Por Alfredo Grande
  (APe).- Hablamos con palabras, pero pensamos con conceptos. La lucha por el sentido, o sea, la batalla cultural, es también la lucha entre conceptos descubridores y conceptos encubridores. Solamente si nos ubicamos en el registro descubridor, nos asomamos a lo fundante. Y el combate por la hegemonía de fundantes incompatibles ilumina la historia de la humanidad.

¿No será mucho? Es posible, pero no toda reducción es reduccionismo. Pongo ejemplos, que espero sean buenos, o al menos, no sean tan malos. Un fundante es la propiedad privada. Otro fundante es la propiedad comunitaria. Un fundante es la lucha de clases. Otro fundante es la comunidad organizada. Un fundante es la armonía entre capital y trabajo. Otro fundante es el antagonismo entre capital y trabajo. Un fundante es la novedad radical. Otro fundante es el mito del eterno retorno de lo mismo. Un fundante es la soberanía del rey. Otro fundante es la soberanía del pueblo.

En el nivel fundante hay un hiato. Un corte. Pero ese nivel fundante está clavado en el inconsciente histórico político social que nos construye como sujetos políticos. A veces también está clavado en la memoria, pero no siempre. Diría que casi nunca.

En los momentos denominados “analizadores históricos”, el fundante aparece en la superficie. La última vez en la Argentina fueron las jornadas de diciembre 2001.

En el nivel encubridor, ese analizador histórico fue demolido desde la reconstrucción de un modelo democrático de raigambre constitucional. O sea: donde la representación es más importante que la presentación. Donde no hay ningún indicador de democracia directa. Ni plebiscito vinculante ni revocación de mandatos.

Las PASO, supuestamente obligatorias, evidenciaron que, en el fundante, el sufragio como adhesión a la democracia republicana, representativa y federal, había colapsado. Desde ya: la meritocracia partidaria y frentista pretende emparcharlo omitiendo que no se puede emparchar el parche. Más allá y más acá de la aparición de chirolitas de ocasión, peligrosas porque algunos muñecos toman vida propia, como Golem o como Chuky, lo preocupante es que vuelve a quedar claro lo que no se quiere, aunque lo que se quiere todavía está en un espeso manto de neblina.

Yo diferencio a la izquierda de la derecha de una manera simple. Y con algún matiz de verdad. La izquierda sostiene lo legítimo y combate para que sea legal. La derecha considera que todo lo legal es legítimo y combate para sostener el statu quo. O sea: el estado de cosas como está. Obvio: como está, aunque esté mal.

La legalidad del acto eleccionario se mantiene, aunque la legitimidad del acto eleccionario se ha perdido. Uno de nuestros profetas dijo: “si decía lo que iba a hacer no me votaban” A confesión de parte, no hagamos relevo de prueba.

Una forma dolosa de sostener la ilegitimidad es armar contra frentes. O sea: frentes unidos por el espanto y con muy poco amor. En el momento del triunfo, difícil si no imposible, es hacer la diferencia. Pero en el devenir se observa cómo todos los caminos no llevan a Roma, y tampoco todos los caminos llevan al Fondo.

En el espanto hay dos operaciones simultáneas: el repudio y el sometimiento. O sea: dime qué blasonas y te diré de qué careces. La denominada falta de voluntad es una forma elegante y mentirosa de ocultar la complicidad flagrante. Ante tanta estafa planificada y sistematizada, y recordando los versos del tango “Pan”, puedo afirmar que “si Jesús no ayuda, que ayude Satán”.

O sea: las necesidades cuando están cruelmente insatisfechas siempre tendrán cara de derecha. Porque como los préstamos bancarios, ofrecen lo inmediato maravilloso para luego derrapar hacia lo mediato siniestro. Como le sucedió al Dr. Fausto, cuando vendió su alma al diablo, nunca más pudo rescatarla. Los alemanes de la posguerra pudieron comprobarlo. Pero cuando es tarde, es tarde.

¿Es tarde para la Argentina? La Argentina no existe. Es una abstracción que encubre un país unitario cuya identidad autopercibida es federal. La exclusión social y económica de por lo menos tres generaciones, no tiene perdón de Dios. Y tampoco del Diablo, que hace las cosas de otra manera.

Los que siguen repudiando a las derechas, solamente les abren las puertas.

Décadas haciendo el juego a las derechas, mientras proclaman que las combaten. Niños y niñas hambreadxs hasta el hartazgo, valga la paradoja, son los testigos condenados. Es posible que algún cínico a sueldo pueda preguntarse porque los esclavos votan a sus amos. Porque las necesidades básicas insatisfechas siempre tendrán cara de derecha.

Edición: 4418

 

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