Por Alfredo Grande

(APe).- Decir que votar no sirve para nada es un botón del chaleco del cinismo republicano. Yo creo que sirve para mucho. Desde nuestra implicación política e ideológica, cada uno y cada una dirá para que sirve. Refuerza la oposición binaria entre dictadura//democracia. O en términos más fuertes: Terrorismo de Estado y Estado de Derecho. Hace 30 años ese binarismo fue necesario para demoler los cimientos de la cultura represora que legitimó la masacre y el exterminio. Incluso pretendió legalizarlos con la autoamnistía que el depredador Bignone leyó. Y que el candidato luego triunfante, Raúl Alfonsin anticipó que no iba a convalidar. En los momentos fundantes el binarismo es necesario. No hay grises entre la vida y la muerte.

Hace 30 años la democracia era la vida, era la paz… En nuestra actualidad, el mismo binarismo apenas es un fetiche. Ha quedado demostrado que con la democracia no siempre se come, no siempre se cura, no siempre se educa. Las hiperinflaciones, el menemato, el quiebre de la convertibilidad, son analizadores potentes de la precariedad del estado de derecho para mitigar los desechos del modo capitalista. Pero si el capitalismo sale fortalecido de sus crisis cuando encuentra, y siempre encuentra, que otros la paguen, la democracia sale fortalecida de sus catástrofes cuando encuentra, y siempre encuentra, que votos nuevos llenes odres viejos.

El PJ logró transvestirse de Frente para la Victoria y la obsecuente lealtad pretendió ser sustituida por la transversalidad. Buen intento, pero naufragó por la sencilla razón que ni siquiera la transversalidad es ajena a la lucha de clases. Scioli, Cobos y Boudou son íconos de la tranversalidad por derecha, que termina siendo derecha sin transversalidad. O sea: más pejotismo. Disimulado en la reina del plata, obsceno en las provincias feudalizadas. Por lo tanto la agenda política, partidaria y social de la derecha logró instalar, tanto en el oficialismo, todos los oficialismos, en la oposición, casi toda la oposición, una pelea aparente y encubridora y ocultado un acuerdo fundante y descubridor. No desconozco, al menos eso pienso, las diferencias entre Melconián y Kiciloff. Lamento pero en este momento no recuerdo el nombre del ministro de economía.

“Demócrata no hay camino, sólo      urnas y votar”    
(aforismo implicado)   

La izquierda clasista y no clasista tiene su espacio en la representación popular y eso es demasiado importante, porque va mucho más allá de los votos que supimos conseguir. Es el termómetro real que mide la oposición verdadera no a la forma, sino al fundante de la cultura represora: la sacramental propiedad privada de los medios de producción y por lo tanto, la propiedad privada del trabajo y de la vida de las personas.Decía: la furia exportadora de los campeones de la devaluación frente a los campeones de la argentina subsidiada. El capitalismo tiene mucho más que dos caras, y siempre hubo, hay y habrá formas salvajes y formas más paquetas. El New Deal y los reganomics no son lo mismo, pero en algo son iguales: aunque el liberalismo llore, el capitalismo siempre ríe. En las últimas elecciones ha triunfado por más del 90% de los votos, un modo de producción económica, política y social que conviene seguir llamando capitalismo, pero al que yo he bautizado como “cultura represora”.

 

Pero Carrió mas, Boudou menos, soja más, glaciares menos, después de 30 años de democracia, después de la década ganada, la izquierda real todavía está intentando armar un espacio para que la tortilla se vuelva. En dos años, es probable que los únicos partidos, frentes, contra frentes que tengan posibilidades de continuar gerenciando eso que llaman Estado, sean los ejecutores de las necesidades y deseos de los grupos económicos más concentrados de la economía. Ahora que la Corte Suprema vuelve a ser Suprema y buena, el oficialismo entierra las críticas por la inconstitucionalidad a la elección de los integrantes del consejo de la magistratura. Pasó de ser Suprema Maryland a ser Suprema Democrática.

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Y una vez más, y siempre igual, la meritocracia y el triunfo es sólo del Oficialismo, desconociendo las luchas de las organizaciones comunitarias que sufren no en silencio, pero sufren en estos 4 años la parálisis de aplicación de todas las normativas de la ley que NO fueron cuestionadas. No es lo mismo luchar contra un monopolio que sostener una política de inclusión democrática. Combatir a Magnetto es necesario y justo. Pero apoyar a Vila Manzano, Tinelli Suar, López Cristóbal, reduce ese combate a una lucha entre dioses en la cual los mortales seguimos excluidos.La Justicia no se ha prostituido. Simplemente ha dejado caer los velos que ocultaban el matrimonio por conveniencia que siempre tuvo con los poderes hegemónicos. No se olviden de Romina Tejerina que no tuvo nunca justicia, ni suprema ni de ningún tipo, y que todavía sigue cumpliendo una condena social, después que cumplió toda la judicial. O el silencio atroz frente a la desaparición de Luciano Arruga y la desesperada resistencia de familiares y amigos. Hay desaparecidos y desaparecidas en Argentina y no hay Suprema que hable. Pero la constitucionalidad de la ley de medios audiovisuales le dio al Partido de Gobierno Nacional el oxígeno necesario justo el día después de la asfixia eleccionaria. 

Creo que lo importante en estos dos años es pulverizar la agenda de la derecha, tanto de la popular , la liberal y la fascista. Construir la propia agenda anticapitalista, democrática fundante y de liberación nacional y social. Será más un arte que una ciencia. Décadas de sectarismo, iluminismo, mesianismo, individualismos no podrán ser elaboradas y resueltas fácilmente. Quizá tampoco difícilmente.

La re aparición de Luis Zamora sirvió, todo sirve, para arañar votos del Frente de Izquierda. Hubiera sido una candidatura testimonial valiosa y que ratificara la vocación por la autodeterminación y libertad, que Luis se bajara de la Lomas de Zamora y aceptara un lugar como tercer o cuarto candidato del FIT. Si lo único importante es llegar, para eso la derecha tiene más experiencia. Nunca olvido la sentencia de Lenín: “todos los medios, incluso los legales”. Y una legalidad democrática unida a una legitimidad revolucionaria es un desafío muy interesante. Militante sí hay camino, es la lucha y nada más.

Edición: 2564

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