Por Carlos del Frade

(APe).- Serena Martínez tenía solamente siete años.
En la noche del viernes 29 de noviembre estaba festejando junto a sus amigos en el Club Regatas de Santa Fe el cierre de las actividades del año cuando una bala perdida proveniente del otro lado de la Laguna Setúbal, del humilde barrio de Alto Verde, le perforó el cerebro. Serena peleó hasta que su cuerpito dijo basta. La sociedad santafesina se conmovió frente al hecho.

“Está muy bien que la gente se muestre afectada por la muerte de Serena. A veces buscamos alguna respuesta similar cuando las chiquitas o los chiquitos que se van antes de tiempo son, justamente, pibas o pibes de Alto Verde pero eso no sucede. Es más, cuando sucedió lo de Serena un funcionario provincial nos vino a preguntar si podíamos hacer algo para calmar a nuestros pibes…”, contó Lucho Candiotti, el principal referente de la organización social “Juanito Laguna”, una de las más representativas a la hora de pensar en los que trabajan para abrazar a los más chicos no solamente en Santa Fe sino también en la Argentina.
Serena no debía morir.
Sin embargo hay balas perdidas. Quizás porque haya vidas perdidas.

En el lugar de donde partieron los balazos se encontraron cinco vainas calibre 22 y otras 17, calibre 9 milímetros. La jueza de menores de turno, Susana de Bilich, detuvo a dos menores que tendrían relación con la injusta muerte de Serena.
¿Quiénes hicieron posible que revólveres o pistolas 22 y 9 milímetros estuvieran tan al alcance de las manos de pibes menores de dieciocho años?.
¿Por qué esos pibes no tenían otras cosas entre sus manos que no fueran pistolas?.
Para el juez de instrucción penal número 3, Luis Silva, que ya comenzó a indagar a cuatro personas mayores detenidas, “el tiroteo había sido producto de un enfrentamiento entre patotas gremiales de la UOCRA” santafesina, según consignaron los medios de comunicación regionales y sugirió el propio gobernador, Antonio Bonfatti.
-También hemos visto muchas veces que detrás de esas balas hay mafias, las mafias de las barras, de los gremios, el narcotráfico – apuntó, en su momento, el intendente santafesino, José Corral.
¿Qué se ha hecho para combatir esas mafias, entonces, sería la pregunta en homenaje a Serena y a las decenas de pibas y pibes que quizás nunca llegaron a ser parte de una emocionante cadena de oración pidiendo por sus vidas simplemente porque eran habitantes de los subsuelos de la realidad santafesina?.
A su turno, el sacerdote Axel Arguinchona manifestó: “Nosotros como sociedad podemos acompañarlos desde la oración, el estar presentes, pero también con el compromiso de generar una sociedad nueva…Es necesario que cada uno en su conciencia reflexione, no por prensa: “Si me pasa a mi”, sino por pensar en el dolor y sufrimiento del otro”, apuntó el cura.
La bala perdida que robó la vida de Serena es consecuencia de una vida perdida.
Vidas perdidas que son usadas por esas mafias como “las barras, los gremios y el narcotráfico”, como bien dijo el intendente de Santa Fe.
La gran cuestión parece ser ganar vidas.
Que no sigan multiplicándose las vidas sin sentido, aquellas que matan o son matadas sin sentido.
Y para eso no solamente hace falta ofrecer algo a esos pibes que fueron indagados por la jueza de menores, sino también denunciar con nombre y apellido a los que se aprovechan de tantas necesidades, de tantas urgencias que florecen en la ciudad capital del segundo estado argentino.
Será la única forma de no volver a lamentar casos como el de Serena y decenas de chicas y chicos que terminan sus existencias muy antes de tiempo en el perverso altar del actual sistema que hace de la violencia una herramienta de acumulación para los mismos de siempre.

Fuente: Diario “El Litoral”, viernes 6 de diciembre de 2013; Diario “La Capital”, sábado 7 de diciembre de 2013 y entrevistas propias del autor de esta crónica.

 Edición: 2587

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