¿Cuándo me vas a invitar otra vez a tu casa?
Publicado: Miércoles, 28 Junio 2017 12:57
¿Cuándo me vas a invitar otra vez a tu casa?

Por Bernardo Penoucos     (APe).- No está preso sólo el preso, sino también su familia. La suspensión de la libertad rebota en el detenido y va salpicando tristemente a sus cercanos. La organización de la vida cotidiana se modifica e ingresa como practica la peregrinación y la búsqueda de nuevos sentidos. Hay familias que siguen a su hijo, a su padre o a su hermana detenida por todas las Unidades Penitenciarias de la provincia. Llegan a dedo o en el “tumbero”, un colectivo económico que pasa por varios sitios del conurbano para llevar familias a las cárceles del campo, nombre con el que se denomina a las cárceles del interior de la provincia de Buenos Aires. Luego de un viaje eterno e inseguro, las familias con sus pocas cosas esperan entre 4 o 10 hs afuera del penal, con un sol imposible, con un viento helado o con una lluvia constante. Las horas de espera y la larga fila de mujeres y niños en su gran mayoría duplican o triplican a las horas que compartirán con su familiar detenido. A veces la espera es de 10 horas y el encuentro no supera las dos. Las requisas vejatorias forman parte del ritual de bienvenida; en esa requisa algunos productos que la familia lleva al detenido llegarán al detenido; otros no: se quedarán en la aduana del servicio penitenciario. En la Unidad 2 se Sierra Chica el espacio de la visita es imposible, lúgubre como pocos, gris como el muro y caracterizado por el grito ensordecedor de muchos otros detenidos que se encuentran castigado en los buzones. Frente a estos buzones, frente a estas mazorcas del siglo 21, los niños juegan en una suerte de patio enrejado, allí van construyendo estos niños su niñez, su naciente subjetividad. Como el espacio es pequeñísimo y los detenidos son miles, las familias optan por salir afuera y caminan abrazadas junto a los suyos en otra especie de lugar común que bordea el muro. Allí, en la arenosa tierra de picapedreros, una mamá tiende una manta y comparte con su hijo lo mucho o poquísimo que le pudo llevar; los niños y las mujeres obligadamente se deciden por no ir al baño durante ese lapso de tiempo, porque el baño es uno y para todos, y porque siempre está inundado y rebasando de mierda y miseria. Javier, detenido hace más de 15 años y estudiante de Trabajo Social, propone que desde la carrera de Trabajo Social arreglemos el espacio de visita, que lo dignifiquemos un poco, que lo hagamos menos traumático para las visitas que se cruzan toda la provincia para ver a los suyos. Cuenta Javier que esta propuesta la llevaron adelante en otra Unidad y que consiguieron juegos para los pibes que llegaban a la cárcel a ver a su papá; que consiguieron libros, que se disfrazaban de payasos y repartían sonrisas a los más pequeños para que, una vez terminada la visita y emprendida la retirada, los niños y las niñas no carguen sólo tristezas sino también carcajadas. La idea de Javier se socializa y consigue adeptos, los pibes detenidos organizan una rifa y sortean sus barcos y sus billeteras hechas a mano; quieren conseguir pinturas de muchos colores, poner mesas, construir baños, diseñar una ludoteca. Quieren, con este pequeño gesto, volver a sentirse dignos, construir canales que vuelvan a humanizar los vínculos, canales que permitan reivindicar ese encuentro tan ansiado por el detenido, ese encuentro sincero que el privado de su libertad aprovecha para que las largas noches de sombras cedan y la luz se filtre entrelíneas. Dice Javier, orgulloso y de rostro duro y ajado, que su sobrina, de ahora 9 años, habla por teléfono con él y le pregunta cuándo puede ir a visitarlo de nuevo a esa casa tan grande y con tantos juguetes y de tantos colores. Esa casa era una Unidad Penitenciaria del sistema federal, era aquel espacio de visita que Javier y sus compañeros habían reacondicionado para las familias. Javier quiere hacer lo mismo ahora, en la Unidad de Sierra Chica, unidad con características más rígidas que el resto; quizá Javier lo logre y alguna otra sobrina o sobrino pueda amasar su memoria con más recuerdos de colores, juguetes y carcajadas y con menos recuerdos de gritos, requisas y vejaciones. Edición: 3384  

Junio rojo en la espalda
Publicado: Lunes, 26 Junio 2017 15:16
Junio rojo en la espalda

Por Claudia Rafael (APe).- El tiempo parece congelado en esa imagen. La de los hacedores de la sangre derramada disparando balazos de odio para frenar lo irrefrenable. Para torcer los rumbos de la historia. Quince años de aquel junio. Quince enteros años que hubieran transformado a Darío y a Maxi en dos hombres de poco menos de 40 años. Pero que la perversidad dejó ahí. Anclados en esa historia efímera de algo más de dos décadas que acumuló sabidurías, coraje, ternura y abrazo que abrieron huellas de rebeldía.

Elogio del repollo
Publicado: Viernes, 23 Junio 2017 14:19
Elogio del repollo

Por Alfredo Grande (APe).- Como psicoanalista tengo la deformación profesional de escuchar. Muchas veces repito textualmente y contextualmente lo que un paciente me dice, y su reacción es asombrosa. “Bueno, no es tan así”. Mi respuesta, en la supuesta que esté en mi juicio más sano es, palabras menos, palabras más: “No sé cómo es, pero sé cómo lo dijiste”. Cuando entre la palabra y la cosa no hay una grieta, si se me perdona el lugar común, la palabra nos lleva de la mano y de la lengua a la cosa. Pero esa “cosa”, esa escencia, ese fundante, debe ser rápidamente sepultado. Los muertos que vos matáis no siempre gozan de buena salud. La ex presidente, Cristina Fernández, funda el espacio político y cultural del “cristinismo”. No del cristianismo, que ya está fundado hace miles de años. El cristinismo debuta (es un decir…) con una frase notable: “No vengo de un repollo”. Nadie en verdad, excepto el repollo. Pero un sujeto humano viene siempre de otros humanos. Sean humanos totales, padre, madre, o humanos parciales. O sea: inseminación artificial. Pero como dijo Pasteur: de la nada, nada viene. La humanidad es resultado de linajes muy antiguos, iniciados al parecer por una mujer negra en algún lugar del África. Los que saben dicen que las pruebas están en el ARN mitocondrial. Bien: no venimos de un repollo. Eso queda claro. Lo que falta aclarar, y es importante hacerlo, es de dónde venimos. O sea: recuperar lo que el análisis institucional denomina la génesis social. Y agrego: la génesis política. Si de cerca nadie es normal, si nadie resiste el archivo, si con un carpetazo podemos torcer voluntades y decisiones…entonces preferimos el cómodo escondite del repollo. Es mucho más fácil decir de dónde no, qué decir de dónde sí. Se me ocurre uno de los lugares de los que viene la fundadora del “cristinismo”. De la década maldita de los 90. Del seguidismo a Menem, ahora condenado por tráfico de armas. El mismo que con Cavallo anunciaron el “costo social del ajuste”. El mismo que con Dromi anunciaron que la “argentina estaba de rodillas”. El Menen que hizo explotar una ciudad, fue acompañada por muchos y muchas, a pesar de haber dicho que “si decía lo que iba a hacer no me votaban”. Y entre esas muchas y muchos, Néstor y Cristina Kirchner. Ningún repollo, por cierto. De la inmundicia del liberalismo que sacó pecho al hundir a la Unión Soviética. Y escupió su pestífera hiel, plagio al himno nacional, al decir que habíamos llegado al fin de la historia. De ahí viene la ex presidenta. Y la verdad… es que me indigna. Porque negar el origen, hundir el pasado, es una coartada que no merecemos. Se espantan porque lo votaron a Macri, pero lo votaron a Menem dos veces. Antes de traicionar y después también. Y tienen la impunidad de criticar a la Alianza Anti Menem cuando ahora se hacen alianzas que apenas son pactos perversos y oportunistas. El sábado estreno una obra de teatro. Yo no vengo de un repollo. Sí de un padre médico y dramaturgo y de una madre que tenía pensamiento crítico. Aunque nunca lo supo. Enrique y Monona. No sé bien adónde voy. Pero si me preguntan, no contestaré que no vengo de un repollo. Y me siguieron pariendo las luchas, las protestas, los combates y no pocas quejas. No creo que me hayan matado muchas veces, quizá por no tener coraje de cigarra. Pero sobreviví a todas. Y seguiré escribiendo, atendiendo, actuando… y viviendo. Pero eso sí: aleja de mí el repollo. Edición: 3380  

Pichones de transa
Publicado: Martes, 20 Junio 2017 14:33
Pichones de transa

Por Facundo  Barrionuevo (APe).- “Pichones de transa” les gritaban los vecinos del Barrio López de Gomara en la zona norte de Mar del Plata, a los nenes del asentamiento que está en las calles Necochea y Nasser, en medio del griterío, las amenazas y los forcejeos. Desde el sábado 10 de junio hasta el lunes 12 el Barrio López de Gomara vivió escenas de mucha violencia, provocadas luego de un violento allanamiento del grupo GEOF y el intento de un grupo de vecinos de desalojar un asentamiento de unas 14 casillas con el argumento de que “allí se vende droga y viven quienes roban en el barrio”, como si una acción así reclamara un argumento para justificarse. Para ello, los vecinos de las viviendas históricas del barrio, decidieron armar una barricada “para que no pasen quienes vienen a comprar”. La barricada, una semana más tarde, continúa. Algunos militantes sociales que con su presencia y logrando difusión de los hechos, impidieron el desalojo, aseguran que con la evidente anuencia de policías de la Comisaría 6ta, el grupo de vecinos ató una casilla a una camioneta con el fin de derribarla, se arrojaron bombas molotov y saquearon todo el asentamiento. En los momentos de mayor tensión un disparo al aire provocó el desmayo de un niño y un desmadre de forcejeos e insultos. “Hay una liberación de la zona”, contaban vecinos. “Ahora está el patrullero para que no se maten, pero hacen un juego perverso”. “Es el mismo accionar que en el Barrio El Martillo” largan, bajando la voz, los militantes que aseguran que hay en estos hechos un reacomodamiento de la venta de drogas en la ciudad, donde la policía actúa como reguladora del mercado. Los 12 nenes y nenas que grabaron en sus retinas estas tremendas escenas fueron sacados del asentamiento y todavía están protegidos en casas de familiares y vecinos solidarios. Están refugiados del odio y la bronca, del envalentonamiento de algunos pobres títeres a los que varios operan desde la sombra. Refugiados de la desprotección del Estado que se hizo presente 48 hs después, con un “relevamiento” para reubicar un asentamiento que ya tiene 12 años. Disfrazadas de reacciones y justicias colectivas estos linchamientos sociales, en el contexto de verdaderos estados de excepción, ejecutan el rediseño de los mapas del mercadeo y disciplinan a sus geógrafos. “Pichones de transa”, “liendres”, son algunos de los significantes con que inviste esta sociedad de la indiferencia a nuestra infancia empobrecida. Así van acumulando en la mochila del desprecio que reciben al nacer, un relato de identidad que es muy difícil de volver a narrar. Más aún, cuando quienes tienen vocación de abrazar con relatos sanadores sufren el desmantelamiento de los pocos rincones en donde se contaban historias de otra infancia posible. En los imaginarios sociales urbanos, al decir de Ariel Gravano, son necesarios los chivos expiatorios de los “barrios culpa”, manchas negras del espacio urbano frente a la blancura de los acomodados en la lógica de una segregación, que calma la conciencia y da la seguridad de no estar en el último lugar. “Hemos perdido -como recordaba, Alberto Morlachetti de Rodolfo Kusch-, la combinatoria entre esas gentes y nosotros”. Se ha extraviado el lazo de fraternidad previo que nos daba el sentimiento de vivir en el mismo mundo social y es el reaseguro de la búsqueda de la igualdad que plantea François Dubet. En tiempos de profundas inseguridades, impera aún más el miedo al desclasamiento y la caída, la pena por la pérdida del status barrial que el temor a sufrir un daño real. Ese miedo es aún más fuerte que el imperativo a la protección de la infancia. “Son los hijos de los transa”. Los pibes lloran, gritan, se desmayan, piden upa, corren. No importa, “son sus liendres”, merecen la misma suerte. Edición: 3377  

Números y palabras
Publicado: Lunes, 19 Junio 2017 14:09
Números y palabras

Por Carlos Del Frade (APe).- “Hay otros mundos pero están en este”, decía el artista Paul Eluard. Mientras el gobernador de la provincia de Santa Fe, Miguel Lifschitz, y la Ministra de Seguridad de la nación, Patricia Bullrich, saludaban la reducción de la tasa de homicidios en un 36 por ciento en la ciudad de Rosario; en Villa Gobernador Gálvez, vecina a la cuna de la bandera, el asesinato de un pibe por la espalda alumbraba una realidad que amenaza con destruir esas cifras momentáneas. En este caso, el mundo oficial, el de los números, tiene menos espesor que el mundo de las palabras que se abren entre la sangre y el barro. Según las crónicas periodísticas, la ministra Bullrich, el miércoles 14 de junio, sostuvo que Rosario "dejó de ser noticia" en materia de narcotráfico, aunque aclaró que el problema aún no fue erradicado. Por su parte, el gobernador Lifschitz, consideró que los resultados estadísticos "son realmente alentadores" por la disminución de todos los indicadores delictivos en las principales ciudades de la provincia. En el otro mundo, en la cotidiana realidad de los pibes, las palabras ponen un límite poderoso a la fugaz alegría de los números esgrimidos por los funcionarios provinciales y nacionales. Axel Brian “Masita” Romero tenía 16 años cuando lo mataron por la espalda. Fue en el barrio Coronel Aguirre, en la geografía íntima de la tercera ciudad de la provincia, Villa Gobernador Gálvez, vecina de Rosario, con el arroyo Saladillo de por medio. Hay que leer y releer las palabras de los amigos de “Masita”: "A los de la moto los conocemos todos porque antes eran amigos de «Masita». Pero hace un par de meses se terminó porque ellos empezaron a ser soldaditos de los vendedores de drogas del otro lado de Soldado Aguirre. Hubo piñas, quedó la bronca y ayer se la cobraron porque lo agarraron regalado. Ya habían pasado por la placita y no les dio la nafta para disparar ahí porque estábamos todos. No hay mucho más misterio en todo esto". Hace aproximadamente dos meses, el grupo de amigos de "Masita" expulsó a algunos muchachos por trabajar como soldaditos para un vendedor de drogas que tiene su área de influencia en jurisdicción de la subcomisaría 26ª, al sur de la avenida Soldado Aguirre. "Eso fue hace un mes y medio o dos meses. Los echamos porque nosotros no queremos saber nada con ese palo. Ese es un palo que te toca, te mancha y no te la sacas más. Todo viene por eso… Los tenés que ver (a los agresores). Están todo el día tirando estados en Facebook: «Hoy tengo sed de sangre», ponen. Ayer pusieron: «Esta tarde vamos a salir a cazar giles». Son así, son pibes que «soldadean» unos meses y ya se sienten inmortales. Después les quedan los yeites. Andan enfierrados y salen a cazar. Y el martes anduvieron dando vuelta por la plaza. Pasaron dos o tres veces y como estábamos todos no les dio la nafta para tirar", explicó uno de muchachos entrevistados por los medios de comunicación de la región. "Acá el quilombo no viene por una gorra y no se agarraron a trompadas antes de que lo balearan (como inicialmente se propaló desde fuentes de la pesquisa). El tema es que hace un par de meses los sacamos a estos pibes porque no queríamos meternos con el palo de la falopa y ahora vinieron y mataron a este chico", explicó otro amigo de “Masita”. Esa realidad del mundo de “Masita” tiene un mayor espesor que los números de los funcionarios. Ese mundo de las palabras merece ser escuchado, analizado, pensado y transformado. Porque mientras haya pibes dispuestos a “cazar” no habrá ningún número que se sostenga, salvo que la hipocresía intente tapar una realidad cada día más dura a pesar de los livianos y esporádicos números del otro mundo que habitan los funcionarios. Edición: 3376  

En Lanús, se muere de oscuridad
Publicado: Martes, 27 Junio 2017 13:42
En Lanús, se muere de oscuridad

Por Silvana Melo (APe).- Hay una ciudad en Buenos Aires donde los chicos se mueren de oscuridad. Se mueren porque no hay luz. Y si no hay luz tampoco hay agua. Entonces cuando la vela, que alumbra apenas un círculo de esa desgracia, se cae, mientras duermen, enciende todo alrededor. Porque hay nailon en el piso, madera en la pared y cartón en la puerta. Y el fuego, famélico siempre como los pibes cuando van creciendo, se devora casas, niños y perros. Y sigue con hambre. Porque tampoco hay agua a la hora de apagar el fuego. Y así se muere en los barrios de Lanús: de oscuridad y de canillas de gota avara. Cuando Alexis murió hacía cuatro días que pateaba en los tobillos a la muerte. Hasta que se lo llevó, iluminándose con la misma vela que aquella maldita madrugada incendió la casilla y abrasó los cuerpos de Daniel, de 14 y su tío, de 41. Y él se quedó un rato más en la vida. En llamas y estragado por todas las uñas del estado. Edesur es la empresa que está obligada a dar la luz. Pero hay gente marcada con cruces rojas en las planillas del estado. Son números tachados. Viven en villas, en asentamientos, por la ribera del Riachuelo. Y no existen. Respiran el río denso que ni siquiera sirve para apagar a baldazos los fuegos alimentados a niños en Lanús. Porque es una pasta histórica de desechos de curtiembres, de metales pesados y residuos químicos de miles de industrias, de cloacas de medio conurbano, de veneno y abandono. A siete se devoró el fuego en junio. Seis niños y un adulto. EDESUR corta la electricidad en Lanús. Y no sólo en el verano, cuando el calor arrasa. También en invierno, cuando hace mucho frío y las tardes son tan escasas que a las seis ya cae la noche. Y si no hay luz la vida se vuelve un agujero anónimo y desclasado. Como el estado considera a los vecinos de Caraza. Por eso se amontonaron en las puertas de Edesur. Y caminaron hasta la sede municipal. Eran más de 400 pero nadie los vio. Porque son invisibles. Y mientras cerraban las listas para unas PASO que no habrá y que son un trámite lejano e inútil para los vecinos de la ribera, ellos se agolpaban en las puertas de Edesur para pedirle luz. Y les decían que era el municipio y en el municipio, que es Edesur. Que si la luz falta una cuadra afuera es Edesur y si falta dentro del barrio, en esa boca de lobo feroz donde les tocó vivir, es el Municipio. Entonces iban y entonces venían sin una pizca de respeto que, aunque sea, les colocara un candil en la dignidad. Diez días atrás en el barrio ACUBA murieron dos mellizas de siete años, Elunei y Mia, y Zoe y Luana, de 4 y 2. Culpar a la vela que les alumbró la noche precoz sería injusto. La culpa es la falta de luz, la ausencia de transformadores y esa única alternativa que es colgarse del cablerío. Preso debería ir el estado. Con los pibes que sobreviven a las velas feroces de Lanús y terminan bajo el fuego cruzado del sistema. Preso por siete muertes de junio. Y tantas anteriores que ya prescribieron. En una reacción mecánica, aplicada al fuego y a la inundación, a la muerte y a la tormenta, el estado pasó con el botón en modo asistencial y tiró alimentos y chapas para las familias. Pero seguirán a oscuras. Y si aparece el fuego, volverán a abrir canillas secas. Y si tiene que entrar la ambulancia, será otra vez la boca del lobo la que la reciba como una amenaza. En Lanús los chicos mueren de oscuridad. Los tachan de los listados oficiales. Y escriben otros nombres en su lugar. Anónimos. Invisibles todos. Edición: 3383  

Narco, poder y esperanza
Publicado: Lunes, 26 Junio 2017 14:44
Narco, poder y esperanza

26 de junio día internacional de la “lucha” contra el narcotráfico Prólogo del nuevo libro de Carlos del Frade (APe).- “Hace años la Cámara Federal de la Provincia de Salta demandó que se “radarice” el norte del país porque "llovía droga", esto ocurrió en septiembre de 2009. El reclamo lo hizo uno de los tribunales federales directamente inferiores a la Corte a su superior jerárquico, el máximo tribunal de justicia de nuestro país. La Cámara Federal de Apelaciones provincial pidió esto a la Corte Suprema y al Consejo de la Magistratura para que realice una gestión al Poder Ejecutivo. Solicitaron el establecimiento de controles aéreos. En esos días, el juez de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Fayt, advirtió sobre la necesidad de que "no siga lloviendo droga" en el norte de la Argentina, tal como lo advirtieron altos miembros de la justicia de Salteña. Ricardo Lorenzetti, advertido por uno de sus colegas, y peor aún, por sus inferiores jerárquicos a quienes debía prestarle asistencia y representar ante los otros poderes del Estado en el verdadero rol institucional que debe tener un Presidente de la Corte nada hizo al respecto. Peor aún, lejos de ayudar a los jueces salteños, tomó como ejemplo de la lucha contra el narcotráfico “al juez salteño que era cómplice del mismo, al hoy procesado por encubrimiento y connivencia con bandas narcos Raúl Reynoso”, sostiene el punto veinticuatro del pedido de juicio político de la diputada nacional, Elisa Carrió, contra el presidente de la Corte Suprema de Jusitica de la Nación, Ricardo Lorenzetti. Más allá de la suerte que corra la demanda, la Argentina contemporánea está atravesada por las denuncias de connivencia de diferentes funcionarios, nacionales, provinciales, municipales y comunales, con el negocio paraestatal y multinacional del narcotráfico, una de las cinco vías con que se alimenta el capitalismo desde hace, por lo menos, cinco décadas, según consignan organismos tales como las Naciones Unidas, el Banco Mundial, la Organización del Comercio y Desarrollo Europeo y hasta el mismísimo Fondo Monteario Internacional. El ex secretario de lucha contra el narcotráfico, José Ramón Granero, está procesado por haberle vendido decenas de toneladas de efedrina a los narcos mexicanos. En la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal, funcionarios políticos y policiales pueblan los expedientes judiciales vinculados al negocio, mientras las cárceles duplican la cantidad de pibes y mamás jóvenes detenidos por vender pequeñas cantidades para gambetear los efectos de la pobreza impuesta y planificada. El negocio crece: por un lado se lavan dineros en los centros de las grandes ciudades y, por otro, se multiplican las muertes de los chicos y las chicas. En la provincia de La Rioja, una madre denuncia al ex gobernador Beder Herrera por connivencia con los narcos que dominan los barrios de la ciudad capital; mientras que en Tucumán, las mafias narcopoliciales usan a chicos cada vez más chicos para el negocio. En Salta y Jujuy, la ruta inaugurada por los negocios paraestatales de las dictaduras de Videla y Banzera, hace cuarenta años atrás, se renuevan permanentemente; en forma paralela que el gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi, está siendo investigado por el valiente juez federal de Reconquista, norte profundo de Santa Fe, Aldo Alurralde, por complicidad con una banda narcopolicial de varias provincias argentinas, entre ellas Santa Fe y Corrientes. En Córdoba y Entre Ríos, sacerdotes y jueces denuncian la conexión entre las bandas y nichos corruptos del poder político. En la provincia de Santa Fe, mientras se espera el primer juicio a la banda de Los Monos, un ex jefe de la policía se encuentra preso por formar parte de una banda narco. Pero no hay autocríticas ni análisis de los sectores gobernantes. Como si al comisario Hugo Tognoli lo hubiera puesto el espíritu santo y no el gobernador de entonces. La justicia federal de Rosario parece, recién ahora, despertarse de su larga siesta en la materia y aunque la propia ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, haya declarado que desde hace por lo menos quince años que la Prefectura no controla los puertos privados por donde se mueve el 75 por ciento de las exportaciones del país, no hay menciones en torno a los casos que desde 2008 se repiten como exportaciones de cientos de kilos de cocaína desde los muelles rosarinos o la región. Desde 2007, como consecuencia de la decisión política de Estados Unidos y Canadá de imponer la restricción al gobierno mexicano de no importar más efedrina, la Argentina se convirtió en un territorio de multiplicación de bandas narco con inclusión de representantes de organizaciones de otros país, como lo demuestran las causas de Carbón Blanco, Mario Roberto Segovia (el llamado rey de la efedrina) y Narcoarroz, todas ellas con referencias muy fuertes en la provincia de Santa Fe. La Argentina es un país narco. Una planificación que comenzó en aquellos negocios ilegales entre las dictaduras de Videla y Banzer. Con las rutas que siguen vigentes hasta el presente: la 11 y el río Paraná, para la marihuana que viene del Paraguay; por el aire y las rutas 34 y 38, para la cocaína que viene del Perú y Bolivia. Hoy la Argentina es el tercer país exportador de cocaína y el segundo de metanfetaminas de América para el mundo. Los cinco negocios básicos del capitalismo son cada vez más implacables en el presente del país que soñó vivir con gloria cuando en el trono de la vida cotidiana se encuentre la noble igualdad. Hoy el sueño de la noble igualdad pierde por goleada. Hoy, entonces, la pesadilla de la innoble desigualdad, es ganadora permanente e impune. Petróleo, armas, medicamentos, narcotráfico y trata –las cinco vías, los cinco negocios del capitalismo- florecen en la Argentina. El decreto 228 del 21 de enero de 2016 que firmó la vicepresidenta Gabriela Michetti declaró a la Argentina en emergencia nacional la cuestión de la seguridad. Habilitó a las fuerzas federales a intervenir en las provincias argentinas que enfrentan el llamado “peligro colectivo del narcotráfico”. La consecuencia fue la presencia de gendarmería, policía federal y prefectura en los barrios periféricos de 11 ciudades de Santa Fe, entre otras intervenciones. La cocaína, la marihuana y las metanfetaminas crecen, al mismo tiempo que esas fuerzas de seguridad nacionales refuerzan el control social sobre la pibada sin trabajo. Es más control social que supuesto combate contra el narcotráfico. Pero el macrismo ha hecho de esta idea, su relato. Por eso se exageran las calificaciones sobre los procedimientos de rutina en cualquier punto de la fenomenal geografía argentina. El negocio continúa porque no solamente es constitutivo al capitalismo, sino también al corazón de su esencia: no hay persecución alguna a los delincuentes de guante blanco, los verdaderos titiriteros del negocio. En el relato del combate al narcotráfico que asumió la administración del ingeniero Mauricio Macri, hay inflación de personajes orilleros pero pocos banqueros, jueces, políticos o funcionarios estatales. El clasismo del sistema: vigilar y castigar por abajo, mirar para otro lado cuando las causas están por arriba. Hay una novedad que se expresa en las cifras. Hay menos homicidios en las principales provincias argentinas relacionadas con el negocio narcopolicial. Pero esa realidad también es dual. Los asesinatos narcos se hacen cuando quieren las bandas. Ahora el problema no es la cantidad, sino la calidad. Se descendió a un círculo de mayor profundidad en relación a la violencia. La realidad es más densa, más compleja. Las propuestas del gobierno, en un año electoral donde se eligen las autoridades del medio mandato, son duplicar las cárceles, bajar la edad de punibilidad y reducir la pena a los condenados por delitos de lesa humanidad. Es la consolidación del decreto 228 firmado por la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti. La versión argentina del Plan Colombia. Mano dura con los de abajo, mano blanda con los de arriba. El presente está abierto. La esperanza se construye protagonizando la historia y diciendo lo que los demás callan. Las transformaciones sociales y políticas dependen de ese protagonismo. En ese camino, entonces, avanzan estas líneas. Edición: 3381

ANSeS y los inviables
Publicado: Jueves, 22 Junio 2017 14:47
ANSeS y los inviables

Por Silvana Melo  (APe).- Para que cierre, el círculo sistémico necesita sacudirse el excedente. Recortar lo inviable. Cerrar los puentes levadizos para que miren desde afuera los que no aportan para sostener el escenario de los vivos, los decididores y los propietarios. En la intemperie urdida hay 5.600.000 chicos pobres, un millón y medio con hambre. Y un 90 % de los viejos sin recursos para la vida. Para colmo todos ellos –niños y viejos- dependen. Son profundamente subordinados a un estado que los incluye en el container del descarte. Un estado que debería asegurarles salud –los dos extremos se enferman más que el resto- subsidiarles la fragilidad –ni unos ni otros están en condiciones de trabajar, de producir para el sistema- garantizarles el alimento –ambos, en su crecimiento-decrecimiento, demandan buenos nutrientes- y tramarles un espacio de disfrute. Pero las pautas del mercado declaran soberanamente la inviabilidad –por caros, por no rentables- de los viejos y los chicos. Y su cesantía de las cosas bellas de la vida. Especialmente para los viejos, porque los niños tienen aún la mínima prerrogativa del futuro, de ser una chispa de porvenir que se puede disciplinar. Los viejos tienen el descaro de ser pasado. Y no más. El estado, que es éste, el que se endeuda a cien años con una tasa altísima, el que pacta con las multinacionales que vuelan los cerros, arrancan las vísceras más valiosas de la tierra y envenenan los restos –sea bajo el gobierno que sea-, el que incluye y el que excluye, el que decide quién sí y quién no, suele ser cíclicamente más compasivo. Por un rato subsidia el abandono para que no parezca abandono. Después arranca cualquier piedad como maleza. O la fumiga con round up. Es ahora ese tiempo. Cuando el estado cachea a jubilados y pensionados para comprobar si esconden un fraude. Y por las dudas les quitan el beneficio como a la campera para revisarla. Y los dejan desnudos en la escarcha. La aparición de una leyenda mínima en los recibos de cobro de [email protected] por viudez es otra herramienta de Economía para recortar un déficit fiscal engordado por los inviables. En un ticket con letra débil, que con los días va languideciendo, se exige revalidar la data histórica del beneficiario y del origen del beneficio. Es decir, documentos que certifiquen que el inviable vivió, sufrió y amó con la persona que ahora está muerta y por la que recibe 6.000 pesos. Y, además, la prueba de que esa persona realmente murió. El plazo son sesenta días y, en algunos recibos, se suma la amenaza de la baja de la pensión. Cuyo cobro sitúa al cesanteado en la indigencia pero la virtual pérdida lo asoma a las puertas de la tragedia. El extremo final del descarte suele no ver bien. Y a veces le cuesta comprender. Le dicen que llame al 130. Donde jamás atiende nadie. Donde le proponen 10 números para digitar según el trámite pero el suyo nunca está incluido. Donde una voz grabada le aconseja que entre en el sitio web. Cuyos mecanismos son cosa de otro mundo y otro tiempo. Entonces va a ANSeS, si le dan las piernas. Le dicen qué papeles tiene que conseguir. Y cuánto cuestan si no los tienen. Entonces en la radio habla un burócrata de un estado impiadoso, que explica que en realidad ANSeS necesita digitalizar sus papeles. Y como da un poco de trabajo buscarlos en el archivo prefieren movilizar a la masa de remanentes de un tiempo mejor. Para que un aporte los vuelva un poco menos deficitarios. Los inviables, justamente por inviables, dejaron de merecer medicamentos al ciento por ciento, cuando se descuidan les reducen el porcentaje del aumento de marzo y setiembre, le recargan las tarifas, les encarecen los alimentos, les quitan las pensiones si son discapacitados o madres de siete hijos, [email protected] hacen movilizar a puro terror si son [email protected] y están [email protected] Como a los chicos, los amontonan en una vida baldía, meros espectadores de lo que sucede, empapados por una lluvia que no deciden. Muertos de frío por un invierno que no eligieron. Inviables.   Edición: 3379  

No es el frío
Publicado: Miércoles, 21 Junio 2017 15:52
No es el frío

Por Bernardo Penoucos (APe).- El viento sopla helado y corta cuerpo adentro. Transpirará la calle esa fría humedad de las largas noches de invierno y ha de transpirar junto a la calle, el cartón mojado y el cuerpo debajo. Cuántos serán los cuerpos, me pregunto, que no pasarán hacia la primavera próxima. Cuántos de estos cuerpos quedarán tiesos en este invierno, en esta desolación y en esa otra parte agrietada que nadie nombra ni mediatiza. La estadística pondrá a disposición los datos en no mucho tiempo; nos explicará objetivamente cuántos pibes y cuántos grandes murieron de frío y se fueron tosiendo en silencio. La estadística de cuadros y mapas conceptuales coloridos nos dirá cuántos argentinos no pudieron con los escollos de las largas noches de invierno. Y mientras nos diga irá despersonalizando la tan mentada cuestión social. Serán números los que murieron de frío y serán porcentajes los que se fueron de olvido. Hay un paisaje urbanístico que impacta. Cientos de viviendas deshabitadas, fastuosos edificios sin estrenar, terrenos cercados desde hace siglos y junto a esta foto de nuestros tiempos, familias enteras contando estrellas y buscando el calor en cualquier plaza del país. En cualquier entrada de edificio con complicidad mediante de un portero amigo. En cualquier puente de autopista, en todo rinconcito que regale, más no sea, un poco de reparo aliviador. Hay un paisaje que nos habla de la violencia primera, de la deuda mayor, de la vida y de la muerte. No será el frío quien congele matando a los pibes y a los grandes que sobreviven la calle, no será el argumento climatológico el que explique las muertes evitables, no serán las estadísticas ni serán los porcentajes. Será un país, y en éste, un proyecto de país que cierra con cuerpos afuera, con hombres y mujeres afuera, con niños y niñas afuera, con un afuera helado y punzante, con un afuera que nos sigue matando de frío y matando de penas. Tarde llegaran los hallazgos periodísticos, tarde los lamentos del Estado. De nada servirán los quiebres emocionales en la pantalla chica, porque habrá pasado el invierno y se habrán ido, junto con éste, rostros, historias, nombres y explicaciones tardías. Edición: 3378  

Fuego que mata
Publicado: Miércoles, 14 Junio 2017 16:06
Fuego que mata

Por Claudia Rafael (APe).- Siguen muriendo como pájaros. Derrumbados violentamente en el inicio de un vuelo hacia la magia, que debiera ser la vida. Ninguno de ellos tendría que estar allí. El lugar de la muerte es definitivo. Eluney, de 2 años; Mía, Zoe y Luana, de 7 cada una. Por una vela incendiaria que paliaba en la casilla de Lanús la falta de electricidad. Gabriel, de apenas 2 y los hermanos Kevin, de 1 y Milagros, tan solo de 3. En una aldea guaraní de Misiones que los incineró a la hora de la siesta. Los mismos 3 años de Agustín, asesinado por un balazo en la espalda, en Lomas de Zamora. Las cuatro niñas de Villa Diamante, Lanús, fueron atrapadas por las lenguas de un fuego arrasador. Ya no son. Conforman, juntas, entrelazadas -solitas y arrinconadas por el miedo de los instantes previos- esas piezas inolvidables del rompecabezas de la condición humana. Como Gabriel, Kevin y Milagros, a más de 1100 kilómetros de distancia. En la olvidada aldea Koenjú, de la comunidad Mbya Guaraní. Mientras sus mamás lavaban las ropas en el arroyo cercano. Tan iguales las muertes. Tan abismales los contextos. Las niñas de Lanús, en sus casillas frágiles de miserias olvidadas, amontonadas en ese triangulito que representa el 0,1 % de la geografía argentina junto a otros 11 millones de almas trajinantes. Apiñadas malamente mientras la madrugada olvida a los débiles y una vela no alcanza para ver horizonte alguno detrás del túnel pero sí para transformar en cenizas los sueños. Los niños de Koenjú, con el monte alrededor que cobija del resto del mundo, respiran y cantan otros ritmos. Apenas 35 familias guaraníes en la aldea. Allí donde las casitas de tacuara permiten entrar los hilos de un sol, cuando hay, que abriga apenas en los días fríos. Pero la lluvia obliga al fogón paredes de caña adentro. Para abrigarse, para cocinar. Para pelearle al frío. Esa lluvia que –escribía Horacio Quiroga- persiste “todo el día sin cesar, y al otro, y al siguiente, como si recién comenzara, en la más espantosa humedad de ambiente que sea posible imaginar…” Agustín también tenía 3 años. Tres velitas. Tres sueños. Otra piecita ausente del rompecabezas de la condición humana. El fuego que le estragó la magia a Agustín era otro. No hace llamas pero tiene la misma crueldad. Mata. Quema de un modo diferente. En un escenario de ferocidad que hila en una trenza fatal a otras víctimas. Las que alguna vez tuvieron 3, 5, 9 pero a las que el poder institucional que decide quién sí y quién no, fue cincelando entre constelaciones de atrocidad. Y crecieron hundidas en el entramado de violencias diseñadas finamente por el estado. Connivente con otros estados paralelos que usan y tiran. “Papá, me duele”, cuentan que dijo el nene de 3 años antes de morir, en Lomas de Zamora. La vida de Agustín ya no es ni será. En este desierto de utopías en el que valen más las mercancías impuestas por la lógica de mercado y de estado que la argamasa de la ternura, hay muertes diseñadas. Vidas sobrantes. Como las de los dos pibes de 14 y 16 señalados como responsables. Que –sean o no culpables de tan tremenda atrocidad- serán convenientemente servidos en bandeja de plata para fogonear la punibilidad cada vez más temprana. Fue esa lógica estatal que decidió las fronteras de la pertenencia y la no pertenencia, la que prediseñó las construcciones de vida que pueblan de countries los humedales y apiñan millones en casillas de cartón con iluminación y calefacción a vela o a kerosene. La misma lógica que forjó las llamas en Villa Diamante mientras Edesur, y el estado que connive, había dejado la barriada sin luz desde hacía más de una semana por un transformador nunca reemplazado. “Hay una demanda judicial en curso”, se escudaron los funcionarios del municipio de Lanús. Como si las presentaciones ante la justicia devolvieran respiros. Reanimaran latidos. Esa lógica de mercado es la misma que desmadra los días de pibes que crecen jugando a la vida y a la muerte, como si matar o morir tuviera regreso, con la violencia tóxica que quema el cerebro. Es esa lógica impune. Que sirve únicamente a los poderosos. Que muerde sólo a los descalzos, como diría Galeano. Que enrola para forjar ejércitos de crueles anónimos, a los que irá quitando sentidos y sensaciones simplemente para alistarlos a su servicio. Y de los que luego se desprenderá sin miramientos. Para qué tanto sol, tanta abundancia torrencial, toda la vida planetaria, si nos golpea la injusta repartición, si la muerte baja del cielo a los extremos de la tierra, si la pobreza me aleja de las flores y la fiesta, escribió Adoum. El rompecabezas de la condición humana se está ahuecando de piezas fundamentales. Y los niños se preguntan ¿cuándo es la felicidad? Edición: 3373  

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Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

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Galería fotográfica

 

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Pobreza

Según el Indec, el balance de un año de gestión de Macri dejó 13 millones de pobres.


Pobreza I

La ciudades más pobres del país son Santiago del Estero (44 %) y Concordia (43,6%) (Cifras Indec).


Docentes

Santiago del Estero exhibe los salarios más bajos del país. Le sigue Formosa.


Omar Cigarán

El juicio contra el policía Diego Walter Flores por el crimen de Omar Cigarán llega a la etapa de alegatos.


Florencia

Detuvieron al padrastro de la nena de 12 años abusada y asesinada en San Luis.


Megaminería

Hubo otro derrame en la mina Veladero, de San Juan y la megaminería sigue envenenando la tierra y el agua.


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Hechos en imágenes

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