Por Carlos Del Frade

   (APe).- 13 años. Solamente 13 años.
13 años atrás, desde la Escuela 1027, “Luisa Mora de Olguín”, de Humberto Primo y Camilo Aldao, en el corazón de barrio Ludueña, lejano y profundo noroeste rosarino, el sacerdote salesiano Edgardo Montaldo que desde fines de los años sesenta viene peleando contra la crucificadores del sistema, le decía a este cronista que la droga estaba haciendo matar a los pibes entre si con la mirada cómplice de la policía.

Esa escuelita tuvo su impronta. Pero la directora de la misma durante tres décadas, Ana Solhaune, en agosto de este año, 13 años después, le decía al principal diario de la ciudad que “esos vacíos, esos agujeros que dejan la discriminación y la exclusión se llenan con droga y violencia. Ahora todo el aparato que montó la droga obviamente que no es nada bueno, porque se ha multiplicado de una forma exponencial".
-Convengamos que todo esto que pasa, al menos en nuestro barrio, es consecuencia de haber sostenido durante demasiado tiempo una pobreza extrema. Tres o cuatro generaciones que no han visto trabajar a sus mayores, han vivido de las dádivas, el cirujeo o el robo. Vivieron el abandono. Nunca me voy a olvidar que en la crisis de 2000 las únicas que salían porque conseguían un trabajito por hora eran las mujeres. Los hombres estaban desocupados y se quedaban en la casa, a cargo de los chicos, la mayoría estaba alcoholizada. Entonces cuando vos en el arranque de la vida tenés abandono y desconfianza básica, ¿qué vamos a pretender que estén haciendo los jovencitos nuestros ahora? – decía la maestra Ana en aquella nota de agosto de este año.
13 años eran los que tenía Gabriel Aguirre. Iba a esa escuela y vivía en la zona de Humberto Primo y Camilo Aldao. El domingo pasado, después del clásico rosarino, lo mataron de tres balazos por la espalda.
Las crónicas periodísticas dicen que era hincha de Boca y tocaba la guitarra. Que estaba por terminar la escuela primaria en esas paredes que levantaron el padre Edgardo y dirigió durante décadas Ana.
Gabriel soñaba con estudiar música y con el viaje de estudios que realizaría con sus compañeros. “Todo empezó como una travesura de pibes: amigos de Gabriel identificados con las camisetas de Newell's tiraron piedras a los que salían por Junín para festejar. Dos de las motos se volvieron y descerrajaron diez tiros contra el grupo. Alguno de esos disparos alcanzó a Gabriel. El velorio se hizo en la escuela”, apuntan las notas.
La actual directora, Claudia de Gottardi, contó que "Gabriel estaba con un grupo de chicos que eran de Newell's, que tenían camisetas de Newell's. Gabriel no tenía esa camiseta, es de Boca, tiene el don de la música. Tenía un redoblante y estaba con estos chicos tocando música. Y estos chicos caminaron por Camilo Aldao hasta Junín. Por ahí venía un grupo de Central en busca de avenida Alberdi", dice el diario "Rosario/12".
13 años. Solamente 13 años.
En las últimas horas, grandes referentes del PJ y del Socialismo salieron a discutir si el asesinato de Gabriel era una demostración del fracaso del operativo de seguridad del clásico o si fue por otro motivo. Obscena discusión ante la sangre derramada de un pibe que no tuvo tiempo ni siquiera para soñar con un futuro propio.
Ya a fines de los años noventa los sacerdotes, las maestras como Ana, distintos militantes sociales, vienen denunciando la increíble democratización de las balas, las armas y la droga en los barrios de la ciudad que alguna vez fue obrera, portuaria y ferroviaria.
Ninguno de los grandes referentes ni del peronismo ni del socialismo escuchó esas voces.
Por eso es fundamental salir a gritar: ¡Basta de matar pibes!. ¡Basta de tantas armas al alcance de cualquiera!. Porque no da para más tanta hipocresía institucionalizada. Porque da asco tanto cinismo y sordera selectiva. Porque Gabriel tenía solamente trece años.

Fuentes: Diario “La Capital”, 17 de agosto de 2013; “Rosario/12”, 22 de octubre de 2013; entrevistas del autor de esta nota.

Edición: 2559

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