Por Carlos del Frade

(APe).- Dice el diccionario de etimología que contralor es el “interventor de gastos y cuentas en la Casa Real y en el ejército”, una palabra que apareció en España alrededor de 1611. Un vocablo que venía del francés y significaba “empleado que se encarga de las comprobaciones administrativas”, alguien que hacía un “doble registro que se llevaba en la administración para la verificación recíproca”.

 

Curioso el destino de las palabras y mucho más inquietante los hechos que derivan de su utilización.

Pasó en uno de los techos de la Argentina, en la provincia de Formosa, territorio lindante con el hermano país del Paraguay, azotado por guerras genocidas durante el siglo diecinueve y por dictaduras implacables en el siglo veinte.

Allí en Formosa, la comisaría primera junto a la llamada Dirección de Minoridad y Familia informaron que realizaron un denominado “Operativo de Contralor de Menores en la Vía Pública”.

De acuerdo a la definición etimológica, estas reparticiones del Estado formoseño, uno de los que sufre los peores índices de mortalidad infantil y pobreza entre las pibas y pibes menores de catorce años, según los siempre dudosos números de las estadísticas oficiales; esas reparticiones produjeron un repaso administrativo de las chicas y chicos que estaban buscando gambetear la mishiadura en las calles de la ciudad capital.

¿Para qué administración practicaban el “doble registro” del que habla la etimología de la palabra contralor?

Doble registro sobre nenas y nenes de la calle...

¿Qué administración necesita de esos datos?

¿Qué datos derivados de los rebusques de esas pibas y pibes necesitan los ignotos administradores que fijan su mirada obsesiva sobre esas actividades típicas de la sobrevivencia?

La noticia aparecida en los medios de comunicación de la región parece tener la redacción original del parte policial: “Procediéndose a la retención de nueve menores de edad que se encontraban en diferentes sectores, realizando actividades tales como lavado y cuidado de vehículos, ventas de tarjetas, de remedios, y hierbas etc., los menores fueron trasladados en móvil de Minoridad y Familia a sus respectivos domicilios particulares a los efectos de ser entregados a sus progenitores, finalizando el operativo sin ninguna novedad de gravedad”.

También resulta misterioso el término “retención de nueve menores”, un eufemismo por detención arbitraria de pibas y pibes que no estaban produciendo ningún delito, sino todo lo contrario. Intentaban ganarse unos mangos debido al delito anterior, el de origen: el delito de aquellos que dejaron sin trabajo o sin ingresos necesarios a sus padres para que ellos necesiten buscarse el peso para empatarle a las necesidades del presente, del día, de la noche.

Ahí no aparece ningún contralor, no hay retención de mayores responsables de delitos aunque efectivamente los números de la miseria en Formosa denuncien, con absoluta claridad, que son “novedades de gravedad” concretas y flagrantes.

¿Por qué no hacer “contralor” sobre los que producen la necesidad en las chicas y chicos de salir a la calle y no ocultarlos para tapar la impunidad?

En Formosa, una vez más, las palabras fueron violadas por ejercicio obsceno de la injusticia desaforada.


Fuentes de datos: Diario El Comercial - Formosa 04-01-08 / “Breve diccionario etimológico de la lengua castellana”, de Joan Corominas, Editorial Gredos, Madrid, 1997

 

Edición: 1179

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