de lo que ocurría no sólo con la libertad, sino con la vida de las personas, cuando esa concepción se impuso a sangre y fuego con las botas en el gobierno llenándole los bolsillos a la casta empresarial que hoy gobierna de la mano del imperialismo globalizado. Somos los mismos que al echar al proceso genocida del poder dijimos “nunca más” al terrorismo de Estado que la alianza Cambiemos (Pro-Coalición Cívica-UCR) quiere volver a instaurar. El gen fascista de quienes apoyaron a los asesinos en los años de plomo se mantuvo latente porque nunca fueron juzgados los civiles que financiaron a los uniformados. El empresariado local, socio menor de la burguesía imperialista, siguió con el poder económico en sus manos y nunca fue puesto en peligro por ninguno de los gobiernos “democráticos” que continuaron hasta el presente”. Comparto estas ideas. Pero no supimos decirle nunca más al estado terrorista. Ni siquiera ahora con la presentación en sociedad y suciedad del “chocobarismo”. Todas las críticas a las políticas genocidas de guante libre y a cielo abierto. Si dios vomita a los tibios, intentaré impedir ese aciago destino. Creo que el chocobarismo sumado a tarifazos, despidos, cierre de establecimientos básicos para la salud y la industria, los salariazos al revés, la masacre jubilatoria, coloca a la administración gubernamental en el horroroso listado de crímenes contra la humanidad. Lo que he llamado en mi segundo libro editado por APe, “el crimen de la paz”. La diferencia entre la guerra y la paz se derrite. Y como escribí hace décadas: “si no se trata de política, sino de guerra, no podemos hablar de paz, sino de tregua”. Esta tregua que inauguró el mandato de Raúl Alfonsín, ha terminado. El chocobarismo es una declaración de guerra. Encubierta. Hipócrita. Cobarde. Pero es una declaración de guerra. Por lo tanto además de policías infiltrados, estemos alerta a políticos, incluso militantes, infiltrados. “Un solo traidor puede más que mil valientes”, cantaba Zitarrosa. Las unidades reactivas, la unidad de los contrarios, la hipócrita unidad de sindicalistas cortados por diferentes tijeras, se parece más al “like” de Instagram. Terminarán más temprano que tarde en nuevas formas de chocobarismo. Como conclusión no final, hay un juez en Esquel que está armando causas a organizaciones y personas que actuaron y escribieron sobre la desaparición y asesinato de Santiago Maldonado. Soy uno de ellos. Y fiel al cancionero de la Guerra Civil Española, le digo al señor juez: “si me quieres encontrar… ya sabes mi paradero”. Edición: 3550    

A los 15 años de APe, se lanza el concurso de crónicas
Publicado: Jueves, 15 Febrero 2018 10:34
A los 15 años de APe, se lanza el concurso de crónicas

(APe).- Fundación Pelota de Trapo lanza la tercera edición del concurso de crónicas “Alberto Morlachetti” sobre “la infancia de los arrabales” destinado a pincelar la niñez que, desde los márgenes, asoma a diario con su risa, sus dolores y sus ternuras. Los premios serán entregados durante la celebración de la vida que Pelota de Trapo lleva adelante todos los 20 de abril. Y que, además, coincidirá con los 15 años de la Agencia de Noticias Pelota de Trapo. Los trabajos podrán presentarse hasta el viernes 23 de marzo en un premio destinado a homenajear al fundador de Pelota de Trapo.

Lobos por la espalda
Publicado: Martes, 13 Febrero 2018 15:08
Lobos por la espalda

Por Silvana  Melo (APe).- Ni el pacto de San José de Costa Rica ni los tratados internacionales imaginaron que el contrato social podía desarrollar una mancha voraz, una suerte de  isla ilegal que devolviera a los hombres al estado de naturaleza. Y que a la vez, la Argentina enarbolara un cambio de paradigma represivo que regresara a las cavernas predemocráticas para consolidar la pena de muerte de hecho. La pena capital con el juicio sumarísimo del gatillo ligero ya regía en los barrios populosos y en las espaldas de los adolescentes. Hoy tiene el abierto aval del  Estado, que crea lobos para el hombre en las escuelas de policía, felicita a quienes matan en defensa propia con disparos en la nuca y legitima a las fuerzas armadas para el combate del narcotráfico y el terrorismo, cuya imagen argentina (los que reciben el balazo en la espalda) son los pibes y los mapuches con piedras y cuchillos de cocina, por dar un par de  ejemplos de  asimetría feroz. No es comprobable certeramente que Durán Barba tenga razón. No se sabe  si realmente la mayor parte de la gente reclama la pena de muerte. Sí es real que la vocifera en las colas de los bancos y en los volantes de los taxis. Sí es real que nadie  convoca  para enfrentar la pena de muerte que de hecho se afianza en el cambio de doctrina del Ministerio de Seguridad. No mueve multitudes Fabián Exequiel Enrique, 17 años, muerto de tres balazos (dos en la espalda) por un policía del Grupo Halcón en Quilmes Oeste. No genera empatía ni Fabián –que aparentemente intentó robar un celular- ni el ladrón que persiguió y mató por atrás Chocobar. Ni Rafael Nahuel, intentando huir de los lobos, desarmado y sin salida. Aunque todos los que los asesinaron mintieron. Mintieron ataques que no existieron Mintieron armas de grueso calibre, armas de fuego, armas letales que no había en las manos de los muertos. Mintieron para que el aval del Estado, que sostiene la mentira y, si se cae, sostiene la bala por la espalda de cualquier manera, convenza por precariedad social, por in-conciencia, que es mejor un ladrón muerto, un militante muerto, un rebelde muerto, que alimentarlo y bañarlo en un spa de Ezeiza, de Rawson o de Sierra Chica. El Estado, como parte de la estructura, crea lobos para el hombre en escuelas de policía. Enseña la tortura como asignatura basal, instruye a la venganza como la herramienta oxidada de la justicia, construye fieras que no se rebelarán contra sus superiores (es decir no contra el poder) sino que les harán pagar sus heridas a los condenados de los márgenes: ladrones, desfasados, lúmpenes, prisioneros de villas y asentamientos, adolescentes con el futuro amputado y toda otra amenaza social surgida del descarte. Entonces habrá más entierros que hacinados en las celdas del sistema. Y la higiene social se desprenderá de sus escaras. La Argentina pos dictadura supo sostener –en mayor o menor medida según el color político- protocolos represivos que no incluyeran a las fuerzas armadas. De hecho, las leyes de Defensa y de Seguridad Interior prohíben esa participación. Y la memoria colectiva supo repelerla en más de tres décadas. Sin embargo, el Gobierno Nacional anunció una Fuerza de Despliegue Rápido conformada por tropas, aviones, camiones, buques y helicópteros del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. La excusa es de manual, todo un cliché latinoamericano para militarizar la vida con una respetable máscara institucional de lucha contra el mal, encarnado en el narcotráfico y elterrorismo. Mantos amplios y generosos que en la Argentina abrazan a todo aquello que perturbe el Plan. O, en su defecto, el Eje del Bien. La pena de muerte puesta en marcha, sin ese nombre tan áspero, sin las camillas con el auditorio mirando tras un vidrio los estertores del condenado. Simplemente con un disparo en defensa propia por la espalda, con un tiroteo sin miramientos desatado en pleno centro con la conciencia del aval superior, donde el condenado es alguien que pasaba por ahí pero ése es el precio de la seguridad de los buenos. Y de fuerzas con armas que se vuelvan incondicionales por protegidas. Lobos que den la vida por los propietarios del rebaño. Aunque haya que devorar a los hombres. Sin la piedad cautelosa de la ley. Edición: 3551

Cinco años después...
Publicado: Miércoles, 07 Febrero 2018 15:14
Cinco años después...

Por Silvana Melo     (APe).- Cinco años después de la presentación de la enfermera Mercedes Méndez, la Defensoría del Pueblo de la Nación recomendó a la provincia de Corrientes que se incline por las prácticas agroecológicas para el ataque a las plagas y, mientras tanto, que al menos controle que mínimamente que se cumpla la ley. A la Defensoría la resolución le llevó más tiempo que el que tuvieron de vida Nico Arévalo y Kily Rivero. Muertos a los cuatro años por respirar las derivas envenenadas de las tomateras, por meter las patitas en un canal de desagote, por jugar con tierra donde la tierra ya no es la pacha sino una agencia desgraciada de la muerte. La resolución de la Defensoría está fechada el 24 de enero de 2018. La carta de Mercedes Méndez, enfermera de cuidados paliativos del Garrahan, el 20 de mayo de 2013. En el medio hubo un juicio sin culpables. En el medio hubo impunidad. Cinco años después la Defensoría del Pueblo recomienda. Tarde, como llega tarde el estado a los andenes de los frágiles. En 2011 murió Nicolás Arévalo. Un año después José Rivero. Los dos en Lavalle, zona rural de Corrientes. Vivían rodeados de tomateras. Cercados por las fumigaciones. Veían morir los pájaros. Jugaban con los charcos y respiraban un aire diseñado para ser puro. Se bañaban de sol y el viento los bañaba de venenos. Ellos no pudieron resistir. Celeste Estévez, prima de Nicolás, sobrevivió. Pero con secuelas que sufre hasta hoy. Mercedes supo de los niños en un encuentro de Pueblos Fumigados, justamente en Corrientes. Supo que Celeste estaba internada en el Garrahan. Y la vio pelear, palmo a palmo de esa vida que había que reconquistar. Supo que la mamá de Nico no tenía dudas de las causas de su muerte: los venenos de las tomateras. Supo que la mamá de Celeste no tenía dudas de las causas de la muerte de Nico y del riesgo de vida de Celeste: “los venenos que de manera reiterada tiraban en las tomateras que hay en su barrio y que hacían de él un lugar irrespirable e incompatible con la convivencia de cualquier ser vivo”. Tan claras tenía las cosas la mamá de Celeste que se lo dijo a todos: médicos, fiscales, jueces, secretarios municipales. Los niños fueron envenenados por las fumigaciones. Aunque desde junio de 2011 hasta el propio juicio –donde se absolvió y determinó que nadie es culpable de la muerte de Nicolás, salvo la fatalidad y el destino de un niño rural y sin recursos- le preguntaran por una planta supuestamente ponzoñosa que podían haber ingerido. El cuerpito de Nico estaba plagado del organoclorado alfa-endosulfán. Ni planta ni fatalidad. Crimen impune. La mamá de José le relató a Mercedes que días antes de que su niño cayera en un pozo de gravedad del que no pudo salir, vieron morir a sus perros, sus gansos, sus gallinas. “Mi marido dijo nos mudamos de acá porque así como se me mueren los animales se pueden morir mis hijos”. Pero ya era tarde. José no regresaría. Finalmente la familia se mudó. Pero a un terreno vecino al aire que había matado a Nicolás y enfermado gravemente a Celeste un año atrás. “¿Por qué huyeron de un lugar contaminado a otro tan peligroso como el anterior?”, les preguntó Mercedes. “Es que Lavalle es todo tendales de cultivos de tomates… no hay muchos lugares para elegir… no hay mucha escapatoria ahí…” La tierra es escasa y ajena para los que no tienen nada. No hay opciones posibles. No hay alternativa. No hay cómo torcer un destino autoritario y contumaz. No hay hospitales cercanos para ellos. El veneno tiene todo el tiempo del mundo para esparcirse por un cuerpito de cuatro años antes de que un frágil pueda llegar a la alta complejidad. Los frágiles se mueren antes. Al estado no le importan. Entre los sembrados y las vidas humanas dispersas alrededor, anónimas y oscuras, entre los negocios y los niños, la opción sistémica es terminante. En la presentación ante la Defensoría del Pueblo de la Nación, en mayo de 2013, la enfermera Mercedes Méndez solicitó que se investigara la responsabilidad de los funcionarios públicos (municipales y/o provinciales) por no haber fiscalizado la aplicación de veneno sobre la gente. Reclamó medidas urgentes para “preservar la salud y la vida de los afectados y del resto de la población expuesta a los agrotóxicos allí utilizados; se analice la posibilidad de ordenar la suspensión en lo inmediato de las fumigaciones en los establecimientos (tomateras) cercanos a sus viviendas y se ordene el traslado de las familias afectadas (…) a un lugar adecuado (…) Mientras las fumigaciones se sigan reiterando, el posible delito subsiste (ejecución continuada), con los peligros que los mismos entrañan”. Y exigió el análisis de las verduras cultivadas y regadas con agrotóxicos para detectar un virtual envenenamiento que luego consume la misma gente en ensaladas corrosivas. En junio de 2012 el Senasa prohibió la importación de endosulfán. Pero no se lo prohibió hasta abril de 2013. Fecha en la que se suponía que se agotaría el stock. No sea cosa que hubiera una mínima pérdida económica. Las vidas son definitivamente secundarias. Cinco años después, la Defensoría del Pueblo de la Nación –que no tiene Defensor desde 2009- recomienda controlar, fomenta prácticas agroecológicas, requiere al Ministerio de Agroindustria de la Nación –en manos de Luis Miguel Etchevehere, agronegocios desde el estado- que se fortalezcan los sistemas de control provinciales y pide una ley de presupuestos mínimos. Invita también a crear un mecanismo para que las víctimas presenten denuncias. Y pide al gobierno provincial que cuide a los frágiles de los parajes fumigados. En estos cinco años murieron niños en Entre Ríos y Córdoba y un anciano en Santa Fe, llovieron pájaros azules en Arroyo Leyes, se envenenaron los peces en el Paraná, murió Antonella y el cáncer se diseminó en Gualeguaychú, murió Rocío en Mburucuyá y los cóndores en Malargue. Mercedes Méndez sigue abrazando en el Garrahan a los niños atacados por los monstruos químicos. Y los negocios se amasan, en las cimas del poder, a costa del futuro. Que se acalambra y se detiene mientras la Defensoría del Pueblo recomienda. Edición: 3549    

Permiso para matar
Publicado: Martes, 06 Febrero 2018 14:33
Permiso para matar

Por Claudia Rafael (APe).- “Estamos cambiando la doctrina de la culpa de la policía” y los balazos de Luis Chocobar sobre la espalda de Juan Pablo Kukoc no fueron otra cosa que “cumplimiento de deber de funcionario público”. Después del conveniente período de ostracismo derivado de las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel al que fue obligada Patricia Bullrich, la ministra volvió con todo. A poner sobre la mesa en lenguaje claro y quirúrgico, cuál es y será el rol del Estado que representa. Y a dejar alineados discurso y praxis en un nivel de coherencia incuestionables. Poco importa si Kukoc apuñaló o no a un turista, porque ése –aunque en sí mismo es un hecho de enorme gravedad, sea quien sea el culpable- no es el debate de fondo. Porque si Kukoc fue o no el acuchillador de la Boca no implica otra cosa que hablar de un individuo que puede haber cometido un delito y para eso –se supone, al menos- hay leyes. Lo que lo diferencia de Chocobar es que el policía es el Estado. Con una claridad inusitada, con perfección discursiva que no deja lugar a dudas del sitio en el que está parada, Patricia Bullrich dijo en Radio con Vos: “Vamos a invertir la carga de la prueba. Hasta ahora, el policía que estaba en un enfrentamiento iba preso. Nosotros estamos cambiando la doctrina y hay jueces que no lo entienden. Lo vamos a cambiar en el Código Penal. Vamos a sacar la legítima defensa para los casos de policías”. Y si fue o no Kukoc el culpable del delito no es el fondo ni la médula de lo que de su muerte derivó. Porque sirvió como la frutilla del postre que permite coronar un camino que, en los hechos, fue abonado ya por otras políticas de Estado pero que ahora se pronuncia abiertamente y sin tapujos con cada una de las letras. “La verdad estaba del lado de lo que habíamos dicho”, pronunció la ministra. Y enumeró los casos: Kukoc (con victimario policial), Santiago Maldonado (de violenta muerte durante un operativo represivo de gendarmería), Rafael Nahuel (asesinado por la espalda por un prefecto). Le faltó decir una larga infinidad de nombres e historias de los últimos dos años. Podría haber incluido -en esa tesitura de lenguaje que no es desbocado sino milimétricamente diseñado- innumerables historias: la de los pibes de la murga de la villa 1-11-14, los policías que irrumpieron violentamente al comedor de Lanús, detenciones como la de la militante platense que filmó a los policías que detenían a un joven que vive en la calle o el procesamiento de la chica que se besó con su pareja en una estación de trenes. O las de las represiones a los obreros de Pepsico, Cresta Roja y tantas otras en la lucha por sus derechos. Aunque, después de todo, no importa que lo haga. Porque, en definitiva, lo que hizo Patricia Bullrich Luro Pueyrredón fue dejar a las claras qué es el poder y contravenir la letra constitucional que indica que si el peligro delictivo ya no existe, si el uso de la violencia de la fuerza de seguridad es desproporcionada, si la persona estaba huyendo y le dispara de espaldas está actuando por venganza y no por derecho. El Estado argentino decidió que era hora de dar todas las señales. Aquellas que permiten sacar afuera lo peor de la condición humana. Que era el momento de abrazar al gatillo fácil, a la vendetta legal, a la eliminación con permiso legítimo y medalla en el pecho. La historia es larga en el tiempo pero hay un presente que vislumbra tragedia. Ya en los 60 Rodolfo Walsh escribía que la secta del gatillo alegre es también la logia de los dedos en la lata. Mucho antes, durante el yrigoyenismo Polo Lugones era ascendido a jefe policial (por pedido de su padre el poeta) para zafar de las denuncias por violación que lo hubieran llevado a la cárcel. Y le dieron carnet para picanear, perseguir y asesinar en nombre del Estado. Mucho después, ya en los 90, el periodista Ricardo Ragendorfer detallaría que “la corporación policial goza del preciado atributo de codearse, por un lado, con altos dignatarios del universo político y, por otro, con la elite de los bajos fondos. Precisamente, ese carácter bidireccional hace que los uniformados arrastren sobre sus hombros la delicada tarea de ser el único vaso comunicante entre dos estigmas aparentemente inevitables y estancos: la inseguridad que brota del delito callejero y la corrupción en las altas esferas del poder”. La ministra de Macri dio una magistral clase de poder. Y no hizo más que blanquear los permisos que tienen y tendrán los rabiosos perros de uniforme para demarcar los territorios y con abierto permiso para disparar. Edición: 3547

Cargill y la resistencia
Publicado: Lunes, 05 Febrero 2018 13:32
Cargill y la resistencia

Por Carlos Del Frade Imagen de tapa: Sofía Alberti (APe).- -Cargill tiene el compromiso de ayudar al mundo a prosperar. Cargill ayuda al mundo a prosperar a través de sus conexiones dentro del sistema mundial de alimentos. Conectamos a los productores agrícolas con los mercados, a clientes con soluciones sustentables en nutrición y nutrimos al mundo… Junto con agricultores, clientes, gobiernos y comunidades, ayudamos a las personas a prosperar al aplicar nuestras ideas y más de ciento cincuenta años de experiencia. Tenemos 155 mil empleados en 70 países, comprometidos con nutrir al mundo de manera responsable, reduciendo nuestro impacto ambiental y mejorando las comunidades donde vivimos y trabajamos – dice Cargill en su página argentina. Su autoestima es generosa: ayuda al mundo a prosperar, como si fuera otro mundo; nutre al planeta y ayuda “a las personas a prosperar al aplicar nuestras ideas”, con lo que queda claro que las ideas de Cargill son las que deben aplicarse para alcanzar la prosperidad. Cargill, cuya principal planta exportadora está en una maravillosa terraza cósmica que el Paraná dibuja en las barrancas de Puerto General San Martín, en lo que se conoce como Punta Quebracho, donde alguna vez las tropas de Mansilla vencieron a las flotas anglo francesas el 4 de junio de 1846 y que al expandir sus límites logró correr el monumento nacional que recordaba aquella gesta popular antimperial; Cargill acaba de despedir 44 trabajadores de sus empresas de Alvear y Villa Gobernador Gálvez, también en el territorio santafesino. Desconoció la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo de la provincia y acató la resuelta por la cartera laboral nacional. Es decir, Cargill elige el lugar en el que busca legalizar los despidos. Está por encima del gobierno de la provincia de Santa Fe. Ya en el año 2003, la multinacional había superado los mil millones de dólares de ganancias y en la Argentina, durante 2017, según su misma página oficial, informó que vendió por 109.700 millones de pesos, es decir, 211.161 pesos por minuto. La empresa que corre monumentos nacionales, desconoce al gobierno de Santa Fe, tuvo una ganancia neta de 2.840 millones de pesos en 2017. Ganó casi 8 millones de pesos diarios; 328 mil pesos por hora; 5.478 pesos por minuto de utilidades netas. Según sus ideas (aquellas que hacen prosperar a las personas) los 44 despedidos de Alvear y Villa Gobernador Gálvez deberían irse a sus casas con el dinero que la multinacional les ofrece.Pero esos hombres sencillos, tozudamente, defienden sus lugares de trabajo. “Alexis tiene 37 años y hace 9 que es operador en la planta Cargill de Villa Gobernador Gálvez. Ayer a las 6 de la mañana se presentó a trabajar y le negaron la entrada. Horas más tarde le llegó el telegrama de despido a su domicilio, sin causa alguna. El muchacho es sostén de familia, su mujer es discapacitada y tiene un hijo en edad escolar”, cuenta la periodista Paola Cándido. Y agrega la historia de Claudio Campos: “tiene 36 años y desde hace 5 trabaja en el área de descarga (movimiento), en la planta de Cargill de punta Alvear. “Desde la parte administrativa de la empresa nos apretaban. Nos decían que si no aceptábamos el retiro voluntario de 200 mil pesos estábamos despedidos. Es decir, que no era un retiro voluntario sino un despido con aviso”, contó Campos. Claudio tiene dos hijos de 11 y 6 años que mantener y un crédito hipotecario de vivienda familiar para pagar todos los meses. Claudio reclama, junto con los otros 39 despedidos, la dignidad de trabajar”, apunta la crónica. Cargill se instaló en Argentina en 1930, luego cerró su oficina por los efectos de la segunda guerra mundial pero ya en 1947 introdujo las llamadas semillas híbridas. Los despidos que produce en el sur de la provincia de Santa Fe marcan el poder político de la multinacional. Ante semejante despliegue de dinero e impunidad, sin embargo, está la resistencia de 44 trabajadores como Alexis y Claudio. Una pelea que, en realidad, forma parte de una histórica lucha por saber si alguna vez en la Argentina estará sentada la noble igualdad en el trono de la vida cotidiana o seguirá implacable el despotismo de la innoble desigualdad. Edición: 3546    

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Encierro

12 años después de la masacre, la cárcel de Magdalena es la más superpoblada.


Despidos

Tras el despido de 219 trabajadores, la ciudad de Azul se moviliza masivamente en contra.


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El último día de enero de este año, se cumplirán 9 años desde la desaparición de Luciano Arruga.


Corrientes

Una chica de 15 años, con una bebé de 6 meses, murió desangrada tras una violación. 5 hombres y una mujer están detenidos.


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El gendarme Emmanuel Echazú, el gendarme imputado en la causa por la muerte de Santiago Maldonado, fue ascendido por el Ministerio de Seguridad. 


Ejecución

Un policía salteño, de civil, ejecutó a tiros a un adolescente de 17 años en una esquina del barrio Solidaridad en la capital de esa provincia.


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