Por Claudia Rafael

     (APe).- Parecía una foto de final de época. Toneladas de basura travestidas de trincheras. Gente posando para la fotografía del reportero que les tocó en suerte, con armas largas en la mano y pañuelo cruzado en la cabeza. Es la imagen del fin. La tv transmitiendo en vivo y en directo el momento exacto del derrumbe. TN emitiendo instante sobre instante las barricadas, los saqueos y los gases lacrimógenos mientras la televisión pública festejaba las tres décadas de ininterrumpida institucionalidad democrática; telefé disfrazaba
personajes con los rostros del Chavo del Ocho y sus amigos y Canal 13 pasaba avances con Palito Ortega cantando en una plaza con Suar.

Es la fiesta bizarra del derrumbe. En donde la muerte se posiciona en la feria del recuento. Nadie sabe. ¿10, 11, 12? Apenas una anécdota para el poder parecen ser las vidas que fueron y hoy representan apenas unos cuantos pañuelos enjugados por los que los quisieron pero no mucho más. La mirada está parada en otro lado. Y ellos prometen ser apenas un mojón olvidable en la memoria de la patria magullada y ajena. Hoy la historia pasa por otro lado.
Todo parece querer volver a la normalidad. Habrá pulseadas legales, denuncias por sedición, bravuconadas aisladas. Pero habrá en el aire una nueva y pujante normalidad que habrá acomodado las piezas del rompecabezas de otro modo. Las fuerzas portadoras de poder de fuego habrán avanzado unos cuantos pasos más en el puzzle de la estrategia de control. Y habrán fortalecido las maniobras de dominio sobre los mismos e históricos desarrapados de siempre.

Edición: 2589

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