Por Alfredo Grande

 

(APe).- Como los ventiladores de techo, todo vuelve. Lamentablemente, algunos regresos son sin demasiada gloria y potencialmente peligrosos. Recordemos la Teoría de los dos Demonios. Escribí alguna vez que en esa “teoría” había dos demonios: el terrorismo de Estado y la propia teoría. El enemigo puede triunfar de dos maneras. La primera cuando nos derrota. La segunda, cuando lo vencemos con sus mismas armas, especialmente sus armas culturales y políticas.

No fue otra cosa la denominada “Doctrina de Seguridad Nacional”. Un arma de destrucción masiva que legitimó, aunque nunca pretendió legalizar, la masacre y el exterminio de nuestros pueblos. Desde esa concepción represora, la jerarquía militar acuñó el neologismo de “guerra sucia”. Como sería de sucia esa guerra, que había que aclararlo. De tan sucia que fue, de tan sucia y repugnante, poco quedó de guerra. En realidad fue una masacre, una cacería despiadada de las “fuerzas de seguridad” contra civiles indefensos. Pero si todo lo que termina termina mal, como canta Calamaro; todo lo que termina, alguna vez empezó. Y empezó tan mal como terminó.

Los golpes militares, los aprietes castrenses convirtieron en una pesadilla los gobiernos de Frondizi, Illia y Alfonsín. Cayeron no por sus numerosos errores, sino por algunos de sus pocos aciertos. El lopezreguismo, o sea, el peronismo en su versión fascista, consagró la hegemonía de la Patria Peronista sobre cualquier otra forma de entender la Patria, especialmente la Socialista.

Desde el Estado en su formato de Ministerio de Bienestar Social se armaron las bandas asesinas de la autodenomina triple A. Que para sostener la memoria histórica conviene desglosar, ya que nada tan encubridor como una sigla. Alianza Anticomunista Argentina. O sea que cuando hablemos del gobierno de la Alianza, recordemos esa otra Alianza que fue el brazo armado de otro gobierno. Anticomunista en sentido amplio, quiero decir, comunista como identidad de género. No comunista por Partido Comunista, que ya había sido sacudido en otros tiempos por leyes y secciones especiales. Comunista eran todos los que resistían las consecuencias de la traición que llevó a la masacre de Ezeiza. Hubo matanza, hubo asesinatos, hubo justicia por mano propia, hubo venganza.

Todo eso sucedió y es difícil decidir dónde empieza el perro y donde termina el rabo cuando se lo está mordiendo. Como la memoria no es neutral, cada uno recordará y marcará causas y consecuencias desde su lugar objetivo y subjetivo en la lucha de clases. Que, no olvidemos, es política ideológica, cultural, jurídica y económica. Y que además, ni tiene principio ni tiene fin.

Cambia la forma concreta en que se manifiesta, o sea, lo que llamo nivel convencional encubridor. Pero el fundante siempre está. Es decir: la dinámica de oposiciones que organiza el conflicto como tensión transformadora. Con la única excepción del fascismo, el conflicto es motor de la vida o en su versión menos light, la violencia es la partera de la historia. Aclaro: violencia no es exterminio. ¿Oscurece? Hay una violencia transformadora, revolucionaria, gracias a la cual, entre otras cosas, tuvimos bicentenario.

Porque no está de más recordar que sin esa violencia, que incluyó el fusilamiento de Liniers, no había en 200 años mucho para festejar. Ahora bien, digo, ahora mal. El monopolio de la violencia por parte del Estado es violencia, pero no al servicio de la transformación sino al servicio de la devastación. Del arrasamiento de personas, fábricas, centros culturales, escuelas, asociaciones vecinales, etc. Los efectos devastadores de ese Estado que monopoliza violencia, tiene como emblema a la Dictadura Militar. Es cierto que fue también cívica, económica, incluso deportiva, pero que sin el Garrote Vil de las fuerzas armadas no se hubieran podido consumar sus sórdidos mandatos. Por eso este otro fallo fallido, no solamente convalida la teoría de los dos demonios, sino que avanza más allá. En realidad hay un solo demonio: la violencia. Aclaro: la violencia de abajo. Popular. Por que la violencia de arriba (del Poder) no es violencia.

Es Justicia. Es Ley. Es Voluntad Política. Es Costo Social del Ajuste. Es Sintonía Fina. Es Pérdida de Estado Parlamentario de Leyes que deben proteger derechos elementales (a no ser secuestrada, por ejemplo) Es Renta Financiera. Es Megaminería. Es Impuesto a las Ganancias del Salario. No son demonios, apenas formas de la gobernabilidad capitalista. Interpelar, confrontar, criticar, convocar, marchar, enfrentar a los Poderes de la Democracia es apriete subversivo. El reduccionismo democrático que decreta que no se vota porque es democracia, sino que es democracia porque se vota. ¡Votá y callate! ¿No habíamos llegado a la conclusión que “el silencio no es salud” y que “la peor opinión es el silencio? Si una imagen vale por mil palabras, un hecho vale por mil discursos. La denominada Ley Antiterrorista introduce nuevamente la Violencia de Estado. Que todavía no es Terrorismo, pero hay que dar tiempo a la sinrazón.

En realidad, si el bien a tutelar fuera la Democracia, la mejor ley antiterrorista es la Constitución Nacional. Establece normativas muy precisas para los infames traidores a la Patria. Si alguna vez se cumplieran ni Menem ni los menemoides, ni los menemistas contrariados, ni los menemistas conversos, podrían seguir exhibiendo la impudicia de sus actos. Y los mercaderes del templo de Puerto Madero hubieran sido arrojados al este de todos los paraísos. Cuando la Cámara afirme evaluar los “recursos estatales de la época”, palabras más, cretinadas menos, afirma que en esa época el Estado financiaba a aqueos y troyanos. O sea: que no era un enfrentamiento con la pluma, con metralla y con palabras contra las formas más crueles, por lo menos hasta esa época, de las fracturas del estado de derecho. Todos los asesinatos, matanzas, de esa época pueden haber sido “de lesa humanidad”. O sea: del Estado. La masacre de Ezeiza podría ser pensada como una forma de prevenir el Terrorismo de Estado Montonero (TEM).

AAA vs TEM. Dos equipos y un solo sponsor. El Estado. Por lo tanto las víctimas de la AAA y su continuidad política, la Dictadura Militar, así como las víctimas del TEM, merecen igual consideración porque son consecuencia de crímenes de lesa humanidad. Y sólo el Estado, garante de los Derechos, puede cometerlos. Nunca los particulares, tampoco las asociaciones legales o ilegales, ni organizaciones armadas que ni siquiera tuvieron nunca el estatuto de beligerantes, ya que jamás tuvieron poder sobre territorio propio. Por eso es vital demostrar contra viento, marea y sensatez, que la guerrilla era también un Aparato del Estado. En criollo: otra muestra del alucinatorio social y la prueba que la derecha sigue siendo un delirio eterno. Pero además, otra vuelta de tuerca y de tenaza.

“El FORO PERMANENTE PARA LA DEFENSA DE LA JUSTICIA DEL TRABAJO, nacido en abril de 2004 en ocasión de otro de los intentos de desdibujar la competencia y la razón de ser del fuero especializado, ha resuelto reconvocar a todas las entidades y personalidades que lo integraron, y las que hayan de sumarse ahora, para reabrir este debate y esta brega por la recuperación de un sistema jurisdiccional necesario para la vigencia de una democracia social, para la que todos los derechos individuales deben armonizarse con los de igualación propios del constitucionalismo social”.

Los odiados 90 vuelven con la piel de cordero, para que el lobo capitalista tenga aseguradas sus dentelladas. Las reformas a la ley de ART, eufemismo para designar que la flexibilización, el aumento sobre productividad, leáse sobre- explotación, siguen siendo la constante de ajuste del capitalismo, cuanto mas serio, peor. A lo mejor es sólo cuestión de tiempo, y especialmente de mayorías legislativas. Si la Ley vuelve a ser Razón de Estado y no instrumento jurídico de la voluntad popular, más temprano que tarde, con más sufrimiento o con más anestesia, pero sin ningún tipo de duda razonable y no razonable, todos seremos nuevamente subversivos. Y Carlos Gabetta nuevamente tendrá razón.

“Ya se llevaron tantas flores que si no luchamos en valientes colectivos, que no son otra cosa que grupos con una definida estrategia de poder, alguna vez hasta podrán secuestrar la primavera. Entonces, ninguna lucha alcanzará”  (aforismo implicado)

 

 

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