Por Carlos del Frade

(APe).- Limpiar y limpiar hasta que no quede ninguna suciedad. Limpiar y limpiar hasta que no sea necesario ninguna piba, ningún pibe que se asome a las bocas de los automóviles, camionetas y camiones, a limpiar sus vidrios porque otra suciedad que baja desde lo más alto de las élites oscurece el presente de esas chicas, de esos chicos.

 

Limpiar y limpiar los vidrios de los lentes reales e imaginarios de los que no quieren ver, de los que no pueden ver la suciedad construida durante décadas.

Limpiar y limpiar para que los trapos sucios revelen las marcas, las huellas de los delincuentes de guante blanco.

Bianca tiene doce años. Edad exacta para empezar a soñar con los misterios de la adolescencia, extrañar la niñez y seguir jugando a las muñecas mientras escucha con ansiedad y gula el relato de las pibas más grandes.

Bianca tiene doce años y limpia vidrios de autos, camionetas y camiones.

No hay lugar, mientras Bianca limpia vidrios, para las muñecas y los nuevos horizontes que le pide su cuerpo, su alegría existencial.

Bianca necesita limpiar vidrios.

Pero es por otra suciedad que está más allá de los parabrisas que Bianca limpia vidrios de los autos.

Allí estaba ella. En una de las esquinas de la capital misionera, en la ciudad de Posadas. Hasta que alguien montado en su poderosa Toyota Hilux, un tal Roberto Dei Castelli, vio la luz verde del semáforo y arremetió brioso hacia el mundo.

Una de sus ruedas le pasó por arriba de los pies a Bianca.

La crónica periodística señala que “el conductor se detuvo y de inmediato dio aviso a la Policía” y que “la niña fue trasladada al hospital donde recibió las primeras curaciones. El médico que la atendió determinó que Bianca presentaba hematomas en la región del tobillo, excoriaciones en la rodilla lo que le demandará 20 días de curaciones aproximadamente”, apuntaron los medios regionales.

¿En veinte días terminará la suciedad que hace necesario que Bianca limpie vidrios en una esquina misionera?

Cuentan los sociólogos que durante los años noventa, época de saqueo y exhibicionismo impúdico de los usurpadores y sus socios, un modelo de automóvil se impuso en aquella Argentina estragada.

Eran las camionetas cuatro por cuatro, la síntesis del poder. Con ruedas altas y robustas, vidrios polarizados, cabinas que simulaban cápsulas espaciales y un andar arrollador por las calles de las ciudades en aquellos momentos atravesadas por la desocupación arrolladora. Fortalezas de cuatro puertas, poderosas expresiones de los señores feudales de aquellos tiempos. Del otro lado de sus amuralladas comodidades, afuera de las cuatro puertas, el mundo que necesariamente debía ser despreciado, el que debía quedar siempre excluido, pidiendo una monedita a cambio de una limosna de los barones del neofeudalismo del tercer milenio.

¿Cuánto deberá limpiar Bianca y las miles de Bianca para terminar con tanta suciedad mental, consumista y cómplice del sistema?

Fue en Misiones, donde árboles y pibes son talados por la potencia arrolladora de lo que sigue vigente de los años noventa a esta parte.


Fuente de datos: Diario El Territorio - Misiones 04-01-08

 

Edición: 1177

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