Más allá de los transgénicos
Publicado: Miércoles, 23 Enero 2019 13:25
Más allá de los transgénicos

Después de una nota del periodista Darío Aranda en Página 12 sobre los cultivos transgénicos, el diario publicó una opinión muy crítica de la científica Raquel Chan y cerró el debate con esta última mirada. Carlos Del Frade escribió para APe una postura muy contundente sobre la transgénesis. Por Carlos del Frade (APe).- Mientras se persigue a los extranjeros, las pibas y los pibes de quince y quieren crear una fuerza paramilitar de diez mil civiles en la Argentina que bien sabe lo que fueron la Liga Patriótica y la Triple A, coincido con la doctora Raquel Chan que no hay que acusar de mala palabra a los transgénicos ni mucho menos desfinanciar la ciencia y la investigación, hechos que, prontamente, se profundizarán en estos oscuros y peligrosos días de Mauricio Macri y Jair Bolsonaro. Desde la investigación periodística y la militancia social y política, simplemente quiero compartir la experiencia de recorrer hace treinta años la inmensa geografía de la provincia de Santa Fe, el segundo estado de la República. Las postales del presente repiten la supuesta contradicción exagerada la realidad: en los departamentos del norte, los que besan la frontera con el Chaco, sequía, por un lado, justo al borde del Paraná, uno de los ríos más caudalosos del planeta y en el oeste, pegadito a Santiago del Estero, inundaciones. La naturaleza parece jugar a los feroces contrastes. La cuestión, doctora, es que no se trata de una consecuencia del cosmos, sino del fenomenal avance de la frontera agropecuaria impulsada por el sojalismo exacerbado, la nueva Forestal de los siglos veinte y veintiuno. El desmonte ya supera el 80 por ciento en la provincia de Santa Fe, al mismo tiempo que el negocio de la venta de productos transgénicos junto a los venenos creció un mil por ciento en los últimos veinte años. Hemos sido testigos, en cada uno de los 19 departamentos de la provincia, de la práctica cotidiana de este proceso impulsado no por la ciencia sino por las multinacionales que formatean la conciencia de pequeños, medianos y grandes productores a los tiempos que demanda su comercio. El resultado se ve en la enfermedad del medio ambiente y el deterioro en la salud humana. “No hay vuelta atrás”, dice usted en su artículo del 8 de enero. Coincido. El presente y el futuro nos preocupa. Queremos investigación, ciencia, producción, tierra, ecosistema, salud para todas y todos pero con igualdad y sin perversiones a favor de muy pocos. Recientemente el gobierno de Andrés Manuel López Obrador informó que no sembrará semillas transgénicas. Lo hizo a través de Víctor Villalobos, propuesto como titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa). “No se van a sembrar semillas transgénicas en este gobierno (...) lo que vamos a hacer es, como hay una necesidad de incrementar la producción y como hay una oferta tecnológica suficiente para poder producir lo que estamos importando, lo vamos a hacer con herramientas tecnológicas convencionales”, declaró. Villalobos dijo, además, que con el fin de lograr la autosuficiencia alimentaria de México. Hoy, doctora Chan, la Argentina desmanteló el SENASA y por los puertos argentinos entra y sale cualquier cosa. El 20 de diciembre ingresó gas fosfina en la terminal de Bajo La Alumbrera, en Puerto General San Martín, por donde sale el 70 por ciento de la producción argentina. Y el 27 de octubre de 2017, salió una tonelada de cocaína por el puerto de Bahía Blanca rumbo a Ontario, en Canadá. Por su parte, la constitución de la CONABIA parece responder, como sucedía en los años treinta, más a los intereses de las multinacionales que de la ciencia, la investigación y la tecnología argentinas. La palabra transgénico no es el problema, sino la política de concentración y extranjerización económica que produce sequías, inundaciones, enfermedades y desprecio por un desarrollo autónomo acorde a las necesidades y sueños de las grandes mayorías. Edición: 3799  

Que no me duela
Publicado: Viernes, 18 Enero 2019 19:31
Que no me duela

Por Claudia Rafael      (APe).- “Que no me duela. Yo me quiero ir a jugar”, dijo minutos antes de la cesárea que le impusieron en el hospital materno infantil de la Jujuy conservadora y feudal. Le acuchillaron la infancia. Primero un hombre que casi la sextuplica en edad. Que podría haber sido su abuelo, su bisabuelo. Alguien que acostumbrara a cantarle canciones y dibujarle los sueños con historias de colibríes y magias. Pero que la destituyó del territorio de la niñez de un zarpazo. Que la obligó a ese silencio al que intiman los crueles. Que la destruyó definitivamente. Y que la fue ubicando en el lugar de la culpa mientras la panza se le iba engrosando sin saber qué le estaba ocurriendo. Luego la estragaron las instituciones. Fueron haciendo jirones de su piel. Le violaron los días. Decidieron que su destino predeterminado por niña, por pobreza, por invisibilizada, por silenciada, por violentada, sería el de ser madre. Y por eso la pasearon por los hospitales, la sometieron a esperas, le maduraron el feto con corticoides y, en nombre de la moral, los dioses y las buenas costumbres, la sojuzgaron una y mil veces para escribir en su sangre una victoria que la desprecia y que la margina de esa vida que, definitivamente, ya no será. Los señores ministros, funcionarios y secretarios de las ficticias banderas de la virtud le tatuaron en la frente el mote de progenitora que no eligió ni será. Porque nadie es madre a la fuerza. Y porque le asestaron sobre sus espaldas magras de doce años una mochila de tragedias que no se irá en ninguno de los barriletes que haga volar por los cielos ni quedará jamás amarrada a las ramas más altas de ninguno de los árboles que se atreva a trepar en el pedacito de infancia que le quede pegado al alma. “Que no me duela. Yo me quiero ir a jugar”, dijo sin saber que todo, absolutamente todo, siempre y definitivamente, le va a doler. Edición: 3796  

El alargue
Publicado: Viernes, 04 Enero 2019 13:56
El alargue

Por Alfredo Grande      (APe).- En determinados torneos, los partidos de fútbol que terminan empatados en los 90 minutos de juego, tienen alargue. Si el empate se mantiene, se define por penales. Creo que son tres registros que pueden dar cuenta de los diferentes momentos de la vida, que no es lo mismo que los diferentes momentos de la lucha, pero que es igual. Hay un momento donde jugamos los 90 minutos. Con más o menos intensidad, con más o menos convicción, con más o menos coraje. Pero jugamos a ganar. Algunos sostienen el juego limpio y armonioso, otros el denominado resultadismo. O sea: lo que importa es ganar, aunque se juegue mal. Siempre he pensado que cuando se juega bien, habitualmente se gana. Al menos, se gana haber jugado bien. El concepto de “ganar” también está atravesado por la lucha de clases. Para el capitalismo, ganar es apropiar plusvalía. O sea: aumentar la tasa de explotación del trabajador. Para les trabajadores, ganar es llegar a fin de mes sin hambre, con algunas cuentas pagadas, y en el amparo de una vivienda digna, aunque seguramente precaria. Durante el partido, la cultura represora marca una línea divisoria entre “ganadores” y “perdedores”. Los que ríen y los que lloran. Los ricos y famosos y los feos, sucios y malos. Mientras el partido dure, se construye lo que denomino el “alucinatorio político social” del ascenso social. En una época que parece mítica, yo estaba convencido que el ahorro era la base de la fortuna. En nuestra actualidad, la(s) deuda(s) es la base de la bancarrota. El partido se juega en diferentes canchas. Los top ten en circuitos de privilegio, hoteles 5 estrellas potenciados, aviones privados, all inclusive. Los últimos orejones del tarro, se resignan al mini turismo, algún hotel por obra social, transporte público deteriorado, y nothing inclusive. Hay clases, pero ya no luchan. La idea del consenso, del consentimiento informado, la doctrina del “que avisa no traiciona”, ha dejado los ásperos terrenos de la guerra en las planicies asfaltadas de la tregua. Durante los partidos actuales, la denominada justicia le ha quebrado el brazo a la política. La judicialización de la vida, incluso la cotidiana, ha entronizado en lugar de la majestad de la justicia, la gracia divina de los jueces. Son los partidos de la posmodernidad tardía, donde los árbitros tienen más poder de decisión sobre los resultados que los jugadores o los técnicos. Una forma degradada de la justicia, es la dirigencia. Dirigencia en general y en particular. En el vodevil futbolero que algunos llaman “copa libertadores de América”, toda la mediocre y cómplice dirigencia opinó y decidió. Menos los jugadores. Los verdaderos dueños del circo le ceden todo el poder a los bufones. Pero el partido es largo, a veces da lugar a la revancha, tiene mucho más que dos tiempos, y siempre es tras generacional. Hoy nos acosan y violan la cría del proceso. Pero también resisten y luchan las crías de los revolucionarios y revolucionarias de los 60 y 70. No estoy seguro que podamos decir, con absoluta convicción, que siempre llegaremos a la victoria. Pero tengo la absoluta convicción, de que mientras dure el partido, la victoria fundante es seguir luchando. Sin dejarse convencer y vencer por los espejitos de colores y dolores con los cuales la cultura represora doblega la voluntad de las víctimas. Lo que se denomina “abuso de posición dominante” y “captación de voluntad” genera que las víctimas devengan aliadas de los victimarios. Algunos llaman a esto elecciones. Pero mientras haya vida y el partido continúe, hay alguna forma de esperanza. Entendiendo a la esperanza no como la espera pasiva sino como la búsqueda activa. No puedo decir a qué edad biológica, psicológica, política, consideramos que el partido terminó. En ese preciso momento, y justamente porque la revolución es un sueño y una construcción permanente, no nos resignamos al empate. Aunque tome las formas más sofisticadas, incluyendo a las diversas declaraciones de los derechos humanos, los tratados de garantías, y toda la parafernalia jurídica de nula incidencia en la vida real. Decimos empate porque seguimos latiendo en cada combate, en cada enfrentamiento, en cada instante donde le ponemos el cuerpo a todas las balas de la cultura represora. Balas perdidas y balas encontradas. No es un empate al modo clásico. Porque en estas formas de empate, hay vencedores y vencidos. Pero los vencidos que la cultura represora mata, siguen gozando de buena salud combativa. Y están dispuestos al alargue. Dispuestos a definir el partido sin llegar a los penales. Yo creo que estoy viviendo los tiempos del alargue. No pude definir el partido, que me llevó 70 años. Sigo con ganas de luchar mientras dure el alargue, cuya duración no puedo anticipar. Creo que tampoco lo quiero anticipar. Esos cálculos suelen minar las fuerzas para el combate. Sigo pensando que la fe es otro de los nombres del deseo. Y mientras hay deseo, hay esperanza. Porque el deseo tensa la conducta hacia metas justas y placenteras. Lamentablemente, el mal puede durar mucho más que cien años, pero el bien apenas ostenta la duración de algunas décadas. Con el agregado de que las décadas perdidas no se recuperan y las décadas ganadas no eran tan ganadas como parecían. Al menos, no pudieron impedir la revancha neoliberal y fascista. Incluso creo que la propiciaron. Por eso en este alargue me gusta recordar las palabras que el genial dramaturgo Ibsen pone en el Dr. Stokman, el enemigo del pueblo: “el hombre más fuerte es el que está más solo”. Creo que el hombre más fuerte es el que se anima a quedarse solo. Aunque la soledad puede no solamente ser individual, sino también colectiva. Quizá sabiendo y sintiendo que estamos solos empecemos a pensar en nuevas y mejores compañías. Buscando al “therapon”, que es aquel que ayuda en la batalla. En el alargue la batalla continúa. Yo quiero que se defina en tiempo de alargue. Y envidio al sargento Cabral que murió contento, porque creyó que había abatido al enemigo. No tendré ese contento. Pero tendré el contento de no habar abatido a ningún amigo. Aunque se avise, se puede traicionar. De eso me doy la absolución. Lo que me asusta es tener que llegar a definir por penales. Porque penal bien pateado siempre es gol. Y en una definición por penales, con suerte atajaremos algunos, pero finalmente no habrá arquero que valga. Han definido por penales muchos amigos y muchas amigas. Los he visto sufrir en las áridas canchas de la terapia intensiva. En el mejor de los casos, intentando formas de despedida que no siempre se pueden entender. Insisto: no quiero una definición por penales. Intentaré prolongar el alargue. Y con la dispensa de Ibsen, quizá pueda ser mas fuerte cuanto menos solo esté. Fortaleza y sabiduría que sólo se encuentran en los colectivos autogestionarios. Porque el alargue nos exige endurecernos, pero también que no perdamos nuestra ternura jamás. Edición: 3786  

Las espaldas del niño año
Publicado: Jueves, 03 Enero 2019 16:44
Las espaldas del niño año

Por Silvana Melo   (APe).- Al día tres del nacimiento, el niño 2019 llega grabado en su espalda. Para verle los estigmas a lo largo de su transcurso. Tatús del hambre, la muerte y el ultraje como para empezar. Y para que esté a la vista qué no. Qué no más. Para qué todos los nuncas que podremos sembrar. Y colgárselos como sambenitos del cuello. De un año amenazante que acaba de nacer. Un millón y medio de niños con hambre lleva tatuados entre los omóplatos. Para que los veamos un mes, dos meses, doce. Cuando haya campañas, cuando se ofrezcan en vidriera los que se ofrecen, cuando sean tan falaces como siempre, cuando manden a matar pero sonrientes. Cuando delineen los vectores del hambre, pero envenenando los alimentos. Que los cereales, la fruta y la miel suficientes para el banquete de 400 millones no alcancen nunca para nutrir a un millón y medio de niños que pasan hambre. En esta tierra. Donde las semillas crecen en las banquinas. Y los pájaros caen intoxicados del cielo. En un año los niños y adolescentes que sintieron hambre y no tuvieron con qué saciarla aumentó 3,4 puntos. Son casi 500 mil más. El 13 por ciento. La mitad de los menores de 17 años son pobres. Y no es necesario que sean hambrientos. Son pobres porque están condenados. Exiliados en un suburbio del que no saldrán en su vida. Carecen de un capital social, cultural, de rebeldía, para romper el techo de un cabezazo y volar al cielo siguiente. Están descartados para que no se vean. En los zócalos del sistema. En medio de la espalda, del niño 2019 cuelgan las 22 horas que separan a cada muerto por la facilidad del gatillo que concedieron las instituciones. Dice la Correpi que disparar por la espalda a cualquier objeto que cualquier lobo considere en fuga, es la herramienta más eficaz para la eliminación. Que se cuiden los niños que queden vivos. Porque la creatividad para los instrumentos de exterminio brillará en este tránsito. Cuando habrá que votar mil veces para elegir nada. Habrá que recoger las flores del hambre y los tallos de las horas que separan un muerto de otro. Y plantarlos en un huerto nuevo, fertilizado con la rabia y los retazos de futuro que se puedan salvar. Entonces habrá brotes verdes que no serán los de Dujovne. Serán los de los invisibles, que un día se ven. Y entonces. Edición: 3785

 Informe de situación
Publicado: Miércoles, 02 Enero 2019 13:09
 Informe de situación

Por Bernardo Penoucos     (APe).- Las coyunturas se vuelven contextos y las tormentas pasajeras se presentan como un clima constante de barrio inundado. No llegarán los milagros, no importaremos ningún tipo de receta que calme la hemorragia inducida, no existe humanismo en el capital, ni inversiones productivas en la especulación financiera. Especuladores financieros: qué poética manera que han encontrado los saqueadores para nombrar al crimen organizado que tiene como motor al gran sistema del destrato y que tiene como materia prima a los pobres el mundo. (1.500.000 de niños tienen hambre en la Argentina) Se reducen los presupuestos en materia social a un ritmo vertiginoso. No hay planes ni a corto, ni a mediano, ni a largo plazo que incluyan en sus programas a una mayoría cada vez más al borde del borde, casi besando el abismo. El aparato represivo- al decir de Foucault- ya no se desvela por reprimir a lo bruto - aunque lo haga frente a todas las cámaras de TV- sino que le basta y le sobra con normalizar. Nos pretenden normales, quietitos dentro de esos cánones que mandan a que millones de niños y niñas tengan como únicas opciones el hambre, la bala, el encierro o la muerte, mientras el resto de los mortales insisten en mejorar su perfil de consumidor elegido, de linchador de turno, de pasivo espectador: esa normalidad es la que nos mandan a aceptar, en silencio y sin chistar. Los ministros afirman al unísono que el éxito de una gestión se mide porque todos los días hay un metro más de asfalto o un joven más preso, representantes democráticos que insisten en afirmar que el narcotráfico es regenteado por organizaciones sociales y culturales de los barrios olvidados, docentes que mueren estallados en una escuela pública de una barriada pobre preparando el desayuno salvador para los niños y niñas, jóvenes hostigados y torturados por las fuerzas del orden que administran el desorden: administrar la crisis, otro de los léxicos tan poéticos que los dueños del mensaje hegemónico utilizan para decirnos, en la cara e inmutables, que están repartiendo la torta de manera cada vez más inequitativa y desvergonzada. La formalidad de la democracia es cada vez más formal y menos real. La tensión entre neoliberalismo y democracia se extiende y se quiebra de manera tal que dirigentes y representados se encuentran separados por un abismo profundo y conocido: la ciudadanía real tiene cada vez más dificultades para participar en los asuntos públicos y, cuando lo hace tímidamente o profundamente, las estructuras del poder se encargan de manipular hasta el hartazgo a la opinión pública. Entonces la violencia será patrimonio de los movilizados, de los organizados y de los desesperados que, por un paquete de galletitas y un alfajor, pueden morir asesinados en una esquina de Entre Ríos o en cualquier esquina del país. La violencia será característica genética de quienes se movilizan para salir de la invisivilidad, nunca será monopolio de quienes han mandado a esa invisibilidad a los que, movilizados, pretenden salir de ella. Los medios hegemónicos de comunicación son, por lejos, el primero de los poderes, en sus pantallas se sintetizan y se aglutinan todos los otros poderes: el político, el económico, el judicial y, por las dudas, el poder ético de quienes ya han decidido lo que está bien y lo que está mal, los rostros buenos y los rostros malos, los barrios peligrosos y los barrios de bien: el orden o el caos, pensamiento binario aniquilador e histórico. La democracia es un lujo dado a los menos: no viven en democracia los millones de hacinados en conventillos y asentamientos, no viven en democracia los jubilados que deben decidir si comen o si se curan, no viven en democracia los miles de detenidos y detenidas que no han tenido aún condena y que sobreviven transitando el sistema de tortura que los lugares de encierro determinan. No viven en democracia las miles de niñas, los miles de niños y los miles de jóvenes y adultos que son secuestrados cotidianamente para enfilar el ejército de las redes de trata. No viven en democracias los despedidos, los desocupados, los explotados, los y las niñas que esclavizados y bajo una luz artificial continua cosen la ropa que luego compraremos en algún local de primera, no viven en democracia los padres y las madres que cuando llega la noche se miran y miran los ojos de sus hijos y no pueden darles respuestas ni comida. La lista es extensa, como lo es el dolor, la rabia y la indignación. Es espantoso el informe de situación, es terrible y desesperante. Digamos, como síntesis, que 1.500.000 de niñas y niños pasan hambre en Argentina. Digamos que el dato es durísimo cuando uno se sale del número y lo convierte en personas, en juegos que no hay, en risas que no están, en alimento que no alcanza, en salud que no existe, en país que se cae. Allí radica lo esencial de la violencia estructural, allí el juego macabro de los que nos mandan a esperar sabe Dios qué milagro. Allí radican todas las preguntas y todas las respuestas que el poder se queda y reconvierte en culpabilidad, prejuicios y condenas. El informe de situación contiene dos imágenes terribles: en algún lugar alguien muere de hambre o de linchamiento al llevarse un alfajor o un paquete de galletitas y en otro lugar, del mismo país, otro alguien fuga indiscriminadamente miles y miles de millones de dólares a paraísos fiscales inalcanzables para el mortal común. Alguien de estos dos alguienes será condenado y fusilado por la maquinaria que pica carne y personas. El otro alguien seguirá hablando y explicando teorías que nadie entiende. Sabrá usted cuál de estos dos llegará al paraíso y cuál de estos dos encontrará su muerte a la vuelta de la esquina. El neoliberalismo no sólo fragmenta lo que pudo haber estado integrado, sino que también- y sobre todo- nos enseña metódicamente a mirar fragmentado, a mirar lo aparente, a mirar torcido, a mirar errado. Para que terminemos, al fin al cabo, simplemente no pudiendo mirar. Edición: 3784  

Jujuy y el extractivismo infantil
Publicado: Martes, 22 Enero 2019 16:04
Jujuy y el extractivismo infantil

Por Silvana Melo    (APe).- Los propietarios de la vida de los niños suelen ejercer su dueñidad (*) desde el vientre. Ya lo dijo el gobernador Morales: hay una familia “muy importante” que va a hacerse cargo del bebé apremiado a nacer por cesárea de una panza forzada de doce años. Porque cuando la panza tiene doce, o diez u once, los propietarios habrán plantado bandera sobre madre e hijo. Los habrán escriturado en la escribanía litúrgica de la cruz y el escritorio. Jujuy es una de las oficinas más efectivas de este extractivismo social. Aquí se desposee a las niñas y a los niños de libertad, de inocencia, de mínima decisión, de investidura humana. Es una cadena perfecta de eslabones que implica una tragedia. Y una maquinaria fatal que es capaz de devorarse dos vidas con la vanagloria de salvarlas. Una triste paradoja de estos tiempos. El estado que no la miró, que no vio los padecimientos de su familia, que la ignoró hasta que se hizo visible por lo irreparable. El vecino que ultrajó a la niña. Y sigue libre. El mismo tipo que la amenazó. Que callara. El planeta entero –es decir su pequeño contexto- no vio su embarazo. Ni lo imaginó. La salud pública que le negó el derecho. Que la torturó. Que le decidió una cesárea. Que las obligó a ser sin deseo. A vivir sin esperanza. A pesar de haberle asestado el nombre de prepo, como todo. A ella y a ella. A las dos. Pero los propietarios tienen todo pensado. Manejan el futuro como se les antoja, como desde una app en el Iphone. Sin ensuciarse las manos ni los pies. Ya lo dijo el Gobernador: hay una familia “muy importante” que quiere a la bebé. Le van a extirpar la historia, el adn y los recuerdos. La van a programar para un futuro venturoso. La van a setear para que sea una niña pro, lejana de los barrios de origen, fuera de las salpicaduras anti, una princesa que salte todas las listas de espera del penoso sistema de adopción argentino, parte del extractivismo social imperante: extraer los niños de los pobres para injertárselos a los bienvivientes. Una nena a los doce años fue condenada a una maternidad que no deseó ni está preparada –física y emocionalmente- para asumir. Una bebé obligada a nacer a las 24 semanas, con probabilidades de secuelas neurológicas, con la marca genética para su pequeña madre de ser fruto de la violencia, con la decisión de los propietarios de extraerle su historia como si fuera sangre en una probeta, con el decreto estatal de que tendrá que crecer en una familia importante. Sin saber quién fue, de dónde vino y en qué pequeño útero se escribió su prehistoria. Pero lo sabrá. Un día lo sabrá. Y acaso, tal vez, saldrá, chuequeando como un bebé, altiva como una mujer, rota en el centro de su historia, a rescatar lo que fue suyo. Y ese día arderá el sitio de la pena humana. (*) Rita Segato Edición: 3798

La nueva invasión
Publicado: Lunes, 21 Enero 2019 14:51
La nueva invasión

Por Carlos Del Frade (APe).- Hace mucho que se han apagado los ladridos de la jauría y las trompetas de los cazadores de esclavos. El fugitivo atraviesa el pajonal, pajas bravas más altas que él, y corre hacia el río. Se arroja en el pasto, boca abajo, brazos abiertos, piernas abiertas. Escucha voces cómplices de grillos y cigarras y ranitas. «No soy una cosa. Mí historia no es la historia de las cosas.» Besa la tierra, la muerde. «He sacado el píe de la trampa. No soy una cosa.» Pega su cuerpo desnudo a la tierra mojada por el relente y escucha el rumor de las plantitas que atraviesan la tierra, ganosas de nacer. Está loco de hambre y por primera vez el hambre le da alegría. Tiene el cuerpo todo atravesado de tajos y no los siente. Se vuelve hacia el cielo, como abrazándolo. La luna se remonta y fulgura y lo golpea, violentos golpes de luz, ramalazos de luz de la luna llena y las estrellas jugosas, y él se alza y busca rumbo. Ahora, hacia la selva. Ahora, hacia los grandes abanicos verdes. —¿Tú también vas a Palmares? —pregunta el fugitivo a la hormiga que le anda por la mano, y le pide: —Guíame. Eduardo Galeano, “1663. Orillas del río Paraíba”, en el libro “Los nacimientos”, de la trilogía “Memorias del fuego”. El hermoso texto remite a la primera gran experiencia libertaria en América, los quilombos de Los Palmares. Mujeres y hombres negros que escapaban de los latifundios y la esclavitud. Venían de todas partes y a ninguna de ellas, a ninguno de ellos se rechazaba. El origen de Brasil. El origen del sueño colectivo inconcluso de la igualdad. El 12 de enero se cumplieron 325 años de la llegada de 6.500 hombres pagados por Portugal, Holanda y esclavistas para someter semejante rebeldía, semejante dignidad. La resistencia seguiría hasta el 6 de febrero de aquel año. Pero la memoria llega al presente para cuestionarlo de raíz. El 9 de enero de 2019, el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, decidió retirar al país del protocolo migratorio de las Naciones Unidas. Todo lo contrario a lo que hacía Zumbí, el gran referente de aquella dignidad de los quilombos de Los Palmares. “El quilombo de Palmarés tenía una extensión de 7.500 kilómetros cuadrados y estaba situado en la costa brasileña entre Recife y Salvador de Bahía . En ese extenso territorio florecieron los poblados de Macaco con 8.000 habitantes, Amaru con 5.000 vecinos y otras fundaciones menores entre las que se destacaron Tabocos, Zumbi, Osenga, Acotirone y Andalaquituche. En su mejor época, Palmarés llegó a albergar 30.000 personas de civilización Congo-Angola y de otras culturas del África subsahariana. Palmarés fue una zona rica con todo tipo de cultivos y productos artesanales que los quilombolos, o vecinos del quilombo, comercializaron con los colonos y con las tribus indígenas vecinas”, cuenta el investigador Alfredo Cardona Tobón. Agrega que el quilombo de Palmarés “fue la primera nación negra en América; resistió durante 126 años los embates de sus enemigos. Con la muerte de Zumbi, desapareció el quilombo y sus habitantes se diluyeron en las grandes estancias azucareras como esclavos o como peones, o emigraron a las ciudades brasileñas a engrosar los cinturones de miseria”. A 325 años del inicio de la última invasión que quería desterrar cualquier ilusión de solidaridad entre seres humanos, el presidente de Brasil repite aquella lógica contraria a la fraternidad. -Brasil es un estado soberano para decidir si acepta o no a migrantes. Quien por ventura venga aquí deberá estar sujeto a nuestras leyes, reglas y costumbres, además de tener que cantar nuestro himno y respetar nuestra cultura…No será cualquiera que entre en nuestra casa ni será cualquiera que entre en Brasil a través de un pacto adoptado por terceros – sostuvo el presidente a través de su cuenta en twitter. El Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular fue suscrito en la Asamblea General de la ONU y unos 152 países miembros, incluido Brasil, lo firmaron. El acuerdo de la ONU, no vinculante, aborda la protección de las personas que migran, cómo integrarlas en nuevos países y cómo devolverlas a sus países de origen. El pacto fue aprobado en julio de 2018 por todos los países miembro de la ONU excepto Estados Unidos. Pero más allá de los que invadieron el quilombo en 1694 y las decisiones de Bolsonaro, los pueblos, como el recuerdo y la dignidad de Zumbí, insistirán en su terca obsesión por la solidaridad, la igualdad y la fraternidad. Edición: 3797    

La “Che” Cortiñas
Publicado: Viernes, 18 Enero 2019 13:50
La “Che” Cortiñas

Por Alfredo Grande    (APe).- En 1937, se funda la Liga Argentina por los derechos del Hombre. Heredera del Socorro Rojo, organización internacionalista solidaria con los combatientes republicanos de la denominada “guerra civil española”. En esos tiempos, “hombre” era todavía un significante no genérico, ya que incluía a mujeres. Quizá podría decirse que era un significante uni genérico, ya que abarcaba solamente a uno de los géneros. Es posible. Pero llevando agua para mi molino teórico y político, retengo el sentido de “hombre”. En una de las tantas etiologías de la palabra “Che” está la mapuche. Cuyo significado es “hombre”. Y con mi tendencia a la amplificación conceptual, pienso que el significado más abarcativo es “humanidad”. O sea: el fundante que permite que la humanidad retenga, mantenga, sostenga y defienda aquello que lo constituye como tal. La esencia misma de la humanidad abreviada en tres letras: “che”. El Che Guevara: aquel que supo que toda injusticia en cualquier lugar del mundo debe sentirse como propia. Porque ante la injusticia es la humanidad la que está siendo atacada. En el fundante de la humanidad no está la justicia, mucho menos el derecho, pero sí está, desde que la humanidad empezó a mirar más allá de la tierra, la idea de lo justo. Y lo justo es tocar el cielo con las manos. Tocarlo, abrazarlo, acariciarlo. Ese cielo que miramos con alegría, con tristeza, con soberbia, con orgullo, con valentía, con amor. Porque el cielo es el extremo límite de nuestro alejamiento de la tierra. Pero alejarse no es mancillarla. Alejarse no es intoxicarla. Alejarse no es arrasarla. Alejarse es apenas la certidumbre de que el volar no es solamente para los pájaros. Volamos si caminamos soñando sueños imposibles y sueños posibles. Volamos cuando caminamos entre compañeras y compañeros que se empeñan en caminar con nosotros. Volamos cuando caminamos haciendo camino al andar. Volamos cuando sabemos que la subjetividad del caminante cambia durante la marcha. Volamos cuando marchamos. No volamos cuando desfilamos. No hacemos cuerpo a tierra. Hacemos de la tierra cuerpo y alma. Idea y deseo. Podemos volar alegres, pero la felicidad es un horizonte que nos negamos a darlo por alcanzado. Podemos volar tristes, porque aunque estemos orgullosos de nuestros muertos, los extrañamos, los esperamos, los buscamos, los escuchamos, los tocamos y los olemos. Nuestra enemiga no es la tristeza. Nuestra enemiga es la melancolía porque es el triunfo de la culpa, del por algo será, del en algo habrán estado. Y no fue por algo: fue por mucho. Fue por el justo cielo de la revolución solidaria. Y no estuvieron en algo: estuvieron en todo. Porque toda la vida, la vida pensada y la vida sentida, era para ser entregada al cielo justo que muchos llamaron y aún llamamos, la patria socialista. patria sin mayúsculas, porque abolimos incluso las jerarquías gramaticales. También es nuestra enemiga la manía. El “pum para arriba”. “Ponete las pilas”. Porque es la alegría por mandato. La revolución de la alegría fue la contra revolución de la manía. Espejitos y globitos de colores. Y dolores. Alegría y tristeza no son una extraña pareja: son una pareja necesaria. La pareja siniestra es melancolía y manía, eso que algunos llaman trastorno bipolar. Y otros democracia y dictadura. O sea: la continuidad de la dictadura cívico militar ahora en formato democrático. Hace décadas (1992) hice un análisis de la película Terminator. Desarrollaba la idea de las máquinas de exterminar como organizadoras de la institución del genocidio. Ignoro si una máquina puede amar. Pero lo que ahora todos sabemos es que las máquinas pueden asesinar. Nada personal. Todo maquínico. No hay humanidad en un Terminator. Sólo un programa de exterminio: matar a Sarah Connor para impedir el nacimiento de John Connor, futuro líder de la resistencia de la humanidad residual. El genocidio perfecto. Por eso creo que cuando decimos “Che”, decimos humanidad. Pensamiento, deseo, arte, amor. Y no porque estemos en las otras y los otros, sino porque las otras y los otros están en nosotros. Un psicoanalista diría que son identificaciones. Yo digo que son también las huellas que dejamos y nos dejan cuando caminamos juntos. Los pocos que me conocen mucho y los muchos que me conocen poco, me habrán escuchado decir alguna vez que Lelia Sarmiento, asociada fundadora honoraria de ATICO Cooperativa, será siempre mi amada inmortal. Se nos fue, pero como el flaco Abel, del “Cafetín de Buenos Aires”, aún nos guía. Hoy me guía, como a cientos de miles, la que sigue siendo. La que siempre siente y piensa, y está siempre presente. La que cada día lucha mejor, y lucha más, y que es la más joven de todas y todos, porque el permanente deseo de luchar es la mítica fuente de la eterna juventud. Mujer de conocimiento, para la cual, aun desafiando las enseñanzas de don Juan, la vejez no es el último enemigo. Al lado de ella, la humanidad desborda, la humanidad impregna, la humanidad aflora aunque yerma esté la tierra, aunque el dolor siga doliendo, porque el amor sigue amando. A su lado, somos valientes, somos inteligentes, somos alegres, somos generosos, somos solidarios, somos revolucionarios. A su lado no cambiamos. Sostenemos que hasta la victoria siempre y que venceremos. Y le pido ayuda a otro que también nos guía, porque nunca se fue del todo. El poeta que no soy y el talento que tampoco tengo. Por eso deseo ofrecerle prestadas las palabras de Hamlet Lima Quintana a otra amada inmortal: la “Che” Cortiñas: Hay gente que con solo abrir la boca llega hasta todos los límites del alma, alimenta una flor, inventa sueños, hace cantar el vino en las tinajas y se queda después, como si nada. Y uno se va de novio con la vida desterrando una muerte solitaria, pues sabe, que a la vuelta de la esquina, hay gente que es así, tan necesaria. Eso eres, amada “Che” Cortiñas: tan necesaria. Edición: 3795

La lucha wichi
Publicado: Jueves, 17 Enero 2019 14:13
La lucha wichi

Por Silvana Melo(APe).- Es el día 14 del acampe wichi en el centro de Salta. Ya dejaron de ser noticia y están ahí, solitos, con hambre y con sed, arrasados por el calor y la lluvia. Cayendo en los hospitales y en las veredas, donde los arroja el hambre y las neumonías. Están allí por la educación de sus niños. Por eso tomaron la escuela de Misión Chaqueña y días después se movilizaron 230 kilómetros a la capital, a duras penas, respondiendo a una promesa de la ministra de Educación. Que por supuesto no cumplió. Y ellos, en el fondo de esa esperanza raída que todavía arrastran, lo suponían. Entonces se quedaron en la Plaza IV Siglos de Salta. Ahí donde los censura con mirada rígida el monumento del Virrey del Perú. En la plaza, a la vista. Fastidiando la campaña presidencial del gobernador y su esposa por la costa atlántica. Hermosos y blancos los dos, criollos y preponderantes en la cultura del desprecio. En una provincia que tiene el mayor número de comunidades originarias del país. A las que se suman la presencia boliviana. Una negritud, una presencia morena que tiene hijos que hablan su lengua, que guardan su cultura como el tesoro de su historia, que cuidan su monte como su almacén y su farmacia. Que mandan a sus hijos a una escuelita donde los niños tienen un lenguaje y una cosmovisión milenarias. Dirigidos por criollas y criollos hijos del español y del google, que les dan de comer sobras (aunque hay fondos pero vaya a saber dónde van), que los hacen juntar leña a cambio del alimento, que los maltratan, que los desprecian. Que los condenan a un futuro sin dientes ni calcio, sin pensamiento crítico ni autonomía intelectual. Sin fuerza de lucha ni rebeldía en la lengua. Que no los preparan para la universidad para no tenerlos mañana en la vereda de enfrente. Pero ahí están todavía. Catorce días después. Y no se fueron a pesar de que les negaron todo. Educación los negó. Asuntos Indígenas, ni un vaso de agua. Porque fueron sin permiso. Y los wichis tienen que pedir permiso al blanquerío para mover un pie. El calor los cocinó en el asfalto. La lluvia los empapó. La policía no les permitió guarecerse bajo los aleros del Cabildo. Les sacó los hatos, las bolsas y las cajas con sus cosas a la plenitud de la lluvia. Muchos de ellos están desnutridos. Se enfermaron. Fueron a parar al hospital. La policía los corrió de todas partes. Y llegaron a decomisar una motocarga con alimentos y ropa que una mujer había donado. La escuelita 4528 de Misión Chaqueña “es una máquina de producir analfabetos”. Dice Octorina Zamora, niyat del pueblo wichi. Y sabe que esa fábrica no es azarosa. Que producen originarios sin educación digna ni nutriente soberano para exorcizar esa historia, esa irreverencia ancestral que los mantiene en pie. Hoy quieren una directora wichi para su escuela. Que hable con los niños, que los entienda, que comparta su cosmogonía, que sepa cuáles son las hojitas que bajan la fiebre y qué frutos son dulces y comestibles dentro del escaso monte que sobrevive a la tala indiscriminada. Que no terminen la secundaria, los que llegan a esa cumbre, y tengan que chocarse con la muralla de la universidad que los repele, inexorablemente, porque no están preparados. Y se vuelven al monte, con el rótulo del fracaso colgado como un sambenito. Ignorados e invisibilizados, sin directora wichi para su escuela, siguen en la plaza IV Siglos. Mojados y calcinados, en la Salta de pleno enero, deciden redoblar la apuesta. E impulsar una Ley de Educación Indígena. Que incluya la interculturalidad que suena tan bonita en boca criolla y que los enerva tanto cuando lo pronuncian las lenguas originarias. El gobernador mientras tanto habla por TN y publicita a su esposa actriz de telenovela como una futura primera dama muy divertida. En los parajes no hay ambulancias. A los wichis y a sus hermanos les roban las tierras, les quitan el trabajo, los corren de sus reservas naturales. La Justicia no habla su lengua y ellos son sometidos a juicios sin saber de qué se los acusa. Se mueren de hambre y de enfermedades evitables. Si internan a un niño wichi en el hospital de Tartagal toda la familia acampará afuera hasta que sane. Y eso fastidia a la prolijidad del sistema. Los médicos se ofenden porque ellos van sucios a los hospitales. No entienden que no hay agua. Que la toman contaminada. Que eso los enferma. Y van sucios a los hospitales. Los médicos no los entienden. No hablan su lengua y no se esfuerzan en saber qué parte de su desgracia les duele. Ni cómo calmarles los cólicos que les anudan la esperanza. Edición: 3794      

La rapiña de estas fieras
Publicado: Martes, 15 Enero 2019 14:57
La rapiña de estas fieras

Por Claudia Rafael (APe).- Primera, tercera, séptima… ¿Importa acaso qué número del listado de chicas y mujeres asesinadas en el 2019 le corresponde a Agustina Imvinkelried? ¿Cuenta tal vez si fue de noche, si ocurrió de día, por la madrugada o en el atardecer de un pueblo de 50.000 habitantes de Santa Fe donde los jóvenes se conocen, salen a los mismos boliches, toman sol en los mismos lugares, van a las mismas escuelas? Por qué Agustina ¿es una pregunta que responde al por qué de los femicidios? Por qué Agustina ¿tiene una respuesta de azar? A los 17, en Esperanza (Santa Fe), a la salida de un boliche en una madrugada de verano. ¿Por qué Agustina no fue tapa de ninguno de los principales diarios de alcance nacional se responde con cuáles fueron las otras noticias que, interesadamente, la corrieron del podio? Por qué Agustina ¿se traduce con las mismas respuestas de por qué Valeria Juárez, de 32, en Sáenz Peña, Chaco, asesinada de un escopetazo por su padre? ¿Tiene los mismos detalles, los exactos condimentos y vericuetos que arrebataron la vida de Celeste Castillo, en Santiago del Estero, a los 28 años? Sus miedos, sus gritos de terror, ¿se parecieron quizás a los de Joselín Mamani, en Longchamps, que alcanzó a cumplir escasamente 10 años y recibió una tras otra 32 puñaladas en su cuerpecito tenue? La geografía vomita cuerpos. Los escupe. Los estraga y los baldía. Cinco balazos se distribuyeron en la carne de Romina Varela en la ciudad que cuentan fue feliz alguna vez, cuando los obreros rompieron con la identidad de playa de la oligarquía porteña. Tenía casi el doble que Agustina. La misma ciudad en la que destrozaron la vida de Susana Yas, a los 77. 1100 kilómetros hacia el norte, Daiana Moyano, de apenas 24 se desangraba en un descampado y recién después de su crimen, se aceleró la reparación del camino y volverán a pasar los colectivos que Daiana no pudo tomar. Uno, tres, seis, siete los crímenes de niñas y mujeres las dos primeras semanas del año. En una crónica escrita y reescrita miles de veces a lo largo de la historia sobre los cuerpos de las mujeres como territorios a devastar. Rita Segato lo escribe: “su destrucción con exceso de crueldad, su expoliación hasta el último vestigio de vida, su tortura hasta la muerte”. Y lo define como “rapiña”, como “ocupación depredadora de los cuerpos femeninos o feminizados en el contexto de las nuevas guerras”. “Bastidores” donde los escribas del poder escrituran las violencias que con su espíritu de cuerpo usan para expoliar la vida. Agustina Imvinkelried tuvo tan solo 17 años. Su victimario se suicidó. Como el de Valeria Juárez y el de Celeste Castillo. Como más del 20 por ciento de los femicidas. ¿Miedo acaso? ¿O quizás determinación de que es el único con la suma del poder para decidir sobre su vida y sobre la de ese cuerpo que transmutó en yermo? Agustina Imvinkelried, bastidor sobre el que un hombrecito común como tantos plantó la crueldad y desplegó su perverso ejercicio de la dueñidad. Edición: 3793

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Galería fotográfica

 

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Hechos en imágenes

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Temporal

Dos muertes en La Plata producto del terrible temporal. En Rafael Calzada se incendió un hospital y evacuaron a 180 personas.


Pescador

Un adolescente de 16 años murió ahogado en un esteral de Misiones. Estaba tratando de pescar para dar de comer a sus 13 hermanos.


Policías

Dos policías bonaerenses golpearon brutalmente a un chico de 17 años durante un operativo en Bernal Oeste. Los desafectaron de la fuerza.


Campesinos

Los terratenientes desalojan a pequeños campesinos en Santiago del Estero. Fue violento y brutal contra Héctor Reyes, que murió por las heridas recibidas. 


Masacre en la comisaría

Se marchó al cumplirse un mes de la masacre en la Comisaría de Esteban Echeverría. Murieron calcinados diez detenidos.


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Libros de APE

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