Por Silvana Melo - Fotos: Claudia Rafael


    (APe).- Cada noche en los confines de la tierra nacen miles. Cada uno abre los ojos a la conciencia fatal del mundo y llora a gritos. Es la anunciación de la lucha. El primer y fundacional recurso de la rebeldía: el llanto que se vuelve grito y planta su presencia en el mundo. Cada madrugada, cada tardecita se encienden los pibes que nacen.

Y son, cada uno, una chispa de insurgencia. Un relato irreverente de que nada quedará como está. Porque cada uno que llega viene a cambiarlo todo. A revolucionar este mundo sombrío e injusto.

Esta noche nacerá un pibe que tendrá todos los rostros, llorará todos los llantos y gritará todos los gritos. Con el desprecio de quienes no le abrirán, una vez más, la puerta. Con la pobreza insurreccional que lo depositará a nacer en un establo y a cumplir el ritual del primer sueño en el cajón donde comen los animales. Entre alfalfas y pajabravas. Acechado por los monstruos de noches cerradas. Y por las inquietudes del imperio, que atraviesa la historia del mundo temiendo a los niños por rebeldes, por irreverentes, por semilla de una revolución de pan y ternura que un día se derramará por los valles y las autopistas.
Nacerá, el niño que es todos los niños, urgente en los pasillos de la 1-11-14; entre los lixiviados del consumo, en las montañas de basura de La Carcova; en la nada abandonada de un valle calchaquí; muerto de sed y sin agua en un pueblito riojano; desnutrido pero vivo en las comunidades qom; con la piel de cristal a la vera del sojerío y los tabacales; fumigado como una tucura, respirando plomo, sin luz en Matanza, deshidratado en Salta, desesperadamente esperanzado como reguero de semilla que brota, brota y brota.
Perseguido por Herodes para que no haya niño que le amenace el reinado. Por los caciques del conurbano para que no haya niño que les amenace el imperio. Para él la edad de imputabilidad cayó a los dos años. Para todos los niños de la tierra resistida será cada vez más baja. A los 14, a los 12, a los 10. Cuanto más niño, más alarmante es el arma mortal de la ternura.
Pero él sobrevivirá con ellos. Todos criados descalzos pisando veneno. Con hambre de tanto rugiendo en la panza. Y en la rabia. Locos. Tercos en aparecerle al mundo. Pertinaces en la esperanza.


Nacen rebeldes en establos y basurales. Edición: 2597

 

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