Por Silvana Melo

    (APe).- Mientras los niños plomizos de Inflamable ya son jóvenes y la adolescencia en el meandro de Brian es flaca, de dentadura en falta y sangre envenenada, los medios se horrorizan por espasmos. Es decir, cuando desde fronteras afuera, se recuerda que el Riachuelo es un curso de podredumbre y basura, donde el agua ya dejó de ser agua para convertirse en un denso piletón de aceite, químicos, gases y desechos cloacales. Orillas donde los niños crecen como pueden, brutalmente desiguales a quienes respiran en otras geografías, no tocadas por ese viboreo atormentado donde Pedro de Mendoza eligió comenzar la Ciudad, por 1536.

En 2003 fueron los japoneses: una agencia ambientalista (JICA) descubrió que el 50% de los chicos de Villa Inflamable tenían plomo en sangre y respiraban diariamente 17 químicos y gases cancerígenos. La presencia de plomo en el cuerpo de los pibes que viven alrededor del Polo Petroquímico Dock Sud se multiplica cuando se la compara con niños de otros sectores de Avellaneda. Una trabajadora social de Inflamable fue la que presentó la denuncia, con otros vecinos, cuando comenzó a sentir que sus manos no le respondían y se fatigaba de sólo caminar unas cuadras. El hormigueo en los brazos de Beatriz Mendoza fue la semilla del fallo de la Corte en 2008: se determinaba el saneamiento del Riachuelo, el traslado de empresas contaminantes y la relocalización de las familias que, sin suelo para pisar ni techo para guarecerse, alzaron sus paredes de chapa, madera y algún bloque a orillitas del río envenenado.

A cinco años, las industrias no se fueron y miles de familias subsisten habitando la basura, respirando plomo, con los caños cloacales en vertiente en la puerta de sus casas, con niños que ya son adolescentes, con adolescentes que ahora serán jóvenes o muertos o escondidos en los pasillos de la villa.

Ahora son el Instituto Blacksmith y la Cruz Verde Suiza los que irrumpen en el sangrado debate de la inseguridad en el país. Y vienen desde Europa con la noticia que sacude y vuelven las cámaras a hacer foco en los invisibles del río marrón. Que ahora son protagónicos, que ahora son top ten en la grilla tóxica del mundo: lo primerean “un sitio de procesamiento de desechos electrónicos en Accra, Ghana y Chernobil, Ucrania, donde en 1986 explotó la central nuclear”. El Riachuelo que hiere la frontera entre Provincia y Ciudad es el octavo sitio más contaminado del mundo. Y lame las costas de la ciudad de pretensiones europeas y moja los pies de los chicos que juegan con barro podrido e incorporan por la piel todos los venenos de un agua que ya no es.

Las barrancas del Riachuelo se constituyeron de toneladas de basura volcadas durante décadas. Es el suelo que pisa la gente. Es un piso que se hunde a los pies, que se ablanda bajo las paredes de la casilla que se alza como se pueda y con lo que se pueda. No es tierra, no es escombro. Es un preparado maléfico de zinc, mercurio, lixiviados, desechos urbanos, residuos industriales. El veneno se extiende en el brazo denso que es afluente del Río de la Plata. Que bien al sur es un jugo nauseabundo con dos metros de lodo químico en el lecho.

Ese es el hábitat de las familias del meandro de Brian y Mundo Grúa, en la villa 2124 de Barracas.

La relocalización de 1334 familias de ese sector de la cuenca debía estar terminada en enero de 2013. Apenas empezó. Sólo sesenta fueron reubicadas en un predio de Castañares y General Paz, en monobloques con instalaciones eléctricas deficitarias, caños que pierden desde arriba y cuelan agua al departamento de abajo, cielorrasos carcomidos, cerámicos levantados, apenas en un año de uso.

La Justicia determinó que no puede haber vida a menos de 35 metros de las orillas. A 36 comenzaron a construirse los monobloques a la derecha de Mundo Grúa, pegados a las plantas de producción de Quilmes y Pepsi. No se estudió el suelo para saber si la basura que lo constituye aguanta una construcción alta. Las paredes son de hormigón relleno de plástico y telgopor. Son antisísmicas, dicen. Pero al primer viento fuerte cayó un paredón. La construcción está parada. El Gobierno de la Ciudad trasladó a las primeras familias a doce kilómetros de su medio social y laboral. Fueron talados de su hábitat. Quitados como maleza. Sus casitas fueron demolidas para que nadie las ocupara. Tenían un valor que no fue tenido en cuenta por el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) pero ellos deberán pagar sus nuevas viviendas.

El gobierno macrista disminuyó y subejecutó en seis años el presupuesto para vivienda popular, recortó los aportes a ACUMAR (Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo, creada a partir del fallo de 2008) y en el último año destinó 62 millones menos al IVC. Son cinco años de retraso en los plazos de relocalización y ocho prórrogas pedidas ante la Justicia. Los pobres y los envenenados por la resaca del capitalismo son invisibles y anónimos. Se enferman de respirar y no llegan a la salud pública. El plomo afecta la conducta de los chicos y el tren de la escuela los baja en la primera estación. Por más que se apuren y caminen rápido siempre los portones de la vida buena se les cerrarán en las narices.

El hacinamiento es una tragedia de la villa. Y la especulación inmobiliaria convierte en palaciega una pieza sin baño ni ventana alquilada a mil pesos. Acumar publicó un estudio a principios del año, en los mismos tiempos cuando no debería quedar nadie viviendo a la altura del camino de sirga. El 25% de los chicos de la villa 21 24 tienen plomo en sangre, dice. Pero en el meandro de Brian son 23 de cada diez. Acumar cuenta y calcula con el mismo ábaco del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.

Los chicos de la villa –en el meandro y en las barrancas de Mundo Grúa- juegan en la tierra húmeda inyectada de mercurio y zinc, se embarran la cara, se llenan de alergias, se les cargan los pulmones, aprenden menos en la escuela. Y a veces también tienen cáncer y leucemia.

Pero como antes los japoneses, ahora son los suizos los que llegan para anunciar al Riachuelo en el ranking de celebridades. Justo cuando la frivolidad vacía discute cuántos patrulleros, cuántos gendarmes, qué otro brazo de prefectura habrá que echar a la calle para proteger la propiedad del lado de la buena vecindad. La inseguridad es para los incluidos el excluido que amenaza. Para los otros, la inseguridad es la fracción de naturaleza hostil y envenenada en que los echaron a vivir. O a morir.

 Edición: 2567

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