Sobrevivió a aquel incendio atroz, al holocausto de la comisaría de Formosa, a la muerte voraz en la infancia. Con la misma terquedad anduvo detrás de las revoluciones del día a día, las que les cambian la vida a los pibes y a las pibas. Alberto Morlachetti le puso alas. Y él vivió como loco. Hasta ayer. Que comenzó a ser semilla.
