(APe).- El sábado decidió ser semilla para siempre. Y sembrarse para que en la historia germinen más luchadores como él, de ésos que son infantería en los derrumbes, de ésos que atajan los escombros para que no lastimen a los frágiles.

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Por Carlos del Frade

(APe).- La pibada, en cualquier barrio de cualquiera de las grandes ciudades argentinas que alguna fueron obreras, no encuentra trabajo con facilidad. En las facultades, cuando se pide que levanten las manos los que tienen trabajo en blanco, menos de la mitad de la muchachada lo hace. En aquellas geografías estragadas de los conurbanos, entonces, el capitalismo se las ingenia para que lleguen sus arterias principales, armas y drogas. El dominio por el territorio, entonces, es la nueva forma de competencia laboral. Los que antes compartían el comedor comunitario y la canchita de fútbol se miran feo y saben que tienen horas donde las policías provinciales no los molestarán mientras desatan la fiereza contra ellos mismos. A veces salen en los medios, pueblan las noticias policiales y poco más. Queda el dolor. La silla vacía en la escuela que ya no está y el recuerdo de las maestras y los maestros que siempre creyeron en ellos.

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Por Bernardo Penoucos

   (APe).- Las sierras bajas y el viento frío y húmedo cortan el paisaje que parece prometedor. Allí, en una orilla del mundo, en el sur frío de la provincia de Buenos Aires se puede descubrir, campo adentro, la Unidad Penitenciaria n° 37, en Villa Cacique, partido de Benito Juárez. Los altos alambrados y las rejas parecen petrificadas por el invierno de las 6 de la tarde. Lentitud, aquietados movimientos de los carceleros, tristeza pesada de las familias que salen de visita y se disponen, ya con los bolsos vacíos, a enfilar hacia la ruta y a esperar que algún auto o camión se apiade y las acerque a sus hogares.

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Por Alfredo Grande

(APe).- En 1958, Carlos Gorostiza estrena “El Pan de la Locura”. Unos 60 años atrás, si todavía puedo restar con cierta precisión. Uno de los tantos comentarios que esta obra fundante generó es un llamado a no cerrar los ojos, a no evadirse, a no seguir construyendo la mentira de cada día. Porque es esa evasión que conduce constantemente a la frustración y a la violencia, donde nace uno de los dramas del hombre moderno (“callarse la boca, cerrar los ojos. Y hacer fuerza para reírse de cualquier cosa. Lo que se necesita es estar contento. Olvidarse. Escapar de este mundo y fabricarse un mundito propio. Egoísta y estúpido; pero seguro, tranquilo”).

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Por Claudia Rafael

(APe).- Natalia vivió menos años de los que pasaron desde su crimen. Tenía 15 aquel 4 de febrero de 2001 en que desapareció. Y transcurrieron casi 17 desde que un chico –ya hombre- de 10 años la encontró a las 7.45 de cuatro días más tarde, debajo de un pilón de hojas y ramas del bosque Ameghino de Miramar. No ha de ser fácil crecer tras ese hallazgo con el impacto feroz de la crueldad humana. El cuerpo de Natalia estaba boca arriba, con moretones en los muslos, la mano izquierda quemada por cigarrillos, el tabique nasal fracturado y un golpe en el cráneo tan brutal que había arrancado cuero cabelludo. Esta semana, sentado en el banquillo, un cuarto policía comenzó a ser juzgado. Los otros tres, condenados en 2002 a reclusión perpetua (pena que luego fue rebajada) por privación ilegítima de la libertad agravada, violación agravada y homicidio triplemente agravado, ya gozan de salidas transitorias.

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