Por Oscar Taffetani

(APE).- Se dice que a la entrada del Oráculo de Delfos las pitonisa había inscripto un lema: “Conócete a ti mismo”. Más tarde, Sócrates -nos cuenta Platón- adoptó ese lema para su escuela de Filosofía, un taller de pensamiento que funcionaba en la Atenas del 400 antes de Cristo.

Veinticuatro siglos después, Raúl Scalabrini Ortiz, historiador y defensor de la causa nacional argentina, dio un sentido nuevo y profundo a esas palabras. Según Raúl, se trataba de conocernos a nosotros mismos para poder ser nosotros mismos, en un mundo lleno de acechanzas.

Actualmente -en términos de pueblos y países- el no conocerse a sí mismo es uno de los rasgos infaltables del subdesarrollo.

Alguien que no consigue saber lo que le pasa ni hablar de eso que le pasa será inexorablemente (hubiera dicho Lacan) hablado por los otros.

La digresión viene a cuento de los duros golpes asestados a la credibilidad del INDEC, institución gubernamental encargada de reflejar, a través de las estadísticas, los censos y las encuestas, lo que nos pasa a los argentinos, a nivel económico, social, sanitario, educativo y cultural.


Manotazos y salvataje

Funcionarios de primera línea del gobierno nacional -tales, el secretario de Comercio Guillermo Moreno y la ministra de Economía Felisa Miceli- forcejearon en los últimos meses con el INDEC, tratando de colocar “su gente” en la plantilla del organismo, con inconfesables fines.

El resultado -como oportunamente denunciaron funcionarios de carrera y organizaciones gremiales del mismo personal del INDEC- ha sido un mamarracho de índices y universos diferentes, acomodados a las necesidades comunicativas del gobierno o bien a su estrategia de negociación con las empresas.

Desde el 29 de enero hasta hoy han transitado hacia la cúpula (o hacia la salida) del INDEC siete funcionarios de alto rango: Bevacqua, Palieri, Charré de Trabucchi, Lelio Mármora, Alejandro Barrios y Ana María Edwind. Los dos últimos, profesionales de carrera, fueron designados esta semana para tratar de despolitizar y represtigiar al organismo. Aunque el daño -que no se puede medir- ya está hecho.

En medio de las renuncias y las nuevas designaciones, algunas calificadoras de riesgo internacionales -como Standard & Poor’s- advirtieron que la falta de confiabilidad de los datos del INDEC perjudicaría la nota del país y frenaría las inversiones.


¡Un Master Plan ahí!

La nueva gestión del INDEC -ha dicho un vocero de la ministra Miceli- “tendrá como primer objetivo elaborar en treinta días los lineamientos de un plan estratégico maestro para jerarquizar la labor del INDEC...”

Imaginemos un banco o institución financiera que ha perdido la confianza de sus ahorristas e inversores, y que se propone recuperarla con un plan estratégico maestro, que será elaborado en 30 días y que será anunciado por los diarios...

Macondo, Comala y la Santa María de Onetti, todas juntas.

Aunque la mayor ingenuidad, entendemos, consiste en pensar que los actores económicos internacionales -las corporaciones, los lobbies empresarios- se van a quedar quietos, a la espera de que el INDEC se “represtigie”. Parece mentira que después de la escandalosa y fraudulenta privatización de YPF, en el pasado reciente, se siga creyendo en la castidad de las consultoras y calificadoras de riesgo.

Recordemos que de un día para otro, por ejemplo, las reservas petroleras argentinas habían bajado un 30%, y que volvieron a subir, mágicamente, cuando los nuevos concesionarios lo pidieron. O recordemos la subvaluación de las acciones de YPF hecha por dos consultoras internacionales, subvaluación que fue vergonzosamente acatada por el tasador nacional, sin que la Auditoría General ni la SIGEN observaran ninguna anomalía.

(El que no habla -volvemos a Lacan- es hablado).


El Bicentenario mudo

Para algunos de los índices requeridos por las Naciones Unidas en relación con las Metas del Milenio, nuestro país no está en condiciones de proveer la información necesaria. Así surge de la lectura de los reportes de la ONU.

Además, llegaremos al Bicentenario de nuestra Revolución de Mayo, en 2010, sin un censo nacional actualizado, que muestre los recursos humanos y materiales y las potencialidades del país, dado que el censo nacional, por ley, debe hacerse recién en 2011.

Macondo, Comala y la Santa María de Onetti, todas juntas... (en un país que, paradójicamente, dio figuras de la talla de Oscar Varsavsky, Manuel Sadovsky, José Babini y Conrado Eggers Lan).

País que además -y esto es lo que nos subleva- tiene recursos humanos y saber científico como para conocerse a sí mismo y compartir ese saber con el mundo, cumpliendo con el antiguo precepto de Delfos, con las enseñanzas de Sócrates y también con el legado -y el mandato- de Raúl Scalabrini Ortiz.

 

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