(APe).- “Es necesario pelear para transformar la realidad y hacer que el amanecer sea para todos”, repetía tantas veces la entrañable Queca (aunque su dni la nombrara Celina Zeigner de Kofman). Su pañuelo blanco y el chaleco intensamente azul señalaban el camino de la dignidad en medio de los desiertos vacíos de palabras. El pañuelo blanco con que cubrió su cabeza desde los inicios de las luchas con el nombre de su hijo Jorge, desaparecido en junio del 75, en Tucumán.Y aquel chaleco azul que “siempre conservé como una reliquia” –contaba- en el que sigue impresa aquella consigna vigente de “el hambre es un crimen”.

Queca hablaba de la ternura y de la utopía de un mundo nuevo, necesariamente parido junto a los cientos de niñas y niños con los que anduvo sus pasos en las marchas de los Chicos del Pueblo.

Vivió casi un siglo Queca. Y siempre reía, mujer de sonrisa amplia y generosa. Como un faro luminoso era capaz de arrancar esperanzas aún entre los días más aciagos. Bebió de las luchas transformadoras de sus hijos, trazó como una intrépida militante las líneas de una arrasadora utopía de la vida y si vivió tantos años fue porque se nutrió de las semillas germinales de una revolución que soñó con construir.

Queca fue maestra mucho más allá de las aulas y los pupitres. Sembró utopías y regó los sueños de generaciones.

Y supo siempre que la ternura era un insumo básico para una vida digna.

“Fuimos sacadas de las piletas de lavar y de revolver las ollas y dimos dos pasos fundamentales en esta lucha, uno fue socializar la maternidad. Y el otro, levantar las banderas de nuestros hijos, revolucionarios porque quisieron hacer una patria socialista”, pincelaba de palabras Queca.

Dicen hoy las noticias que ya no la escucharemos hablar ni volveremos a marchar junto a sus pasos y bajo esas alas suyas que sabían cobijar amorosamente. Pero está ahí ese camino que demarcó como una esmerada cartógrafa de los tiempos cuando nos aseguraba que siempre, siempre “seguiremos adelante y la revolución va a ser realidad en todo el país”.

Edición: 4055

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