Por Carlos Del Frade

(APe).- La zona oeste rosarina era, cuatro décadas atrás, una geografía atravesada por la cultura de los ferrucas, los trabajadores de la mítica empresa estatal Ferrocarriles Argentinos. El saqueo institucionalizado de los años noventa trajo la desocupación, la invasión de los fantasmas a la estación Rosario Oeste y la ausencia de soportes materiales para las existencias cotidianas de los barrios La República, Azcuénaga y Bella Vista. Fue allí que las bandas narcos aparecieron en los viejos clubes de la región y tomaron sus instalaciones para sus negocios.

Sin embargo, en la segunda mitad de la primera década del tercer milenio, alrededor de 2008, un grupo de pibas y pibes, algunos menores de dieciocho años, comenzaron a sentir la necesidad de recuperar esos espacios colectivos. Y lo hicieron. A fuerza de voluntad, ternura y claridad de objetivos.

Dos de esas postales de la nueva historia política de la esperanza fueron El Luchador y El Federal. La pibada marcaba el camino para las generaciones anteriores que se resignaron a la pesadilla impuesta como si fuera un destino inmodificable.

La historia se puede cambiar, eso demostró y demuestra, todos los días, la muchachada que se hizo cargo de la conducción de ambos clubes de la zona oeste rosarina.
El miércoles 29 de octubre, casi medio millar de personas fueron a abrazar a esos jóvenes dirigentes.

Les habían baleado sus casas.

-Estos hechos están dirigidos a detener la construcción de territorio que construimos. Detrás están grupos minoritarios que se sienten relegados por la fortaleza de nuestro proyecto. Luego de amenazas, robos de bienes colectivos y de secuestros de información de nuestros clubes, hemos sufrido el ataque con arma de fuego en la casa de dos referentes del barrio que pertenecen a la dirigencia de los clubes, Nicolás Rigatuso y Daniela Giménez”, señalaron los principales referentes.

Agregaron que el desarrollo de las actividades culturales y deportivas “dan lugar a 800 personas, en su mayoría adolescentes. Resistimos económicamente, llevando a cabo una economía colectiva, participativa, totalmente autogestionada. “En este proyecto inclusivo vemos necesario restituir y crear vínculos comunitarios desaparecidos. Nos animamos a presentar mediante nuestra práctica deportiva, social y cultural una alternativa para trabajar sobre los conflictos sociales”, apuntaron.

-Son las balas contra las pelotas y las guitarras. A medida que las pelotas aumentan en cantidad y que las guitarras, los violines suenan mejor, nuestro proyecto gana terreno y crece en virtudes… Son grupos minoritarios, que hoy caminan impunemente por nuestro barrio cuando fueron los responsables de arrebatarnos los sueños en los 90. Hoy se sienten amenazados por la fortaleza de nuestros vecinos y vecinas, por el crecimiento de nuestra organización, y por la profundización de nuestro proyecto artístico, deportivo y económico popular.

Se comprometieron a defender “la trinchera de sueños y de seguir construyendo nuestra República…A los ataques respondemos con trabajo, compromiso, transformando el miedo en participación, en construcción colectiva. Sepan los cobardes poderosos que en nuestro barrio se camina con el pecho erguido. Por acá, no se rinde nadie”.

Anunciaron que el viernes 21 de noviembre las autoridades del club Federal organizaron una jornada especial para recaudar fondos. Habrá recitales y números artísticos y lo obtenido se destinará para dotar a la institución de gas natural “para que los vestuarios tengan agua caliente”. Los jóvenes pidieron protección al Estado para que no haya incidentes, apuntaron los medios rosarinos.

Fuentes: Diarios “La Capital”, “Rosario/12” y “El Ciudadano”, del jueves 30 de octubre de 2014.

 

Edición: 2805

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