Por Oscar Taffetani

(APE).- Antiguamente, en las culturas agrícolas, se respetaban los ciclos del Sol y de la Luna, la estación de las lluvias, la estación seca, la migración de las aves y otros hechos siempre poéticos y a la vez decisivos para la supervivencia y desarrollo de la criatura humana.

En la actualidad, el eufemismo conocido como cambio climático le sirve a los denominados especialistas para explicar lo inexplicable y justificar lo injustificable.

Lo concreto es que no llueve cuando debería; ni hace calor o frío cuando lo esperamos; las aves están desorientadas y todas las semanas se patenta una vacuna nueva contra algún mal desconocido.

Sin embargo, para los locos con carnet, todo está bien. Si llueve mucho en la pampa argentina y ello afecta el rinde o el costo de la cosecha de soja, el problema se arreglará en el mercado mundial sojero, que tiene sus rutinas para las bajas y las subas, no importa cuánto llueva o cuánto deje de llover.

Este año, otra vez, serán récord las cosechas de soja y maíz en la Argentina, en el Brasil y en el resto de Sudamérica. Vienen semanas secas -dice el satélite- como para terminar de juntar el grano en todo el país.

Al mismo tiempo -dice el satélite- habrá lluvias en Bolivia, Brasil y Paraguay, con lo cual es seguro que volverá a crecer el Paraná y que en provincias como Santa Fe y Entre Ríos habrá nuevas cuotas de inundados y desplazados (aunque eso, claro está, no afecta a la cosecha).

Si en el mundo transgénico todo va bien, la cosecha argentina de soja alcanzará los 45,5 millones de toneladas, superando los 40,5 millones del año pasado y volviendo a marcar un récord. Brasil también mejorará su marca: 58 millones de toneladas de soja y 51,1 millones de toneladas de maíz.

Según anuncia el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos -un faro que ilumina la sonrisa del mundo transgénico- la cosecha de soja y maíz en toda Sudamérica alcanzará los 112 millones de toneladas, es decir, 8.28 millones más que el año pasado. Y la cosecha global de cereales, según estimaciones de la FAO, llegará a los 2.082 millones de toneladas.


Aunque no llueva

El filósofo alemán Martín Heidegger (1889-1976), cuando parecía que ya no era posible reflexionar ni decir nada nuevo sobre la existencia, arrancó con dos libros -y dos preguntas- que se convirtieron en andamiaje de su pensamiento: la pregunta por el ser y la pregunta por la cosa.

En estos días, cuando las rutilantes galaxias de la soja, el maíz transgénico y los bíocombustibles (que deberían llamarse “necrocombustibles” como bien apuntó Dominique Guillet) celebran a puertas cerradas, sin Sol y sin Luna, su fiesta, queremos hacernos -y queremos hacerle a ese mundo- la pregunta por el hambre.

Actualmente, mil millones de personas pasan hambre en el mundo. De ellas, 300 millones son niños. De esos niños, 12 millones no sobrevivirán.

Cada siete segundos -ha escrito Jean Ziegler- muere de hambre un niño menor de diez años.

Esa gota de vida humana que se pierde cada siete segundos -pensamos- pone en cuestión a la galaxia entera de los satisfechos. Y hace llorar al cielo, aunque no llueva.

 

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