Por Alberto Morlachetti

(APe).- La Asociación de Padres y Tutores de Estudiantes de Corrientes (APTEC) concluyó su labor con números alarmantes: cinco de cada diez alumnos abandonó la escuela en la provincia de Corrientes en el año 2007, cifras obtenidas a partir de un trabajo de campo que hizo en las ciudades de Corrientes, Goya, Mercedes y Curuzú Cuatiá, del que participaron unas 400 personas entre directivos, maestros y padres.

 

¿No habrá por allí un río picado, capaz de confundir el timón oficial a fin de atracar, por lo menos en una costa desconocida e iniciar un día no programado? No, los funcionarios del gobierno, ante la herejía de su visibilidad, emiten comunicados negando las cifras que están al alcance de cualquier mirada. Pero el realismo de los soñadores nos condenó a “dudar de la gente de orden”. No hay tratados de límites entre el capitalismo brutal y la utopía contraria.

-I-


La escuela, hija privilegiada de la Ilustración moderna, ha ejercido y sigue ejerciendo un poderoso influjo etnocéntrico, organizando la escolarización, sembrando la vigilancia, dosificando la disciplina, administrando la represión, reforzando de manera machacona los procesos de socialización hacia una forma única de ser hombre o mujer, inscripto en el corazón de las pizarras.

Pero esta tendencia colonial de imponer un modelo de verdad y belleza mediante la delimitación de los contenidos y valores del curriculum así como la forma unilateral de transmitirlos, y el modo mecánico de exigir su aprendizaje, descubre a los países occidentales como paradigmas de civilización, como el modelo superior, presentado como un relato atemporal, cuando paradójicamente debieron transcurrir cuatro eras geológicas para que los seres humanos, a diferencia del bisabuelo pitecántropo, fueran capaces de cantar mejor que los pájaros y de morirse de amor.

Esa concepción homogénea del desarrollo humano que discrimina y desprecia las diferencias de cultura, de sexo, se desmorona ante las evidencias de la historia de la humanidad en los tiempos actuales, llena de catástrofes y hostilidades. “La política comienza con la denuncia de ese contrato tácito de adhesión al orden establecido que define la doxa (opinión) originaria; dicho de otra forma, la subversión política presupone una subversión cognitiva, una reconversión de la visión del mundo” dirá Bourdieu en 1985.

-II-


Estamos ante la presencia de los ungidos: los asesinos de la criatura humana, señalados por la gracia especial de los mercados. “Los ejecutores insomnes”, como diría Mutis, los que van a matar o mutilar como quien cumple con un rito necesario, amparados por el humo nocturno de las celebraciones bursátiles. Las autoridades que los representan son -sin embargo- incapaces de construir una abstracción que sostenga la esencia del hombre, acostumbrados a doblar la memoria y las esquinas buscando las calles oscuras de la luna.

Pero siempre existirá un pedazo de coraje para poner delante de los estragos de la vida, lo que nos resta de esperanza, para dejar bien claro que somos de ahí, de enfrente, justo al lado, donde se ama y crea: el sueño que reparte compañeros a los hombres.

 

Edición: 1176

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