Por Alfredo Grande

(APe).- Decir que votar no sirve para nada es un botón del chaleco del cinismo republicano. Yo creo que sirve para mucho. Desde nuestra implicación política e ideológica, cada uno y cada una dirá para que sirve. Refuerza la oposición binaria entre dictadura//democracia. O en términos más fuertes: Terrorismo de Estado y Estado de Derecho. Hace 30 años ese binarismo fue necesario para demoler los cimientos de la cultura represora que legitimó la masacre y el exterminio. Incluso pretendió legalizarlos con la autoamnistía que el depredador Bignone leyó. Y que el candidato luego triunfante, Raúl Alfonsin anticipó que no iba a convalidar. En los momentos fundantes el binarismo es necesario. No hay grises entre la vida y la muerte.

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Por Claudia Rafael


   (APe).- Tres, ocho, infinitos disparos de metralla. Un impacto, dos, quién sabe. La muerte irrumpe en la villa. Rompe la vida en pedazos. Una vez más. De tantas. Enzo Ledesma tenía trece y vivía en villa La Carcova. Lo cayeron de puro plomo que asalta la piel y se mete en las entrañas.

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Por Silvana Melo

(APe).- El domingo 20 murieron tres bebés mbya guaraníes en Misiones. Devorados por la tierra roja y el agua mala de la vertiente. Lograron llegar a vivir nueve, once y dieciséis meses. Menos tiempo vivieron del que se derramó entre la reelección espectacular de Maurice Closs en 2011 por un 76%. Y la de sus legisladores este domingo que pasó, con el apenas alivio del 43%.

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Por Carlos del Frade

(APe).- Zona noroeste de Rosario. Donde lo mataron a Gabriel Aguirre, el pibe de 13 años asesinado después del clásico entre Central y Ñuls. Allí donde el cura Edgardo Montaldo inventó una escuela y muchas otras formas de cristianismo desde hace más de cuarenta años. Allí, en ese lugar, pasan muchas cosas. El mosaico roto de la realidad.
Dicen los medios de comunicación de la ex ciudad obrera, portuaria y ferroviaria que “un chico de diecisiete años fue detenido por el crimen” de Gabriel.

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Por Claudia Rafael

    (APe).- Mauro tiene once. No se sabe dar respuestas pero la memoria le resulta esquiva y se le hacen brechas oscuras y amargas. Seguramente le cuesta decir papá a esa imagen de la pancarta. Tan estática. Los papás de sus compañeros son hombres. Las pocas fotos del suyo, en cambio, se lo devuelven casi niño. Apenas 17 años. En tan solo seis, ya lo igualará en edad. En un poco más, incluso, será más grande que él. No lo sabe todavía. Pero es igual que los hijos de los desaparecidos que, en su mayoría, son más altos, más robustos y con más edad que quienes los parieron.

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