Por Alfredo Grande

“Para la derecha, lo legítimo es lo legal”
(aforismo implicado)

 

(APe).- El general Alais pasó a la historia y además la historia le pasó por encima, por su recordada tardanza en llegar para enfrentar a los amotinados contra la incipiente democracia. Entre los caras pintadas, los culos sucios y los pies lentos, se terminó pariendo de nalgas el engendro jurídico conocido como “obediencia debida y punto final”. Luego se perfeccionó cuando la “comadreja de los llanos”, al decir de Pino Solanas, directamente indultó a la jauría asesina. El menemismo surgido de las entrañas del peronismo renovador, tuvo la suma del poder público durante casi 10 años. La convertibilidad cambiaria, convertida en una cruzada dolarizada, inauguró lo que años después bauticé como “alucinatorio social”. Estábamos en el primer mundo, aunque con la única excepción de Carlos Perciavalle, a nadie le aceptaban un peso argentino en el exterior.

 

Sin embargo, el dólar barato permitía que los argentinos que ya habían dado fe de ser humanos, ahora le sumaban ser derrochones. Por supuesto que el menemato tuvo resistencia. La única que llegó a las urnas fue la Alianza. El triunfo sobre el PJ dejó al “Otro Duhalde” con la sangre en el ojo, aunque me imagino que en otros lugares también. La tormenta perfecta fue: sostener la cruzada, desconocer la protesta creciente y no advertir las maniobras destituyentes (palabra acuñada años más tarde) del candidato vencido.

Obviamente, el alvearismo reaccionario sirve para robar, con o sin banelco, pero no sirve para pelear. Huyó y lo pescaron, porque aún para huir es necesario cierto talento. Lo demás fue mucho más de lo mismo y un poco de lo diferente. La brutal devaluación bautizada con el nombre piadoso de “pesificación asimétrica” que permitió a muchos de los que hoy cacarean en los nidos del gobierno licuar pasivos. La pregunta es: ¿Por qué no se fueron todos?. Muy simple, al menos, muy simplificado: porque no los echamos a todos. Y nadie se va sin que lo echen y tampoco regresa sin que lo inviten.

La masacre del 19 y 20 de diciembre fue negociada. En el 2005 uno de los máximos responsables de la represión ilegal fue ascendido. Otra masacre, la del Puente Avellaneda, clausuró, y ahora sabemos que pasa siempre, los sueños de inmortalidad presidencial constitucional para “El Otro”. Anticipar las elecciones fue la respuesta, aunque la pregunta sigue siendo: ¿Por qué no los echamos a todos? La tragedia no es cuando lo que puede salir mal sale mal. La tragedia es cuando lo que debe salir bien, sale mal. Para mí, este décimo aniversario es trágico. Porque mientras la militancia de bien conmemora las luchas y honra a las víctimas, uno de los poderes resucitados del Estado con el elixir mágico 54%, está por aprobar un engendro jurídico.

Ya lo hizo diputados y antes que este trabajo se termine de escribir, lo aprobará senadores. Quizá la pueblada llegó tarde. Por eso el elixir permitió reciclar a menemistas que ni siquiera se convirtieron. Apenas, compraron la máscara de los tiempos. La denominada “ley anti terrorista” de ser aplicada hace 10 años, hubiera provocado una masacre mayor. Pero eso la marca de la cultura represora: la permanente paradoja. Mientras reinvindicamos la resistencia popular legislamos para aplastarla. Mientras se repudia la barbarie aliancista que se llevó a muchos y muchas que “fueron como el Che”, en maratónica y caníbal sesión aprueba una herramienta para hacer legal lo ilegítimo. No faltará un Pacho O Donnell que invente o delire con la defensa de la democracia y de la libertad que esta ley supone.

Después de haberse abrazado a Menem, no hay abrazo que no pueda dar. Su revisionismo histórico puede llegar a los extremos que George Orwell describe en su insuperable “1984”. Según Pacho, Menem tiene una cultura distinta de aquellos que enajenaron lo nacional. Me quedo más tranquilo. Esta concepción del revisionismo es otro ingrediente de lo que llamo alucinatorio social. Ya no se trata de vender ilusiones, sino alucinaciones. Haber sostenido durante años que el gobierno desde el 2003 a la fecha es garante de los derechos humanos, exige, ahora sí, un poco de revisionismo. Porque la estaca temporal no existe para los derechos humanos. No se pueden condenar su avasallamiento en el pasado y garantizar legalmente su avasallamiento en el futuro. O mejor dicho: se puede, pero es muy, pero muy feo. Es horrible. Es una estafa cultural y política que ninguna carta por abierta que sea, podrá justificar.

Que lástima que la pueblada llegó tarde, con un menemismo depredador impune y qué lástima que se haya ido tan temprano, confiando una vez más en las representaciones de alta gama, y sosteniendo con valentía pero en pocos espacios, la organización y la lucha popular. El gran impune de la pueblada del 2001 fue Carlos Saul Menem. Gran impune a la consigna "que se vayan todos". Gran impune a la destrucción de una ciudad para ocultar contrabando de armas. Gran impune del vaciamiento de la Argentina. Cuando se lo juzgue por traición a la patria, podremos decir que los 90 quedaron atrás. Pero no podemos dejar de considerar que las trampas del revisionismo a lo Pacho, terminen colocando a dos provincias como garantes de la Argentina Revisionada: La Rioja y Santa Cruz. En ese momento, toda legalidad, incluso la monstruosa, será considera como la más perfecta legalidad. Espero poder gritar nuevamente, en una patria liberada, también llorar por los ausentes y cantar con lo voz que todavía me quede: esta vez echemos a todos.

Edición: 2142

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