Araceli
Publicado: Viernes, 28 Abril 2017 16:02
Araceli

Por Silvana Melo (APe).- No es sólo que la mataron y cómo la mataron y cómo enterraron a medias ese cuerpo disciplinado por joven, condenado por mujer. Es también cómo se tramita el horror entre el asesino y los cómplices en el corralón donde trabaja, en la policía que lo busca, en los amigos que le avisan, en la absurda masculinidad que es capaz de encubrir aquello que naturalizan porque algo hizo y por algo se la buscó y cómo se gestiona el espanto entre la policía que no busca, la policía que no rastrilla, la policía que se ubica en la vereda del asesino, la policía que no cuida a nadie o en realidad cuida a algunas nada más, algunas, sólo a las buenas vecinas, las de edad suficiente, las que no andan de noche, las que no envían mensajes a las 7 de la mañana a su madre diciendo "Vieja, prepará las cosas para el mate que estoy yendo para casa" y nunca llegan, las que no van a ver al Indio a Olavarría, las que no van por la vida y por la muerte con banda de sonido de Callejeros, las que no se tatúan el amor en los hombros, las que no. Cómo se administra la impunidad si desde el Ministerio se ofrecen 500 mil pesos de recompensa a la gente que termina truchando data por dinero mientras la policía quebranta el sistema legal que la tiene como mano ejecutora. Y cómo se distribuye la complicidad en todos los anaqueles de la sociedad y el estado, porque hay una piba asesinada cada 18 horas, como si fuera una píldora precisa con la que se alimenta a un monstruo social que no es minotauro sino deformación sistémica de comunidad con nada en común. Araceli es el martirio de estas dieciocho horas. Y estremece imaginar la próxima foto. Edición: 3387  

El gordo y el hambre
Publicado: Jueves, 27 Abril 2017 14:03
El gordo y el hambre

Por Alfredo Grande (APe).- Stan Laurel y Oliver Hardy inmortalizaron la pareja del “gordo y el flaco”. No escaparía a la mirada actual, siempre tan penetrante y mal pensante, que ese humor era la tapadera de una relación homosexual. No me interesa ese nivel de análisis, que en realidad es simple estigmatización. Lo que si me interesa es que en esos tiempos decir gordo no era decir obeso y decir flaco no era decir desnutrido. Hoy el problema es el exceso de peso. Un programa de televisión propone la cuestión de peso, y son todos problemas de exceso, no de carencia. Incluso la anorexia nerviosa, que es más nerviosa que anorexia, está considerada como una enfermedad mental grave. Y es condenada toda propaganda que hace palanca en mujeres más flacas de lo necesario. El gordo y el flaco, el muy gordo y el muy flaco, hoy son tema de debate. La gorda y la flaca también. Antes podíamos decir “gordo” o “flaco” más allá de la balanza. Tenía más que ver con los afectos que con los kilos. No sé si hoy podría reírme con Stan y Oliver. Creo que no. Porque la obesidad me haría asociar con colesterol, arterioesclerosis, enfermedad cardíaca, trombosis cerebral. Y la delgadez con desnutrición, raquitismo, atrofia muscular, lesión cerebral. El humor en los tiempos de la cultura represora también está atravesado por el horror. Siempre lo estuvo, por eso con ciertos temas no se podía ni se quería hacer chistes. Por ejemplo: con los torturados, desaparecidos, masacrados. Pero, excepto durante el terrorismo de estado, el horror y el terror no eran cotidianos. Quizá, y esto no deja de ser terrible, tampoco durante el terrorismo de Estado, o sea, cuando el Estado tiene el monopolio no sólo de la fuerza pública, sino también del terror, ese horror era cotidiano. Las víctimas lo sufrieron muy temprana y demasiado desgarradamente.  Los que siempre miran (miramos) por TV, no tanto. O casi nada. O muy poco. Fue necesario que viniera el principito para que el Cuarto Reich iniciado por Videla y que pretendía continuar Massera, se desplomara. Eso sí: con el plan “Democracia 12”. O sea: la democracia que llegó en cómodas cuotas. Casi año y medio para desalojar a la canalla traidora de todas las patrias. Los golpes de estado son al contado. Hoy nuestra democracia, humorística denominación de la dictadura de la burguesía, amplía los plazos para seguir el plan de cuotas electorales para que nuestros verdugos sigan disfrutando de los beneficios del eterno resplandor de una democracia sin recuerdos. El gordo y el flaco son patéticas formas de expresar lo siniestro del consumo: por exceso o por defecto. Obeso mórbido, desnutrido crónico. Del humor al horror. Cuando Alberto Morlachetti, Carlitos Cajade y el Movimiento Nacional Chicos del Pueblo acuñaron la indeleble sentencia: “el hambre es un crimen”, marcaron a fuego la razón de nuestra vida. Que no es otra que impedir ese crimen de lesa humanidad, identificar a los criminales, evidenciarlos antes las mujeres y hombres de bien, y desterrarlos a cualquier tierra o cielo del nunca más y nunca jamás. Tarea colectiva. Difícil, muy difícil, pero posible, muy posible. Y tan posible es que está la Fundación Pelota de Trapo, que nos enseña que la ternura es un antídoto para neutralizar la crueldad. Las redes que luchan contra todas las formas de violencia institucional. Las radios comunitarias. Los emprendimientos autogestionarios. Las cooperativas de trabajo. Si otro mundo es posible, entonces ese otro mundo es necesario. El hambre como convidado de piedra, el hambre como torturador cotidiano, el hambre como desgarro que no permite dormir y tampoco permite despertarse, el hambre que hace del frío y el calor martirios de mucho más que siete estaciones, ese hambre es el artificio más despreciable, más cobarde, más ruin de la cultura represora. Porque los bienes no son escasos, como sentencia el postulado de la economía clásica. Los bienes, todos los bienes, materiales o intangibles, son abundantes. Son escasos porque se eliminan los stocks. Ahora se denominan “verdulazos”. La producción mundial de alimentos sigue siendo superavitaria. Pero hay obesos y hay desnutridos. Y no digamos que es un tema de “distribución”. Nadie acumula para luego distribuir. Lo que se ha enquistado es un proceso de acumulación del capital con una dimensión de inequidad que no puede ser pensada en una escala cotidiana. Para la gilada, trivago punto com. Hoteles más baratos. Para los dueños del planeta, el lavado de dinero comprando los hoteles que luego publicitaran en trivago punto com. Lavar dinero, lo cual cada es más difícil por el transporte y almacenamiento del “dinero físico”, es la confesión de parte de que todo ese dinero es sucio. Y los que lo han generado, sucios y malos, aunque sean lindos. No creo que yo pueda volver a los tiempos en los cuales me reía con el gordo y el flaco. Ahora recuerdo que a mi madre le encantaban. Así que, además, era una risa edípica. En buena hora. Y también me doy cuenta, ahora mientras escribo, que de las cosas que más extraño de Alberto, el querido “Morla”, era que nos reíamos de las mismas cosas. Descubrir a dos años de su partida que además de maestro, compañero, amigo, era como una madre, no deja de ser inquietante. En buena hora. Edición: 3385  

Venas abiertas
Publicado: Miércoles, 26 Abril 2017 14:09
Venas abiertas

Por Jorge Cadús (*)    (APe).- Morir joven. La historia la contó el cura Edgardo Montaldo. Sucedió en Rosario, en un taller con niños víctimas de violencias. Los pibes expresaban en ese taller sus derechos ausentes, sus sueños de derechos, su deseo. Cuenta entonces Montaldo: "Derecho a tener una familia, expresó uno con carita triste. Derecho a no quedarme afuera de la escuela, dijo otro que ya había conocido varias escuelas. Derecho a que no me peguen, dijo alguien que podría mostrar marcas de torturas. Derecho a que nos hablen bien, derecho a jugar, derecho a una vida mejor, dijeron otros. Y alguien muy cansado, señalando que había perdido toda esperanza, dijo Derecho a morir joven". "Quien pide su derecho a morir joven tiene 12 años y se llama Marcos", cuenta el sacerdote. Desde su historia personal puede leerse la crónica de una comunidad desarticulada: pobreza, golpes, un padre asesinado tres años atrás. Y dice Montaldo: "sin embargo, a Marcos le gusta jugar a la pelota, va a la escuela y pone en palabras sus sueños, sus urgencias, sus necesidades". Las venas abiertas. 50 millones de personas sometidas al hambre en América Latina, mientras mienten que la región produce alimentos para el mundo. La tierra condenada a producir soja transgénica para alimentar a los chanchos chinos, mientras uno de cada tres pibes que mueren con menos de cinco años, son muertos matados por la desnutrición o la leucemia. Sin embargo, en los arrabales, hay un briyo que vuelve, malparido pero vuelve. El briyo de la cortina metálica de los Chinos cuando cede a la presión como si fuera cartulina. Cuando la gente entra, inunda el mercadito, sacude los estantes. El briyo del sachet de leche cuando la Mirta lo manotea, le arranca una oreja con los dientes y se la mete en la boca a la Pinina que lleva en brazos; mientras el Toto y el Macho sobresalen entre el humo, los brazos hinchados de yerba y harina, de sidra y fideos, la mirada atenta al balazo ronco que te inunda por la nuca. No se mueren: los matan. Apagan tanto briyo. Transas. La postal llega de la mano de una militante política de la localidad de Alcorta. Dos patrulleros estacionan en la puerta de una casa que, en el barrio, está marcada como lugar de venta de distintas sustancias. Un proveedor menor, intermediario que se hace unos mangos con el negocio. La militante exclama: "Por fin un procedimiento. Era hora que hicieran algo". Un par de pibes entre 10 y 13 años la corrigen: "Qué procedimiento, seño. Le vienen a cuidar el negocio. Si están todos en la transa". Como en toda la región, en las escuelas de Alcorta hay maestras que se dan de boca contra esta realidad que muchas veces las pone al límite: un pibe de doce años explica con detalles cómo se pica la marihuana, cómo se arma un porro, cómo se fuma para que "pegue bien". Otro pibe, de trece años, cuenta la diferencia entre fumar una flor o un paraguayo. Hay madres que se acercan pidiendo una mano, un consejo, siempre "para el más chiquito, porque los más grandes ya están". "Los más grandes" tienen entre 17 y 20 años. Una piba de quince cuenta que paga en promedio $100 por un gramo de cocaína, "de la mala, pero peor es nada". Lunas. Porque cuando arriba la luna platea, destila sus briyos el río marrón. En su camino, el gigante vivo va meciendo los barcos del mundo anclados a la vera de la patria. Arriba de esos barcos, hombres de ojos rasgados desovillan la espera. Cuando por la escalinata sube el turbio proxeneta con diez, doce, quince pibas de la orilla, el Paraná ahoga esos briyos. Suben diez, doce, quince pibas. Nunca se sabe cuántas bajan. Latidos. Tres millones de pibes jaqueados por la cocaína y la pasta base van soltando cartuchos de vidas recién inauguradas, cuando no mueren calcinados entre las bolsas y los cartones de un kiosco. Es el sacerdote Daniel Siñeriz, cura de barrios empobrecidos de Rosario, quien remarca que "en estos últimos años ha crecido el tráfico de drogas, y ese tráfico tiene un doble juego: el consumidor termina siendo un distribuidor, para poder consumir. Y muchas veces, frente a propuestas concretas que nosotros podemos llevar para los jóvenes para capacitarse o estudiar, la propuesta económica directa que les ofrece una rentabilidad espectacular les atrae mucho más". Y muchas veces, esa rentabilidad exige el precio mayor: la vida de los pibes: "Eso ya está puesto", señala el cura, "es una forma de condenación. Captar a los jóvenes para ese espacio tan demoledor que es el consumo marca la propuesta para ellos: una propuesta de muerte. Muchos lo saben, y te dicen: yo ya estoy jugado, no tengo más nada que perder". Un soldadito armado a 500 mangos diarios. Uno desarmado, gamba y media por día. Un cuidador y vendedor adentro del rancho a 600 mangos. Si es menor cuesta 200. Piecitas de tres por cuatro, que el funcionario de turno llama búnker y destroza con la topadora del poder, mientras recibe la cuota que la yuta recauda puntual y sin urgencias. Luca y media cotidiana que paga la protección de la gorra para un kiosco que suma 15 o 20 lucas diarias. Pero Siñeriz sostiene también que allí donde hay resistencia hay esperanzas: "en este contexto, la esperanza está en lo que podamos resistir desde estos espacios. Espacios que tengan que ver con la toma de conciencia, y donde cada persona que participa pueda ser actor de algo distinto y de algo mejor". Hervores. No se mueren: los matan. Los ahogan. Los encierran. Los violan. Los enferman de hambre, droga y cáncer. Los venden. Les roban el briyo de los ojos y los ojos. Les matan la mirada. Apagan el briyo. Desde el reconocido espacio rosarino "La Grieta. Cultura sin moño", Jorge Palermo, el Flaco, acentúa la pelea cotidiana contra los mercaderes del espanto: "se naturalizan cosas terribles. Porque sabemos pero además lo vivimos: son nuestros pibes los que caen, los que quedan enganchados en esta basura. Y los tipos se ríen de nosotros, porque está entrelazado el poder político, el poder judicial, la policía. Entonces me parece que todo intento vale, al menos, para decir no vamos a naturalizar esto, no vamos a estar de acuerdo, siempre van a encontrar algo o alguien o un movimiento que se oponga, que inventemos cosas nuevas". Y dice el Flaco Palermo que "claro que la pelea es desigual. Pero pienso que esto es como el agua cuando la ponés a calentar. Parece que no pasa nada, que está siempre igual, pero está pasando. Y en un momento empieza a hervir". Los briyos de la quema. Porque cuando el sol enrojece el cielo hay retazos de briyos en la quema. Los aluminios que envuelven el deseo mienten una luz que no tendrán. Aunque falsos, se apagan temprano los briyos. Se apagan cuando el Peque se la mama al botón de turno para que lo deje cirujear. No se mueren: los matan. Los malquieren. Los rompen. Los explotan. Los someten. Los cortan. Los apagan. Como al briyo de la gillette apagándose cuando entra en las muñecas del Jeta, allá en la noche de la reja, entre la mugre del catre y la foto de Yasmín. Los matan. Los asfixian. Los expulsan. Los queman. Y ese es mi latido. El pulso de este barrio mío. Cada pibe muerto un fantasma que late. Un latido que agita pena y condena. (*) Crónica ganadora de la primera mención especial en el Concurso "Alberto Morlachetti" sobre infancia de los arrabales. Jorge Cadús escribe desde Alcorta, Santa Fe.   Edición: 3384

Valentín
Publicado: Lunes, 24 Abril 2017 14:48
Valentín

Por Carlos del Frade (APe).- Las muertes de los pibes siguen siendo un factor común que atraviesa la geografía de las tres principales provincias argentinas como son Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Cada fin de semana, en las populares donde las hinchadas cuelgan sus “trapos”, sus banderas, cada vez son más las telas dibujadas con las caras de los muchachos exiliados del paraíso terrenal que nunca tuvieron. En Córdoba, Rosario y Capital Federal, muchachos menores de veinte años que solamente tenían la identidad que ofrecen los queridos colores del club de fútbol del que se enamoraron, piantan para la pampa de arriba antes de tiempo como consecuencia de los negocios que ofrecen las mafias narcopoliciales que primero los usan y después los desprecian en fuego cruzado. En el barro de la historia, la sangre derramada de los chicos, esos mismos que después pueblan los paravalanchas, está mezclada con el dinero que luego se lava en los centros de las tres ciudades más importantes del país. Las caras que emergen de las tribunas tienen dibujadas sonrisas melancólicas que ya no están. ¿Qué será de las familias que necesitan volver a ver esas señales?. ¿Qué crónica contará el día a día de los grupos de parientes, amigos y amores que ya no tienen esos pibes, la sonrisa de esos pibes?. A pesar de que los números de los homicidios se vayan achicando, la ferocidad de los negocios narcopoliciales multiplican historias densas y brutales, como de las de Valetín Reales, de solamente catorce años. “A los 14 años, y con seis sobre su espalda trabajando para una banda criminal, decidió contar su experiencia ante la justicia para ponerle fin a esa historia. La justicia provincial detuvo a sus principales miembros, muchos de ellos adolescentes, pero poco hizo para protegerlo. Desde el 15 de noviembre de 2016 Valentín se encuentra desaparecido. Los relatos barriales ubicaron su cuerpo, brutalmente torturado y vejado, en un campo. Sin embargo cuando los rescatistas llegaron y excavaron, solo quedaba de él una zapatilla con sangre. Se presupone muerto, aunque las presunciones son más graves aún: como la que supone que fue desenterrado la noche anterior al hallazgo, por alguien que tuvo la logística y la información sobre la medida judicial. No hay que especular mucho para pensar en sus responsables: la subcomisaría 18 del barrio es denunciada en esta nota por familiares y allegados a Valentín por su complicidad. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos acaba de pronunciarse pidiendo la custodia efectiva de la mujer que le abrió las puertas de su casa y que está siendo brutalmente agredida cada día. También le pidió al estado santafesino que considere el caso de Valentín como desaparición forzada de personas, por lo cual debería pasar al fuero federal”, dice la excelente nota escrita por José Maggi en el diario “Rosario/12”, del domingo 23 de abril de 2017. -Valentín fue un soldadito de los Cuatreros, desde los ocho años, vendía droga para ellos, acá en la plaza. Hasta que se hizo amigo de mi hija, y le empezamos a decir que una cosa era consumir y otra cosa vender. Vendía porros, merca, un poco de cada cosa, en la plaza frente a la comisaría y frente a la escuela – dice Ramona, la mujer que decidió ayudarlo a los 10 años. "Valentín apareció cuando perdí a mi marido. Ni bien llegamos a esta casa, mi marido se murió de un ataque al corazón. Sufrió mucho porque tuvimos que dejar nuestra casa anterior, regalarla a una iglesia evangélica. Los Cuatreros nos exigían que se la entreguemos para poner un búnker, que estaba frente al bunker de ellos, en la calles Los Gorriones al 600". Como nunca accedieron, tuvieron que irse. Pudieron hacerlo por el esfuerzo de su esposo, contratista de obra. La salud sin embargo le jugó una mala pasada: falleció dos días después de esta mudanza”, sostiene la nota citada. Los Cuatreros no pueden actuar con semejante impunidad sin complicidad policial que depende del poder político. Las más famosas bandas, de Rosario, Córdoba y Capital Federal, tienen, entonces, nexos con los nichos corruptos de las fuerzas policiales e institucionales y también con contadores, abogados y empresarios que les permiten lavar el dinero hijo de la violencia que crece en el barro mezclado con sangre de pibes como Valentín. Cuando en las tribunas aparecen cada vez más esas caras, quiere decir que en la cancha grande de la realidad, los chicos están más cerca de la brutalidad narcopolicial que de la ya olvidada consigna de la juventud como divino tesoro. Aunque los números de homicidios desciendan, según dicen las cifras oficiales, muchos pibes menores de veinticinco años están lejos de tener paz, justicia y alegría. Fuente: “Rosario/12”, domingo 23 de abril de 2017.Edición: 3382  

Declaración de veto
Publicado: Viernes, 21 Abril 2017 15:47
Declaración de veto

Por Alfredo Grande (APe).- Uno de las tantas batallas perdidas es la cultural. O sea: la batalla por el sentido de las cosas. Freud en su polémica con Jung dijo: “empezamos a ceder en las palabras y terminamos cediendo en las cosas”. O sea: cuando las palabras empiezan a manipularse como si fueran cosas, entonces cualquier palabra puede significar cualquier cosa. Sin ir más cerca: “cambiemos” tiene el sentido de un cambio planificado para mejorar lo malo y potenciar lo bueno, y también puede tener el sentido de un cambio planificado para empeorar lo bueno y potenciar lo malo. La democracia está absolutamente distanciada de la cosa democracia. Hay una palabra abstracta con resonancias gratas pero hay una materialidad concreta con resonancias cada vez más ingratas. Pero si la política es la continuación de la guerra por otros medios, según la sentencia de Von Clausewitz, teórico de la guerra, entonces la democracia es la continuidad de la guerra por otros medios. No olvidemos que siempre se nos ha dicho, lo que es malo, pero que además lo hemos creído, lo que es pésimo, que la democracia es mala pero es lo mejor que tenemos. Un anticipo del “es lo que hay”. Bueno, ahora sabemos de qué se trata, como pedimos desde el 22 de mayo de 1810. Tan sencillo como esto: la palabra “democracia” ha sido la mayor estafa de todos los tiempos. El gobierno no era del pueblo, no era para el pueblo, y mucho menos era por el pueblo. El gran pueblo argentino ni siquiera tiene salud, por más nuestro himno la garantice. Pero de esa gran estafa se derivan muchas más estafas. Para muestra basta un botón, si el botón es un analizador. El Presidente Macri ha vetado la ley de expropiación del hotel cooperativo B.A.U.E.N Así planteado el tema, parece que un mecanismo constitucional, por lo tanto legal, por lo tanto no necesariamente legítimo. Un veto es la desmentida de la mentada división de poderes. O sea: la muestra palpable de que hay Poderes más poderes que Otros. El Poder Judicial es Judicial Celestial. El Poder Legislativo no brilla, ni siquiera por su ausencia. Y el Poder Ejecutivo goza de la prebenda de tener un sistema “presidencialista”. O sea: no gobierna, sino que reina por derecho de urnas. Usamos el lenguaje de la mediación democrática, del estado de derecho, de las garantías constitucionales. Cháchara. La dictadura de la burguesía tiene mil caras. Y la actual ni siquiera es de las peores. Mucho menos de las mejores. Por eso hay que volver a poner en superficie el fundante de la guerra en estas superficies de paz mentirosa. El veto a la ley de expropiación del hotel cooperativo es una declaración de guerra a la economía solidaria y autogestionaria. Mambrú se fue a la guerra y creo que en ese lugar va a quedarse. Pero de esa declaración de guerra son cómplices directos los legisladores estafadores que no levantan el veto en una nueva votación. Algo similar sucedió cuando Cristina Fernandez vetó un artículo de la ley de prepagas y homologó las cooperativas que brindan servicios en salud con las sociedades anónimas de seguros en salud. Que tienen más de prepagas que de medicina. A lo terrible del veto, se sumó la obsecuencia del No Poder Legislativo que no veta el veto. Pudiendo hacerlo, ni siquiera lo intenta. El Presidencialismo que emana del poder celestial electoral, no puede ser enfrentado. ¡Malditos destituyentes! Acaten al Poder de todos los poderes. Los decretos de necesidad y urgencia son bulas laicas y cualquier cuestionamiento te convierte en el hereje que pone palos en la rueda. Las declaraciones de guerra en democracia parecen absurdas. Las declaraciones de guerra en las dictaduras de la burguesía son coherentes. Los créditos hipotecarios, que se consigue en una unidad imaginaria llamada “uva”, son declaraciones de guerra a las necesidades habitacionales del pueblo. Porque está dirigida a un sector formal de la economía de ingresos medios para arriba. El sector informal, que es aproximadamente el 50%, obviamente queda a la intemperie. Los genocidas le dieron el sentido de “guerra sucia” a la masacre planificada. Recordemos que la derecha siempre tiene razón, aunque es una razón represora. El terrorismo de estado es guerra sucia. El estado de derecho es guerra limpia. Con blancura electoral, con blancura de partidos políticos, con blancura de campañas electorales, con blancura de alianzas y acuerdos donde todos sonríen de los dientes para afuera. Lo más terrible es que además la guerra se ha declarado entre ciudadanos más pobres, más ricos, menos pobres, menos ricos. A esa guerra que no es civil, porque está fogoneada por los que tienen el monopolio de la fuerza pública, se la llama “problemas de seguridad”. Obviamente, no puede tener solución en la marco de la dictadura de la burguesía. Mi aspiración actual es morir como el sargento Cabral: contento por haber batido al enemigo. Para que eso sea posible, además de enfrentarlo hay que reconocerlo como tal. Vetar la vida es el comienzo de todas las guerras. Imagen: Luis Felipe Noé Edición: 3381

Por una nueva sociabilidad humana
Publicado: Jueves, 27 Abril 2017 15:23
Por una nueva sociabilidad humana

(APe).- Vida, magia y utopía. Esos ingredientes, entremezclados con la música, las risas de los chicos de Casa del Niño en ese enorme desafío de construir una sociedad digna para los pibes son el imperativo que nos define. Abril, aunque la realidad se empeñe en hacernos creer lo contrario, puede ser también la primavera. Y en este abril plantamos árboles, soltamos los globos que anuncian nuestros sueños, compartimos el pan y premiamos la palabra hecha crónica que describe las geografías más intensas. Porque debemos ser capaces, como decía Alberto Morlachetti, de “construir una caricia y que esa caricia a su vez nos abrace a todos”. Y de “tener una piel sensible al dolor de los otros”. Así celebramos en este abril en el Recreo que lleva su nombre, convencidos de que el hambre sigue siendo un crimen y que “un país que mutila a sus niños es un país que se condena a sí mismo”. Esta utopía sólo es posible si logramos fundar una nueva sociabilidad humana.  Los educadores de Casa de los Niños de Pelota de Trapo plantaron un árbol junto a los chicos, como una extensión de la vida. El hambre es un crimen: la consigna más contundente e inoxidable en un país que produce alimentos para 400 millones de personas pero hay cuatro millones de niños pobres. La mitad de ellos tiene hambre.El sueño de Alberto Morlachetti: con ternura venceremos. Los globos fueron liberados para que llevaran a otros cielos un mensaje que sella cada momento de nuestras vidas: transformar y embellecer el mundo. El ritual del pan: ser compañeros para compartir el pan, aquel que nunca debe faltar porque Argentina es un país de pan.Y el hambre es imperdonable. Un bellísimo Chaplin realizado por Verónica González para el primer premio del Concurso de Crónicas de Infancia Alberto Morlachetti. Los tres ganadores, presentes en la fiesta del 22 de abril en el Recreo Pelota de Trapo:Primer Premio: Martín Stoianovich (centro)Segundo Premio: Santiago Bahl (derecha)Tercer Premio: Karla Campos (izquierda) El mago Quique Marduk y la Banda de las Corbatas pincelaron de alegría y magia una tarde para no olvidar. El Recreo Pelota de Trapo se colmó de niños que disfrutaron una bellísima tarde de abril. El camino, como lo pensó Alberto, es construir utopías y saber que cuando acaraciamos cada  pibe, cada pibe es un universo. Edición: 3386

Trascender lo aparente
Publicado: Martes, 25 Abril 2017 14:38
Trascender lo aparente

Por Bernardo Penoucos (APe).- Se instala la cifra pero no el debate, se escriben las estadísticas pero no a las personas, se vomitan los números pero no las historias. El debate sobre la reforma, nuevamente, del Código Penal, inunda los medios y las mesas de familias. Se habla de la cárcel y de los presos. De lo que cuesta y de lo que le cuesta al hombre de a pie un preso, de lo que le cuesta a una sociedad un preso, de lo que gasta el Estado en un preso. El debate se presenta como producto terminado, como mercancía empaquetada, lejos quedan los espacios y los tiempos de la reflexión y de la problematización. Hay que actuar ya, gritan eufóricos los prolijos panelistas de la tv y de los diarios masivos, hay que terminar con el garantismo, vociferan los especialistas del todo, sin saber aún que el garantismo implica garantías constitucionales para todos y todas, incluso para ellos, más allá o más acá de los detenidos. Hay un autor, Carlos Andrade, que nos habla de la violencia y denomina a un tipo de violencia como individual y a otro tipo de violencia como estructural. La primera, afirma el autor, puede generar una o varias víctimas pero encuentra un autor y tiene representación social, es decir, es percibida socialmente como violencia. En cuanto a la violencia estructural, su característica principal es que no tiene representación social, es decir, no es generalmente percibida como violencia y no es atribuida a un autor o autores. En este tipo de violencia estructural se incluyen "aquellos actores, situaciones y o procesos que resultan violatorios de derechos humanos y que generan un estado de violencia cierto con sufrimiento físico y moral que puede llegar hasta la muerte misma”. La representación social de la violencia como violencia individual no para de inundar la agenda mediática y la agenda de gran parte del arco político actual, sabemos quién es el femicida, de que equipo de fútbol es, que le gusta comer y donde vivía exactamente, pero no logramos vincular ese hecho de violencia cometido por el femicida con el hecho estructural de la violencia propia que legitima una sociedad con patrones culturales patriarcales desde antaño, sabemos quién es el pibe que le sustrajo un celular a otro pibe, y que intentó matarlo, sabemos de qué barrio es, que le gustaba comer y de que color se había teñido el pelo, pero no sabemos que ese pibe, como el otro y como todos nosotros y nosotras, vivimos hace décadas en una comunidad cooptada por el mercado, la publicidad y el tener antes que el ser. Sabemos y nos representamos las violencias individuales, pero nos cuesta infinitamente más entender como ese hecho concreto de violencia individual las más de las veces se inscribe en una violencia mayor que le da techo, cobijo y argumento. En este sentido, se nos presenta la discusión sobre la reforma al Código Penal- como en aquel tiempo del año 2005 con la Ley Blumberg- pero no se nos presenta la discusión por el sistema carcelario, por las sistemáticas violaciones a los derechos humanos denunciadas por todos los organismos internacionales y mucho menos se nos presenta la discusión sobre la cárcel como un depósito de sectores populares que vienen, hace tiempo, quedando en el margen de este Leviatán cada vez más selectivo y sarcástico. No importa debatir las tan mentadas resocializaciones del privado de su libertad, ni el derecho garantizado a la educación en contexto de encierro, ni las posibilidades de capacitaciones laborales, ni los acompañamientos terapéuticos, ni las muertes inducidas en las cárceles, ni el HIV sin abordaje alguno, ni en analfabetismo, ni las muertes evitables de los detenidos que se mueren como ratas en las esquinas más oscuras de las unidades penitenciarias de causas más que evitables. No. Que la cárcel sirva para el castigo como fin en sí mismo, que proponga la sombra eternamente y que ante un acto horrendo, como lo es el femicidio o cualquier otro delito, se responda con una vida horrenda como la del encierro permanente en nuestras cárceles que nunca fueron ni sanas ni limpias ni nada. Entonces nos quedamos en lo aparente, en ese inmediatismo que por milésima vez nos hará encontrar con el error más grosero de entender que el castigo máximo y más extendido terminará por disminuir el delito. Grave error que vuelve a surgir. De nada sirvió la Ley Blumberg votada por ambas Cámaras allí por el 2005. No disminuyo el delito, no mejoraron los tratamientos para el detenido sino todo lo contrario; las cárceles sanas y limpias siguieron mutando en depósitos de pibes y de pibas que conocieron el encierro, que salieron en libertad y que en pocos meses volvieron a la tumba. En síntesis: ¿cómo trascendemos lo aparente? ¿Cómo transitamos ese camino que nos lleve de la afirmación vacía a la discusión argumentada? ¿Cómo reemplazamos la naturalización de la cuestión social por la problematización del contexto histórico? ¿Cómo dejamos por una vez y para siempre el sentido común colonizado por los especialistas del todo y tomamos, por una vez y para siempre, la palabra de esos cuerpos rotos, de esas historias quebradas, de esas experiencias concretas? No puede ser el horror respuesta para el horror, no puede ser el encierro prolongado la respuesta única, no podemos seguir analizando la violencia individual como desvinculada de la violencia estructural. No da resultados, nunca dio resultados, no dará resultados. Terminaran, las cárceles y las calles nuestras de cada día, convertidas en gigantescos fortines, en fábricas del miedo, en mercados de la desconfianza, como hasta ahora. En un mercado que vende lo que reditúa, saca lo que no sirve y ni siquiera reparte lo que le sobra. El mercado de la seguridad. Sólo para algunos. Edición: 3383  

El olvido mata dos veces
Publicado: Jueves, 20 Abril 2017 13:44
El olvido mata dos veces

Por Alberto Morlachetti (APe).- Si el paisaje cuelga para los ricos de un marco de ventana, y sólo para ellos, lo ha firmado la mano magistral de Dios, escribía Walter Benjamin. Así sienten y piensan determinados grupos humanos, acopiadores de riquezas, siempre hegémonicos, siempre minoritarios, portadores de una suerte de propiedades “sustanciales”, inscriptas de una vez y para siempre en una especie de esencia biológica que los convierte en dominantes frente a colectivos sociales mayoritarios cuyos comportamientos discrepantes serán siempre inferiores, naturalizando el racismo a través de los tiempos. El capitalismo como sistema es el lugar de los naufragios, no mira a la transformación del mundo, sino a su destrucción. Establece una suerte de profilaxis social sobre la amenaza que representan los pobres de bienes, los pobres de cuerpos. Ya Ingenieros a principios del Siglo XX centra su atención en la amenaza que representan y propone mecanismos para atenuar su potencial amenazante. “Se impone evitar que ciertos grupos sociales endosen a otros su población criminal; es indiscutible que cada Estado debe preocuparse para sanear su ambiente mediante la defensa social bien organizada y no descargando sobre otros sus bajos fondos degenerativos y antisociales”. Señala especialmente a la población infanto-juvenil: “Urge cuidar la planta desde la semilla sin esperar que haya retoñado siniestramente”. En el mismo sentido, el Congreso Panamericano del Niño de 1916 reclama eugenesia instando a seleccionar las semillas para mejorar la raza ya que luego los niños serán “detritus sociales”. -I- La pasta base de cocaína o paco, no es una droga. Es peor que eso: “es el desecho de una droga”. Surge como residuo de las cocinas o laboratorios en los que se elabora la cocaína, emerge como un resultado de una industria que busca la forma de introducir en el mercado hasta sus desechos, que se mete en el cuerpo y en las almitas de los pibes y los destroza en barrios descartables, con poblaciones descartables, donde los pájaros se pudren en la mitad del vuelo. Pudo ocurrir en cualquier lugar, pero ocurrió en Villa Urquiza, un barrio periférico al oeste de la ciudad de Córdoba, donde la comercialización se planifica domiciliando un puesto de paco cada dos manzanas. Habitado por hombres y mujeres de la ciénaga “que son como la propia turba del suelo formada con la podredumbre de los años muertos, de los vegetales que no pudieron serlo, de la gente que no pudo serlo”. “Sólo en enero, diez chicos murieron por consumir paco en mi barrio”, dice Teresa Zamora, militante contra la droga y la pobreza, responsable de la Cooperativa de Carreros de Villa Urquiza quien pide que las nubecitas no metan viento porque las casas se vuelven pedacitos de cartón que se pegan como estrellas apagadas en el cielo cuando las pecha el viento. Esta nota fue publicada en APe el 3 de abril de 2008. Parece que fue ayer. Edición: 3380    

Para el mismo muro
Publicado: Miércoles, 19 Abril 2017 16:12
Para el mismo muro

Por Claudia Rafael   Tarumba te tengo dicho que nunca crucesDel otro lado del muro que hay malas lucesLa gente de aquellos lados Tarumba, piensa Que niño negro en las calles no es cosa buena.(Teresa Parodi) (APe).- A dos metros cuarenta de alto llegarán los bloques de cemento. Benjamín y Gino, que ya deben rondar los 8 años, mirarán hacia arriba sin entender bien. Ese muro es por ellos, después de todo. Ya la pelota no se irá del otro lado. Ni tampoco entrarán las balas ahora. El muro los separa de ese mundo hostil que se cocina a diario en donde otros pibes como ellos, un poco más grandes, se juegan la vida por un pedazo de territorio a conquistar. Como escribió más de una vez Carlos del Frade para esta agencia, “con permanentes discursos que pontifican la muerte de la década del noventa, las noticias que hablan de la permanente sangría de chicos y chicas en los barrios de distintas provincias por quedarse con un puesto de soldadito en los lugares de venta de drogas, ratifican la vigencia de aquella perversión”. Y una vez más, este muro, que separa las canchitas del Club de Fútbol Infantil Defensores de América, en el norte rosarino, de la barriada de la que se nutre, fragmenta. Eleva la teoría del puro individualismo a la cima de toda salvación posible. No hay un Otro más allá de las paredes del muro. No existe si no se lo ve. Aunque se lo intuya. Aunque se sepa que simbólicamente se podrá dar el salto en cualquier momento. Porque en apenas un instante el capitalismo deja al desnudos a los pibes que se aferran a la nada como tabla para sobrevivir. Aquel día de fin de marzo de un año atrás, las balas llegaron a Benjamín y Gino y los voltearon ensangrentados. Y sólo el azar los salvó de un destino de muerte temprana. Sesenta o setenta disparos volaban por los aires rosarinos como señal de batalla en ciernes. Este pedazo de tierra es mío. Acá está mi mundo. Y mi señorío. No habrá plomo que detenga mi paso. Ya es historia de otros días la lucha intrépida de migrantes trabajadores que se asentaban para poner el cuerpo a los tendidos del ferrocarril, que entraban de a cientos a las industrias que forjaban en oficios a los hijos y a los hijos de los hijos. Hoy, en esas tierras de los márgenes el traje de soldadito es el que mejor calza porque rinde y destruye a la vez. Porque aspira y los aspira hasta destrozarlos de un balazo o de una sobredosis. Cuál es la diferencia allí donde la muerte, la cárcel o el destino fantasmal son la única oferta de mañana. Donde un trozo de plomo o una cuchillada son el escudo ante los pares con los que se puja por ese triángulo de tierra en el que se suda poder. “No hay muro que, en algún momento, no haya sintetizado el mundo”, escribió Maristella Svampa citando al poeta Marcel Cohen. Los muros –dice Svampa- no hacen otra cosa que reconocer que existen categorías diferentes de ciudadanía. “Tanto ayer como hoy, los que quedaban afuera eran considerados como población sobrante, clases peligrosas y en el límite como cuerpos sacrificables”. Hay muros de cemento y muros simbólicos. Una calle, un alambrado olímpico, un paredón, un arroyo, un fragmento de nada que sólo los que están del otro lado ven, una trinchera o una hondonada. Es el poder que demarca con extrema claridad los territorios de pertenencia. Que dejan al desnudo las dinámicas dominantes. Los moldes que dividirán country y periferia. Vida y muerte. Clarín demarca territorialidad cuando bloquea una calle entera para asentar su planta fabril. Con un muro de cuatro metros de alto determina, como el zorro de Adela Basch en Oiga Chamigo Aguará, quién pasa y quién no en una de las fronteras de Barracas por las que se entra a la villa 21-24. El diputado salteño Alfredo Olmedo, el rey de la soja, el fan trumpiano en suelo argento, promueve la construcción de una muralla fronteriza entre Bolivia y Argentina. Vecinos quilmeños juntaron fondos y levantaron un paredón para separar a una villa cercana al parque cervecero y separarla del resto de su mundo. Y el intendente de San Isidro intentó en 2009 separar la parte más rica de la más desarrapada de su partido con un muro que le fue derribado. Entonces tres años atrás, pagaba a los vecinos de uno de los barrios más pobres de Beccar, un subsidio de 350.000 pesos para que se fueran. “Y cuando el terreno queda libre se llama a subasta pública para que alguien subaste, y así recuperamos el dinero”, argumentaba. Cada uno lo hace a su medida. Como en la rayuela en la que una tiza divide el nueve del círculo del cielo. Los muros crecen como la impiedad en las aguas profundas de la vileza. Tienen el formato tradicional o adoptan otros similares e igualmente efectivos. Como los countries del Nordelta que fueron arrinconando al barrio Las Tunas, de Tigre, en donde la pobreza se inunda más y más ante cada lluvia feroz. Aquel final de marzo de un año atrás en el Club Defensores de América sesenta o setenta balas atravesaban el aire y no fue masacre sólo por azar. “Un nene nos contaba que saltaba porque las balas le picaban cerca de los pies”, relataba la presidenta del club aquel día. La muralla detendrá esa bala. Pero del otro lado del muro la vida y la muerte seguirán su camino. Se entrelazarán furiosas e indolentes. La muralla protegerá ese momento. Dos minutos. Una hora. El tiempo del picadito de esos nenes de 7 u 8 años. Pero solo divide tajante por un rato. Enseña que la salida a la crueldad es el encierro. Que habrá que amurallarse hasta el final. Hasta no sentir. Hasta arrancar como mala hierba la memoria del abrazo. Porque se reconozca o no, hay otra memoria anclada. Que alguna vez deberá entender que esos nenes de 7 u 8 años, irán creciendo y quizás se encontrarán sin miramientos del otro lado del muro en ese juego macabro que lanza sus tentáculos para devorarse a los pibes. Que son de todos. Y la sociedad no puede absurda y vorazmente mirar hacia otro lado. Galeano escribía que “cada persona contiene a muchas personas posibles, y es el sistema de poder, que nada tiene de eterno, quien cada día invita a salir a escena a nuestros habitantes más jodidos, mientras impide que los otros crezcan y les prohíbe aparecer”. Ya es hora. Edición: 3379

Obediencia debida
Publicado: Domingo, 16 Abril 2017 18:22
Obediencia debida

Por Carlos Del Frade (APe).- Treinta años después del intento de golpe militar encabezado por el entonces teniente coronel Aldo Rico, es preciso preguntarse qué orden empezó a regir en la casa colectiva de los argentinos. Las crónicas periodísticas, tres décadas después, sintetizan aquellos hechos empezando por la frase del ex presidente de la Nación, Rául Ricardo Alfonsín, cuando sostuvo: “¡Felices Pascuas!. La casa está en orden”. Era el 19 de abril de 1987. “La rebelión de oficiales del Ejército se inició el 16 de abril, cuando el mayor de Inteligencia, Ernesto Barreiro, se negó a concurrir al juzgado que lo investigaba por cargos de tortura y asesinato y se amotinó en el Comando de Infantería Aerotransportada de Córdoba junto a otros 130 militares, para resistir la orden de detención judicial. La reacción se extendió a otros cuarteles y el teniente coronel Aldo Rico, a cargo de un regimiento en Misiones, pasó a liderar la amenaza sobre el gobierno nacional desde la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Los carapintadas exigían la renuncia de los altos mandos del Ejército y la sustitución del juicio a los autores de violaciones a derechos humanos por otra que contemplara situaciones más flexibles para los oficiales que recibieron órdenes”, sostienen las crónicas. En aquel momento, surgiría la leyenda del general Alais: “El gobierno nacional ordenó a fuerzas militares que obligaran a sus pares a deponer la rebelión, pero nadie se movió de sus cuarteles, con excepción del general Ernesto Alais, que salió con una fuerza de tanques desde el II Cuerpo, con sede en Rosario, pero nunca llegó en cuatro días a Campo de Mayo. Tras la sorpresa de la rebelión, la Plaza de Mayo comenzó a ser ocupada por manifestantes a favor de la democracia y permaneció repleta hasta el discurso final de Alfonsín que anunció el término del conflicto. La tensión llegó a niveles desconocidos, cuando el gobierno anunció que no tenía fuerzas para reprimir a los sublevados por lo que se veía obligado a asumir gestos extraordinarios”, apuntan los trabajadores de prensa. La síntesis de los medios de comunicación concluye diciendo que “el jefe radical en el Gobierno salió al balcón de la Casa Rosada para anunciar, junto a los presidentes de los partidos opositores, que concurría en helicóptero a Campo de Mayo para hablar con los sublevados. Numerosos manifestantes se agolparon a las puertas de Campo de Mayo y de otros cuarteles rebeldes y fueron advertidos que abrirían fuego y se produciría una matanza, si intentaban entrar. Alfonsín voló en un helicóptero sin custodia a Campo de Mayo y habló con Rico y los oficiales carapintadas. Regresó unas horas después a la Casa de Gobierno rodeada de una multitud ansiosa por conocer el futuro de la democracia. El Presidente volvió al balcón y con los brazos en alto pronunció el 'Felices Pascuas', que marcaba la distensión y auguraba el fin del conflicto”, termina la memoria, tres décadas después. Dos meses después, el 22 de Junio de 1987, se produjo el desprocesamiento de los principales torturadores de las policías de todas las provincias argentinas como consecuencia de la ley 23.521, de obediencia debida. Treinta años después, la ley de obediencia debida, ya derogada, se convirtió, sin embargo, en un concepto cultural y político dominante en la vida cotidiana de las argentinas y los argentinos. Hay obediencia debida en las empresas, en los medios de comunicación, en la iglesia, en el servicio público de justicia, en la política y en las escuelas. Hay continuidades de formas de torturar que llegan al cuerpo estragado de adolescentes en el Gran Buenos Aires, Gran Rosario, Tucumán, Mendoza y Córdoba, por nombrar las principales provincias. Quizás el orden que impusieron los verdaderos nombres de la casa colectiva llamada la Argentina fue convertir la ley en una pauta de conducta que hoy, treinta años después, se encuentra vigente en el país. Porque una cosa fue el levantamiento carapintada, otra muy distinta, el orden que las minorías le imprimieron a la democracia argentina. Tres décadas después, la casa sigue en el orden dictado por la concentración de riquezas en pocas manos y por más que las leyes de punto final, obediencia debida e indultos hayan sido derrotadas por la movilización popular y nichos dignos del poder judicial, las patronales siguen subordinando a vastos sectores populares a su antojo. Es necesario, treinta años después, otro tipo de orden para una verdadera casa que cobije a las grandes mayorías argentinas. Edición: 3377  

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Pobreza

Según el Indec, el balance de un año de gestión de Macri dejó 13 millones de pobres.


Pobreza I

La ciudades más pobres del país son Santiago del Estero (44 %) y Concordia (43,6%) (Cifras Indec).


Docentes

Santiago del Estero exhibe los salarios más bajos del país. Le sigue Formosa.


Omar Cigarán

El juicio contra el policía Diego Walter Flores por el crimen de Omar Cigarán llega a la etapa de alegatos.


Florencia

Detuvieron al padrastro de la nena de 12 años abusada y asesinada en San Luis.


Megaminería

Hubo otro derrame en la mina Veladero, de San Juan y la megaminería sigue envenenando la tierra y el agua.


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