Por Alfredo Grande

(APe).- El fundante represor de la cultura no siempre aparece en la superficie. Pero tampoco está siempre oculto. Si recorremos esa superficie, como propone Gregorio Baremblitt, podremos observarla del derecho y del revés. Observarla, sentirla, olerla, padecerla, esquivarla, chocarla, y puedo asegurar que ni siquiera nos permitirá descansar en paz.

Hoy vivimos en el auge del mundo del revés, que hace décadas nos enseñara María Elena Walsh. Pero a diferencia de aquellos tiempos lejanos, el revés hoy está legitimado como el derecho. Y también como El Derecho. Por eso toda invocación a la Justicia, que es el Derecho, es la negación absoluta de lo justo, que es el revés. Para intentar ser más preciso, si eso me fuera posible, hay un revés reaccionario y hay un revés revolucionario. La teoría de la plusvalía es el revés del “justo salario”. La democracia representativa es el revés del “pueblo en armas”. Armas que son de construcción masiva. En su extremo límite, la autogestión de la vida.

Hoy el revés reaccionario es la utilización de la infección por el coronavirus. Como escribe con su pluma laser Claudia Rafael: “Hay que desatar cada uno de esos efectos. Porque arrasan. Porque esas niñas y niños están inoculados ahora con otro virus. Que tiene una vacuna potente y efectiva que no nace de la medicina. Nace en los vínculos humanos. Allí donde debe amasarse otro modo de ser. De estar en el mundo. De transitar la vida desde la construcción de otras miradas. Que sean capaces de hacerle frente a esa ferocidad funcional a las maquinarias creadas por el capitalismo para el arte de demoler. De despreciar. De convertir a las y los humanos en piezas replicadoras de una violencia parida por el miedo al otro”.

La viralización del racismo es un potente reaseguro de que los mandatos de la cultura represora en su expresión más cruel, serán acatados. El revés de los pasamontañas de los zapatistas, es el barbijo de los aterrorizados civiles. Cada barbijo es la bandera blanca de rendición ante cualquier intento de combate.

Freud describió el lugar del “otro” para cada sujeto. Puede ser auxiliar, modelo, objeto o rival. De las cuatro opciones, como bien señala Claudia, sólo ha quedado la rivalidad. En la cual la vida propia exige la muerte ajena. Lógica de guerra que ha desplazado a la lógica de la tregua y ha extinguido la lógica de la paz.

Los vínculos humanos pueden ser virus o pueden ser vacunas. Hay vínculos del amor y hay vínculos del terror. Llamados con cierta liviandad, vínculos tóxicos. Pero en todo caso, son tóxicos que matan.
Los “relatos salvajes” son una excelente expresión artística de los vínculos del terror. Recuerdo cuando Domingo Cavallo acuñó su frase salvaje: “costo social del ajuste”. Costo social que pagaban los otros y otras y otres. Nunca lo pagó el que pronto tendrá su busto en el museo de la casa rosada.

La viralización del menemismo en sus nuevas temporadas, es algo que deberá ser estudiado en profundidad. Lamentablemente, parece ser que ese virus contagió a los brasileños y llegó Bolsonaro. Si para mencionar la amplificación, la multiplicación, la difusión de un mensaje decimos que se “viralizó”, la doctrina viral de la cultura represora llegó para quedarse. Han coronado un virus como el absoluto mal. Y por lo tanto han indultado a todos los otros males que nada tienen que ver con los virus.

Ramón Carrillo, ministro de Salud Pública durante el peronismo, realizó una obra de prevención sorprendente. Junto a la Fundación Eva Perón, logró que la salud pública fuera política de estado. Murió en el exilio al que lo obligó la autodenominada revolución libertadora. Falleció muy joven, a los 50 años. Dejó varias frases memorables, ante las cuales mis “aforismos implicados” palidecen. La que tiene directa relación con la hegemonía viral de la cultura es: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.

Si en un intento de algebra política reemplazamos “microbios” por “virus”, Carrillo adquiere una implacable actualidad. No estoy diciendo que hay que dar vuelta la página del coronavirus. Pero tampoco pediré disculpas por no usar barbijo. Especialmente barbijo mental, que está destinado a no pensar. O aun peor: pensar desde la fábrica de pensamientos de la cultura represora.

Me parece mucho más salvaje el acuerdo de paz entre trump y los talibanes, que la “pandemia” que nos quieren hacer consumir. El hambre en la argentina y en el mundo, es una pandemia. Productora de graves enfermedades, muchas de ellas letales.

Si el hambre fue declarado como pandemia por algún organismo internacional ruego me informen. En el “mientras tanto” seguiremos luchando contra todas las formas de la cultura represora, sin dar por ningún virus más de lo que el virus vale.

Pintura: Zdzislaw Beksinski

Edición: 3954

Recién editado

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