Por Alfredo Grande

(APe).- Publiqué una nota en la Agencia que habla de "empobrecimiento lícito". Ante las obscenas muestras de enriquecimientos ilícitos, me pareció necesario señalar que en la actualidad de la cultura represora, la pobreza es lícita. La consigna de luchar contra la pobreza, ratifica que nunca se luchará contra la riqueza. La pobreza no es estructural. Lo único estructural es la riqueza.
Las venas de América Latina siguen abiertas al decir de Galeano, pero con transfusiones permanentes de riquezas a las arterias opulentas del occidente cristiano y capitalista. Aclarando que este occidente predador está enquistado en cada país. Burguesía prebendaria que estatiza pérdidas y privatiza ganancias.

No quiero recordar quien dijo: “el mercado para los ricos; el estado para los pobres”. Los tiempos cambian, aunque no todo cambia en estos tiempos. Ahora el Estado es también para los ricos y el mercado, gracias a los supercréditos para el consumismo tóxico, también es para los pobres. Como ya he dicho, la derecha castiga aquello que propicia. Quien a split mata, a Edesur muere. ¿Pero como, a los autos hay que ponerles nafta? Diablos...¿entonces como hacemos? Indemnicen a Repsol, ya!
He hablado de alucinatorio social para describir el triunfo del relato delirante y de la imagen inventada, por sobre el pensamiento y la percepción. Ya no podemos diferenciar cuándo es gato y cuándo es liebre. El alucinatorio social se nutre del pensamiento único, que en realidad es dogma. Laico, democrático, popular. Pero dogma: no hay duda que crezca a su sombra. La certeza, pariente psicótica de la convicción, se ensancha y se alarga en la contundencia de los primeros planos de la tv pública, los zócalos de la publicidad permanente, las repeticiones en los programas de noticias cada vez más farandularizados.
Milani con Hebe, Moria con Cristina, Mauricio y Tinelli con el Papa es demasiado para esta sensación térmica. He aprendido a no quejarme más ni del frío ni del calor. En realidad, trato de no quejarme de nada. La queja es individual, ilusoria, infantil. Intento distintas formas de protesta porque al menos es colectiva. Y cada vez que escribo siento muy profundamente que estoy combatiendo. Con la pluma, con la risa y con la palabra.
El lunes pasado en mi programa radial “Sueños Posibles”, entrevisté a Felix Diaz, cacique de la nación Qom. Emblema viviente de la pobreza. Jose Martí escribió: “con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar; el arroyo de la sierra me complace más que el mar”. Para nuestros originarios, ya no quedan arroyos. Toda el agua está contaminada. No hay posibilidad alguna de desinfectar aguas, suelos, ropas. Además hay agresiones, violaciones, asesinatos, humillaciones. Nada de esto en forma accidental, reactiva, ocasional, episódica. Es una sistematizada planificación del sufrimiento físico, psíquico y social. Es la crueldad como organizadora de la gestión. Maldita gestión.
La democracia contiene, sostiene y encubre estas gestiones, rebosantes de absoluta nulidad democrática. La democracia le hace un guiño a las prácticas antidemocráticas que genera. Cinco siglos igual, treinta años igual. Ahora la muerte resulta indiferente y los verdaderos saqueadores son los funcionarios que atesoran sin pudor ni vergüenza, perfectos streapers del capitalismo serio. Desnudos en su avaricia, codicia y soberbia. Hambrientos y sedientos de la potencia infinita de los treinta dineros. Eso es la riqueza estructural, porque el saqueo forma parte de las políticas públicas de los Estados.
Venas abiertas de los trabajadores, arterias cerradas de los explotadores. Nadie luchará contra esa forma de riqueza estructural, al menos no luchará en forma estructural. Quizá haya ademanes, gestos, mohines, muecas, tics, con intenciones electoralistas. ¿Recuerdan el “Eticazo”? Hoy Capitanich fue enfático al resaltar que la corrupción política debe ser
investigada y penada, pero expresó que también debe ser debatida profundamente la corrupción empresaria. El funcionario dio como ejemplos que muchas veces se han detectado casos en los que se "violan los acuerdos de precios", "evaden impuestos", "promueven fallos judiciales cercanos a sus intereses", "tienen posición dominante", y "precios monopólicos". Mal que le pese al Jefe de Gabinete, pienso que llamar corrupción al crimen organizado es corrupto. No es que algo está corrompido en su noble esencia. Es corrupto estructuralmente: son todos empresarios, o sea, lucradores, no importa de que lado de los mostradores (público // privado) se coloquen.

La década ganada trata mejor a los lucradores que a los luchadores. Obreros condenados a cadena perpetua. Necesitamos a una Joan Baez que les cante a nuestros Sacco y Vanzetti. Y los pobres necesitan que no nos ocupemos de su pobreza, sino que nos ocupemos de todas las formas de riqueza que ocasionan esa pobreza. Insisto: la pobreza no es estructural. Todos nacemos con la mayor de las riquezas: una vida para ser vivida. No para ser sufrida, extinguida, mancillada, mutilada, herida. Vivir es vivir para la vida. Vivir para la muerte es parte del plan exterminador de los lucradores.
Una forma de la muerte en vida es la pobreza. Muerte de la conciencia de clase; muerte de los proyectos, aún los mas humildes; muerte de las tierras, el aire, el agua; muerte por que sobra lo que hace daño y porque falta lo que hace bien. Exterminio estructural. Y también exterminio de la necesidad del combate. Batalla cultural que no es otra cosa que una guerra para recuperar el sentido fundante de la vida. Felicidad, alegría, salud, crecimiento, sabiduría, descubrimiento, invento, creación. Y entonces nos daremos cuenta que la yerba mala también muere. Si decidimos matarla. Yo al menos, no tengo dudas.
No acepto el exterminio planificado de los pobres. Por me permito acuñar el significante “pobrecidio”. Para que a fuego de la lucha quede marcado otro necesario nunca más.

Edición: 2594

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