Por Jorge Enrique Adoum

Esta comarca limita con la sangre
y la abundancia. Cada día
pude hallar en el bosque iniciales
de martirio y hermosura, y sobre
la triste arena del país descubierto
el rastro que fue dejando la violencia.
Oh dulce día indígena enterrado,
puro territorio bajo el tiempo
y la ceniza: yo amaba al victorioso
general de bronce pero hay una historia
nueva entre la hierba, una voz
heroica que me llama a las raíces:


"Sobre mi provincia de paz y de sembrío
le cantaba a la leche de la luna,
a la grávida montaña; como a una niña
protegí a la avena, la cuidaba del hielo
con mi cuerpo; las muchachas llevaban
audaz olor a perejil entre los pechos.
Pero vosotros empezasteis la violencia,
dijisteis: Ya no es tuya la tierra.
¿No es mía?
¿No tiene mi rostro la patata?
¿No es mi título la espalda desgarrada
por la bestia? ¿No me entregó su múltiple
secreto la cabuya? ¿No es mío el sitio
donde me sedujeron los helechos?
Aquí nací llorando la llovizna
y he sembrado en el surco con mis dientes;
bajo el arenal está mi territorio
donde vive mi padre añadiéndole
un pétalo a cada rosa que se quiebra.
La semilla no es sino mi goterón
endurecido, mi lengua hiere el brutal
tabaco sin misericordia. Tú pusiste
mi nombre en el arroz: toca, entonces,
mis yemas, toca mi rostro que he golpeado
contra tu propiedad y la mazorca
de granizo. Prueba mi sangre, su sabor
de castigo en la fruta que abres
como a una mujer bajo la luna.
Todo lo que tienes a mí me estás quitando:
porque sembré y no fue mía la cosecha,
porque cuidé tu viña y no gotearon
en mis manos los racimos, tampoco
tuve el agua y la tierra conquistadas:
soledad y pajonal, víbora y destrozo,
látigo y sequía estaban destinados
a matarme. Alimenté al ganado
y no tuve ración en su comida.
Pero sé del suelo la dimensión exacta
que será reconquistada a tu violencia.
¿No es mío acaso el sitio
donde me han matado tanto?"
Ahora estoy seguro de mi culpa,
ya conozco mi república de hierbas y prodigio.
Yo iba como un ciego, llamando con mi bastón
a su sal y su neblina, pero me encontraron
el héroe y el profeta: porque
ésta es la única historia de la tierra.

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Y ya no estuve solo:
la patria
se cubrió de muchedumbre: la saludé
como si fuera la primera mañana, hallé
su zócalo de voluntad, su verdad dura
como una geología de combate. Al fin
estaba entre mi familia presentida, comencé
a descubrir mi origen.
Y me llené de héroe.
Y esto es también historia exacta.