Trapitos y cobardía


La guerra contra las chicas y los chicos tiene hoy un voluminoso capítulo en los discursos contra los trapitos como si fueran los mafiosos más poderosos en la historia económica y política de Rosario. La persecución a los trapitos es también la confesión de la cobardía de la política de los grandes sectores que deciden fidelidad al poder económico.
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Por Carlos del Frade

(APe).- El mes de abril de 2026 se despide de los habitantes de Rosario -ex corazón del entonces segundo cordón industrial más importante de América del Sur hasta finales de los años ochenta- con la noticia de la condena a un pibe de 17 años por el asesinato de su hermano, estrenando el nuevo código penal.

Hasta principios del tercer milenio todavía se leían carteles que anunciaban la llegada a la geografía en la que nació la bandera como “la ciudad de los niños”. Ya no se celebra la infancia.

Hoy parece buscarse el aplauso con la mano dura contra la pibada.

La guerra contra las chicas y los chicos tiene hoy un voluminoso capítulo en los discursos contra los trapitos como si fueran los mafiosos más poderosos en la historia económica y política de la otrora capital nacional del fútbol argentino.

Muchos proyectos en el Concejo Municipal y uno ya aprobado en el senado de la provincia de Santa Fe buscan la prohibición de la actividad y también la persecución contra este ecléctico universo de muchachos jóvenes que parecen agarrarse del trapito para no caerse definitivamente en el agujero negro de la desesperación.

Aunque sean más consecuencia que causa, el tema de los trapitos parece simplificar la explicación del presente difícil para las grandes mayorías. Pedagogía de la cobardía: castigar al de abajo, no mirar ni querer saber quiénes son los que están arriba del poder económico como verdaderos responsables de la democratización del dolor.

Hace algunos días atrás la Pastoral Social de la iglesia rosarina, rica en luces y sombras, participó de un encuentro con concejales para hablar del tema.

-No hay que prohibir a los trapitos, sino que se los debe ordenar– declaró el arzobispo, Eduardo Martín, un hombre del extremo centro que siempre representó la institución de la cruz.

Para Fabián Monte, vicepresidente de Cáritas Rosario, "prohibirlos es ponerlos bajo la alfombra. Pero el problema se hará tan elevado que nos terminaremos rompiendo la cabeza".

-No creo que prohibir sea la solución. Siempre pagan justos por pecadores, muchos hacen bien las cosas y algunos mal. No podemos avalar que a estas personas se las saque de las calles. ¿Dónde van? ¿A delinquir? Las cosas no desaparecen por prohibir, ¿qué hacemos, prohibimos también la mendicidad? ¿Cómo se soluciona el tema de los trapitos, los escondemos? Es una realidad que existe, sin avalar ninguna acción violenta, nadie está de acuerdo con que rayen un auto, insulten o amenacen; hay que ver cómo encuadrar una situación que existe. Esto de una norma prohibitiva es puro voluntarismo, y la gente de alguna manera se la va a rebuscar para ganarse la vida. Esto es la consecuencia de varias causas: la pobreza, la exclusión, la violencia, las drogas. En una ciudad más inclusiva y justa esto disminuye… Prohibir no soluciona nada. Esta gente cuida un coche en extrema situación de vulnerabilidad, muchos tienen serios problemas de adicciones y alcoholismo en una sociedad que no genera trabajo ni oportunidades – agregó Monte.

Al contemplar los números de la desocupación a nivel nacional, una vez más, como en los últimos cincuenta años, se observa con nitidez que el universo que más sufre la desocupación son las chicas y los chicos menores de 35 años. Algunas de ellas, algunos de ellos, son los que pueblan las calles rosarinas y de muchas ciudades argentinas buscando gambetear las urgencias económicas del presente.

Los condenados de la tierra saqueada por unos pocos, ahora también serán perseguidos por estar allí, a la vista de todos, marcando la impunidad de los delincuentes de guante blanco que concentraron y extranjerizaron la riqueza argentina en los últimos años de una manera salvaje.

La persecución a los trapitos es también la confesión de la cobardía de la política de los grandes sectores que deciden fidelidad al poder económico y mostrar crueldad y ferocidad contra los excluidos de siempre.

Fuente: Diario “La Capital”, martes 28 de abril de 2026.


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