Por Carlos del Frade

(APE).- Lanús era tierra de trabajadores. Desde los años cincuenta hasta fines de los setenta, allí existían fábricas y comercios que hicieron del lugar una ciudad obrera y orgullosa del futuro mejor como resultado de los proyectos familiares.

El sueño de la casita propia a través del trabajo, sin embromar a nadie, junto a los otros.

Era una consigna generacional, en Lanús y la Argentina.

Hasta una película que giraba en torno a la recuperación democrática y que discutía el por qué había que emigrar o los fundamentos sobre la necesidad imperiosa de quedarse para seguir peleando tuvo como escenografía esta ciudad del Gran Buenos Aires. Se llamaba, la película, “Made in Lanús”.

Una geografía vital en donde el costo de irse suponía perder lo mejor de la historia: la solidaridad, la lucha en común, los afectos, el abrigo de lo conocido. Todo aquello que no cotiza en ninguna bolsa de comercio pero que ingresa en las reales pérdidas del que se va. Lanús, entonces, era sinónimo de lo colectivo.

Pero ahora, en la primera década del tercer milenio, ni Lanús ni la Argentina son lo que eran.

Mucho saqueo impune que dejaron los jirones de aquellas frases que resumían el sentido de la vida en comunidad.

Ahora la existencia que suele leerse en clave de noticias a través de los diarios, dice cómo sigue la historia.

Cuatrocientas familias fueron desalojadas por la infantería de La Bonaerense que con gases y balas de gomas hizo cumplir la ley del orden de los poderosos.

Sucedió en Lanús, en los terrenos de la llamada Villa Diamante.

Quedaron varios heridos luego de cumplirse la orden judicial de desalojo dispuesta por el juzgado número cuatro de Lomas de Zamora a favor de la llamada Asociación de Curtiembres de la Provincia de Buenos Aires.

Primero fueron las topadoras las que tiraron abajo las casillas de latas y luego llegaron los camiones para terminar de echar a las familias. Un digno operativo de otros tiempos. Reciclaje del desprecio. Hasta se quemaron viviendas y no hubo mayores contemplaciones a la hora de reprimir.

Ya se sabe que está en juego el sagrado derecho de propiedad, piedra angular del sistema.

Un policía llamado Roberto Fernández declaró que "los ocupantes ilegales que se opusieron a la medida tiraron bombas molotov y trozos de hierro contra las fuerzas de seguridad". Los “ocupantes ilegales” eran familias: chicos, mujeres y hombres. Personas, ciudadanos, seres humanos que más allá de registros y papeles, viven y merecen algún lugar digno en el planeta que todos “ocupan”, legal o ilegalmente.

La versión oficial del municipio de Lanús fue que “este es un problema privado entre los titulares del bien y este grupo de gente. Hasta ahí llegamos nosotros" y agregó el funcionario en cuestión que “resolver el déficit habitacional de 600 familias es un problema que excede al municipio. Lamentablemente, no estamos en condiciones económicas ni de espacio físico para darles una alternativa. Ellos deberían llevar su reclamo a otro nivel, al Gobierno nacional", dijo uno de los integrantes del Estado.

En Lanús es necesario recuperar la memoria de otros tiempos más solidarios, menos feroces. Igual que en el país...


Fuentes de datos: Diarios Página/12 e InfoRegión 13-04-07 / Agencia de Noticias Télam 13-04-07

 

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