(APE).- La nota, publicada en El Territorio, dice que Félix tiene 12 años. Que lleva más de la mitad de su corta vida en las calles. Que de día hacía malabares, semaforeando en una esquina de Oberá, ciudad que alguna vez supo ser orgullo industrial en Misiones y que hoy se mira desde la ruta 14 como un "desierto verde", con esos montes de pino foráneo que fueron diezmando la selva paranaense, y que le quitan hectáreas al hombre.

De noche, Félix dormía junto a otros chicos en el techo del anfiteatro Municipal de la plaza San Martín, de donde cayó de cabeza cuando se levantó para orinar. Un transeúnte dio aviso a la policía, que tardó en llegar. Un automovilista lo trasladó en su vehículo al hospital Samic. Hoy, se debate entre la vida y la muerte en el Hospital de Pediatría de la ciudad de Posadas, a donde lo derivaron con triple fractura de cráneo y pérdida de masa encefálica.

De nada sirve una historia hipotética: qué hubiera pasado si Félix no se hubiera resbalado y caído... si no hubiera vivido en las calles y dormido en los techos... si los niños fueran una responsabilidad compartida y no apenas sombras, para ojos que no ven. De nada sirve.

La Policía no llegó a tiempo, para asistir a Félix. El municipio de Oberá no llega a tiempo para contener y proteger a chicos como Félix, que siguen durmiendo en el techo del anfiteatro municipal.

Oscuras paradojas: Oberá significa "la que brilla". Y “Félix” quiere decir “el que tiene dicha”.

No hay dicha para estos niños desangelados. No brilla ninguna ciudad, para ellos.

Fuente de datos: Diario El Territorio - Misiones 31-01-07

 

 

 

Recién editado

Libros de APE