Sexo fácil
Publicado: Viernes, 14 Diciembre 2018 14:32
Sexo fácil

Por Alfredo Grande (APe).- La cultura de la anestesia tiene como uno de sus efectos, lo que se denomina “naturalización”. En honor a una verdad, ya que tantos honores les hacemos a las falsedades, la naturalización es una culturalización burocratizada. Repetida, rutinaria, ritualizada. De ese sopor, de esa anestesia cotidiana, de ese acostumbramiento parásito que tiene su credo en el refrán resignado: “así es la vida”. Y como siempre digo, la derecha siempre tiene razón, pero es una razón represora. “Así es la vida”, cuando la vida es sostenida desde un fundamento represor. La creatividad, la alegría, los vínculos eróticos y deseantes se atrofian. “No hay otra”. Y es cierto: no hay otra, ni otro ni otre. Pero en tanto y en cuanto el modo de producción de bienes y personas sigue sostenido en la propiedad privada, que de tan privada a veces es solitaria. Concentrada en pocas empresas, personas, círculos rojos y escarlatas de poder. La cultura de la anestesia, del “mal pero acostumbrado” que el gaucho Inodoro Pereyra, la creación del Negro Fontanarrosa, enunciaba como análisis de su propia implicación, es sacudida y conmovida por los denominados analizadores. Que pueden ser espontáneos, históricos o construidos. Mi trabajo clínico institucional tiene como brújula orientadora propiciar que los analizadores “hablen”. Juan Darthés es un analizador espontáneo. Lo que denominaré el analizador Darthés. Hace más de 25 escribí un texto sobre el analizador Drácula y los ideales del Superyo. En ese momento el concepto de cultura represora se estaba gestando. O sea: los mandatos destructivos, los mandatos sangrientos, los mandatos de exterminio, también son idealizados. Y hay muertes decretadas desde afuera (la guerra) y hay muertes decretadas desde adentro (la culpa y el autocastigo) En el 2016 publiqué un texto en APE sobre un concepto que desarrollé en el 2008: sexualidad represora. En el marco del patriarcado, organizado al modo de masa artificial (concepto freudiano que no debemos olvidar) la sexualidad se mantiene como reprimida pero también como represora. O sea: se reprime a la sexualidad con la sexualidad. El modo patriarcal organiza la hegemonía de la sexualidad reprimida en las mujeres, y la hegemonía de la sexualidad represora en los varones. La sexualidad heterosexual, reproductiva y monogámica, es decir, sacramental, es el huevo de la serpiente de la sexualidad represora. En trazo grueso, la sexualidad represora reprime a todas las formas de sexualidad no reproductiva. Y a la sexualidad reproductiva la ubica en el mandato y la aleja del deseo. Por eso se opone a la legalización del aborto y a la fertilización asistida. El analizador Juan Darthés sacude la modorra y la anestesia cotidiana. Durante un tiempo el cura Grassi fue un analizador privilegiado de la lógica tanática de la pedofilia. Hasta donde yo sé, porque mi relación directa con el estado del vaticano es nula, nunca fue excomulgado. Y la pedofilia se sostiene al hacer rotar a los curas pedófilos por diferentes diócesis. La sexualidad represora se expresa en: 1) violación 2) prostitución por mandato, denominada la Trata 3) prostitución como estrategia de supervivencia 4) pornografía con niñas y niños 5) pedofilia 6) acoso, maltrato, femicidio. La sexualidad represora impide el debate sobre las libertades sexuales. La sexualidad, fuente de todo placer y justicia, queda capturada en las redes de la cultura represora. Y sufre una mutación fundante: “donde hubo placer, culpa ha de advenir” “donde hubo deseo, mandato ha de advenir”. El plano jurídico me es ajeno. Me interesa el plano político institucional. Justamente para salir del aplanamiento del pensamiento único. Las denuncias contra el accionar de Juan Darthés tienen a mi criterio un plano institucional si las pensamos como analizadores. Es la única forma de transformar la subjetividad dominada y sometida en una subjetividad rebelde que subvierta los mandatos represores. Incluso los mandatos de la sexualidad represora. Especialmente esos mandatos, porque siguiendo a Freud y a Wilhem Reich, la represión sexual es la madre (¿y el padre?) de todas las represiones. Muy especialmente, la represión del pensamiento. Sigo sosteniendo que el escándalo es la cara visible de la hipocresía. El denominado feminismo blanco y burgués invisibiliza ciertas modalidades del patriarcado de clase. Un párrafo de un texto de Claudia Korol, que me permito citar dentro de mi contexto: “Tal vez ése sea uno de los desafíos centrales de los feminismos populares. Que los focos iluminen también las regiones donde ni los taxis, ni los colectivos, ni los servicios urbanos llegan. Que digamos “yo sí te creo” a las mujeres negras e indígenas que interpelan el racismo de un feminismo blanco al que sienten como ajeno”. De lo contrario, quizá podamos condenar a un perro, pero nunca acabará la rabia. Y la rabia es la condena religiosa y laica a la sexualidad. Incluso la de los adultos, pero también la de los y las adolescentes y niñas y niños. El placer sexual como tal, extirpado de sus condicionantes represores, es una pedagogía de la vida. La resistencia y el sabotaje a la Educación Sexual Integral es una prueba que a la cultura represora sólo le interesa disciplinar la sexualidad. Deja indefensas a las mujeres y a los varones no represores. Tampoco estimula los mecanismos de autoconservación y defensa personal, de tal modo que las víctimas van sumisas a los diversos mataderos del deseo. La violación es el paradigma de la sexualidad represora. Por eso es un ejercicio despótico y tiránico del poder que anula el legítimo disfrute de la corporalidad erógena. La sexualidad represora garantiza el sexo fácil del represor. Subvertir sus mandatos es la única forma de curar las más profundas heridas y prevenir nuevas laceraciones. Las tenazas de la sexualidad represora más la sexualidad reprimida seguirán mutilando los destinos deseantes. El sexo fácil para unos deviene en sexo como castigo para otres. Extirpar el delirio del pecado original para ocuparse de extirpar los delitos que no son tan originales, ya que se repiten y multiplican a lo largo de las historias de sometimiento y dominación. La impunidad cultural y política del sexo fácil será subvertida en tanto los colectivos libertarios de mujeres y de la disidencia sexual impacten en el fundante represor de la cultura. Sin reduccionismos individualistas y siempre con un fundante clasista y revolucionario. La revolución sexual de los 60 necesita su continuidad histórica. Y mi deseo más profundo es, en este espacio tiempo de los 70 años, al menos no impedir que suceda. Edición: 3774    

Mal rayo parte a los pobres
Publicado: Viernes, 14 Diciembre 2018 00:35
Mal rayo parte a los pobres

Por Silvana Melo (APe).- A ella el rayo le partió la cabeza. Vivía en la calle y la tormenta la topó al mediodía, a orillas de la autopista Dellepiane, por Parque Avellaneda. Una parte del golpe eléctrico le incineró el brazo a él. Los dos tenían el corazón detenido cuando la ambulancia vino y los levantó. Ella murió en el viaje. Y restó de prepo una ignota vida suburbial. Uno menos de los más de cuatro mil destechados de la ciudad de oro. Apenas un rato antes el Presidente se emocionó y gritó Argentina Argentina en el CCK. A millones de años luz de esa mujer de 23 años que en ningún lado tiene nombre y a quién le importa su nombre si se domicilió en la tierra donde pudo caerse muerta cuando un mal rayo la partió. Como una maldición de gitanos a su vida, dirían Berni o Pichetto. Pero la maldición es sistémica, estatal, de hombres blancos y trajeados que pisan alfombras rojas y orinan en porcelana. Que se emocionan por lo que no cumplen y que a los pobres los parta un rayo. Acaso la manera más cristiana de resolver la pobreza, si no es a cero al menos con unos cuantos restados del fastidio estadístico. Pero el mismo día, el de la emoción y el de la chica que se tragó la tormenta, aparece el número de la Universidad Católica Argentina. El fatídico número que agranda a la chica sin nombre, que a los 23 la partió un rayo con la maldición divina del árbol en el que se refugió. Sin hacer caso de las recomendaciones del estado, que recuerda con dedo de escuela primaria, no hay que refugiarse bajos los árboles en una tormenta eléctrica. El que no tiene ni baño ni casa ni techo ni cama calentita ni cocina ni bañera ni espejo ni bacha ni canilla mezcladora ni una bolsa de nailon para taparse la cabeza se tira bajo el árbol. Por instinto, señor. Y porque no hay más remedio. Si el rayo viene y parte la cabeza en dos será el destino. Ese que no se puede torcer porque viene adherido al adn. Como una garrapata. Gendarme de lo que tiene que ser. El destino del 33,2 por ciento de la población bajo la línea de la pobreza, tres puntos más que en 2015 cuando el hombre que se emociona y grita Argentina Argentina dijo que prometía pobreza cero y todos sabían que era un eufemismo, una adjetivación vacía a un sustantivo feroz, una mentira flagrante para los crédulos, un mimo para los despreciantes del populismo. Del populismo que dejó el 29,2% de pobres y cree que dejó un paraíso. Y en realidad, a pocos les importa que a uno de cada tres vivientes de este país los parta un rayo o los disloque una centella, que para el caso es lo mismo. Al mediodía se refugiaron bajo el árbol y a ella la descarga la destruyó. El va viviendo, porfiado. No quiere darles el brazo a torcer. En la próxima tormenta no se guardará en el árbol. Se plantará en la Dellepiane para que lo vean. De algo hay que morirse. El ajuste despiadado que tira gente a la calle como basura (como a ellos dos, bajo el árbol, pegadito a la autopista) acomoda en las vidrieras de la pobreza, para que por un rato el mundo los vea, al 51,7% de los chicos de 0 a 17 años. Cincuenta y uno de cada cien. Trece millones y medio de pobres en el país de la tierra fecunda. Tres millones y medio con hambre en el país del alimento. Ocho millones de niños condenados. Con escasas perspectivas de romper los muros del arrabal. Inviables, como muchos futuros. Que no emocionan a nadie en los altos edificios del estado. A los que un día un mal rayo los parte. Sin nombre, ni calle, ni número, ni obituario. Edición: 3773  

La 956 y los mutantes
Publicado: Jueves, 06 Diciembre 2018 14:38
La 956 y los mutantes

Por Carlos del Frade (APe).- -Tire primero, pregunte después… Así era la consigna de la policía rosarina durante la noche carnívora del terrorismo de estado entre 1976 y 1983. La impuso un cuadro de la represión, Agustín Feced, a quien la ex presidenta María Estela Martínez de Perón le llegó a ofrecer la conducción de la Triple A y que rechazó porque no aceptaron su condición que se televisara por Canal 7. Feced le dijo al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, en septiembre de 1986, que él hizo lo mismo que el coronel Varela en la Patagonia. Desaparecer y fusilar trabajadores a pedido de los dueños de casi todo. Como había sucedido desde el 6 de septiembre de 1930, primer golpe de estado en Argentina, hasta el 24 de marzo de 1976, las dictaduras aplicaron la llamada ley de fuga. Es decir, el armazón jurídico que Feced sintetizó con “tire primero, pregunte después”. En el reciente anexo de la resolución 956 del gobierno nacional del ingeniero Mauricio Macri, publicado en el Boletín Oficial de la República Argentina, se repite la idea de la ley de fuga. Las fuerzas federales de seguridad podrán tirar a matar “en defensa propia o de otras personas, en caso de peligro inminente de muerte o de lesiones graves; para impedir la comisión de un delito particularmente grave, que presente peligro inminente para la vida o la integridad física de las personas; para proceder a la detención de quien represente ese peligroinminente y oponga resistencia a la autoridad” y “para impedir la fuga de quien represente ese peligro inminente, y hasta lograr su detención”. El concepto de la ley de fugas de todas las dictaduras en Argentina. El tire primero, pregunte después. Y más allá de las discusiones, el principio filosófico de la supuesta “mano justa” de la que habla el ministro de Justicia, Germán Garavano, está en el artículo primero de la resolución: “Los funcionarios de las FUERZAS FEDERALES DE SEGURIDAD cumplirán en todo momento los deberes que les impone la ley, sirviendo a su comunidad y protegiendo a todas las personas contra actos ilegales, en consonancia con el alto grado de responsabilidad exigido por su profesión, en cumplimiento y en protección de la dignidad humana y los derechos humanos de todas las personas. Sólo podrán usar las armas en cumplimiento de sus deberes cuando sea estrictamente necesario y en la medida que lo requiera el desempeño de sus tareas”. Es llamativo el uso del concepto de la “protección de la dignidad humana”. Porque esta resolución toma estado público en la misma semana que UNICEF Argentina acaba de publicar su informe en relación a las niñas, niños y adolescentes en estos atribulados arrabales del mundo. En este lugar cósmico donde generaciones enteras creían en que las niñas, los niños y los adolescentes eran los únicos privilegiados. “El análisis de privaciones no monetarias toma en cuenta distintas dimensiones que vulneran los derechos en la infancia y adolescencia y determinan situaciones de pobreza: educación, protección social, vivienda adecuada, saneamiento básico, acceso al agua segura y un hábitat seguro. Los datos revelan que la pobreza entre las personas menores de 18 años alcanza un valor de 48% y se sitúa 10 puntos por encima de la población en general (38%): esto es 6,3 millones de niñas y niños que ven vulnerado el ejercicio efectivo de sus derechos”, remarca la investigación. 6,3 millones de niñas y niños con sus derechos vulnerados. No hay ningún privilegio en ser niña y niño en la Argentina. La protección de la dignidad humana en el descenso. -La pobreza tiene cara de niño y de niña - afirmó Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión Social de UNICEF Argentina. En estos mismos días autorizar el gatillo fácil, de legalizarlo en nombre de la dignidad humana, casi la mitad de las pibas y los pibes argentinos viven en la pobreza. Mucha gente saluda la resolución 956, su protocolo, la “mano justa” y el tire primero, pregunte después. Antes de inventar su muerte, Feced dejó otra enseñanza a los policías rosarinos. Les habló de los mutantes. Seres que parecían humanos pero que no lo eran y que, por lo tanto, debían morir. Con los años, “mutantes” pasaron a ser las pibas y los pibes de los barrios empobrecidos. Esos números que hoy aparecen en el informe de la UNICEF. Esas caras que, posiblemente, asomen en las fotografías de las víctimas de la resolución 956 que, en nombre de la dignidad humana, serán fusiladas por la espalda. Las caras de los “mutantes”, las espaldas baleadas de los “mutantes”. Edición: 3768

Peligro inminente
Publicado: Martes, 04 Diciembre 2018 02:47
Peligro inminente

Por Silvana Melo (APe).- Pocos conceptos son de tan compleja y arbitraria definición como el peligro inminente. Tanto el peligro en sí mismo, como la inminencia. A tal punto se expande la arbitrariedad que para una ministra el peligro se encarna en un mapuche o en un escapado de la villa que se atrevió a pisar la vereda del sol y a usufructuar la luz de los elegidos. Y la inminencia pasa por arrebatar filamentos de esa luz. O sol de esa vereda. Y llevárselos para el aguantadero donde se aguanta. El agite y el faso. El sitio de marginetas y lumpenaje. La vida se aguanta. La de los que no merecen andar vivos. Y si se puede se aniquilan, así como se corrió en estos tres días locos a la gente de la calle, sin nombre ni domicilio. Sin vida propia ni carne viva para echar al piso. El protocolo del Ministerio de Seguridad es el protocolo de la victoria. Porque fue el gatillo cómodo, el gatillo ligero el que se alzó victorioso con el aplauso de la comunidad en general. Que no sabe ni quiere saber ni imagina ni le importa que mañana pueda convertirse en su propio peligro inminente. Y que las balas que deseó a los desnombrados le rocen un día en la nuca porque el peligro es tan amplio y la inminencia tan democrática que le puede calzar a cualquiera. Y es el triunfo de la Seguridad ministerial, de la ideología de las armas fáciles, de los victimarios que se ponen gorra de justicieros, piel de víctimas y disparan de puro gusto, de convicción, de asco o de miedo. El protocolo es el mismo que la Seguridad fue amasando en la visita a los gendarmes que atacaron a los pibes murgueros de la 1-11-14, pero a los pibes no. En la recepción a Chocobar mientras la justicia lo acusaba. Y recordaba que el hombre y la ministra construyen sentido sobre una mentira: el policía no se defendió de nadie sino que disparó por la espalda a quien huía. Ahora está protocolarmente avalado. Pero como las normas no son retroactivas, probablemente sea condenado a la vez que le caiga la medalla al cuello. Contradicciones de la ilegitimidad legal. Que ampara a la muerte fácil y expedita. El protocolo del té de noviembre con Carla Céspedes, la mujer policía que mató por la espalda a un hombre que escapaba, desarmado, después de robar un super chino. El protocolo que se terminó de amasar en los días del G20, armados los patovicas oficiales hasta los dientes, tanques y blindados ecuménicos para mantener lejos a la carne humana. Que tanto inconveniente provoca. El protocolo oficializado ayer deja hacer. Dispone para las policías y etcéteras la amplitud del peligro inminente como quiera comprenderlo. Aunque puede deducirse con cierta fatalidad hacia dónde apuntará la peligrosidad y la inminencia. Al brazo armado del estado se lo habilita a disparar en defensa propia, para impedir un delito, para realizar la detención o para impedir la fuga. Lo único imprescindible es la existencia del peligro inminente. Que es definido, en más o menos palabras: cuando se actúe bajo amenaza; cuando el presunto delincuente posea un arma letal, aunque después se compruebe que era de juguete; cuando se crea que el sospechoso pueda tener un arma letal; cuando se esconda; cuando pueda matar, aun sin armas; cuando se fugue. El protocolo deja la línea grave entre la vida y la muerte en manos de una máquina de suponer. Con el dedo en el gatillo. La imagen del peligro inminente parece clara para los suponedores y los alquimistas de la presunción: suele ser moreno, joven, niño casi, marginal, sin nada que perder. Y nada que ganar. Suele ser habitante del exilio, de las intemperies, de las noches suburbiales. Suele ser indeseable, revulsivo, candidato puesto a la aniquilación. A formar parte de aquellas infanterías que van al muere en las guerras, en las crisis, en las hambrunas, en las conquistas fondomonetaristas, en los protocolos de la Mega Seguridad. Con una resistencia tan escasa, que el gesto ministerial ni se altera. Alguna vez, acaso, la inminencia del peligro les sacudirá la calma. Cuando el peligro sea otro. Y la inminencia también. Edición: 3766

Mayorías goleadas
Publicado: Lunes, 03 Diciembre 2018 13:04
Mayorías goleadas

Por Carlos del Frade (APe).- “Boca y River nacieron en el mismo barrio, La Boca, que hasta 1922 cobijó sus historias de amores y de odios. Ese año River abandonó el sureste porteño dejando a Boca como único dueño del lugar”, cuenta Alejandro Fabbri en su libro “El nacimiento de una pasión. Historia de los clubes de fútbol”. Muchos años después de sus orígenes compartidos, el Club Atlético River Plate está ubicado como la empresa 538 entre las mil que más venden en la Argentina crepuscular del tercer milenio. Tuvo una facturación de 2.006 millones de pesos durante 2017, según el balance 2018. Boca Juniors, por su parte, fue la empresa número 580 entre la élite del poder económico en estos arrabales del mundo. Facturó 1.798 millones de pesos. Muy lejos de los obreros portuarios y los trabajadores del carbón que le dieron sus nacimientos, los clubes más populares de la Argentina son hoy grandes cajas por donde circulan flujos de dineros legales e ilegales. El sábado 24 de noviembre de 2018, el presidente de la llamada Superliga Argentina de Fútbol, Mariano Elizondo, escribió que “la industria del fútbol argentino, a pesar de los vaivenes de la economía de nuestro país, se encuentra en pleno crecimiento” y que “en Europa definen este River Boca como el clásico más importante del mundo. Provoca la mayor atración”. Agregaba que “exportar y generar talento seguirá siendo una sana costumbre de nuestro mercado. Y nos permitirá potenciar la marca fútbol argentino…Argentina es el primer exportador de jugadores de América y el tercero a nivel mundial”. Horas después, un grupo de barrabravas de River, tan directamente vinculado al presidente Donofrio como la barra de Boca a Angelici, generó, junto a los asociados de siempre, los nichos corruptos de las fuerzas de seguridad, las condiciones necesarias para exportar el gran espectáculo del clásico argentino. Causa asco que personajes como Donofrio y Angelici no declaren por sus relaciones con las barras ni tampoco por la enorme cantidad de dinero que fluye por sus clubes. Causa una profunda pena saber que miles y miles de hinchas de todo el país todavía creen que las camisetas de sus clubes sintetizan el amor y la identidad barrial y cultural de los barrios obreros que alguna vez iniciaron una pasión que se transmite de generación en generación. Causa indignación que la mayoría de los comunicadores de Capital Federal no cuestionen las relaciones entre dirigencia futbolística, política, empresariales y fuerzas de seguridad que saquearon hace rato al juego más lindo sobre estas pampas. La violencia es un insumo básico del negocio de las minorías. -No podemos ser cómplices de la agonía del fútbol argentino – dijo Gabriel Batistuta, el hoy productor terrateniente del norte profundo santafesino quizás sin reparar en algunas de las complicidades de las que fue protagonista. Pero esa agonía es indiferente al gran negocio del fútbol, “nuestra gran vidriera”, como escribió o mandó que se escriba el presidente de la Superliga Argentina de Fútbol. Ahora el negocio es la venta de pasajes aéreos a Madrid. Poco importa la contradicción que la final de la Copa “Libertadores de América” se juegue en la tierra de los invasores contra los cuales miles y miles lucharon para ser, justamente, los libertadores de aquellos esclavizadores. Me parece que toda esa gente que no tiene nada que ver con lo sucedido, no tienen que pagar por unos maleducados. A lo mejor, solamente tenían esta posibilidad de ver un Boca - River en una final y no la van a poder ver porque lo han cambiado a Europa…Se supone que no tengo nada que ver, pero yo como jugador sudamericano y como un enamorado del fútbol y de la rivalidad sana, me he sentido en el derecho y en la obligación de expresar mi opinión – sostuvo el brasileño Dani Alvez. El fútbol es la metáfora más clara del capitalismo. Millones se quedan afuera de la fiesta de unos pocos. Millones soportan que les digan que las reglas de juego son inmodificables. Millones se resignan a que la felicidad sea la propiedad privada de unos pocos. Cancha chica del fútbol, cancha grande de la realidad. Las mayorías cada vez más lejos de lo que quieren. Las mayorías goleadas. Edición: 3765

#CómoNosPonemos: rebeldía ante el poder
Publicado: Miércoles, 12 Diciembre 2018 15:55
#CómoNosPonemos: rebeldía ante el poder

Por Claudia Rafael (APe).- Lara tiene tres o cuatro años menos que Thelma Fardín. Tal vez ayer en la tarde se sentó frente a la tele y miró a esas decenas de mujeres famosas, de las que usualmente pueblan las pantallas grandes o chicas, diciendo a coro “mirá cómo nos ponemos”. Quizás se vio en el espejo de esa piba bonita que hacía de la “popular” Josefina en la tira “Patito feo”. Pero Lara no es Thelma ni lo será jamás. No tuvo un colectivo de pares que estiraran los brazos para cobijarla. Ni lo habría hoy ocho o nueve años después de aquellos abusos sexuales sistémicos que la atrapaban entre telarañas dentro de las cuatro paredes de su casucha. El que le decía “mirá cómo me ponés” o ni siquiera eso, no era el protagonista de una telenovela de enorme rating sino ese hombre entrado en carnes, que olía a alcohol y pasaba demasiado tiempo dentro de la casa. Ese hombre del que lleva su sangre y sus genes. Y el Estado cada dos por tres, cuando intuía que las cosas se ponían difíciles, la arrancaba de la casita y la “protegía” temporalmente en el instituto para pibas en la ciudad. Pero después, la regresaba a la trampa feroz. “Mirá cómo me ponés”, “vos te la buscás”, “por qué volvés si decís que no te gusta”, “por qué te vestís de esa manera”, “si lo contás, nadie te va a creer”, “este es un secreto entre vos y yo”, son todas estrategias del poder. Son todas herramientas de los victimarios. Lara no es Thelma porque no tendrá cadena nacional que hable de ella ni tampoco contará con la empatía de su entorno. Porque en su entorno o en el de la piba de 15 que contó que un gendarme la había abusado en Lomas de Zamora o en el de los pibes violados por el cura Grassi todo cuesta el doble o el triple. Y la batalla no se empieza o bien, se diluye en el camino. La realidad cotidiana de miles y miles de pibas y pibes no es ésa. Las violaciones, puertas adentro de la propia casa, en el entorno familiar, en la escuela, en el club, en la iglesia no importa el culto, en el trabajo, en los parques, en el programa de tevé, en el teatro, en el hospital son naturalizadas por una sociedad en la que hay estructuras de poder que dividen tajantemente entre dominadores y dominados. Entre abusadores y abusados. Entre golpeadores y golpeados. Entre explotadores y explotados. Y Thelma, que a los 16 fue violada por un actor y cantante de los que acostumbran a derretir con sus sonrisas, puede hablar nueve años después porque otras hablaron antes pero también porque fue abrazada. Porque no se naturalizó su dolor. El cuerpo de Thelma, el de Lara, el de la piba de Lomas, el de los niños de la fundación de Grassi, el de los pibes de los juveniles de Independiente, el de la niña de 13 de Rosario de Lerma, el de Lucía Pérez, el de María Soledad Morales, el de Patricia y Leyla en los crímenes de la Dársena, el de Natalia Melmann, el de Melina Romero, el de tantas y tantos, es el territorio donde el poder planta bandera para devastar. Para hacer tierra baldía. Para disciplinar. Para ejercer control. Para punir ante el atisbo de no. Para violentar, arrojar a la basura, volver a utilizar. Para estampar las huellas de la crueldad sobre la piel. Para usurpar la vida. La rebeldía no es un acto de estallido individual. Es un estadío amasado en el tiempo. Con el cobijo colectivo para dar cada paso. La rebeldía es un acto irreductible ante los detentadores del poder. Que sólo se construye en el tejido social entre pares. Para resistir ante los pedagogos de la crueldad. Que saben amasar mansa o violentamente su perversidad cuando prima el silencio de los sojuzgados. Edición: 3772  

Mariana, entre llamas y carreteles
Publicado: Martes, 11 Diciembre 2018 15:54
Mariana, entre llamas y carreteles

Por Silvana Melo     (APe).- “¡Mariana, saltá!” gritó Virginia apretando en sus brazos a su niño de cuatro años. Las llamas hicieron imposible que ella entrara a sacarla. Mariana tenía 11 años y no pudo saltar. Murió entre las máquinas de coser del taller donde trabajaba su madre. Entre carreteles y blusas hilvanadas Mariana no saltó. Y fue otro nombre en la lista engordada con infancias que la industria textil guarda en su desván. Una lista de muertes de la clandestinidad, de la trata, de la explotación, del sojuzgamiento de niños y mujeres, de tantos que llegan de Bolivia para hacerse una vida mejor. Y terminan cautivos y hacinados. Esclavos de un sistema glamoroso en grandes marcas. Que se construye con carne morena, sangre invisible y multitud de nadas cuyas vidas y muertes cuestan lo mismo. Es decir, menos que la bala, que la llama, que la aguja que los mata. Virginia Ramos, de 26 años, pudo sacar a su hijito más pequeño. Pero el fuego le alzó una muralla que la separó de Mariana. La casa donde vivían dos familias se redujo a escombros. El taller textil donde cosían la vida misma en cuatro puntadas para sobrevivir al menos hasta el día siguiente, guardó las cenizas de Mariana. Que apenas a los once años no pudo saltar. Y se sumó a la caravana de niños que se prepara para volver en semillas transformadoras desde las llamas de su esclavitud: Wilfredo (15), Elías (10), Luis (4), Rodrigo Quispe (4) y Harry Rodríguez (3), todos muertos en el incendio de un taller clandestino en la calle Luis Viale, en 2006. Y Rodrigo (7) y Rolando (10), en el taller de Flores, en 2015. Virginia habrá logrado sortear esclavitudes directas, golpes en el cuerpo y en el alma, jefes que la encerraran en piezas ínfimas de donde no se puede salir. Bolivia aporta todo el tiempo carne morena para la pira sacrificial del capitalismo criollo. Donde se cose y se cose para los sellos estelares. Y se muere sin que nadie les sepa la huella de un dedo ni el nombre de pila ni si les gusta la naranja o la pera. El rojo o el celeste. Habrá logrado Virginia encerrarse en su casita alquilada con otra familia y la suya en un rincón donde la máquina rodaba dale que dale para los cinco pesos por jean que el glamour cobra dos mil. Pero las llamas, que son feroces y pertinaces, la persiguieron hasta quitarle a Mariana, una ofrenda más al Minotauro sistémico. El estado no las vio nunca, preocupado porque las empresas corten el agua de quienes no pueden pagarla. O porque los gendarmes disparen en las espaldas de los que huyen. O porque los que no tienen techo donde guardarse ni suelo donde caerse no se vean iluminados por las luces del centro. Mariana no fue el lunes a la Escuela 7 del Distrito Escolar 13 de Mataderos. En lugar de su presencia en el aula de quinto grado, hubo una colecta para su velatorio. La familia lo perdió todo en el incendio. Y ella ya no está. La familia se ve apenas, durante un rato, para algunos estamentos del estado a los que no les queda otro remedio que dirigirle la mirada. Los grandes medios no pierden el tiempo. Y ella andará con su nombre hermoso, tímidamente, en los títulos de los medios territoriales, los que van como las hormigas, en los pies del sistema, mordiéndole los dedos. Dicen que fue la sobrecarga del enchufe por el arbolito de Navidad. O un espiral contra los mosquitos. La verdad es que se la llevaron las llamas. Mientras, el estado le pespunteaba la muerte. Después de deshilacharle sistemáticamente la vida. Edición: 3771  

Sobre seguridad
Publicado: Lunes, 10 Diciembre 2018 18:49
Sobre seguridad

Por Carlos Del Frade (APe).- Después del petróleo, las armas son el segundo negocio más rentable del capitalismo. Por eso la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, alentó la posibilidad de armas para todos. El gobierno nacional no quiere discutir la realidad, ni siquiera la que favorece su propia imagen. Las cifras del Ministerio de Seguridad de la Nación demuestran que se redujeron los hechos delictivos y los homicidios. En 2015 hubo 1.568.084 hechos delictivos en el país. En 2017, 1.493.733. Y se registraron 4.954 homicidios en 2014 y fueron 3.562 en 2017. Esos números dicen que bajan los índices de homicidios y hechos delictivos en la Argentina cada vez más crepuscular del siglo veintiuno. Pero no quieren decir eso. Ellos necesitan dar licencia para matar como se desprende de la resolución 956 basada en la defensa de la dignidad humana, según dice su articulado. Necesitan decir que ellos quieren la venganza y no la justicia. Que ellos forman parte de los que quieren sangre de anónimos sobre las calles argentinas. Que tiene que ser ojo por ojo, diente por diente. Que no importa la justicia ni mucho menos eso de los derechos humanos. Pero llenar las cárceles de pibas y pibes menores de treinta años no es igual a matarlos por la espalda. Ni tampoco es sinónimo de seguridad ni mucho menos de justicia. “Argentina sin narcotráfico” es otra de las consignas del gobierno nacional. Sus propios números hablan del fracaso de su política en este sentido. 83 por ciento más de cocaína, 199 por ciento más de LSD y 2.725 por ciento más de anfetaminas. Se llenan los penales pero el negocio del narcotráfico, como el negocio de las armas tiene que seguir creciendo. Ellos lo garantizan. Y otra clave más que ofrecen los números oficiales del Ministerio de Seguridad de la Nación: Los únicos delitos insignificantes son contra el orden económico y financiero: 863. Quizás porque ellos sean los peores delincuentes de guante blanco. Quizás porque los titiriteros siempre tienen que ganar. Esta cifra da para pensar en voz alta. Solamente 863 delitos contra el “orden” económico y financiero. Es elocuente el punto de vista. ¿Y si uno se preguntase cuántos delitos cometió el “orden” económico y financiero contra el pueblo argentino en los últimos cincuenta o cien años?. ¿Dónde figura esa estadística?. Lo cierto es que el único número oficial dice que son poquísimos los delitos cometidos contra el “orden” económico y financiero. Una síntesis del sistema. Hay menos homicidios, más narcotráfico, más armas y menos problemas para bancos y asociados. Pero lo que importa es la mano dura contra los delincuentes, tal como se lee y escucha en los medios de comunicación. Y todo en nombre de la seguridad y la dignidad humana. Detrás de estos números oficiales, entonces, las hipocresías que alimentan el canibalismo y el cada vez más acentuado retroceso democrático. Edición: 3770    

La guerra y la tregua
Publicado: Viernes, 07 Diciembre 2018 14:30
La guerra y la tregua

Por Alfredo Grande    (APe).- León Tolstoi escribió una de las novelas más importantes de la historia: "La guerra y la paz". A fines de 1869 la obra entera quedó impresa y en 2009 formó parte de la lista de los 100 Libros Más Vendidos. Es una de las obras cumbres de la literatura rusa y sin lugar a dudas de la literatura universal. En ella, Tolstoi quiso narrar las vicisitudes de numerosos personajes de todo tipo y la condición a lo largo de unos cincuenta años de la historia rusa, desde las guerras napoleónicas hasta más allá de mediados del siglo XIX. La antinomia “guerra / paz” no es tan excluyente como parece. No es La Guerra o La Paz. Es la guerra y la paz. O sea: guerra y paz pueden coexistir, y quizá la segunda apenas sea la piel de cordero de la primera. A esa piel de cordero, de una paz que coexiste con la guerra, la llamo tregua. Para muestra basta un botón, si ese botón es un analizador. En la marcha contra el G20 se acordó con el ministerio de seguridad un recorrido que impidiera desbordes violentos. Dicen que dicen que desde la propia marcha se erradicó a los violentos y que la búsqueda era de una marcha pacífica. En paz. Dos mundos paralelos se abren: el de los poderosos, ladrones, asesinos, depredadores varios que se reúnen a todo trapo para proyectar y consumar nuevas fechorías y crímenes contra la humanidad, planificando todo tipo de guerras, incluso comerciales, y especialmente comerciales. En paralelo miles de manifestantes marchan en paz en oposición a esos designios. La gran esperanza de la unidad opositora o, al menos, la candidata con más intención de voto, ordena no marchar contra el G20. Y en un acto que ni siquiera fue una “contra cumbre”, dios no permita, propone un acercamiento entre pañuelos celestes y verdes. Desconociendo la diferencia entre lo diferente y lo incompatible. O conociéndola pero pretendiendo ignorarla, lo que es desde ya, mucho más peligroso. La paradoja es que mientras las guerras contra las personas, contra el agua, el aire, la tierra, contra el presente y contra el futuro adquieren dimensión planetaria, la violencia sigue siendo un tabú. Con el mazo se sigue dando y ni siquiera es necesario a dios rogando. El Mercado se encarga de eso. Ni el francés avanzado de la vicepresidenta, ni los saludos estilo zombi del presidente francés, ni la fanfarria saludando a un empleado chino confundido con el presidente del gigante asiático, alcanzan para convertir el G20 en un JEJE20. Hasta el humor retrocede ante el horror. Y de eso se trata. Al horror de la guerra de exterminio se pretende conjurarlo con galas en el Colón y principescos ágapes.Un príncipe asesino que planifica y ejecuta un crimen de estado, es recibido y amparado por gobiernos que parlotean sobre la paz sin justicia. O sea que “guerra y paz” son mutuamente incluyentes. Y nada mejor que la paz para preparar y ejecutar acciones de guerra. Ahora mal: si sustituimos paz por democracia, se abre un panorama interesante. Entonces debería escribir La Guerra y la Democracia. Garantizar la democracia para poder amplificar la guerra. El nuevo protocolo es una confesión de parte que a mi criterio tenemos que llevarla a su extremo límite. Si asesinar no es un delito, lo que la ministra y su respaldo político ha declarado, es la guerra. Solamente en la guerra asesinar no solamente no está prohibido, sino que además está legitimado y legalizado. Aunque también hay crímenes de guerra, la guerra como tal ampara y promueve todo tipo de crímenes. Ya no se trata de chocobarismo y gobernar por la espalda. No es delito el asesinato de Santiago, Nahuel, Luciano y tantas y tantos otros. Los pibes y pibas en los barrios son la carne y el alma para los cañones de las policías mercenarias y sicarias. Pero la derecha sabe que el hecho, por contundente que sea, no engendra derecho. Hasta la dictadura genocida tuvo sus Actas del Proceso de Reorganización Nacional, la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL) y un engendro de Poder Judicial funcional a los mandatos de la muerte organizada. Los reyes buscaban la legalidad divina, porque entonces su derecho provenía del Creador. Hecho y Derecho para entonces dejarnos deshechos. Actualmente el lugar de la divinidad es ocupada por el Estado cuyos funcionarios (no todos ni todas, pero muchas y muchos) siguen jurando por la fuente de toda razón y justicia que es Dios. Si Dios y la Patria lo demandan no lo tengo muy claro. En todo caso, habría que organizar el destino de esas demandas que, entiendo, la mayoría prescribió. El nuevo protocolo decreta que en la continuidad de la democracia en paz, declaramos la guerra a los que decidamos que son violentos. Si son anarquistas, mejor. Pero tampoco hay tantos, así que habrá que empezar con los que estén más a mano. La violencia brutal de tarifazos, jubilaciones de exterminio, canasta básica inalcanzable, no están incluidos en el protocolo porque eso no es violencia. Lo saqueos que con seguridad empezarán a producirse, serán pacificados por la espalda, como escribió el gran Mario Benedetti. El saqueo de un supermercado es violencia. Aunque sea para comer. El saqueo económico financiero de un país no es violencia, aunque sea para robar. Puestas así las cosas, debo decir que hemos pasado a otra lógica. No hay piel de cordero que disimule y encubra al lobo ni a la loba. La ley antiterrorista que supieron consagrar, sigue pariendo monstruos. Tantas décadas en las cuales la socialdemocracia, el social cristianismo, las diversas formas de progresismo sostuvieron el anatema de la violencia, y ahora una ministra de la triste y siniestra figura legaliza el asesinato. Y lo legaliza porque desde su cerebro derecho, o sea, su cerebro de derechas y traiciones, lo legal se viste de legítimo. Dura lex, sed lex. La ley es dura, pero es la ley. Derecho romano al palo. Derecho romano o sea: derecho del Imperio. Del dominador. Del sometedor. Y la pax romana, que era la resignación del sometido. Lo ilegítimo necesita una legalidad que lo haga impune. La impunidad es el ejercicio arbitrario del poder sin consecuencias, sin efectos secundarios, sin tener que responder a ninguna demanda, divina o profana. Es el off shore de psicópatas, ladrones, asesinos. Ellos sí tienen un mundo feliz. Una sola pesadilla oprime sus corrompidas almas: el pueblo en las calles. Las diversas formas de una intifada que podrá no ser revolucionaria, al menos no necesariamente revolucionaria, pero que es un formidable dispositivo de contra poder y contra hegemonía. Por eso la canalla gobernante, más allá de las gobernancias de turno, busca curarse en salud. En salud democrática. Legaliza la guerra y legitima el asesinato. “La imagen del peligro inminente parece clara para los suponedores y los alquimistas de la presunción: suele ser moreno, joven, niño casi, marginal, sin nada que perder. Y nada que ganar. Suele ser habitante del exilio, de las intemperies, de las noches suburbiales. Suele ser indeseable, revulsivo, candidato puesto a la aniquilación. A formar parte de aquellas infanterías que van al muere en las guerras, en las crisis, en las hambrunas, en las conquistas fondomonetaristas, en los protocolos de la Mega Seguridad. Con una resistencia tan escasa, que el gesto ministerial ni se altera. Alguna vez, acaso, la inminencia del peligro les sacudirá la calma. Cuando el peligro sea otro. Y la inminencia también”. Las palabras de Silvana Melo aclaran y no oscurecen. No creo que sea inminente que la tortilla se vuelva. Eso importa pero no es lo único que importa. Lo que creo que importa es que, como dijo el Che, sigamos siendo la pesadilla de los que quieren arrebatarnos nuestros sueños. Nunca más la paz como taparrabo de la guerra. Al pan pan, y a la guerra, guerra. Edición: 3769  

La cancha sin Murtaza
Publicado: Miércoles, 05 Diciembre 2018 15:29
La cancha sin Murtaza

Por Silvana Melo (APe).- Murtaza tiene siete años y lleva más de la mitad de su vida corrido por las bombas y los destierros sistemáticos. Afganistán para él dejó de ser una patria, una tierra, un mosaico donde crecer con cierta previsibilidad. Los propietarios del mundo se la arrancaron a pedazos y le limaron el futuro hasta dejarle apenas el amanecer siguiente. Murtaza se hizo famoso hace casi tres años cuando se puso una bolsita camiseta con rayas blancas y celestes, como las que se llenan con berenjenas y zanahorias en las verdulerías. Pero antes le escribió con birome Messi – 10. En el campo de refugiados donde correteaba entre el barro y el terror, soñaba con jugar en una cancha grande, donde su gol fuera ovacionado por millones de sobrevivientes en un planeta atravesado por la crueldad. El video que filmó su hermano mayor se hizo viral. Y el mismo mundo que lo condenó sin fisuras lo propagó por las sobremesas de los elegidos y los parques de los países que no miran al cielo esperando el misil. Lo conocieron un rato. Y hasta el mismísimo Messi le firmó una pelota y le regaló dos camisetas. La foto y el sueño se acoplaron 30 segundos y ese instante debía alcanzarle de combustible para el resto de una vida feroz. Sin embargo Murtaza fue escondido por sus padres porque sus vecinos creían que Messi “nos había dado un montón de dinero” y pretendían robárselo. El instante de privilegio del niño fue una afrenta para su pueblo sometido. Que exigía compartir esa bonanza inédita y ocasional. La vida fue la misma después. Tuvieron que irse a Kabul en plena noche, perseguidos por los talibanes. Y por las bombas de los dueños de las fronteras, de los suelos y de los subsuelos, que buscan reafirmarse en su dominio saqueando a los países más frágiles. Jugando en la cancha global como los dueños de la pelota, los que se la llevan después del partido donde los foules y las planchas las sufren los débiles. Donde los árbitros tienen un solo ojo que mira a los poderosos. Donde los tribunales de disciplina condenan a los famélicos, a los que comen galletas de harina negra con gorgojos, a los que muestran la panza inflada de olvido, a los que se pinchan el futuro con las costillas al aire. No hay cancha para ellos. Como no la hay para los africanos que cruzan en las pateras a las playas europeas para ser Mbappé o Drogbá o Eto’o. Mientras 1.400 compatriotas murieron sin identidad ni exequias, en el fondo del mar en sólo seis meses. Por la xenofobia europea que manda a la mayoría de los polizones y los traficados a dormir debajo de los puentes. La mayor parte jamás llega a ser Yaya Touré. No hay cancha para ellos porque a la tarjeta roja la tienen los dueños. Los presidentes del mundo y los que lo gobiernan desde atrás. Los que arman su circo global en un país remoto, al que no conocen ni respetan. Y del que no ven más que el museo privado para las primeras damas y la ciudad detonada de su gente para que esté a la vista sólo lo presentable. El resto es un mundo de refugiados. Que huye de los talibanes a los que armaron los propios dueños planetarios para después convertirlos en objetivos a destruir. Todos ellos acorralaron el porvenir de Murtaza y de millones de niños no viralizados. A los que, como a Murtaza, le niegan el asilo en Estados Unidos. Y en Europa y en todos los rincones de la tierra devastada que los arrincona a la espera de una muerte que será alivio para el poder que aplica podas sistemáticas a la humanidad. Cuando Murtaza lo vio a Messi le pidió “llévame contigo, aquí no puedo jugar al fútbol, aquí solo hay 'daz-dooz'". Y con los brazos y los cachetes imitaba el ruido de las bombas. Dice que le dijo “cuando seas un poco mayor voy a arreglar las cosas para vos”. Murtaza perdió la pelota y las camisetas en su huida de casa. Dejó el sueño, las hilachas de una vida, la promesa como un papelito doblado en cuatro y gran parte de su inocencia en la casa de Jaghori. Ya no cree, como otros millones de niños, que su pueblo pueda tejer un futuro entre todos y para todos. Y sólo se sueña entrando en alfombra roja a los palacios de un capitalismo que hoy lo acorrala en los suburbios del mundo. Es la paradoja de esta tragedia. Edición: 3767    

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Galería fotográfica

 

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Hechos en imágenes

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Migrantes

Salió de Honduras la caminata de miles de personas que quieren llegar a los Estados Unidos. Huyen del hambre y la violencia. Más de 7 mil cruzaron Guatemala a pie y están haciendo lo mismo en México. 


Pescador

Un adolescente de 16 años murió ahogado en un esteral de Misiones. Estaba tratando de pescar para dar de comer a sus 13 hermanos.


Policías

Dos policías bonaerenses golpearon brutalmente a un chico de 17 años durante un operativo en Bernal Oeste. Los desafectaron de la fuerza.


Campesinos

Los terratenientes desalojan a pequeños campesinos en Santiago del Estero. Fue violento y brutal contra Héctor Reyes, que murió por las heridas recibidas. 


Justina

A partir de la aprobación de la Ley Justina, todos seremos donantes de órganos, excepto para quienes dejen expresamente aclarada su negativa.


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