Después de casi dos años, el estado de Israel se reconoció culpable del asesinato de la pequeña Hind Rajav, de su familia y de los paramédicos que a bordo de una ambulancia llegaban a rescatarla. Un crimen que simboliza el genocidio palestino y los asesinatos de decenas de miles de niñas y niños como ella. Desgarradoramente recreados en la película La voz de Hind Rajav.
