Por Bernardo Penoucos

    (APe).- No está preso sólo el preso, sino también su familia. La suspensión de la libertad rebota en el detenido y va salpicando tristemente a sus cercanos. La organización de la vida cotidiana se modifica e ingresa como practica la peregrinación y la búsqueda de nuevos sentidos.

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Por Silvana Melo

(APe).- Hay una ciudad en Buenos Aires donde los chicos se mueren de oscuridad. Se mueren porque no hay luz. Y si no hay luz tampoco hay agua. Entonces cuando la vela, que alumbra apenas un círculo de esa desgracia, se cae, mientras duermen, enciende todo alrededor. Porque hay nailon en el piso, madera en la pared y cartón en la puerta. Y el fuego, famélico siempre como los pibes cuando van creciendo, se devora casas, niños y perros. Y sigue con hambre. Porque tampoco hay agua a la hora de apagar el fuego. Y así se muere en los barrios de Lanús: de oscuridad y de canillas de gota avara.

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Por Claudia Rafael

(APe).- El tiempo parece congelado en esa imagen. La de los hacedores de la sangre derramada disparando balazos de odio para frenar lo irrefrenable. Para torcer los rumbos de la historia. Quince años de aquel junio. Quince enteros años que hubieran transformado a Darío y a Maxi en dos hombres de poco menos de 40 años. Pero que la perversidad dejó ahí. Anclados en esa historia efímera de algo más de dos décadas que acumuló sabidurías, coraje, ternura y abrazo que abrieron huellas de rebeldía.

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26 de junio día internacional de la “lucha” contra el narcotráfico

Prólogo del nuevo libro de Carlos del Frade

(APe).- “Hace años la Cámara Federal de la Provincia de Salta demandó que se “radarice” el norte del país porque "llovía droga", esto ocurrió en septiembre de 2009. El reclamo lo hizo uno de los tribunales federales directamente inferiores a la Corte a su superior jerárquico, el máximo tribunal de justicia de nuestro país.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Como psicoanalista tengo la deformación profesional de escuchar. Muchas veces repito textualmente y contextualmente lo que un paciente me dice, y su reacción es asombrosa. “Bueno, no es tan así”. Mi respuesta, en la supuesta que esté en mi juicio más sano es, palabras menos, palabras más: “No sé cómo es, pero sé cómo lo dijiste”. Cuando entre la palabra y la cosa no hay una grieta, si se me perdona el lugar común, la palabra nos lleva de la mano y de la lengua a la cosa. Pero esa “cosa”, esa escencia, ese fundante, debe ser rápidamente sepultado. Los muertos que vos matáis no siempre gozan de buena salud.

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