De cada dos niños pobres, uno sobra. El mercado no lo necesita. No es rentable, ni lo será jamás. Y quien no es rentable, ya se sabe, no tiene derecho a la existencia. El mismo sistema productivo que desprecia a los viejos, expulsa a los niños. Los expulsa, y les teme. Desde el punto de vista del sistema, la vejez es un fracaso, pero la infancia es un peligro. 

Eduardo Galeano, “Los prisioneros”


(APe).- El engranaje-sistema del capital que los reprodujo no los necesita a todos. Con algunos pobres, alcanza. Y el resto, de un plumazo al cajón-cárcel de las piezas inservibles, junto con las tuercas oxidadas y los tornillos vencidos. Sobran los pibes y pibas de panzas flacas, y se vuelven peligro. Cuando afanan, cuando tienen facha de “pibe chorro”, cuando limpian vidrios o cuando caminan por la vereda, patio de una casa que ya no es.

La Policía de Santiago del Estero habilitó con orgullo una dependencia destinada especialmente a la contención de chicos que deambulan por la calle. La Sección de Atención al Niño -así la bautizaron- estará a cargo del comisario José Leiva, quien hasta ahora cumplía funciones como titular de la Comisaría Segunda del Menor y la Mujer. Su creación apunta a preservar la integridad física de los chicos para evitarles la exposición a cualquier situación de riesgo. Para esto, desde la flamante Sección, se llamó a todas las dependencias de la Policía de la Provincia a un trabajo conjunto y coordinado.

Cuando, en 2001, la marcha de La Quiaca a Buenos Aires del Movimiento Chicos del Pueblo pasó por Santiago, nenas y nenes fueron recibidos por hileras de policías agigantados cobardemente por sus itakas, sostenidas en nombre de la seguridad. Seguridad en términos de los Juárez. ¿Será utópico creer que ninguno de esos policías será ahora encargado de cuidar -directamente o como parte de una labor conjunta y coordinada, qué elegante- a los pequeños ambulantes? ¿Será ingenuo pedirle a Leiva que considere situaciones semejantes a las de aquellas hileras de hombres armados como exposiciones al riesgo?

La Sección prevé que, cuando algún pibe sea puesto a su disposición, las autoridades policiales se lo comunicarán al Juzgado de Menores provincial. Entonces, será la magistrada Silvia Cuestas de Molina quien decidirá el destino del menor. Entre las medidas posibles -informan los medios- estaría “la urgente citación o emplazamiento a los padres del niño”. Qué importa por qué el pibe deambulaba. La devolución, tal vez, será a una familia que ya no es.

Será más fácil decir que anda pateando veredas sólo para pasar el rato en lugar de cuestionar las causas de ese deambular. Será, seguramente, más útil.

“El filósofo británico Samuel Johnson decía, a mediados del siglo 18: ‘La seguridad, dé lo que dé, da lo mejor’. Dos siglos después, decía el filósofo italiano Benito Mussolini: ‘En la historia de la humanidad, el policía ha precedido siempre al profesor’. Y ahora grandes carteles nos advierten, en los supermercados: ‘Sonría: por su seguridad, lo estamos filmando y grabando’”, historia Galeano en su escrito “Manos arriba”.

La seguridad de Johnson, la policía de Mussolini, la vigilancia del supermercado, aquella marcha custodiada por itakas y esta contención -extraña contención: ¿qué pretende proteger el proyecto, a los pibes o de los pibes?- de la Sección de Atención al Niño de Santiago del Estero. Una misma cara renovada hasta el insulto del cuidado violento de la propiedad privada y del castigo al que no la posee.


Fuente de datos: Diario El Liberal - Santiago del Estero 17-12-07

 

Edición: 1189

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