Por Bernardo Penoucos

(APe).- Son las 2 de la tarde. El penal de Sierra Chica tiene el paisaje de siempre: en la guardia el grupo armado con perros hambrientos esperando la pelea de todos los días en algún pabellón de población, dentro de la Unidad los primeros detenidos que comienzan a circular para ir a trabajar, a estudiar o a conseguir algo para comer, fumar o charlar. Entramos los docentes y el penal se "pincha", es decir, entran los escopeteros porque hay pelea en uno de los patios, parece que son 5 contra cinco con facas y ponchos. Se escuchan los disparos. Uno, dos, tres, 4 y una seguidilla incontable que dura aproximadamente 15 minutos o más. Perdemos la cuenta y empezamos a dar clases.

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Por Alfredo Grande
  (APe).- Un profesor de química del Nacional, hombre de derechas, bastante ocurrente, solía decir que los hombres (en esa lejana época las cuestiones de género eran invisibles) se dividían en dos categorías: anís o menta; bizcochuelo u hojaldre. Una simplificación, sin duda. Pero como escribió Cesar Bruto en su “Decálogo para lo niño”: en la sopa más repugnante siempre hay algo de nutritivo. Mi amigo Gregorio Baremblitt me trajo hace tiempo ya esta cita del talentoso humorista. O sea: ¿Qué podemos encontrar de nutritivo en esta sopa repugnante que es la sopa democrática que tenemos que tomar día tras día, hora tras hora?

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Por Claudia Rafael

(APe).- Los 9 años de Estefanía. Los 10 de Sheila. Estefanía, ayer estragada y arrojada como basura desde un camión en movimiento. Vejada y torturada. Sheila desaparecida, martirizada, envuelta y amarrada en una bolsa negra. Estefanía, sometida a submarino seco, semidesnuda, lanzada como despojo a la oscuridad cercana a las vías del Roca, en José Marmol. Es la infancia hecha trizas. Es la infancia apuñalada, estrangulada, vejada. La niñez destrozada como para hachar el futuro de un ramalazo de crueldad.

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Por Silvana Melo

(APe).- Tal vez ellos lo entiendan con más lucidez que el televidente medio. El que decidió creerse el parrafito de la violencia mientras le resultaba más cómodo ignorar lo que perderá, torrencialmente, con el presupuesto 2019. Acaso sea más sencillo hablar con los niños sobre la barreta que dejó el policía ahí no más, a centímetros del dirigente de La Poderosa tirado en el piso que no podía creer que argumentaran la detención y los golpes en un arma casual que jamás tuvo en sus manos. Porque los pibes ven lo que el adulto adulterado no. Saben y ven que come menos y comerán menos. Que la escuela se len seguirá cayendo encima, que sus padres pasarán del inquilinato a la calle. Que les cortarán la luz y el gas –si eran privilegiados y los tenían-, que sus abuelos terminarán de caer en la indigencia.

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Por Claudia Rafael

(APe).- Los olores se mezclan. Orines, sudores, hedores de cuerpos cansados, excrementos. Son el cóctel de los hacinamientos humanos. La caravana crece. Se alimenta de más hambrientos. De nuevos desesperados que sólo ven la esperanza en el camino. Sin certezas de hacia dónde. Perdido por perdido, el camino es lo que salva. Unos a otros se alimentan del sueño de la tierra prometida que no los espera sino que les teme. Que los ubica, rabiosamente, en el sitial del peligro. De aquello que sólo es digerible en la más rotunda lejanía.

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