Y la infancia no aparece

Y la infancia no aparece en los discursos. Ni en las perspectivas de amanecer que son tan mezquinas. No aparece en las campañas ni en el reparto del ajuste propio, el que el mismo gobierno acorralado por un acreedor que podría haberse neutralizado con coraje, asume como costo a pagar: la dignidad y la felicidad de las madres y los padres de los 7 de cada 10 niños pobres.

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Por Silvana Melo

(APe).- Y la infancia no aparece. Si son los destinatarios de toda forma de empobrecimiento, eso que les cae encima sin herramientas para repelerlo. Pero la desesperación oficial por evitar el derrumbe (electoral) absoluto dispone dineros apenas paliativos sin pensar ni proponer un cambio de fondo, que compita con el ajuste brutal con el que sus adversarios convencen a los sectores populares que les van a mejorar la vida.

Y la infancia no aparece en los discursos. Ni en las perspectivas de amanecer que son tan mezquinas. Escasas. Exiguas. No aparece en las campañas ni en el reparto del ajuste propio, el que el mismo gobierno acorralado por un acreedor que podría haberse neutralizado con coraje, asume como costo a pagar. Y el costo, como siempre, es el de la dignidad y la felicidad de las madres y los padres de los 7 de cada 10 niños pobres. La economía popular, los monotributistas ante un mercado laboral privilegiante y excluyente, los desempleados, los precarizados, los trabajadores sin más horizontes que esa pobreza. Todos afuera, como el gag de Milei en la tele. Donde la política no es otra cosa que un video de tiktok.

La precarización extrema de los jóvenes

Y la infancia que no aparece. Cansada de que le carguen un futuro de deuda feroz a cien años. Cansada de que le pongan sobre las espaldas la construcción de un mañana indulgente, sobre la base de un reguero de imposibles y de hipotecas de la utopía.

Mientras tanto, Macri pierde el mundial de bridge en Marruecos, CFK se esconde en el paraíso del Calafate y Alberto Fernández disfruta de sus últimos meses en Olivos con una indolencia exasperante. Y los esperpentos convenciendo a los sectores populares –y a todos los otros- de que ajustarles la vida hasta la asfixia es una promesa de fortuna.

Y la infancia y la adolescencia ahí, abajo, sin linternas que les alumbren la cara. Ni las canillas flacas. Ni los dientes picados. Ni el acecho feroz del consumo. Ni ese poder paralelo que cada vez tiene los colmillos más afilados.

No les aparece entre las urgencias del manoteo de poder ni de los cuidados paliativos para esta tierra agonizada.

Pero están ahí, los pibes y las pibas. Tratando de abrir un camino que los demás intentarán cerrarles, sistemáticamente. Puestos ahí, para resistir.


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