Por Carlos Del Frade

(APe).- ¿Cómo habrá sido la última cena de los huelguistas fusilados de la Patagonia Rebelde?. ¿Qué pensó el Che y no pudo escribir en su diario de Bolivia antes de ser ejecutado? ¿Y la noche de Micaela García habrá tenido espacio para un cachito de esperanza en ese mundo mejor en el que creía? ¿Los últimos minutos de la madrugada del 26 de julio de 1952, le habrán dado un poco de tregua a Evita para emocionarse con la lucha de los descamisados? ¿Cuánta oscuridad tienen las últimas cenas de los delincuentes de guante blanco y sus títeres macabros, traidores y torturadores, jueces y políticos corruptos? Supe de las últimas cenas de mi mamá y mi papá, en las piezas ajenas de los policlínicos del PAMI rosarino y no me imagino muchos momentos de ilusión. Lo que si se, porque escuché, leí y escribí, las últimas cenas de mujeres y tipos que son capaces de repartir lo que tienen a favor de los que no tienen nada. Y es por eso que las últimas cenas siempre, más allá de los dolores, abren nuevos amaneceres.

Pilatos

"Poncio Pilatos o los dilemas del poder" se llama una maravillosa novela de Roger Callois. Pilatos es el representante del imperio romano en la segunda provincia más habitada, Palestina y, entonces, decide hacerles caso a los sacerdotes Anás y Caifás para torturar y matar al revolucionario que echó a los mercaderes del templo a latigazos. Usa el método de la tortura romana por excelencia, la cruz y piensa que ya no habrá rebeliones en ese rincón de los dueños del mundo. Se equivoca el procurador, se equivocan los sacerdotes cómplices de la espada, se equivocaron entonces y repetirán la equivocación durante siglos. Las rebeliones continuarán mientras exista la dignidad. La pasión y muerte de Cristo es, en definitiva, la salvaje expresión de los que tienen terror a la organización y rebeldía de los que son más en estos parajes del cosmos.

Judas

En "Jesucristo Superstar" y muchas otras obras, literarias, históricas y políticas, el rol de Judas, el de los 30 denarios, como diría la canción de Charly García y la maravillosa interpretación de Alfredo Alcón, ponen de manifiesto la duda en el rol que cumplió. ¿Fue un traidor, solamente, o se trató de otro plan sabiamente elaborado desde otros lugares? La pregunta no es ni retórica ni metafísica, sino que busca saber hasta qué punto la historia está guionada o no. Los que creemos que el presente se puede transformar, que el futuro siempre está abierto, estamos convencido que más allá de Judas, lo importante es saber que hay una pelea por la dignidad humana que continúa a pesar de los pesares.

Crucificadores

Jerusalén, la ciudad más grande de Palestina, la segunda provincia más habitada del imperio romano, los recibió con desconfianza y miedo. Era un grupo de revolucionarios que ingresaron el domingo con la idea precisa de echar a los mercaderes del templo y convencer que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos. Estaban infiltrados y el líder lo sabía. Pero no podía dejar de lado su compromiso político, social y afectivo con su célula clandestina. Judas también lo sabía. En aquella última cena, el hombre volvió a distribuir la única riqueza que tenían, el pan y el vino, y supo que su sacrificio tendría sentido si los que vinieran después de él, recogieran su bandera de lucha contra los imperios del provenir. Esa postal se repitió a lo largo y ancho del planeta en distintas geografías y durante más de dos mil años. Aquí estamos, entonces, en una fecha que va mucho más allá del catolicismo y hunde sus valores en las creencias y convicciones de todos aquellos que todavía hoy sueñan con ganarle la pelea a los crucificadores cotidianos.

 

Pinturas: Adolfo Pérez Esquivel

Edición: 3376

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