¿Y si Brian no mató a Brian?
Publicado: Martes, 17 Enero 2017 15:50
¿Y si Brian no mató a Brian?

Por Claudia  Rafael  (APe).- Tiene 15 años y no 16, como ya empezaron –sin inocencia- a plantear algunos medios. Vivía en un edificio de monoblocs del Bajo Flores y no en la Villa 1-11-14, como repiten. El pasaje de avión a Chile fue adquirido el 23 de diciembre con fecha de partida para el 26 y no como consecuencia del crimen de Brian Aguinaco. Vivió los primeros 10 años de su vida en Perú en mejores condiciones de las que pudo encontrar en éste, su país de origen. Tiene la cadencia, al hablar, de un chico del interior y no de un adolescente de la gran ciudad. No fue expulsado de la Argentina como parte de una resolución del juez sino que su viaje a la tierra en la que nacieron sus padres y una hermana fue el producto de un trabajo de organismos de niñez que firmaron con una de sus abuelas un acta de compromiso de derechos y obligaciones. Hay múltiples víctimas, aunque se instale la idea de una sola. Brian Aguinaco, con sus 14, fue asesinado. Joel -o “El otro Brian”, como lo llamó su maestro de quinto grado cuando en 2011 llegó a la Argentina desde Perú- tiene 15 y le calzaron por la fuerza y a partir de pruebas que podrían empezar a caerse una sobre otra como las piezas de un dominó, la muerte violenta de un chico un año menor que él. La hermana de “el otro Brian”, que con apenas 11 también regresó a Perú porque no la dejaban en paz con el dedo acusatorio ni en la escuela ni en el barrio. Y también, por qué no, infinitos rostros como el suyo, de ojos rasgados, piel amarronada, cabellos renegridos. El abogado Jonatan Vicente presentará una apelación por la medida judicial que sobreseyó a Brian. “El juez Enrique Velázquez lo sobreseyó en base a su edad, por tener menos de 16 años. Voy a apelar esa decisión porque si bien estoy de acuerdo con el sobreseimiento no concuerdo con que se haya dictado por su edad. A mi criterio no hay elementos que indiquen que él pueda haber participado del hecho”, aseguró a APe.No hay dudas de que hay un culpable. Brian Aguinaco ya no vive. Sus días terminaron abruptamente, y por la fuerza de disparos, a los 14 años. Pero que haya un culpable no quiere decir cualquier culpable. No significa que la Justicia y los medios salgan a la caza del primer personaje al que calzar el sanbenito del autor. Al que habrá –convenientemente- que apedrear hasta saciar la sed colectiva que no devuelve vidas. Los  caminos de Brian Aquel 24 de diciembre que marcó el antes y el después definitivo, él se levantó a las 8.20. “Se fue con su mamá y su padrastro al hospital Muñiz a visitar a su hermano, en terapia intensiva. Volvió y se quedó un rato en la casa. Almorzó allí. Luego fue a la casa de su tía. Acompañó a su otro hermano a buscar un equipo de sonido para el auto, un filtro y luego fue al Muñiz a llevarle helado al hermano y de ahí a lo de la novia. Luego fue al centro de Flores, pero ya eran como las seis de la tarde. Son muchas las cámaras que lo pueden haber captado en esos horarios. Incluso hay una en la entrada de la terapia intensiva, más allá de las que hay en la calle. De distintos comercios y del mismo gobierno de la ciudad”, dijo el doctor Vicente a esta agencia. No son las únicas pruebas concretas y contundentes que pedirá y aportará a través de la apelación. También las de las llamadas telefónicas. Las empresas de compañías de celulares pueden claramente indicar qué señal, de qué zona, de qué precisa ubicación captaba el teléfono en cada uno de los mensajes o llamadas que fue intercambiando a lo largo de esas horas. ¿Qué datos condujeron al gran culpable al que todavía hoy, por más que esté sobreseído, se le adjudica la muerte de otro chico como él? --Uno de los elementos indispensables: una muerte resonante, de un chico de 14 años, en tiempos en que la palabra inseguridad se repite en cada ángulo y constituye una de las primeras preocupaciones sociales, vuelve urgente e imprescindible cazar al asesino. --Joel o “el otro Brian” les calzó a la perfección: tenía cuatro causas previas por delitos leves. Que lo condujeron al Centro de Admisión y Derivación Inchausti y del que fue liberado rápidamente. Los medios masivos lo ubicaron con nombre y apellido. Nada importa, con tal de ser el primero, el más contundente, el que vaya más allá de todo límite. --El punto de partida para incriminarlo se ubica en el relato de un policía que habría recibido de un joven los datos concretos (potencial correctamente ubicado porque se trata de un relato de otro relato hecho en forma anónima). --Las cámaras de la zona del homicidio muestran algunas motos. La que solía manejar Brian, que pertenece al hermano internado, es negra con ruedas verdes, según el relato de Jonatan Vicente. “Los damnificados, tanto la mamá con su hija a la que le robaron la mochila en la zona, como otra testigo y el abuelo de Brian Aguinaco describen dos motos diferentes: dos dijeron que era roja y dos, que era azul. Las cámaras tampoco pudieron captar el rostro de quienes iban en la moto. Ninguna de las cámaras logra ubicarlo en la zona: ni por las características de la moto ni por las suyas”. --Una llamada telefónica anónima a la oficina de denuncias del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires indicó que “los motochorros que participaron del robo y de la muerte del nene del Flores suelen estar en un lavadero”, en una esquina sobre la avenida Agustín De Vedia. En ese lavadero solía estar Brian muchas veces. Al igual que muchos otros jóvenes. En las ruedas de reconocimiento, no lo señalan ni el abuelo de Brian Aguinaco ni un testigo de identidad reservada. La chica a la que robaron su mochila y su mamá lo señalan junto a otra persona pero se inclinan más por la otra. Y no como el que efectuó el disparo. Emociones Aquel 29 de diciembre en que fue trasladado de Chile a la Argentina e ingresó al Instituto de Menores San Martín, en el que estuvo detenido, “había dos opciones para su estado anímico: parecía no saber ni entender qué estaba ocurriendo o estaba desafectivizado (que no muestra ningún tipo de emoción). Luego supe que no entendía nada de lo que le ocurría ni por qué” dijo a APe en rigurosísimo off de record la voz institucional. “De sus características surgió que se puede vincular con el otro. Presenta emociones. Siente temores. Puede establecer vínculos. Que se interesa por los demás. Que tuvo mucho miedo cuando lo fueron a retirar para llevarlo a Ezeiza porque no sabía qué podía pasar con él”, agregó. El 30 de diciembre la asesora de menores Anahí Fernández, formalmente a cargo de la defensa desde un inicio, pidió el sobreseimiento por ausencia de elementos en su contra. Jonatan Vicente lo hizo días después y ahora apelará en una decisión que seguramente será acompañada en lo formal por Fernández. Tiene 15 años. Uno más que la víctima fatal de esta historia terrible que, desde ningún punto de vista tiene retorno para ninguno de ellos. Para Brian Aguinaco, porque está muerto. Porque no hay modo alguno de retroceder los relojes a las primeras horas de aquel 24 de diciembre. Para impedir que ese día él fuese a la peluquería. Para evitar que ese abuelo que lo llevó en auto decidiese acelerar y se cruzase con su Voklswagen Polo con los motochorros que un rato antes habían arrebatado la mochila a una chica que pasaba caminando por el lugar y hoy sienta que el mundo entero, tras la muerte de su nieto, dejó de tener sentido. Joel –o “el otro Brian”- tiene 15 años y si las cámaras del Muñiz, de las calles de los alrededores, del supermercado Coto cercano al lugar donde compraron el filtro del auto, lo ubican en cualquiera de esos lugares, lejanos a Rivera Indarte y Asamblea, en el Bajo Flores donde ocurrió el horror, seguirá siendo –a pesar de su inocencia- el monstruo social construido en un manojo de días. Continuará teniendo, a pesar de que las empresas de telefonía celular lo ubiquen a distancia, el mote de CULPABLE sobre la frente. Porque Brian Aguinaco murió a los 14 años. Se detuvo el tiempo para él y hubo alguien que disparó e impactó balazos sobre su cuerpo pequeño. Pero los medios, ¿la policía con amables informantes a cambio de qué?, la urgencia de un responsable (cualesquiera que fuese) construyeron y pusieron en bandeja al culpable ideal: 15 años, hijo de peruanos, pobre, con algunos antecedentes menores por delitos contra la propiedad, habitante del Bajo Flores, con una vida que no importa. El sacrificio imprescindible para saciar esa sed de venganza social. Edición: 3316  

Me han matado tanto
Publicado: Viernes, 13 Enero 2017 16:54
Me han matado tanto

Por Claudia Rafael    (APe).- Los ojos de once años de Naomi quedaron cincelados de imágenes de sangre y humo. La piel mapuche de Naomi está tatuada de miedo y coraje. Todo huele a terror cuando los uniformes avanzan. “Demasiados camiones, camionetas… empezaron a llevar a uno, uno, uno y así. Eramos poquitos porque la gente había ido a buscar animales. Los llamé y pudieron llegar… (Las fuerzas de seguridad) entraron, tiraron gas. Yo tenía un nene a upa. Lo tapé con una bolsa. Y fue un momento muy difícil. Me querían sacar el nene. Le quisieron pegar a mi mamá. A un nene que tiene 8 años. Yo puse la mano y me pegaron en la mano. Me sacaron de los pelos. Me tuvieron arrollidada. Callate. Quedate quieta…”, contó Naomi a FM Alas, de El Bolsón. Heridos de bala, golpes, palazos, destrozos, detenciones, torturas. Hedor a muerte emerge de las armas largas de los gendarmes y policías provinciales de Chubut. Las montañas y la luna temprana son testigo de los tiempos. De aquellos días lejanos en que avutardas, huemules, choiques vagaban sin límite y los pueblos antiguos vivían sin yugo en la madre tierra. El último tramo del 1800 los exilió de la vida y los arrinconó desde el estado a la muerte temprana. La Patagonia fue cedida en gratitud a los británicos que la sostuvieron a su merced entre 1895 y 1975. Los empresarios italianos Benetton –mientras escandalizaban al mundo con una publicidad que incluía a un Cristo muriendo de sida- compraron tierras a grandes terratenientes argentinos en 1991: casi un millón de hectáreas entre Neuquén, Rio Negro, Chubut y Santa Cruz. En aquellos tiempos en que Menem convocaba a venir a la Argentina “que acá lo que sobra es tierra”. La Lof de resistencia Cushamen nunca se olvidó. La memoria atraviesa laberintos y vericuetos hondos. Va a las fauces de la historia que susurra –como Adoum- “¿no es mío el sitio donde me sedujeron los helechos?” una y otra vez. “¿No es mío acaso el sitio donde me han matado tanto?”. Doscientos gendarmes con sus botas pesadas, sus carromatos ardientes, sus balas prediseñadas para la muerte temprana; su sí, señor, obedezco; su estoy listo para tanta muerte y violencia. Y la resistencia que se planta. Porque la tierra y el agua son la memoria que no está dispuesta al pisoteo y al desgarro. Porque aquí nací llorando la llovizna y he sembrado en el surco con mis dientes. Las semillas de rebelión asoman por las fisuras que pacientemente se van abriendo paso. Para pelearle a los vientos huracanados de la violencia estatal que tiene la terca determinación de servir a los señores que hablan en nombre de la patria y del metal. Edición: 3314

El último abrazo
Publicado: Lunes, 09 Enero 2017 18:12
El último abrazo

Por Bernardo Penoucos, especial para APe (APe).- En algún momento -tardará en llegar ese tiempo- entenderemos que los pibes siguen siendo el eslabón más expuesto del crimen organizado: son los cuerpos receptores del plomo, de la pasta base o de la reja. Así de parias son los territorios que el Estado les ofrece a estos jóvenes que, vaya a saber por qué intereses electorales mezquinos, hoy regresan a la escena de lo penal, de lo punitivo y, claro está, de lo estigmatizante. ¿Se imaginan a un cartel del crimen organizado integrado por 10, 50 o 100 pibes de 13 y 14 años, manejando la logística y los “negocios”? ¿Son los pibes de 14 años los que se reparten los millones de la trata? ¿Los millones del narcotráfico? ¿Las riquezas del tráfico de órganos? ¿Son los pibes de 14 años quienes manejan los tugurios contaminados de las fuerzas de seguridad? ¿Los que regentean los prostíbulos? ¿Los que coordinan las cocinas? ¿Los que endeudan y sancionan las leyes de indulto? ¿Quienes manejan las corruptas licitaciones? ¿Quienes ponen y sacan jueces como caballitos de madera? El sistema produce, separa y expulsa lo que le sobra; mientras el pibe sirva se usa, cuando el pibe ya no sirve se lo corre: Luciano Arruga, por ejemplo. Otra vez la agenda podrida del Estado y de la hegemonía mediática instala la baja de imputabilidad como quien esboza un comentario ingenuo. Una mano pasa por las fronteras a las pibas secuestradas de los barrios humildes, otra mano utiliza a esos pibes de esos mismos barrios para hacer el trabajo sucio de trajeados que nunca serán visibles. Los pibes policías se cruzan con los pibes que no son policías, los pibes guardiacárceles se cruzan con los pibes que están caminando el panóptico, la mayoría ha parido su niñez en las mismas barriadas, el sistema muestra las cartas y ofrece la miseria de la elección, algunos cuidan la reja y otros la padecen, algunos usan la gorra y otros la víscera. El plan es perfecto, la estrategia, siniestra. El resto de la población, en el medio y sin herramientas, aturde con su garganta y señala con sus dedos a los eslabones más débiles de una cadena que no tiene fin, que se pierde en los paraísos fiscales y en los countries narcos, que se escabulle por los pasillos de la política y la empresa; y los peligrosos son los pibes de 14. No es propiedad del macrismo esta propuesta retrógrada; el otrora gobernador bonaerense militaba desesperado el palo y el castigo para los de 14. Los pibes de 14 no desaparecieron a Marita Verón, ni mataron al soldado Carrasco, ni asesinaron a Cabezas, ni torturaron al pueblo en tiempos de dictadura, ni endeudaron al país, ni privatizaron las empresas del Estado, ni licitaron corruptamente la obra pública, ni coimearon en el senado, ni manejan las cocinas de pasta base, ni hambrearon y hambrean al pueblo, ni liberan las zonas, ni destruyeron la educación pública. No, los pibes de 14 años son pibes de 14 años, que hace rato sobran olvidados en los bordes de las cloacas, bajo los subtes, en nubes de plástico y poxiran. Hasta allí es que hay que ir, para preguntarles, para encontrarlos, para decirles, por lo menos, cuando fue el último abrazo y el primer sueño que debieron abandonar. Edición: 3310  

Cuenta nueva sin borrón
Publicado: Jueves, 05 Enero 2017 14:24
Cuenta nueva sin borrón

Por Alfredo Grande      Para que el árbol nuevo no nos impida ver el bosque viejo… (APe) Una de las máscaras de la impunidad es el año nuevo. El refranero represor sentencia: borrón y cuenta nueva. O sea: a lo hecho, pecho. Lo pasado, pisado. Pájaro que comió, voló. Mañana será otro día. Año nuevo, vida nueva. Y como todos estamos atravesados por la cultura represora, aunque no de la misma manera, el que esté libre de brindis que tire la primera copa. La trampa represora es el significante “nuevo”. Atractivo, sin dudas. “Mi amor, soy un hombre nuevo” dice el golpeador anticipando futuros femicidios. Hay un nuevo convencional, encubridor, que es simplemente la continuidad de lo viejo con un packaging más atractivo. Algo así como un 2016 post botox y post siliconas. Sin embargo, el mismo refranero represor, en sus momentos de mayor transparencia, aclara: “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Traduzco: “mejor viejo conocido que nuevo por conocer”. O sea: esperamos el año nuevo por la sencilla razón de darle una línea de huída al año viejo. Que también fue nuevo hace apenas 12 meses. Una nadería en el tiempo histórico. La banalización de lo nuevo tiene un horario preciso: 0 horas del 1 de Enero. Y luego todo tipo de pirotecnia. En el mejor de los casos, también sexual. Pero no siempre. Los fuegos serán apenas artificiales. O sea: la fragua donde se templan nuestros deseos libertarios, se clona en una mirada asombrada de la artificialidad del fuego. La guerra del fuego queda reemplazada por un sainete artificial de luces y sonido, donde los pobres miran lo que los ricos derrochan. Casi como durante todo el año. La cultura represora es planetaria y por lo tanto la artificialidad de los fuegos, también. Pero mientras miramos alborozados hacia arriba, la cultura represora nos socava desde abajo. Mi amiga Susana Etchegoyen, militante política, social, integrante del Colectivo contra la Tortura, me advirtió sobre la llegada del fascismo, luego de un breve paseo por la derecha liberal. Le mencioné mis artículos sobre “Fascismo de Consorcio” publicados hace varios años. Y “Narco Fascismo” donde señala que “lo narco” es una lógica donde se mezcla la máxima rentabilidad con la máxima toxicidad. “Lo narco” es una política alimentaria, del medio ambiente, de la estafa de los peajes, de los asesinatos seriales por hambre, frío, calor, tristeza y miseria. El fascismo tiene sobre las masas una acción narcotizante. Puede ser euforia, como las masas hitlerianas. Pero puede ser anestesiante, paralizante, confusionante, como las masas en democracia. A veces los efectos de “lo narco” desaparecen y entonces es el 2001. Pero rápidamente, elecciones mediante, las rebeldías desaparecen, se retiran las cacerolas y son penalizados los piquetes. “El último día del año, los despidos en educación estuvieron a la orden del día. En la Carrera de Medicina de la Universidad de la Matanza fueron quince docentes. La mayoría pertenecientes al sindicato SIDUNLAM, se trata de una clara persecución gremial y una idea de generar miedo. En la última hora del último día hábil de 2016 casi quince docentes de la Carrera de Medicina de la Universidad de La Matanza recibían un correo electrónico que anunciaba su despido: “Le comunicamos a Ud. que dentro del marco de la planificación de la oferta académica no está considerada su participación para el primer cuatrimestre 2017. En los próximos días recibirá la comunicación de forma a través de la dirección de Recursos Humanos”. De estas y estos docentes, la gran mayoría es parte de la comisión directiva de SIDUNLAM, que mediante este acto administrativo, ha quedado prácticamente vaciada. A su vez se trata de profesores/as que estaban en una situación de precariedad laboral: hace años eran “contratados”, porque la UnLaM no abrió los concursos que hubiesen sido reglamentarios. (Por Natalia Israeloff*, Marcha 4 de enero). Ni siquiera se puede hablar de trabajo sucio. Son “despidos limpios” ya que la precarización laboral de contratos basura ha hecho del empleo en el estado algo así como practicar surf con varios tiburones. Algunos llaman a esto oficina de recursos humanos y modernización. Nada nuevo bajo el sol de la democracia. Los que pretenden enseñarnos que han regresado los 90, ocultan además de ser copartícipes de esa depredación, nada hicieron durante más de 12 años para revertir algunos de los efectos más nocivos. Un botón; la bancarización de la vida. Más allá de las diatribas contra Cavallo, y haber trasladado la estatua de Colón, la Patria Financiera ha sido una de las ganadores del Operativo Paloma Democrática. Ni siquiera expropiaron el B.A.U.E.N, que ahora tiene la afrenta de un veto presidencial. Veto y Reto. Veto vale cuatro no habrá porque los legisladores no se cuidarán de ser más macristas que Macri. Lo que en realidad se veta no es una ley. Eso es un reduccionismo jurídico. Lo que se veta es la historia de las corajudas batallas de trabajadores no para defender fuentes de trabajo, sino para subvertir el paradigma de la propiedad privada y la heterogestión. De nosotros depende que ese veto no tenga espacio ni tiempo en el horizonte de nuestras mejores aspiraciones. Para una cultura no represora, la seguridad es necesidades básicas satisfechas. Y deseos básicos satisfechos. Y derechos básicos satisfechos. Ahora bien: lo básico no es lo precario. Ni lo elemental. Ni lo indispensable. Básico es la base. El cimiento. El fundamento. Aquello que sostiene, soporta, toda la estructura subjetiva: individual, vincular, social. Lo básico es el abrazo, nos enseñaría Alberto (Morlachetti). Pero no cualquier abrazo, le contestaría al Morla, solamente para que se enoje un poco. Ni el abrazo ni el beso de ninguna mujer araña, parafraseando a Manuel Puig. Abrazo tierno, cariñoso, amoroso. Abrazo implicado. Con el presente y el futuro. Eso es seguridad. La cultura represora lo entiende de otra manera. “El jefe del espía Américo Balbuena estará el frente de la Dirección General de Antiterrorismo(APL) Por decisión de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich Pueyrredón, el comisario inspector Alejandro Oscar Sánchez será el nuevo director de “Antiterrorismo”. Bajo su mando, el agente de inteligencia de la Policía Federal Américo Balbuena estuvo infiltrado en la Agencia de Noticias Rodolfo Walsh, por más de 10 años, desde donde espió a los padres de Cromañón, la Fuba, entre muchos otros. Balbuena dependía de la sección Reunión de Información de la División de Análisis de la PFA. En ese entonces, su jefe directo era Sánchez. Antes del traspaso de la Federal a la Ciudad, Sánchez fue nombrado Director de Comisarías: uno de sus objetivos era el control de las manifestaciones y los piquetes. Como puede apreciarse, la plutocracia al mando del despojo no ahorra esfuerzos para la represión y la impunidad. (Fuente: Cosecha Roja) Cuando advertimos sobre la nefasta ley antiterrorista, nos decían: “nosotros no la vamos a aplicar”. Y entonces: “¿para qué la sancionan?”. Callate gorila era la respuesta más suave. Por eso todo antimacrismo que no incluya qué hicimos nosotros para llegar a esto, es parte del problema y nunca será la solución. Escuché decir a Guillermo Moreno que el problema de la Argentina eran 1000 familias de “garcas”. Qué pena que tantas décadas de agua peronista no pudieron apagar ese fuego destructor. Ahora es tarde. Ninguna de las opciones del pasado, ni el más reciente, ni el más lejano, sirven como soluciones de este aterrador presente. Poco me importa el año nuevo. Mucho el pensamiento nuevo. El pensamiento crítico. Y la rebeldía libertaria. Por eso creo que tengamos muchas cuentas nuevas, pero ningún borrón. Edición: 3308  

Cromañón y los Hogares
Publicado: Viernes, 30 Diciembre 2016 16:27
Cromañón y los Hogares

Por Laura Taffetani       (APe).- En las vísperas de las fiestas de fin de año, en los primeros días de diciembre, 8 Hogares Convivenciales sufrieron las clausuras administrativas por parte de la Agencia Gubernamental de Control del Gobierno de la Ciudad en el marco de la hipocresía adoptada por los organismos estatales, al tratar de esconder la responsabilidad que tuvieron en la tragedia de Cromañón. Cada fin de año, inevitablemente, las imágenes de ese 30 de diciembre de 2004 nos vuelven a la memoria: con sus sobrevivientes llorando abrazados al borde de la vereda, las zapatillas esparcidas por el lugar esperando al dueño con su otro par y la gente deambulando como espectros por los hospitales buscando noticias de vida de sus afectos más amados. Ciento noventa y cuatro jóvenes que el humo y las llamas devoraron en pocos minutos y una decena más que años después, fallecieron como consecuencia del siniestro, fue el costo que pagamos a un modo de vivir que no terminamos de cuestionar y menos aún de abandonar. Cromañón fue un aprendizaje brutal para los habitantes de la reina del plata a partir del cual, gracias a la lucha de familiares y amigos de las víctimas, se tuvo que reconocer que si las cosas hubieran sido como debieran haber sido, ello jamás hubiera ocurrido. No hay nada más doloroso frente a la pérdida de un ser querido que la conciencia de su evitabilidad. El concepto responsabilidad resonaba insistentemente en las conversaciones y las discusiones en relación a quiénes debían asumirla. En realidad lo difícil es que siempre que hablamos de responsabilidad, los hechos nos colocan de algún modo frente a las Gorgonas y no hay espejo que pueda evitar vernos a nosotros mismos en la actitud que asumimos en nuestra vida cotidiana. Y si bien esta discusión se fue desplegando a duras penas en la Legislatura y en la Justicia porteña, aún no dejamos de escuchar siempre algún comentario exculpatorio de los responsables señalados en esta tragedia atribuyendo el hecho a una fatalidad que les ha tocado vivir casi por la casualidad de justo haber pasado por la puerta. Pero en ese debate, de lo que nunca nos atrevimos a hablar verdaderamente, es del principal responsable de la tragedia: el lucro insaciable de una sociedad de mercado que expone la vida humana siempre al borde del exterminio. Muy por el contrario, la reacción posterior de parte de las entidades gubernamentales fue la de generar una serie de protocolos y procedimientos, junto con una batería de consejos para funcionarios desprevenidos que se puedan ver afectados por accidentes o tragedias “imprevisibles”. Medidas en las que, lejos de revisar las causas para evitar que esos hechos se sucedan en el futuro, se dedicaron a cumplimentar todas las formalidades necesarias para que su responsabilidad quedara del otro lado de la vereda. Chivos expiatorios Es bien sabido que ya forma parte de las estrategias gubernamentales que cuando una situación conflictiva se ha hecho pública, la mejor manera de invisibilizarla es la de meter todo en una misma bolsa, sacudirla bien y colocar el dedo acusador en los actores menos pensados para exculpar a los que verdaderamente la causaron con su imprescindible complicidad. Así, comenzó un control irracional que se ejerció fundamentalmente en áreas e instituciones que poco tienen que ver con ganancias de empresarios inescrupulosos que dieron origen al siniestro. De este modo, los espacios culturales populares y los Hogares Convivenciales se convirtieron en los chivos expiatorios y víctimas de un desmesurado control. Es en ese contexto que la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sanciona la Ley 2881 en el 2008, regulando las condiciones de habilitación y funcionamiento de los establecimientos u organismos de atención para el cuidado de niños/as y adolescentes, sin contemplar la naturaleza y realidad de algunas de ellas que han nacido del compromiso de gente que decidió hacer lugar a la intemperie. Regulación que ignora las necesidades de los chicos y chicas que necesitan espacios donde entretejer historias y dolores, pero fundamentalmente donde se puedan encontrar cimientos firmes desde donde construir un proyecto de vida. Inspectores que jamás entenderán los planes de evacuación por donde pueda escapar la tristeza, ni la necesidad de una mano tendida a tiempo en vez de la mirada “profesional” que categoriza o el tiempo compartido de educadores y chicos que jamás figurarán en legajos prolijos de frías oficinas, comenzaron a recorrer los Hogares, firmando actas y certificando el incumplimiento de una normativa que se sabe imposible de cumplir. Cuando se acobijan niños y niñas con el alma rota de abandonos, maltratos o desamor sabemos bien que las fechas no son inocuas, los días del padre o de la madre que evocan una familia que no existe pero que el imaginario social se encarga siempre de señalarle su falta, los días del niño donde la desigualdad se viste de juguete y las fiestas de fin de año en las que ellos desearían sentar a la mesa a quienes seguramente no estarán. Entonces en esas fechas, los educadores y educadoras de los Hogares, se desviven por hacerlas llevaderas, por llenarlas de ternura y buscar de todas formas que puedan parecerse a las festividades que ellos merecen. Clausuras Desde 2013 la Agencia Gubernamental de Control sale a clausurar los hogares en el mes de Diciembre que no logran conseguir la habilitación. Controles que no se hacen en las empresas amigas, o locales bailables de buena paga y menos aún en los establecimientos estatales que albergan niños y niñas. Las visitas culminan su tarea clausurando en forma administrativa los lugares y dejan a salvo a los funcionarios preocupados de pasar un buen fin de año libres de todo problema. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tiene una superpoblación de instituciones que supuestamente deben velar por todos los niños y niñas que habitan en su jurisdicción: El Consejo de Derechos de los Niños, niñas y Adolescentes, la Asesoría General Tutelar, la Dirección General de Niñez y Adolescencia, las Defensorías Zonales y en el caso de los Hogares, podemos sumar a los Jueces de Familia, los Defensores Públicos de Menores y la Comisión de seguimiento de Tratamiento Institucional de Niñas, Niños y Adolescentes del Ministerio Público de Defensa. Ninguno pudo poner freno a la clausura de los siete Hogares en la Capital en estos últimos 30 días. Tampoco la Justicia, tan ágil cuando abriga otros intereses, en el Amparo que interpuso Hogares en Red el pasado 2 de diciembre y que acaba de desestimar el 29 el Juez Contencioso Administrativo y Tributario Osvaldo Otheguy, en una sentencia en la que los derechos de los niños y niñas que viven en los Hogares no merecieron ni una sola línea que diera cuenta del impacto que significa la situación para su vida. Seguramente este fin de año, una vez más, los funcionarios podrán pasar tranquilos sus fiestas con su labor cometida. Funcionarios que no pisan los pasillos de los asentamientos y las villas pidiendo habilitaciones en las calles de donde provienen los niños y niñas que se encuentran en los hogares. Ellos saben bien cuál su verdadero rol en este sistema, sólo tienen que poner la mirada en el lugar equivocado para dejar de hacerlo donde conviene, por eso necesitan cuidarse por eso necesitan cuidar el sistema, para que todo siga igual, para que nadie sueñe en cambiarlo. Edición: 3303  

¿A donde iremos nosotros?
Publicado: Lunes, 16 Enero 2017 21:55
¿A donde iremos nosotros?

Por Bernardo Penoucos (APe).- Seguramente ella cruzó la frontera asustada y cargada de changuitos sedientos, huyendo de alguna otra pobreza; seguramente él viajó con la esperanza intacta de otro suelo posible en un suelo que supo ser posible un tiempo atrás. No hay cuerpos sin historias, no hay rostros sin dolor. Son curtidas y ajadas las espaldas de las mujeres que en cuclillas venden lo que pueden, comen lo que hay y luchan como deben, pero no. El espacio público cuesta y el Estado le pone precio. Veo en los medios a la madre protegiendo a sus hijos ante la mirada excitada del periodista monopólico de turno que disfruta con la escena de la morbosidad, veo a esa madre con manos grandes de madre y con brazos fuertes de guerrera, con esa misma mano vende una ropa, con esa boca de madre resiste el silencio y enfrenta al cordón policial que acaba de incautarle lo poco que tiene y lo mucho que le costó ese poco, se sienta en el lomo de una caja de cartón repleta de remeras y de buzos ante el sol despiadado de enero y defiende esa mercadería como quien defiende su patria chica, la patria de sus hijos, el hambre de sus hijos, esas cinco o seis baldosas en las que monta su puesto y sus sueños, en inviernos níveos o en veranos derretidos. Pero el sistema de la crueldad no entiende ni de historias ni de migraciones ni de caminos anteriores, sin mediar carga el cartucho y dispara, arrastrando madres, niños y porvenires. "Y entonces... ¿adónde iremos nosotros...?", ruge cuasi rendida la Madre mantera con la mirada lejos, sabiendo que su cuerpo sigue siendo escupido por el mundo que la parió, por el suelo que la trajo, por la bronca que mastica. Los niños miran a su madre defender lo suyo, sufren en silencio los niños tomados de las manos, crecen empoderados los niños tomados de las manos. ¿A cuántas cuadras de Once se estará construyendo un edificio gigante para que la plata se lave en ladrillos y proyectos arquitectónicos? ¿A cuantos metros de Once estará el taller clandestino que no sabe ni de soles ni de noches perdiéndose en el tiempo de la explotación? ¿A cuántos metros alguien estará recibiendo un sobre bajo la mesa para cerrar un millonario negocio? Así las cosas, así la lágrima, así el terror. Vuelvo a ese rostro, vuelvo a esos niños y a esas calles de la ciudad de Buenos Aires, veo en la mirada de esa madre al altiplano boliviano, veo en ella los valles y el adobe, veo a las venas abiertas que Galeano dijo, veo en ella la historia y veo en ella al sujeto colectivo, la veo en el frente de la batalla, en la superficie que nos duele. En esa superficie la veo, en esa superficie debemos verla, para que nos duela lo mismo, para que nos reconozcamos, para que nos empoderemos, como esos niños, como esa madre, como ese rostro que no es sino el rostro de una Latinoamérica brava y latiendo. Como esa madre curtida que defiende su patria chica, sus desconsuelos, su resistencia. Su porvenir. Edición: 3315

A U Hambre
Publicado: Jueves, 12 Enero 2017 14:07
A U Hambre

Por Ignacio Pizzo (*) (APe).- La Asignación Universal por Hijo -decreto presidencial Nº 1602/2009, puesta en vigencia desde noviembre de 2009, convertida en ley en Julio del 2015- necesaria, incuestionable y producto de largas luchas de movimientos sociales, fue el caballito de batalla de un gobierno que se la apropió derribando banderas. Lanzada después de un resultado adverso electoral y extendida luego por el gobierno de Cambiemos que, en un plagio publicitario, habla de “Pobreza cero”. Una vez más, en primera plana, la gigantografía que cubre el detrás de escena. La imagen primero, la realidad nunca. La AUH se ha convertido en una dádiva estatal a cambio de regularidad escolar, control de salud y calendario de vacunas completo. No pone en el centro de la escena al niño o niña y no cumple criterios de universalidad. A su vez se re-significa como otra modalidad clientelar a cambio de votos. Llamarla Asignación Universal por Hijo no es un detalle, ya que ser “Hijo” implica en primera instancia tener una madre, un padre o ambos. “Hijo”, un sujeto al que se trata de meter a empujones en el adentro estatal. Sin cuestionar siquiera por qué se llegó al hecho de que padre, madre o quien sea, fuese desprovisto de su trabajo. Una vez más, la realidad por su imagen. En una planilla o libreta figura que va al colegio y que realiza el control de salud a cambio de un cobro que no equipara las condiciones de un trabajador formal. El mismo aparato estatal que da origen a la miseria, la exclusión, el hambre, el paco y fabrica balas contra su pueblo, a su vez diseña una política para contener a aquellos caídos del mapa. Parece interesarse por los desposeídos poniendo un vallado económico de ayudas sociales, sin abarcar los problemas de fondo. El empleo digno no está en la agenda. Y los gobiernos -meros administradores de la miseria- se paran de ambos lados del mostrador. La Asignación Universal por Hijo “asigna” valor en moneda nacional de curso legal a los pobres. Su carácter “Universal” no es tal, en tanto y en cuanto la pobreza, el empleo informal y la desocupación son condiciones necesarias para su cobro. Es decir, se deben reunir características estereotipadas. Sin mencionar que los congresales que se jactan de la representación popular, levantaron la mano para que el decreto de AUH se convierta en Ley. Las mismas personas que cobran de bolsillo $ 86.000 determinan -a mano alzada y orgullosa- que los niños y niñas de la Argentina valen $1.103 pesos por medio de la AUH. Los legisladores entonces consideran que sus vidas valen un 98,72% más que la de nuestros pibes. Expresión descarnada de que el pueblo no delibera ni gobierna, sobrada muestra de la violencia estatal. La trampa hecha ley, impone que la AUH, debe ser para trabajadores informales y desempleados y agregará algún que otro monotributista. Que, lejos de eliminar la pobreza o dejarla en “cero”, no saca de su condición de pobre a aquellos que la reciben. Rubén Lo Vuolo, economista que diseñó el primer proyecto llamado Ingreso Ciudadano a la Niñez, señaló en 2012: “Si usted es una trabajadora formal, le pagan una asignación y no le piden condición y si manda los chicos a la escuela le pagan un plus. Fíjese que el mismo argumento, que en un caso justifica un plus, en el de AUH justifica una penalización. Entonces hay un tratamiento desigual que marca un sesgo paternalista y de control social por parte del Estado”. El mismo economista dijo cuatro años más tarde que “lo único que han hecho desde el gobierno (refiriéndose a Cambiemos), es acentuar las políticas del gobierno anterior, que básicamente permitían que se siga acentuando la concentración económica y del ingreso y mientras tanto hacía cierta política distributiva para que llegue algo a los sectores sociales más subordinados”. Y es terminante: “se incluye a alguien socialmente no cuando se le da un programa asistencial, focalizado por sus características personales, sino cuando se lo trae al mismo lugar donde estás vos y estoy yo. No es cuando lo aparto con una política diferente porque lo señalo como diferente”. Las certezas, que son verdades en carne viva, nos revelan que detrás de cada chico con hambre hay un padre o una madre desocupada. La AUH, necesaria e incuestionable, ha adquirido carácter de permanencia y no de temporalidad. El Banco Mundial impulsa reformas, porque no previó que la planificación del hambre, tiene el límite de lo impensado. No previó que la historia la hacen los chicos del pueblo y que los niños siguen siendo y naciendo. Pobres en materia económica, traen la riqueza de la novedad y una migaja debajo del brazo. Se presentan como realidad fantasmal viva, destruyendo la escenografía de un mundo que ya no puede ocultarlos, pero con el peligro de la naturalizarlos. El trabajo trasciende culturas. Crea las condiciones para que los principales menesteres que un pequeño retoño humano necesita sean provistos por sus educadores inmediatos: sus padres, tíos, amigos, vecinos o quienes sean capaces de trazar vínculos inquebrantables, afectivos, dentro de redes y colectivos de utopías. Al mismo tiempo la praxis del trabajar jugando y jugar a trabajar, serán los pizarrones, donde se dibujan las pedagogías, horizonte hacia el cual debe ir cualquier política. El niño o niña aprenderá del trabajo de sus educadores, no así de pasar un plástico por un cajero automático, para retirar la sobra que le asignan por ley o por decreto. (*) Médico generalista. Casa de los Niños, Fundación Pelota de Trapo Edición: 3313

“Los Brian”
Publicado: Martes, 10 Enero 2017 13:08
“Los Brian”

Por Claudia Rafael (APe).- El día en que los canales, webs, radios anunciaron con bombos y platillos la detención de un chico de 15 años por el crimen de otro un año más chico –los dos, ironía del destino, de nombre Brian- se decidía que era el momento propicio. Servido en bandeja. Cada tanto los gobiernos arrojan una bomba de humo para desviar las miradas. Recurrentemente el Estado ofrece en prenda de sacrificio propuestas que centran la atención sobre adolescentes en conflicto con la ley penal: proyectos que suelen carecer de viabilidad y que, de hecho, no implican mínimamente una solución a los males que sufre la sociedad. Pero que permiten aire en tiempos de vapuleo y medidas antipáticas y de impacto sobre los sufrientes. “Cayó el asesino de Brian: tiene 15 años y sus padres lo habían ayudado a escapar”, tituló Clarín. Tal vez, uno de los medios más osados porque ni siquiera se dignó a utilizar el típico potencial legalmente protectorio. Entonces, el ministro de Justicia Germán Garavano se envalentonó y confirmó que enviará el proyecto al Congreso. Y pidió “romper este círculo vicioso de jóvenes que ingresan al delito y van profesionalizándose cada vez más y que son víctimas y victimarios del delito”. Cada intento feroz de bajar la edad de punibilidad no ha sido inocente. Se montó sobre episodios trágicos. Resonantes. Que han ofrecido en bandeja intentos manoduristas que buscan construir al enemigo sobre el que habrá que dirigir todos los dardos. Todas las balas. Todas las rejas. Ese enemigo es por estos días Brian. Pero ya tuvo y tendrá otros nombres. No importa si se aprueba o no el proyecto de ley porque lo que sí se aprobará es la profundización de una mirada bélica hacia ese enemigo concreto. Cuando, en diciembre de 2000, fue asesinada en Olavarría la profesora Maritza Prezzoli por un alumno de 15 años, Carlos Ruckauf aprovechó para clamar la baja de la punibilidad a los 12 años. Algo similar en las reacciones políticas y sociales ocurrió cuando el 28 de septiembre de 2004, un chico de 15 mataba a tres compañeros y hería a otros cinco en el salón de clases de un polimodal de Carmen de Patagones. Lo hacía con el arma reglamentaria de su padre, que era prefecto. En abril de 2009 volvieron las voces punitivas a clamar punibilidad a partir de los 14, tras el homicidio, en Valentín Alsina, de Daniel Capristo por un chico de esa edad que intentaba robarle el auto. Pero fue un año antes, en octubre de 2008 en que un extraño caso saltaba a los medios, horrorizaba al país y exaltaba los ánimos: tres chicos de 13, 16 y 17 años quitaban la vida a un ingeniero, Ricardo Barrenechea, en San Isidro. La trilogía más radiográfica se completa con el asesinato de Santiago Urbani, en Tigre, en manos de un chico de 16 que, cuando cumplió la mayoría de edad, fue condenado a 27 años de cárcel. Una trilogía que revelaba con enorme claridad una práctica institucional perversa: liberación de zonas por parte de las fuerzas policiales y reclutamiento de adolescentes de sectores marginales por parte de la policía o de adultos que, a su vez, trabajan para la policía. En un sistema que suele partir del “yo te perdono la vida, pero vos ahora trabajás para mí”. El más resonante de los casos, pero que no funcionó como deseaban los mandantes, fue el de Luciano Arruga. El gran problema ahí fue simplemente que Luciano les dijo que no. Y el 31 de enero de 2009 la policía lo desapareció. Parecía definitivo, pero en octubre de 2014, tras un hábeas corpus, sus restos fueron hallados en el cementerio de la Chacarita, enterrado como NN. Esa sucesión de nombres e historias son símbolos. Un puñado de símbolos que dejan al desnudo cómo funciona la mecánica a la que, ahora una vez más, el poder político busca echar mano para desviar la mirada. Porque, por ejemplo, ninguno de los promotores de la baja dice –ni siquiera en susurros- que la legislación actual otorga al juez la arbitraria potestad de internar al menor de 16 que haya delinquido (si es pobre o “tiene problemas de conducta”) en un instituto (eufemismo espantoso de cárcel para menores de 18) el tiempo que considere necesario. Detalles a tener en cuenta: --En el total de las estadísticas, los delitos cometidos por adolescentes son mínimos. Año tras año, nunca superan al 4 ó 5 por ciento. La absoluta mayoría son delitos contra la propiedad y no contra las personas. Los delitos graves son resonantes pero cuantitativamente ínfimos. Sin embargo, impactan, horrorizan y ponen el juego ese pensamiento mágico de que castigar desde edades más bajas permitirá corregir el rumbo de una sociedad. --El jurista Roberto Gargarella plantea que “se trata de ver al derecho penal como última ratio, es decir, como recurso que aparece recién cuando todos los demás instrumentos con que cuenta el Estado han fallado”. Con lo cual se pregunta si la recurrente propuesta de la baja es consecuente “con el carácter de última ratio del derecho penal”. --El sector social al que se dirige la medida ya tiene en sus territorios una punibilidad precoz. No sólo viven en condiciones semejantes a las carcelarias pero sin techo ni rejas visibles sino que, además, rige para muchos la pena de muerte. Según las últimas estadísticas de la Correpi, cada 25 horas muere una persona en manos de alguna fuerza de seguridad. Casi el 52 por ciento tiene menos de 25 años. Y la absoluta mayoría es pobre. --La baja en la edad de punibilidad, recurrencia casi aburrida y enormemente peligrosa de los gobiernos, tiene dos oponentes de peso a los ojos de los gobernantes en curso: Unicef y la iglesia católica. Lo cual dificulta su concreción (de hecho y, por si acaso, ya patearon la pelota para después de las elecciones) y acentúa más aún la perspectiva utilitaria de la propuesta en tiempos de ajuste, de despidos, de achicamiento, de desastres ecológicos con responsabilidades institucionales claras. --La mirada política y social se centra en un momento concreto de la historia de un joven en conflicto con la ley penal por un hecho grave. En el instante en que comete el delito. Sin biografía previa. Sin responsabilidad estatal anterior. Con una aparición estruendosa a partir de su ingreso en los registros judiciales. En el exacto segundo en que salta el cerco de “su” territorio e irrumpe en ese mundo que le está vedado. No hay espasmos sociales cuando “se matan entre ellos”. El alarido político-social manodurista fogoneado por la faz punitiva mediática se pone en juego cuando “matan a uno de los nuestros”. Esta semana un chico de 18 años fue asesinado por su vecino gendarme en Avellaneda. Uno más para la estadística. Esa que no escandaliza a nadie. Edición: 3312  

Los pibes y el decreto 228
Publicado: Martes, 10 Enero 2017 12:19
Los pibes y el decreto 228

Por Carlos Del Frade (APe).- El 21 de enero de 2016, la presidenta en ejercicio del Poder Ejecutivo de la Argentina, Gabriela Michetti, firmaba el decreto de necesidad y urgencia 228 que declaraba la emergencia nacional en seguridad. Por eso no es casualidad que a casi un año, el gobierno nacional impulse la hipócrita, cínica e inútil medida de castigar a las chicas y los chicos entre catorce y dieciséis años como si fueran los causantes de los males argentinos. Entre sus fundamentos el decreto sostenía que “son los sectores más vulnerables del pueblo argentino en quienes impacta de lleno la inseguridad social y la espiral creciente del delito, por lo que resulta imperioso que el Estado Nacional haga valer el poder de policía de seguridad del que lo inviste la Constitución Nacional”. Agregaba que “la droga arruina la vida de familias enteras y no podemos resignarnos ni aceptar esta realidad como algo natural. Que la problemática del narcotráfico no sólo afecta a la salud y la seguridad ciudadana, sino que importa una violación a la soberanía nacional en tanto se trata de un crimen cuya naturaleza es claramente transnacional. Que tales circunstancias ameritan adoptar las medidas que permitan extremar el uso de los recursos del Estado Nacional en orden a enfrentar los flagelos señalados”, decían algunos de sus principios rectores. En el artículo 12, según publicó el Boletín Oficial de la República Argentina, apuntaba a la intervención de fuerzas federales en los territorios provinciales. “Actuación conjunta de las jurisdicciones locales y federal. Los Gobernadores de Provincia, en su carácter de agentes naturales del Gobierno Federal, y el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el marco de la Ley de Seguridad Interior N° 24.059 y de las medidas tomadas en el Consejo de Seguridad Interior, facilitarán y prestarán, coordinadamente con las fuerzas policiales y de seguridad federales, todo el apoyo y logística que se les solicite en sus respectivas jurisdicciones a los efectos del cumplimiento y éxito de las operaciones que se emprendan en la lucha contra el delito complejo y el crimen organizado. “Las Provincias y el Gobierno de la Ciudad enviarán sus respectivas estadísticas criminales actualizadas al Ministerio de Seguridad, mientras que aquella información relativa a denuncias, investigaciones y hechos flagrantes vinculados al tráfico de estupefacientes, lo harán al Registro Unico de Análisis de Narcotráfico (RUAN) creado por la Resolución del ex Ministerio del Interior N° 788/07”, decía el texto. El decreto 228, entonces, fue la llave legal que le permitió y permitirá al gobierno nacional actuar en las jurisdicciones donde más se perciba el mayor impacto de la inseguridad, en “los sectores más vulnerables”. Más que seguridad, parece ser una reglamentación del control social. Por eso no es casualidad que a casi un año de aquel decreto, el gobierno nacional impulse la hipócrita, cínica e inútil medida de castigar a las chicas y los chicos entre catorce y dieciséis años como si fueran los causantes de los males argentinos. Dice Martín Granovsky que “la sociedad no puede mejorar bajando la edad por el simple hecho de que los delitos graves cometidos por la franja de entre 16 y 14 años no pasan del cinco por ciento del total. En cuanto a los más graves, los asesinatos, no superan el 2 por ciento en la Ciudad de Buenos Aires y el 4 por ciento en La Plata y el Conurbano bonaerense. Con el agregado de que esos homicidios y los cometidos por todas las franjas etarias solo en un 14 por ciento se realizan en medio de un robo. Lo revelan estudios de la Corte Suprema hechos hasta 2012 en el Instituto de Investigaciones dirigido por Matías Bailone”, apunta el periodista. Pero la suerte del sujeto a controlar ya estuvo echada a partir de aquel decreto 228, versión argentina del Plan Colombia, cuyos resultados fueron miles de pibas y pibes muertos y desaparecidos y afianzamiento del negocio narco a partir de bandas criminales que, por decenas, reemplazaron a los dos carteles que alcanzaron dimensiones casi mitológicas como el Medellín y Cali. La idea es el control social, poner la lupa y la represión contra la pibada menor de treinta años con la excusa de combatir los “peligros colectivos” como se dice en el texto del decreto 228. Cada vez es más claro el mensaje del gobierno, bajo el pretexto de luchar contra la inseguridad, las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales con el futuro aporte de las fuerzas armadas, mostrarán que las causas de todos los males son los saqueados de siempre, los empobrecidos de la Argentina en cuyo trono de la vida cotidiana se puede ver a la innoble desigualdad. Por eso quieren bajar la edad de imputabilidad, porque creen en la filosofía política del decreto 228, en lo que generó el Plan Colombia en 2002, es decir, la lógica del imperio que ya no admite nunca más el surgimiento de generaciones revolucionarias como en los años sesenta y setenta.   Edición: 3311

Giuliana y Lucas
Publicado: Lunes, 09 Enero 2017 13:05
Giuliana y Lucas

Por Carlos Del Frade (APe).- Giuliana Maldovan, de solamente veinte años, y Lucas Liveratore, de 34, murieron después de haber ingerido pastillas de drogas sintéticas en el complejo Punta Stage, en Arroyo Seco, departamento Rosario, en el marco de una fiesta electrónica de año nuevo. Una de las asistentes tuvo la amabilidad de escribirle a este cronista para decir, entre otras cosas, que: “Yo asistí a esta fiesta. No tengo palabras, ni adjetivos calificativos para expresar lo que viví en esa fiesta. Estoy enamorada de la música electrónica. Es el género con el que más siente mi cuerpo, algunos deben sentir lo mismo pero por otro género. El punto es que hace muchos años que voy a fiestas y que consumo este " producto" que es la música, y desde hace un tiempo estoy concurriendo cada vez menos porque me asusta y me genera un malestar ver a toda la gente pasada de drogas, ver cómo te ofrecen y como venden”, dice. Agrega: “Lamentablemente somos producto de un negocio del que nadie sabe quién es el primero de la lista, lo que sí sé es que los que pagamos somos los últimos. Ojalá no piensen que somos todos así. Existen muchas personas que vamos a las fiestas para disfrutar de la música. El 31 tocaba uno de los mejores DJs de la historia y lo único que quería es arrancar el año disfrutando de su música tan hermosa. Terminó siendo el peor día de mi vida. Y no exagero, fue así. No quiero un país ideal. Quiero gente de mi edad, más chicos, más grandes, sonriendo y disfrutando y queriendo ver qué siente su cuerpo por sí solo sin consumir nada”, sostuvo. Una hermosa, profunda y dolorosa carta. Porque Giuliana y Lucas no murieron por efecto de la “tragedia” o las cuestiones del consumo individual, sino por el negocio liberado del narcotráfico. Negocio paraestatal y mulitnacional como esta columna viene diciendo desde hace años. En 2011, las Naciones Unidas advirtieron el crecimiento del consumo de drogas sintéticas en la Argentina. El informe de septiembre de aquel año apuntaba la preocupación del organismo por el creciente consumo de estas drogas entre los jóvenes sudamericanos, y puso el foco en el caso de Argentina, donde la prevalencia del consumo de éxtasis entre estudiantes creció del 0,2 % en 2001 al 2,6 % en 2009, y puso al país en el segundo lugar de la región detrás de Chile (3,7%). La tasa de crecimiento anual del consumo de éxtasis en Argentina, sostiene la ONUDC, es de 0,5 % anual, no lejos de la media mundial (0,7 %), entre la población de 15 a 64 años que admite haber consumido al menos una vez. Además, “Brasil, la República Bolivariana de Venezuela y Argentina reportan la prevalencia más alta en el uso de anfetaminas en Sudamérica”, remarca el informe de la ONU. Y en los últimos tres informes sobre el negocio del narcotráfico en el mundo, la misma fuente citaba a la Argentina como lugar de exportación de drogas sintéticas a países de Asia y Europa. E incluso las últimas cifras oficiales publicadas por el Ministerio de Seguridad de la Nación en su apartado sobre estadísticas criminales, llega al año 2015 en el que informa que se secuestraron 21.749 comprimidos de éxtasis y uno solo en la provincia de Santa Fe. Extraño número, cifra que marca casi una provocación para los habitantes de una provincia que, desde hace años, no solamente es geografía de negocios ilegales sino también de un alto consumo en distintas sustancias. Giuliana Maldovan, de 20 años, y Lucas Liveratore, de 34 años, no murieron por una "tragedia", voz griega que resume el capricho de los dioses, sino por el negocio paraestatal del narcotráfico. La discusión no parece ser la reducción de daños para los consumidores, porque, en realidad, se garantiza la reducción de daños para los vendedores de distintas sustancias que la Argentina hace años ya exporta a Europa y Asia, como queda dicho. Por ahora hay nichos de los gobiernos que protegen más a los narcos que a los consumidores. Esa es la salvaje conclusión de lo que viene sucediendo con el negocio paraestatal y multinacional del narcotráfico, en Arroyo Seco, Santa Fe y la Argentina, entre otros lugares donde el capitalismo hace siempre lo que quiere y la muerte, simplemente, no es más que un daño colateral de sus principales flujos de dinero. Edición: 3309  

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Planes por balas

Esteban Bullrich dijo que a los pibes pobres "le podes dar un plan social, pero esa plata la va a usar para comprar balas". 


Fuego y muerte

En un mes tres chiquitos murieron en Salta en el incendio de sus casillas. Y tres familias se quedaron sin nada luego de prenderse fuego sus casillas en un asentamiento.


Urtubey

Juan Manuel Urtubey utilizó a un joven con síndrome de down para probar el sistema del voto electrónico que fogonea tratando de demostrar la falta de dificultades del mecanismo.


Lanata

Bajo el título de "Argentina, país generoso", Jorge Lanata destiló xenofobia en su programa televisivo.


Lucía

Una chica de 16 años fue abusada y asesinada en Mar del Plata. Destrozaron una pieza del rompecabezas de la condición humana.


Pobreza

El Indec dio a conocer una estadística que reconoce más de un 32 % de pobres en el país.


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Alberto en la voz de Jorge Fernández Díaz

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Hechos en imágenes

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