Por Alfredo Grande
(APe).- No soy abogado. Todavía. Pero creo que el genocidio como tal aún no está tipificado como delito. Una sola sentencia del Juez Rozanski menciona como fundamento del fallo la existencia del genocidio. La Argentina suscribe la Convención Internacional contra el Genocidio, pero como en tantas otras cosas, procrastinamos (tiramos la pelota para adelante) ciertas resoluciones.

Se han formulado críticas en relación con que la República Argentina hasta la fecha no ha cumplido el compromiso emergente del artículo 5 de la Convención, en cuanto a que: Las Partes contratantes se comprometen a adoptar, con arreglo a sus Constituciones respectivas, las medidas legislativas necesarias para asegurar la aplicación de las disposiciones de la presente Convención, y especialmente a establecer sanciones penales eficaces para castigar a las personas culpables de genocidio o de cualquier otro de los actos enumerados en el artículo III.

El genocidio consiste en asesinatos múltiples cuya justificación es la pertenencia de una persona a un determinado grupo, etnia, religión, ideología. Se ha dicho durante décadas que en la Argentina no había problemas raciales. Podía ser cierto, especialmente porque los batallones de negros y mestizos fueron exterminados.

El crisol de razas, los días de la raza, los hombres y mujeres de buena voluntad no importa de qué raza, y otras falacias, construyeron una identidad autopercibida de un país de prodigalidad racial. Sostenida por el real de las inmigraciones, que sostuvieron el mito económico político de “hacerse la América”. Me refiero al continennte, y no a la copa libertadores de América.

Con ese discurso encubridor, represor y auto justificatorio, la unión nacional se construyó desde incontables masacres. La diferencia entre masacre y genocidio es interesante. Hay algo en común: los asesinatos no son por lo que hiciste sino por lo que sos. Es una teoría política criminal con bases en Lombroso amplificado.

La determinación biológica vence al tiempo y al que nace barrigón, o delincuente, es al ñudo que lo fajen, pero no es al ñudo que lo maten. Las denominados guerras civiles, las mismas que eyectaron al padre de la patria al geriátrico histórico de Boulogne Sur Mer, fueron caldo de cultivo y caldo de cosecha de masacres de baja, mediana y alta intensidad. Incluyo la denominada guerra de la triple alianza, que fue un genocidio cuidadosamente planificado con la incipiente teoría de la guerra preventiva contra un enemigo exterior.

Dicho todo esto, me parece importante insistir en que los originarios genocidios, que incluyen al genocidio de los originarios, pero se amplifican en demasiadas formas, son la versión siniestra de una república sangrienta que grita federalismo y escupe unitarismo. O sea; el único poder del Estado Represor.

Los originarios genocidios incluyen hoy a las niñeces, las vejeces, las indigencias que están alejados de toda pretensión de satisfacer necesidades básicas, las pobrezas que alienan su magra existencia para llegar a fin de mes, aunque lleguen con alma y cuerpo despedazados.

La forma actual de policías de civil sólo es apta para tareas de investigación. El policía encubierto, al modo del recordado Sérpico. Los asesinos de Lucas no estaban de civil, porque los civiles no portamos armas, ni podemos andar en autos sin patente o patente trucha, etc. Son una fuerza especializada de las policías con licencia para asesinar, masacrar.

La población es asesinada por lo que es (portación de rostro, de clase, de etnia, de edad, de identidad de género, de colapso económico). No es asesinada por lo que hace. Pero como la cultura represora es cruel pero no es poca, es también una forma de la guerra preventiva. Los mansos unidos y furiosos pueden demoler a una jauría de pitbulls.

Estas masacres planificadas son genocidios admitidos por nuestra democracia que cada vez es menos constitucional. Estos genocidios son transversales a partidos políticos, organizaciones sociales, incluso claustros universitarios. Las ligas patrióticas de la posmodernidad tardía. No son malos policías. Son buenísimos para un sistema despiadado que busca la limpieza étnica para que los feos sucios y malos, no perturben las vacaciones de los lindos, limpios y buenos. La pandemia es la cabeza de playa de un genocidio en una escala planetaria. Lo denominan población excedentaria. Y como siempre, Argentina es la mejor alumna de los peores maestros.

Imagen: José  Angel Santiago, "El abrazo de la serpiente"

Edición: 4422

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