Por Alfredo Grande

(APe).- Martin Castelucci fue asesinado el 2 de diciembre de 2006 tras días de agonía. Golpeado por un patovica. Conocí la lucha de su familia. Se organizó una fundación para preservar su memoria, Una de sus tareas era la formación de los vigiladores nocturnos. Pocos recordarán este asesinato, así como yo me olvido de tantos otros.

Nos vamos más atrás en la flecha del tiempo y nos encontramos con una masacre. El hecho tuvo lugar el 8 de mayo de 1987 y fue conocida como “la masacre de Ingeniero Budge”. Fue uno de los primeros casos que generó movilización y organización barrial ante la impunidad policial y judicial.

Todo tiene que ver con todo y para no escandalizarnos, lo que apenas es la cara visible de la hipocresía, es necesario empezar a sostener que no se trata de que “en todos lados hay gente buena y gente mala”. No es el análisis “caso por caso” cual decadentes psicoanalistas que reducen la lucha de clases a un psicofamiliarismo pequeño burgués.

De lo que se trata es de bucear en los fundantes de la cultura para poner en superficie las lógicas institucionales que organizan la vida. Lo digo de otra manera: la patraña de los derechos humanos es otro de los caballos de Troya que la cultura represora ha inventado para que abramos las puertas de nuestras casas y nuestras almas a los asesinos. Desde los verdugos, hasta los funcionarios que dan las órdenes de exterminio. Adolf Eichman dijo que el actuaba de acuerdo a como imaginaba le iba a agradar al führer. Y si el nazismo es el absoluto mal, apenas es para poder convocarlo nunca en vano. “Son siete los niños wichí que no llegaron a vivir dos años y que se murieron de hambre y de sed en este enero. El agronegocio desmontó, en los últimos diez años, 1.200.000 hectáreas. Y desalojó a cien mil mujeres, hombres y niños que vivían, comían y se curaban bajo su techo frondoso. La frontera agropecuaria se empuja y se corre e irrumpen la soja y la transgénesis donde estaba el monte. Un pueblo entero entre los árboles queda desnudo e inerme. Y se va muriendo, poco a poco".

Cámara de gas, desmonte, uso de agrotóxicos, hambre planificada, aguas contaminadas. Los letales caballos de Troya siguen galopando. Rita Segato señala la pedagogía de la crueldad. De la cual Paulo Freire y Alberto Morlachetti advirtieron hace décadas. Acuerdo. La pregunta necesaria es: ¿Quiénes son los pedagogos de la crueldad? Jorge Rafael Videla, señor de la vida, la muerte y de la sociedad rural, anticipó, cual profeta maldito, lo que denominó “la cría del proceso”. O sea: la continuidad de la dictadura cívico militar clerical empresarial por otros medios.

Estamos asistiendo al “baby boom” de esa cría. La democracia reducida a sus aspectos formales, es funcional a esa lógica asesina. Sin ir más cerca: se aprueba una ley para pagar aquello que la denostada, insultada, vilipendiada, execrada gestión de Cambiemos y Estafemos logró construir. Sin beneficio de inventario. Ni con el mínimo pudor de acudir al fallo del juez Ballesteros producto del trabajo de investigación de la deuda que realizó Alejandro Olmos.

El caballo de Troya sigue relinchando. “´El endeudamiento externo entre 1976 y 1983 sirvió para solventar negocios privados´. Esta afirmación se desprende del fallo del juez Jorge Ballestero dictado en junio de 2000, en la causa conocida con el nombre de su impulsor Alejandro Olmos, en la que se investigó el proceso de endeudamiento del país durante la última dictadura militar”. Como decía mi tío loco: tiene razón, pero marche preso. Tiene razón, pero poniendo estaba la gansa. Y los gansos. Y todos los pavos.

Pregunta: “¿Quién le hace el juego a la derecha? ¿Los que pagan por la estafa o los que se niegan a pagar? Escuché al ministro de educación del rol de las escuelas para prevenir asesinatos de jóvenes. Y asombrosamente, que faltaba educación. El periodista que lo entrevistaba acordaba sin duda razonable. Pues mal: no se trata de lo que falta, sino de lo que sobra. Y lo que sobra es la pedagogía de todas las formas de la crueldad.

El gatillo fácil es una pedagogía que pasó al nivel de licenciatura. La conocida “doctrina Chocobar”. La ministra de la cruel figura idealizando a una fuerza de seguridad que sale de cacería para enfrentar al alucinatorio político social conocido como “resistencia ancestral mapuche”. La ministra (y no digo ex porque me refiero a las instituciones y no a las volátiles organizaciones) es una de las educadoras calificadas de esa pedagogía de la crueldad. Que no conviene olvidar que es la planificación sistemática del sufrimiento.

No diferenciar violencia de crueldad es suicida. Porque mal que les pese a los enigmáticos ultra pacifistas, el único antídoto contra la crueldad es la violencia para resistirla. Recién después habrá espacio para que la lógica del amor y los vínculos amorosos pongan lo que falta y podamos pisar y disfrutar las calles nuevamente.

Seguimos deplorando los efectos, apenas para encubrir las causas. La más importante: la impunidad estructural. La que logró el Alzheimer político de olvidarnos de Cabezas. De Julio Jorge López. De Luciano Arruga que con su nobleza nos mostró la pedagogía de la crueldad de la bonaerense. De los heroicos combatientes contra dictaduras y democracias asesinas y saqueadoras, para ser rotulados por la canalla fascista como “delincuentes subversivos”. Pero al que mandó asesinar con drones, ni siquiera se le retira el saludo.

La impunidad estructural llegó para quedarse. Tenemos al caballo de Troya galopando en nuestras calles, en las empresas transnacionales y no tanto, en los bancos, en los tres poderes del estado, en el estado, en el empresariado, en el movimiento obrero organizado, en los sótanos de nuestra santa madre, en los zaguanes de las fuerzas de seguridad.

El pago de la estafa externa que ha generado una colosal deuda interna es el último logro de la impunidad estructural. Son las 5 de la mañana. Estoy insomne. Puedo llegar a rectificarme. Pero mi convicción en este momento es que el caballo de Troya de la impunidad estructural es inmortal. Y en esa convicción también rindo homenaje a los familiares, sobrevivientes, abogados, militantes, que con mucha prisa y sin ninguna pausa combaten todos los establos donde el caballo seguirá buscando el refugio que la cultura represora no deja de brindarle.

Edición: 3931

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