Por Carlos del Frade

(APe).- Sucedió en Posadas, capital de Misiones, esa hermosa provincia que se parece a una península que ingresa en el enorme territorio brasileño.

Zona de una riqueza natural inigualable, la provincia, sin embargo, ofrece feroces paisajes cotidianos.

Escenas que son paridas por la sempiterna injusticia derivada de un país hecho a imagen y semejanza de sus minorías.

 

La imagen inicial mostró a cuatro pibes que robaron caramelos, champú y algunos otros productos menores. Uno de ellos resultó una chica de catorce años.

Cuando la atrapó, el dueño de la despensa le confesó al periodismo: “Desde el patio de mi casa vi que tres chicos salían del local corriendo y se les iban cayendo caramelos, champú y otras cosas que habían sacado del local. Salieron para el lado de la avenida San Martín, yo empecé a correrlos y tres cuadras después atrapé a una chica. Me dijo que tenía 14 años y que estaba embarazada porque la habían violado, también dijo que la obligaban a robar. Por el físico no sé si tiene 14 años, creo que un poco más grande”.

Los chicos terminaron en la comisaría trece. Hasta allí tuvo que ir el propietario del local y dijo sentir mucha tristeza cuando fue a buscar los caramelos. La restituida propiedad de su negocio. El resultado del asalto protagonizado por esos cuatro pibes que tienen entre doce y catorce años.

El hombre reflexionó que “esos niños después van a ser hombres y van a quedar marcados para toda la vida”. En realidad ya están marcados y no por la vida, sino por el sistema que los marca desde la cuna.

Hace más de dos mil años atrás, según cuenta la historia oficial del sistema, una mujer embarazada, perseguida y desesperada, llamada María, atravesaba pueblos en medio del gran desierto de Palestina, por entonces segunda provincia del imperio romano. Su compañero, José, carpintero de oficio, tampoco encontraba medios materiales para alimentarse y vestirse. Ellos habían decidido tener el bebé. Porque era una de las pocas cosas que realmente sería de ellos.

Cuentan las crónicas oficiales que nadie ofrecía nada a la pareja de prófugos y a la mujer embarazada.

¿Cómo hicieron María y José para alimentarse en aquella urgente búsqueda de lugares amigables para abrigarse y comer?

No es improbable que hayan robado. No es improbable que María haya tenido que rasguñar un pedazo de pan, alguna ropa alejada de sus dueños.

María y José estaban perseguidos y marcados por los socios del imperio de la época.
De allí que su hijo tuviera que nacer entre animales. Y allí, entre la deshumanización más bestialmente encarnada, ellos decidieron proteger el resultado de su amor a pura rebeldía y en contra de la exclusión que les habían impuesto.

En estos días de Navidad, es necesario pensar que la niña embarazada misionera que robó caramelos y champú no tiene grandes diferencias con aquella pareja emblemática de la historia oficial del sistema.

Y que el problema humano profundo no está en la propiedad sino en las formas de vida que deben enfrentar todos aquellos que están marcados desde la cuna impuesta de la exclusión.

Fuente de datos:
Diario Territorio Digital - Posadas, Misiones 14-12-09

Edición: 1661

Recién editado

Libros de APE