Vencedores vencidos

A través del INDEC el Estado sostuvo que en mayo, para no ser pobre, una persona debió acceder a un ingreso de $485.030. Sin embargo, el salario mínimo de agosto fue fijado en $376.600. El Estado siembra pobreza y le da la espalda a una Constitución que ordena que las leyes garanticen una remuneración justa a quienes generan la riqueza.
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 Por Pedro Pianta (*)

(APe).- A través  de  la resolución 9/25, del 2 de diciembre de 2025, el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo Vital y Móvil determinó los montos de esa remuneración para noviembre de ese  año y agosto 2026. Durante  estos meses el monto es de 328.400 pesos. En agosto será de 376.600 pesos.

De su lectura se desprende que, mes a mes, el crecimiento de ese monto es menor. Es por eso que entre noviembre y diciembre de 2025, se acrecentó en 6400 pesos, mientras que entre julio y agosto de este año aumentará apenas 4.200 pesos.

En definitiva, mediante esa Resolución el Estado previó que en 10 meses el Salario Mínimo Vital y Móvil experimentara un aumento de 48.200 pesos.

Lo diré de otro modo.

Para el Modelo de Estado vigente esa remuneración que a modo de Derecho Fundamental consagra el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, en promedio, mereció ser aumentada en 4.820 pesos al mes. Para un período de 10 meses se trata en total de un aumento del 14, 68 %

De acuerdo con los índices de inflación oficialmente informados, ese porcentaje fue alcanzado en abril del corriente año.

 Es decir que cinco meses antes del fin del período que abarca la resolución aludida se agotó el “aumento” ofensivamente absurdo previsto en esa impresentable decisión Estatal.

A través del INDEC el mismo Estado sostuvo que en mayo de este año, para no ser pobre, una persona debió acceder, como mínimo, a un ingreso de 485.030 pesos.

Sin embargo, el salario mínimo de agosto fue fijado en 376.600 pesos: el Estado admite sin miramientos que premeditadamente se ocupa de sembrar pobreza y convierte en papel mojado el postulado Constitucional que “ordena” que las leyes le garanticen una remuneración justa a quienes generan la riqueza nacional.

Eso explica que, según UNICEF, durante el segundo semestre de 2025 más de 5 millones de niñas, niños y adolescentes pertenecían a hogares pobres y, en ese catastrófico marco, más de 1 millón se hallaba debajo de la línea de indigencia.

Es absolutamente incuestionable la exacerbación de la crueldad que caracteriza esta etapa.

Para dimensionar sus alcances es imprescindible comprender que se trata de un fenómeno global que, incluso, en los tiempos que corren, podemos ver “en vivo y en directo”.

En ese sentido, el Instituto de Investigación para la Paz (PRIO por sus siglas en inglés) con sede en Oslo tiene por misión detectar los conflictos armados que ocurren en todo el mundo.

Esa organización indicó que, desde 1946, en el año 2025 se registró el mayor número de conflictos armados en los que al menos un Estado se encontró involucrado.  

Más precisamente Informó que fueron 65 los conflictos y que abarcaron a 35 países.

Además, señaló que los enfrentamientos armados directos entre Estados se duplicaron respecto del año 2024.

Se trata de una organización independiente que busca colaborar con la paz mundial generando y proponiendo herramientas para que los conflictos puedan ser evitados.

Como no puede ser de otra forma, frente a la realidad material, esos esfuerzos corren la misma suerte que todo el andamiaje normativo y burocrático creado en torno al llamado Derecho Internacional de los Derechos Humanos: no producen ningún efecto ni siquiera medianamente positivo.

La despiadada lucha por acrecentar el lucro que es inherente al Orden Social vigente no repara en normas legales, ni en modelos de políticas públicas, ni en buenos deseos etc.

La historia de la humanidad lo muestra con claridad meridiana. En ese sentido corresponde tener presente a que año se remonta el informe al que aludí…

Porque El hambre es un crimen, es imprescindible efectuar una caracterización precisa, contraria a los relatos vacíos de contenido a los que, en gran parte, se les debe el desastre social presente. Esa es la puntada inicial para intentar transformar la abrumadora realidad nacional, y no limitarse a simplemente describirla…

Me permito una digresión:

Surge de la letra de la resolución que da inicio a este texto que el paradigma de Estado vigente actúa a traición y sobre seguro.

Es que antes de ser elegidos a ningún elenco gobernante se le ocurre transparentar lo que luego ejecutará sin piedad.

Quizás corresponda tener presente que, desde un punto de vista jurídico penal, ese es el modo que caracteriza a la severísima circunstancia agravante conocida como alevosía

Más allá de eso, nadie puede negar sensatamente que en nuestro país desde 1983 la pobreza estructural no ha sido abatida.

Mientras ese año el porcentaje de pobres era de aproximadamente el 22 por ciento de la población, en la actualidad, a través del INDEC, el Estado confiesa que alcanza al 28. 2 por ciento de los argentinos.

A ellos se le suman un 6.3 por ciento de indigentes que representa a más de 3 millones de personas.

Hace casi 43 años brilló la ilusión fantástica de un Pueblo Vencedor.

En este tiempo de conmovedor pesar popular puede evocarse el título de una icónica obra “ricotera”.  Es que, la impiadosa realidad, muestra que los presuntos vencedores de la “restauración democrática” han sido vencidos.

El objetivo estratégico es el de fundar un sistema democrático sobre otras bases sociales.

En él, el hambre dejará de ser un crimen impune y eso…

JUSTO SERÁ.

(*) Ex Juez en lo Penal


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