Prohibido ser feliz en primavera

La fecundidad viene de lo más profundo del alma y de la tierra. La alegría generalmente es reactiva a un hecho externo. Una fecha o un regalo. En este caso, un día 21 de septiembre. Habría feliz primavera sólo y sólo si esa primavera fuera portadora de fecundidad, de fertilidad. No sólo de un renacer, sino de un nacer, una y otra vez.

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Por Alfredo Grande

(APe).- En esta misma Agencia escribí hace algunos años, no me acuerdo cuántos, un alegato contra el mandato de la felicidad.  Creo que fue en relación al remanido “felices fiestas”. El jueves 21 de septiembre, “día de la primavera”, leí y escuché reiteradamente, lo mismo.  El saludo de feliz primavera. Enviado además con la indudable comodidad de un sticker o un meme.

Hace ya mucho tiempo que no deseo a nadie feliz cumpleaños. Y no por amargo, al menos no solamente.  Deseo ¡alegre día, tarde y noche!

Ahora bien: ¿Qué importancia tiene esto? Ninguna, a menos que el interés por la batalla cultural siga vigente. Pienso que la madre de todas las batallas (además de la provincia de Buenos Aires, primer distrito electoral) es la batalla cultural. Más que la batalla política, y mucho más que la batalla comercial. Lamentablemente, la cultura represora ha ganado demasiadas batallas. Me temo que ya ganó la guerra.

Seguimos combatiendo, quizá como Shoichi Yokoi que el 24 de enero de 1972, fue encontrado en la Isla de Guam. No había querido rendirse y se había convertido en un espectro. El soldado japonés, tres décadas después de finalizado el conflicto, seguía combatiendo.

Pero todavía somos muchos los espectros que seguimos combatiendo.  Lo que me hace soñar, desear, delirar, que la victoria sigue presente siempre. Al menos, la idea de la victoria. Cuando escribí la primera vez “contra todas las formas de la cultura represora”, me refería a no dejar pasar palabras como si fueran sinónimos.

Porque a pesar de la advertencia del Gran Discépolo, es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, el que mata, el que cura, o está fuera de la ley, realmente creo que no son lo mismo. Pero eso no es suficiente. Hay que establecer en qué consiste la diferencia.

Para el sentido común, el más reaccionario de los sentidos, decir que no es lo mismo es suficiente. Pero las apariencias no siempre engañan. Y felicidad es una cosa y alegría es otra. Felicidad alude a lo fecundo, a lo fértil. Alegría, a un estado de animación, de sentirse vivo. La fecundidad viene de lo más profundo del alma y de la tierra. La alegría generalmente es reactiva a un hecho externo. Una fecha o un regalo. En este caso, un día 21 de septiembre. Habría feliz primavera sólo y sólo si esa primavera fuera portadora de fecundidad, de fertilidad. No sólo de un renacer, sino de un nacer, una y otra vez.

Leemos a Silvana Melo:Allí estaban ellos como la aparición menos pensada, en medio de la Buenos Aires que se las arregla para aparentar que todo es una fiesta, en medio de la avenida planetaria donde hay libros, pizza y demanda desesperada de una noche de felicidad aunque tropiecen con colchones en el piso y con madres con chiquitos mínimos esperando la sobra en la puerta de Banchero”.

Más claro no le eches agua que viene contaminada. La fecundidad, la fertilidad, no puede ser de una noche. En todo caso, sería la caricatura monstruosa de la felicidad. Una felicidad de cartón pintado. Mera apariencia. Seguramente la avenida planetaria está repleta de ciudadanos y turistas contentos. Por motivos diferentes, pero contentos. Ni siquiera la aparición de las whipalas, símbolo del tercer malón de la paz, altera ese contentamiento. Quizá lo perturbe por segundos. Nada grave. Los originarios están perturbados por siglos.

Mi pregunta es: ¿se puede ser feliz cuando a niños, niñas, originarios, empobrecidos, condenados al fracaso, se les ha arrebatado hasta los gramos de alegría? Mi respuesta es:  si, se puede. Y agrego: pero no se debe. ¿Mandato moral? De ninguna manera. El imperativo moral huele a incienso. Tan solo apelación a una ética de clase. Para todos y todas que siguen los versos del poeta combatiente Jose Martí, cuando señala que el arroyo de la sierra le complace más que el mar, esa ética de clase está en la superficie. Porque no es lo mismo el que labura que el que está fuera de la ley. Aunque la ley sea igual para todos, no todos son iguales ante la ley. Ser feliz en las primaveras de la no fertilidad, en las primaveras de la no fecundidad, es una de las tantas maneras de dormir y estar despiertos con el enemigo.

Si nos prohibimos ser felices en primavera, nos obligamos por deseo a buscar y propagar felicidad todas las estaciones del calendario. Para que la fecundidad revolucionaria siga pariendo combatientes para la vida que siempre nace.


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