Por Silvana Melo

(APe).- No es sólo que la mataron y cómo la mataron y cómo enterraron a medias ese cuerpo disciplinado por joven, condenado por mujer. Es también cómo se tramita el horror entre el asesino y los cómplices en el corralón donde trabaja, en la policía que lo busca, en los amigos que le avisan, en la absurda masculinidad que es capaz de encubrir aquello que naturalizan porque algo hizo y por algo se la buscó y cómo se gestiona el espanto entre la policía que no busca, la policía que no rastrilla, la policía que se ubica en la vereda del asesino, la policía que no cuida a nadie o en realidad cuida a algunas nada más, algunas, sólo a las buenas vecinas, las de edad suficiente, las que no andan de noche, las que no envían mensajes a las 7 de la mañana a su madre diciendo "Vieja, prepará las cosas para el mate que estoy yendo para casa" y nunca llegan, las que no van a ver al Indio a Olavarría, las que no van por la vida y por la muerte con banda de sonido de Callejeros, las que no se tatúan el amor en los hombros, las que no.

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(APe).- Vida, magia y utopía. Esos ingredientes, entremezclados con la música, las risas de los chicos de Casa del Niño en ese enorme desafío de construir una sociedad digna para los pibes son el imperativo que nos define. Abril, aunque la realidad se empeñe en hacernos creer lo contrario, puede ser también la primavera. Y en este abril plantamos árboles, soltamos los globos que anuncian nuestros sueños, compartimos el pan y premiamos la palabra hecha crónica que describe las geografías más intensas.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Stan Laurel y Oliver Hardy inmortalizaron la pareja del “gordo y el flaco”. No escaparía a la mirada actual, siempre tan penetrante y mal pensante, que ese humor era la tapadera de una relación homosexual. No me interesa ese nivel de análisis, que en realidad es simple estigmatización. Lo que si me interesa es que en esos tiempos decir gordo no era decir obeso y decir flaco no era decir desnutrido. Hoy el problema es el exceso de peso. Un programa de televisión propone la cuestión de peso, y son todos problemas de exceso, no de carencia. Incluso la anorexia nerviosa, que es más nerviosa que anorexia, está considerada como una enfermedad mental grave. Y es condenada toda propaganda que hace palanca en mujeres más flacas de lo necesario.

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Por Jorge Cadús (*)

   (APe).- Morir jovenLa historia la contó el cura Edgardo Montaldo. Sucedió en Rosario, en un taller con niños víctimas de violencias. Los pibes expresaban en ese taller sus derechos ausentes, sus sueños de derechos, su deseo. Cuenta entonces Montaldo: "Derecho a tener una familia, expresó uno con carita triste. Derecho a no quedarme afuera de la escuela, dijo otro que ya había conocido varias escuelas. Derecho a que no me peguen, dijo alguien que podría mostrar marcas de torturas. Derecho a que nos hablen bien, derecho a jugar, derecho a una vida mejor, dijeron otros. Y alguien muy cansado, señalando que había perdido toda esperanza, dijo Derecho a morir joven".

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Por Bernardo Penoucos

(APe).- Se instala la cifra pero no el debate, se escriben las estadísticas pero no a las personas, se vomitan los números pero no las historias. El debate sobre la reforma, nuevamente, del Código Penal, inunda los medios y las mesas de familias. Se habla de la cárcel y de los presos. De lo que cuesta y de lo que le cuesta al hombre de a pie un preso, de lo que le cuesta a una sociedad un preso, de lo que gasta el Estado en un preso.

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