Por bronca marchar

La bronca es necesaria. La tragedia es que no es suficiente, escribe Alfredo Grande. Es decir, es imprescindible mantener la bronca sin dejar de pensar qué es lo que la origina. Para eso –agrega- se trata de intentar pasar de la racionalidad sentida (la bronca) a la racionalidad sabida (origen, tránsito y destino de la bronca).
|

Por  Alfredo Grande

(APe).- Antes que sea tarde, quizá ya lo sea, necesito aclarar que el autor de esta nota participará de la marcha de la bronca. Lo importante es participar o sea marchar con bronca. Y mantener la bronca sin dejar de pensar que es lo que origina la bronca. O sea: intentar pasar de la racionalidad sentida (la bronca) a la racionalidad sabida (origen, tránsito y destino de la bronca).

Esta distinción entre formas de racionalidad se la debo a la claridad conceptual del filósofo León Rozitchner. Y la claridad conceptual no es un bien suntuario, sino una absoluta necesidad en tiempos de neblinas conceptuales. De absoluta degradación planificada del lenguaje. Donde todo puede tener sentidos equívocos y el sentido unívoco ha sido aplastado.  El paradigma de esto es el lema LA LIBERTAD AVANZA, en pleno retroceso de la libertad. Siempre recuerdo la sentencia de Freud: placer para un sistema, displacer para otro. O sea: sentido para un sistema, otro sentido para otro.

La libertad de mercado, la libertad de saqueo (algunos llaman a esto extractivismo) la libertad de robar el oro, en realidad, no son libertades, sino licencias.  Una especie de legión de agentes 007 que tenía licencia para matar.  Hoy tenemos una legión que tiene licencia para gobernar. Entendiendo por gobernar una planificación sistemática de la destrucción selectiva.

La bronca es necesaria. La tragedia es que no es suficiente. Cuando pensamos que la marcha de la bronca fue escrita por Miguel Cantilo hace 57 años reflejaba los efectos devastadores de la dictadura de Onganía. El tema es que no era solamente de Onganía, sino de toda la complicidad de vastos sectores, incluso sindicales. A la legión de Onganía y secuaces los destruyó el Cordobazo, aunque no solamente. Sería interesante hacer una parábola del tiempo entre esa bronca y la actual.

Podría decir, parafraseando al conocido tango, “la misma bronca, la misma lluvia” porque la peor y la mejor bronca es la bronca contra uno mismo. Por eso también habría que marchar. Recuerdo uno de los tangos de Discepolo: “lo que más bronca me da, es haber sido tan gil”. Una gilada es haber confundido sufragio con democracia. Ya es hora de aceptar que el sufragio universal, secreto y obligatorio ha sido capturado por las distintas variantes de la cultura represora. Y como alguien dijo una vez: si votar sirviera para algo ya lo habrían prohibido.  Hoy el sufragio legitima la licencia para matar.

Si alguien me preguntara cuál es la alternativa al sufragio, contestaré: dejáme pensarlo. Pero ya es algo pensar en buscar alternativas. No quiero que dentro de 57 años se convoque otra marcha de la bronca. Primero, porque no podré asistir, y más importante aún: porque es la prueba de que ninguna bronca por si sola cambia las cosas. Obviamente, menos cambia no expresarla. Por eso dije: es necesaria, pero no suficiente.

Porque es necesaria, hay que marchar.  Porque no es suficiente, habrá que seguir marchando.


Suscribite

Suscribite al boletín semanal de la Agencia.

Sobre la fundación

Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.

Sobre la agencia

Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte