Por Carlos del Frade

(APe).- Uno de cada cuatro niños come todos los días en el país del pan, la carne y la leche. Hay que pensar el número. Lo que dice la cifra. El 75 por ciento de nuestras nenas y nuestros nenes no comen todos los días, puede ser la otra manera de leer el dato. La Argentina no es una roca árida flotando en el negro universo. Es una de las geografías más ricas de esta cápsula espacial tan visceralmente maltratada por el capitalismo que es el planeta Tierra. Riqueza económica, riqueza ambiental, riqueza humana.

Puede hablarse de muchos temas, pero esta información que procede del último informe presentado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina debería paralizar actividades y elucubraciones políticas, sociales y económicas.

Este número merecería una estricta restricción de la supuesta nueva normalidad en medio de las restricciones que impone la pandemia, cada vez más dura como consecuencia de la dictadura que imponen las multinacionales de los medicamentos.

Solamente uno de cada cuatro niños come todos los días en el país del pan, la carne y la leche.

El adverbio (solamente), quizás ayude más para compartir el dolor que produce la cifra, para invitar pensamientos, propuestas y acciones que revelen la escandalosa realidad que se impone sobre las existencias de las chicas y los chicos, nuestras chicas y nuestros chicos.

-Hoy tenemos un diez por ciento de personas en situación de indigencia, sin programas como el Ingreso Familiar de Emergencia y la Tarjeta Alimentar, el porcentaje se hubiera duplicado y casi triplicado sin los programas anteriores a la covid – sostuvo Agustín Salvia, el director del Observatorio de la Deuda Social.

El 34,3 por ciento de las niñas y los niños entre 0 y 17 años sufrieron inseguridad alimentaria total en 2020 y el 15,6 por ciento inseguridad alimentaria severa.

“No deja de ser importante aclarar que cuando uno presenta estos datos es una manera de interpelar a las dirigencias políticas. Nuestras deudas sociales son estructurales, no surgieron ni van a terminar con la pandemia si no hacemos algo para cambiar la realidad que nos atraviesa”, agregó Salvia.

Deudas sociales estructurales, tres de cada cuatro niñas y niños que no comen todos los días en la Argentina del pandémico presente.

¿Cómo llegamos a esto?.

¿Cómo fue posible, como tantas veces nos preguntamos, dejar de ser el país que prometía privilegios únicamente para la niñez al presente de chicas y chicos que no comen todos los días?.

Quizás parte del misterio se resuelva en el adjetivo “estructural”.

La Argentina del presente tiene estructuras perversas que castigan a las pibas y los pibes de una manera contundente y feroz.

Habrá que desarmar esas estructuras, entonces.

La idea de una Argentina independiente no es correcta.

Porque sus riquezas no terminan en poder del pueblo que las genera.

Tenemos bandera, himno, elegimos gobernantes pero las riquezas están ajenas de la existencia cotidiana de sus grandes y desesperadas mayorías.

Solamente uno de cada cuatro niños come todos los días en el pandémico presente argentino.

Pero la culpa no es del virus, si no de la inercia cómplice de seguir el camino propio como si no pasara nada.

Y pasa demasiado. Demasiado dolor en la cifra que repite y machacan estas palabras cargadas de dolor, bronca y también, como siempre, de esperanza.

La repetida esperanza en confiar en la rebeldía, en la organización de las personas que sientan que hay que profundizar medidas a favor de la construcción de un presente con mayor justicia, igualdad y soberanía.

Para que la pibada sienta que tiene el derecho de vivir con alegría en esta tierra que no es un páramo ni un pedazo de roca flotando en las oscuridades espaciales, si no un lugar donde su gente mayor la protege, la mima, la abraza y hace todo lo que tiene que hacer para que pueda comer todos los días.

Edición: 4336

Descargá el libro gratis