Por Silvana Melo
    (APe).- Hace diez meses desapareció Guadalupe. Tenía –tiene- cinco años. Desapareció en el invierno puntano. Cuando jugaba en la vereda de un cumpleaños de tía. Pasaron diez meses y ayer encontraron huesitos y ropa de niña. A doscientos metros de la casa. Hace diez meses y nadie sabe ni imagina qué pasó. Los buscadores del estado hablan ahora de un accidente. Se dijo un secuestro extorsivo a la familia por problemas económicos, se dijo trata de personas, robo de menores, venganza. Y ahora se dice accidente ahí no más de la fiesta. Donde se apagaron las velitas y los deseos quedaron encerrados en la cabellera oscura de Guadalupe, que desapareció mientras jugaba a las escondidas.

Pero Guadalupe no aparece diez meses después. En la fiscalía provincial declararon 600 testigos. Hubo 400 allanamientos y 1300 procedimientos. Todo para buscar a una nena de cinco años que se esfumó el 14 de junio de 2021. Y que todavía no apareció. La buscaron con perros, gendarmes, policías provinciales e investigadores privados que contrató su padre. Todo el circo de la mano armada del estado y el otro, que se abre en la oscuridad. Miles de uniformes y motos y perros buscando una nena de cinco años. Y los llamados a la familia de los que aprovechan la angustia viral, la desesperación hiperpública de quienes sólo querían festejar un cumpleaños con torta de chocolate y un niñerío feliz jugando en la vereda. Pero faltó una. Y todo se desmoronó hace diez meses.

La policía dejó de buscar, los perros se echaron a descansar, la justicia provincial dejó de investigar. La justicia federal se desperezó y empezó a buscar en estos días restos de una nena de cinco años que desapareció hace diez meses. Cuando todos se cansaron de hablar de narcos y llamados desde México y venganzas sobre los padres. Y después se ocuparon de otra cosa porque pasan los meses y una nena de cinco años deja de interesar.

Vaya a saber qué encontrará el estado que nunca encuentra viva a una nena que desaparece. Vaya a saber qué huesitos y qué ropa. Qué le dirán a su madre que no quiere rastrillajes porque exige a su hija viva. De qué se disfrazarán si la primera pista se construyó gracias a la declaración de una nena de tres años. Y la última, a partir de la cámara Gesell a otra que jugaba con ella en aquella vereda del invierno puntano.

Qué encontrará el estado después de haber vaciado un dique para buscarla.

Unos huesitos y una calza negra aparecieron ahí, a dos cuadras de la casa del cumpleaños. En una veredita de San Luis.

Guadalupe, quién sabe. Ya tendría seis.

Edición: 4102

 

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