“Milei Milei” debe ser destruido. No la persona, no el personaje. Pero sí el dispositivo que ha sabido construir. Donde la abstracción (no solamente la financiera, pero también) le gana la guerra a lo concreto. Recuperar la materialidad de la vida es imperativo. La esperanza en este caso es como una enfermedad auto inmune. Nos va comiendo por dentro.