Bronca por la Marcha de la Bronca

La Marcha de la Bronca era la gran oportunidad para la Unión entre las izquierdas y los peronismos que han resistido a la seducción de las derechas. No son pocos.  Pero ninguno de los peronismos se presentó para expresar su bronca ni para confluir en una unión. No en una unidad, que implica jerarquía.
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Por Alfredo Grande

(APe).- La semana pasada escribí Por bronca marchar.   Hoy escribo sobre la bronca que me dio marchar en la Marcha de la Bronca.  Si este gobierno no nos ha convencido de que la unión hace la fuerza, no solamente merecemos, sino que somos víctimas y victimarios.

Siempre pensé que la unidad construye formas varias de hegemonía. Y que la hegemonía termina derivando en Jerarquía.  Y que la Jerarquía termina siendo un fin en sí mismo.  Esto también se llama burocratización. Por eso siempre aposté a la Unión.

La Unión incluye la diversidad, la diferencia, los matices y no confunde la contradicción principal con las numerosas contradicciones secundarias. La Unión exige las discusiones a veces interminables o extenuantes o ambas cosas, pero nunca estériles.

Mi experiencia en muchos partidos políticos, en colectivos militantes, en la Universidad Madres de Plaza de Mayo, en mi amplia experiencia cooperativa, en los colectivos de colegas psicoanalíticos, es que mientras se pueda mantener el horizonte de las contradicciones principales, toda Unión es posible. Por ejemplo: el federalismo en la Argentina es cacareado, pero apenas es una Unidad de provincias con el poder central. La frase Dios atiende en Buenos Aires, si bien no me resulta atractiva, tiene algo de verdad.

La constitución argentina es unitaria, bien o mal que nos pese. Por eso la Unidad es un huevo que siempre termina en Jerarquía.  Y en la farsa de la representación, que apenas es una restitución. En tiempos no muy lejanos, estaba claro que si no hay justicia hay escrache. Hoy sigue sin haber justicia, pero tampoco hay escrache. Y menos el escrache en serio y definitivo.

La Marcha de la Bronca para mí era la gran oportunidad para la Unión. ¿Entre quiénes? Entre las izquierdas y los peronismos que han resistido a todas las formas de seducción de las derechas. Me consta que no son pocos.  Pero lo que me dio bronca, y mucha, es que ninguno de los peronismos se hizo presente para expresar su bronca. Aún me acuerdo cuando se hablaba de la rabia peronista. En el hoy de la cultura represora nada queda de esa rabia, y por lo visto el sábado, nada queda de esa bronca.

Sin amor no se puede; sin bronca tampoco.

Porque nada más fácil que naturalizar, en realidad culturalizar, la injusticia, la desigualdad, la esclavitud, la rivalidad. La palabra naturalizar hay que desnaturalizarla. No hay nada natural en la cultura. Pero la cultura represora pretende y consigue que sea considerada natural lo más brutal de la cultura represora. Algunos llaman a esto extrema derecha.  Yo pienso que la extrema derecha es una máscara que usan las derechas para parecer de centro. (Cualquier similitud con Pichetto no es mera coincidencia)

La Marcha de la Bronca era una oportunidad para la Unión. Se perdió. Eso me da mucha bronca. Una bronca más le hace mucho daño al tigre viejo. Los que creen que Milei es una persona se equivocan. Es una Idea, un Destino, una Utopía Macabra. La Unión puede enfrentarla, quizá destruirla. La Unidad más tarde o más temprano sólo terminará en repetirla.

Sólo me queda desear, intentado que se me pase la bronca:  Unión, Unión, Unión.


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