Por Carlos Del Frade

Ilustración: Tato García - La Brújula Comunicación

   (APe).- -Tenés que pagar para entrar o salir del negocio…- Esa frase tiene décadas de existencia en los barrios desangelados de las ex ciudades obreras y portuarias. El pago, a veces, es con el cuerpo propio. Otras veces, con la casa propia. Hace décadas, en la Argentina granero del mundo, el sueño del techo propio estaba vinculado al amor y el proyecto familiar.

Las tempestades desatadas por los programas políticos económicos arrasaron aquellas ideas y la concentración y extranjerización de las riquezas en pocas manos fue deshilachando esos módicos sueños personales.

Pero la frase se repite.

No tiene la estatura de testimonio periodístico que asome en los noticieros del mediodía pero la frase se repite.

-Tenés que pagar para entrar o salir del negocio…

El pago, a veces, es con el cuerpo propio. Otras veces, con la casa propia. En febrero de 2014, en la ciudad de Rosario, un dictamen de casi 400 páginas sostenía que la banda de Los Monos se hizo fuerte cuando alrededor de 2007 se convirtió en un gobierno de facto en los barrios 17 de Agosto, La Granada y Las Flores, en la zona sur de la ex geografía obrera.

Aquello del gobierno de facto era toda una contundente revelación del achicamiento de la democracia, de la reducción de los derechos y la ampliación, entonces, del poder mafioso.

Gobierno de facto en los barrios era un eco de los tiempos inaugurados en 1976: bandas delictivas disfrazadas de fuerzas de seguridad del estado gerenciaban las calles para que hagan sus negocios las personas asociadas.

Hay muchas similitudes entre las bandas narcopoliciales del presente con los grupos de tareas del terrorismo de estado.

Hasta en el lenguaje existen puentes que juntan décadas de distancia.

Gobierno de facto significa controlar las calles, las vidas y las casas de esos barrios.

Aquella definición, clara y concreta, jamás fue discutida por los grandes partidos políticos. Miraron para otro lado.

El pasado jueves 23 de julio de 2020, la noticia fue que “en los primeros seis meses del año la Fiscalía de Rosario recibió 189 denuncias por usurpaciones, la mayoría cometidas por bandas narco en zonas periféricas de la ciudad. Las víctimas de esta modalidad delictiva abandonan sus viviendas porque grupos criminales los amenazan”. Se agregaba que “las intimidaciones comienzan con advertencias verbales o notas en la puerta de las casas y luego pueden escalar a incendios intencionales en los frentes y balaceras con el objetivo de tomar propiedades como "aguantaderos" o establecer un punto de venta de droga en el lugar”.

En forma paralela, desde 2013 en adelante, creció el número de inmobiliarias ilegales, según denunciaron, en su momento, los integrantes del Colegio de Corredores Inmobiliarios.

Las usurpaciones muestran, al mismo tiempo, la contundencia del estado presente de forma corrupta a partir de esos gobiernos de facto donde la ley es ejecutada por las bandas narcopoliciales como otrora la imponían los grupos de tareas.

La única manera de construir salidas colectivas a estas dramáticas imposiciones de las mafias es democratizar los derechos para las grandes mayorías, para que cada piba y cada pibe no termine siendo esclava o esclavo de esas bandas, de esos reciclados grupos de tarea.

Para que nadie, nunca más, tenga que pagar para entrar o salir de un negocio con su cuerpo o con su casa.

Edición: 4050

 

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